Vivencias polimórficas de un treintañero perplejo.

Mostrando entradas con la etiqueta Bruselas. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Bruselas. Mostrar todas las entradas

martes, 16 de septiembre de 2008

Absurdo como... por soleares


“Deja que adivine en qué ciudad de Bélgica vivías: en Brujas, ¿a que sí?”
-Ana Corbalán en Física o química


Ahora que estoy en “todo lo contrario a Bélgica” voy a hablar de Bélgica, mire usted por donde. Habría tanto que decir… para empezar, yo siempre voy ahí comentando la leyenda urbana de que Bélgica (lo que es el país) es más pequeño que la provincia de Badajoz, cosa que no es cierta pero que sirve para dejar callado a cualquiera. Ojito, Badajoz es como más de dos tercios de Bélgica, con lo que si alguien os lo refuta pues decís que “es más pequeño que Extremadura” y entonces ya ganáis por goleada.

¿A qué viene esto, Porerror? ¿Te está afectando el siempre adocenante aire de Cosica? No, señora, viene a que yo soy mucho de Bélgica, me declaro fan de este país, y recientemente este sentimiento se ha actualizado al haber coincidido el sábado con varios residentes de la patria de Tintín y las papas fritas. Primer detallazo: ser la cuna de Tintín o las papas fritas ya sería, en solitario, motivo para encumbrar a una patria al rango de “cultura superior”. Pues bien, en Bélgica no solo crearon estas dos cosas sino que también inventaron los bombones. Y más cositas…



Pero vayamos por partes. El sábado pasado estuve en la boda de unos amigos, ocasión siempre agradable hasta que no se demuestre lo contrario (os debo un post revolucionario: a favor de las bodas), y resulta que uno de mis mejores amigos –invitado también-lleva varios años viviendo en Bruselas. Había en la cena otra chavala que también estaba viviendo allí, luego mi novia estuvo de Erasmus en Gante y yo he ido de viaje a Bélgica en varias ocasiones, igual que otros amigos… total, que ya la teníamos liada.

Bélgica mola, yo ya le pedí fecha a mi colega para volver a ir a visitarlo en primavera. ¿Y qué tiene Bélgica? Tintín es impalpable, y sus tebeos se pueden leer en tu casa, ídem comerte unos bombones o unas patatas fritas. Hablemos de una cosa belga que, si bien también la hay fuera en pequeñas dosis tiene allí sus mejores expresiones: el arte flamenco. La historia belga mola mogollón. Como país, son un invento revolucionario liberal del siglo XIX, pero llevaban dando caña desde hace siglos. Quien no me crea, que lea Astérix en Bélgica. Su Edad Media es chulísima, ese Franconato de Brujas, esos duques de Borgoña, y culmina con Caiser Karel (o sea, Carlos V), que nació allí.

Yo lo siento mucho, pero a mí me pone un montón ir a Yuste y ver retratos de Carlos V, ir a Gante y también, ir a Palermo y tres cuartos de lo mismo. Además, el arte flamenco medieval y renacentista es uno de mis favoritos, en concreto me chiflan los pintores llamados “Primitivos”, como los Van Eyck, Van der Weyden, Hans Memling, Dirk Bouts, sus cuadritos así, chicos, quiero decir, muy detallados, pintados al óleo, me parecen una perfecta expresión de su sociedad. Siempre andan llenos de objetos de lujo: ahí, joyazas, ricas telas, objetos suntuarios, que se vea bien que aquí estamos forradísimos. Y además rezamos, claro, a tope.


Mi cuadro favorito es la Adoración del Cordero Místico de los Van Eyck, que está en la iglesia de San Bavón en Gante (por eso se le llama también el Políptico de San Bavón). El matrimonio Arnolfini (National Gallery) o la Virgen del Canciller Rolin (Louvre) tampoco son mancos. Pero el Cordero Místico… para cajarse en las brajas. Cada vez que tengo la suerte de contemplarlo me paso más de una hora delante, y no es exageración (hay que decir que la audioguía se tarda casi tres cuartos de hora en explicarlo, tampoco tengo tanto mérito).

Me se va la olla hablando de los Primitivos Flamencos. En Gante, Ypres, Brujas, Bruselas, tenemos ejemplos de este arte a punta pala. Pero Bélgica también ofrece otros atractivos: un clima idéntico al de Gran Bretaña, numerosos locales turcos de kebab… es broma. Otro supuesto atractivo es el de ser centro político y administrativo de la Unión Europea, y otro más su bilingüismo beligerante, con el bello francés y la siempre divertida e ininteligible lengua flamenca (dizque “neerlandés”).

Como Bélgica es tan chica y tan modernota, se encuentra muy bien comunicada con autopistas alumbradas con dinero público, puntuales y frecuentes trenes de cercanías… Yo ya lo he dicho: he puesto plan de volver antes de que el país se desintegre, ahora que las comunidades flamenca y valona andan a la gresca.

domingo, 2 de marzo de 2008

Todo lo que usted siempre quiso saber sobre Toyota y nunca se atrevió a preguntar


Varsovia, julio de 2003. En un albergue juvenil post-soviético, un grupo de mochileros trata de hacer la digestión de una improbable olla de pasta en sus molestas literas. Pero hay alguien en el grupo que todavía no está preparado para dormir. En el silencio de la noche, su voz lanza la pregunta. ¿Sabéis cuál es el animal más mortífero del mundo?

Dudas, rezongos, respuestas que se traducen por “queremos dormir”: el tigre… el león… la cobra… ¡No!, ataja el mochilero mejor informado. Se trata del pulpito anillado. Risas generales. Lo pone en un libro de récords que me leí en la infancia. Es el pulpito anillado, por su temible veneno paralizante. En el libro también ponía otras cosas interesantes, como que el coche más vendido de la historia es el Toyota Corolla.

Aquí las carcajadas del personal se escucharon ya hasta en el Mar Báltico. ¡Claro que sí, hombre! El coche más vendido de todos los tiempos en todo el mundo no es un modelo de Ford, ni de Renault, ni el omnipresente Volkswagen… va a ser un japonés, y además el Corolla. Alguien zanjó aquí la charla con un ¡Os vais a callar de una puta vez? desde su litera, y ahí quedó la cosa. ¿Lo más basto del asunto? Que mi amigo el aficionado a los récords tenía razón.

¿Cómo es posible que eso se así? Cuando fui a Estados Unidos al mes siguiente de estar en Polonia me di cuenta: en USA hay más Toyotas que árboles. In-cre-í-ble. El mote que tienen es “coches de arroz”, término despectivo que designa a los vehículos asiáticos, aunque por ejemplo la casa Toyota tiene cinco plantas de producción en territorio estadounidense. Al parecer, les perdonaron pronto el hecho de que la Toyota fuera la suministradora oficial de camiones del ejército imperial japonés durante los años 30 y 40.

Para colmo, la marca ha mantenido el nombre de su modelo más popular, el Corolla, durante más de cuarenta años. Cada vez que lanzaban al mercado un nuevo Toyota le llamaban “Corolla”, aunque no tuviera nada que ver con el anterior, y eso ha posibilitado que las ventas totales del modelo se extiendan durante cinco décadas. Supongo que esto está relacionado con el kaizen, o espíritu de superación que es el lema de la empresa. Evolucionar siempre para mejor.

Con más de treinta millones de cochecitos vendidos desde que salió en 1966 (eso es uno cada 40 segundos), el Corolla pasó a la historia a finales del año pasado, cuando su producción terminó. El modelo de 2008, con ser muy parecido al último Corolla, fue bautizado como Auris. Yo fui uno de los que compró un Toyota Corolla a finales del 2007, a sabiendas de que pronto habría un modelo nuevo más completo (y también más caro). Confieso que yo, con que tenga radio CD… por eso me dejé asesorar por expertos, y varias personas me recomendaron que sin duda comprara un japonés.

Ahora me encuentro con que muchos amigos y conocidos también conducen Toyotas (Yaris, Corolla, Auris, Avensis), y el otro día una compi de trabajo me dijo que, tras mucho pensarlo (y oírme gritárselo), había decidido comprarse un Auris. A mi novia llevo meses haciéndole guerra psicológica para que se pille el nuevo Yaris. Y, no, la empresa no me paga por hacerle propaganda, es solo que estoy muy contento con mi coche y lo quiero pregonar.

Dos años después de despertarme en aquel albergue, mi amigo el del Corolla y el pulpito anillado me presentó en Bruselas a un chaval medio español-medio irlandés que al parecer había trabajado como publicista para la empresa japonesa de automoción que nos ocupa. Yo soy el que escribió el eslogan “Today. Tomorrow. Toyota.”, me contó orgulloso. Pues espero que te pagaran bien, chulo, porque no pasa día en la tele, prensa o radio desde hace años en que no aparezca tu frasecita lo menos cincuenta veces. Y ahora que lo pienso, la publicidad funciona: a mí me convencieron. Kaizen!
 
click here to download hit counter code
free hit counter