Vivencias polimórficas de un treintañero perplejo.

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martes, 29 de enero de 2008

Vuelve Miqui


“Yo quiero ser normal… ser estrella del indie nacional…” –cantaba hace un par de años la chanteuse Bel Divioleta. Algo parecido debió pensar un joven Miqui Puig hace veinte años, en una versión modernita de aquel “mamá: quiero ser artista”. Corría el año 1992, y un grupo muy vitaminado de nombre Los Sencillos se encumbraba al número uno de la lista de Los 40 Principales con el pegadizo tema “Bonito es”, extraído de su álbum Encasadenadie. A este éxito habría que sumar otros como “Mala mujer”, “Phutbol” o “Doctor Amor”. Tardíos para ser considerados integrantes de la “Movida”, trataron de reciclarse en un grupo de pop-art, llegando incluso a editar un disco titulado Bultacos y Montesas (1997).

Su líder y cantante, Miqui Puig, trató de hacer fortuna en solitario con discos más o menos comerciales o indies, y probó a colaborar con Alaska, a grabar en inglés, a salir en la radio cantando el “Gloria” de Umberto Tozzi… Todo esto convirtió a Miqui en un personaje entre lo retro, lo friki y lo bizarro (fue jurado del programa de Antena 3 Lluvia de Estrellas, de donde surgieron artistas como Tamara o Deluxe, conviene recordarlo), aunque siempre respetado por el sector indie del público musical. No en vano el tipo se ha hecho un nombre como DJ en festivales modernitos del calibre del Sonar y el Primavera Sound.

Y hete aquí que, cuando nos habíamos resignado a tener a Miqui Puig por una curiosa figura del pasado (en la onda de Martirio o Álex de la Nuez) este proteico personaje reaparece en la primera plana de los medios mutado en el Petronio de lo cool, haciendo el papel de bruja mala en el jurado de Factor X. Esto sucedió el año pasado, por entonces aún no había echado a andar Estatuas Verdes, si no os garantizo que el programa se hubiera llevado más de un post. Allí Miqui dio toda una lección de esnobismo, o lo que el grupo de power pop Octubre llaman “la insoportable levedad de lo cool, conduciendo un Mini Cooper, llevando chalecos de rombos, gafas de pasta, gritándole a un dúo de calvos que habían osado preguntarle si él sabía lo que era el doo-wop… y en ese plan.

Factor X tuvo su boom, como tantas otras movidas, le llegó su turno, tuvo sus quince días de gloria y a otra cosa. Como ya dije hace unos días, la fiebre de los castings en España se encuentra en su apogeo y, lejos de remitir, los programas de talentos invaden la parrilla cual indigestos chuletones. Anoche estaba cenando y quiso la suerte que mis cansados ojos se posaran en uno de estos variados nidos de bizarría, en concreto Tienes talento (en Cuatro). Cuál no sería mi sorpresa cuando descubro que en el jurado de este programa TAMBIÉN se encontraba Miqui Puig (Miqui, tío, esto empieza a convertirse ya en una carrera profesional). Ni que decir tiene que dejé quieto el mando y me dispuse a tragarme el programa, y debo constatar que Miqui realiza exactamente el mismo papel que le dio notoriedad en Factor X. Cómo sería la cosa que, cuando vino al casting un megafriki con pinta de tarado a bailar breakdance, los otros dos miembros del jurado se levantaron y fueron a decirle a Miqui al oído “no seas muy malo con él, por favor”.

El programa mejor ni comentarlo: acróbatas dislocados, magos disfrazados del Capitán Garfio con loros al hombro, un niño que hace malabares con fuego, bailarines de muy diverso pelaje, cantantes al borde del sonrojo (propio y ajeno)… y la habitual nómina de caricatos, imitadores y cantamañanas. A todo esto, Miqui seguía desplegando su críptico lenguaje crítico consistente en juicios del tipo “no sé de qué vas pero te compro”, “no me creo nada de lo que haces” o “vais a estar en la puta final, ¿me oís?”.

Admito que viendo esta bazofia me distraje y entretuve como el que más, pero también me asaltó la incómoda sensación de que estaba siendo testigo de un freak show en toda regla. ¿Y no piensan que la palabra “freak” ha aparecido ya demasiado en este post acerca de Miqui Puig? Pues ese es el problema, que no se puede mantener una carrera seria en el indie, con credibilidad, y a la vez asociar uno su nombre a productos tan innobles como los realities de cazatalentos. Miqui, o cantas en el Sonar ante 10.000 personas o le dices a Silvia Padilla que has llorado con “Ponte el cinturón”. ¡Las dos cosas no, que no eres Alaska! ¿O sí?

“Yo quiero ser normal…”
 
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