Vivencias polimórficas de un treintañero perplejo.

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jueves, 4 de septiembre de 2008

De Hitler, Garzón y girasoles


Sabéis la última de Garzón, ¿no? Ahora le ha dado por hacer un censo de todos los muertos (del bando republicano solamente, claro) de la Guerra Civil, y anda pidiendo listas a los ayuntamientos, parroquias y obispados. Un pavo comete la mayor barbaridad y le cae la mínima, pero claro, “como se le juzgó con el Código Penal antiguo…”. Otro pavo roba o asesina hace X años (menos de setenta, seguro) y no le pasa nada porque “ya ha prescrito”. De 1936 y 1939 hubo una guerra y entre Sherlock Holmes, Garzón y la Memoria Histórica la van a dictaminar ahora.

Este es el contexto en el que ve la luz Los girasoles ciegos (2008), última película de José Luis Cuerda, con guión a medias entre el director y nuestro recordado Azcona. La idea de la peli está sacada del libro homónimo de Alberto Méndez (1941-2004), obra que me encantó leer, y además don Cuerda es uno de mis directores españoles favoritos. Esto lo tenía a favor, pero también he de reconocer que la cosa me daba bastante miedito. Todo esto enlaza con el párrafo anterior porque tanto el libro como la peli se desarrollan durante la primerísima posguerra.


Si queréis un juicio de la peli os diré que es correcta, en palabras de un amigo, “no aporta mucho al género”. Y es que vista así, la peli entretiene y catartiza, hace hincapié en los aspectos más sórdidos de la historia, y en líneas generales está correctamente narrada y presentada. Desgraciadamente, carece casi por completo de la profundidad poética o filosófica del libro en que está inspirada. Se trata de una peli más sobre la Guerra Civil/represión, con sus curas cantando “Cara al sol”, sus falangistas bravucones, sus fachas de bigotito y pistola Astra… lo de siempre, vaya.

Sumémosle a esto retratos de Hitler, seminaristas que adoran a Onán, referencias a que Antonio Machado era “bueno” y José María Pemán era “malo”, y ya tenemos un producto listo para hacernos salir corriendo… o casi. En realidad, la historia está bastante bien, y no carece de sutileza, aun abundando en el tópico. Los diálogos son muy sólidos (y fieles al libro, por cierto) y las interpretaciones muy muy meritorias.

Lo que a mi juicio le sobra a la peli ya lo he dicho, lo que le falta es la poesía, que salió por la ventana en el momento en que a las cuatro historias de Los girasoles ciegos (libro, de 2004) se les amputaron dos. Me explico: el libro es una ¿novela? o un conjunto de cuatro relatos largos levemente hilvanados, y para la peli se han cogido solo dos, y uno de ellos tan solo anecdóticamente. El que queda, el de más carga moral y fuerza dramática, está rodado de manera notable. La pena es que falten muchas cosas que a mi entender hubiesen dotado a la peli de ese punto especialísimo de que carece.


Por ejemplo, de las “dos Españas” se ven reflejadas en la peli de la siguiente manera: la Nacional, como algo sórdido, autoritario y dogmático, el bando vencedor. La Republicana, como lo humillado, lo negado, los vencidos, criminalizados. Y esto es correcto pero incompleto. Resulta maniqueo. ¿Dónde está el resto de España? Los nacionales con escrúpulos y humanidad repugnados ante la carnicería de Franco, los republicanos capaces de mentir para salvar la vida… todo esto no sale en la película, sospecho que porque no interesa, pero sí en el libro. Es mucho mejor sacar a un religioso putero y un comunista abatido a tiros por la espalda.

Y la poesía, siempre la poesía, ausente, la primera víctima de esta Guerra Civil de celuloide. En fin, yo solo espero que el juez Garzón no vaya a ver la película, porque si no capaz es de abrir un sumario del caso de la falsa viuda y el diácono rijoso.
 
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