
Los malos molan, amigos, esto es así. ¿Por qué? Si alguien lo sabe que me lo diga. Voy a intentar exponer el caso y a aventurar un par de hipótesis de cuál podría ser la razón, al menos son las razones que me doy a mi mismo para no sentirme culpable por tener esta atracción. Y me consta que no soy el único.
Desde bien pequeñito, cuando jugaba con mis amigos, me daba cuenta de un curioso fenómeno. Los malos siempre pierden, por eso son malos (¿o es al revés?) pero eso no era problema para que todos los niños siempre quisieran hacer de malos. Ya fueran los Cylons de Galactica (1980), los “Lagartos” de V (1983-85), el Imperio Galáctico de la saga Star Wars, los Decepticons, Cupra o los Zentraedi, los malos siempre resultan infinitamente más atractivos que los buenos.
Los buenos son absurdos: suelen estar plagados de discursitos y buenos sentimientos, sus mujeres son ñoñas, sus armas y uniformes son de colores vivos y a todo le confieren un aura de buen rollo insoportable. Pero los malos… ¡aaaah! Eso es otra cosa. Los malos siempre son auténticas máquinas de guerra, infinitamente mejor entrenadas, armadas y pertrechadas, sus mujeres (si las hay) son fatales, siempre visten de colores negro, verde oscuro, gris… siempre impecables.
Al final siempre resulta que los malos no son tan superiores: sus pilotos se ve que están peor entrenados, tienen fatal puntería, toman decisiones inexplicablemente absurdas, se dejan engañar… al final siempre ganan los buenos. Y menos mal, porque si no el mundo (la galaxia, el universo) sería un páramo insufrible de autoritarismo, mal rollo, esclavitud y ética militar. ¿Por qué molan tanto, entonces? ¿Por qué nos atraen?
Desde bien pequeñito, cuando jugaba con mis amigos, me daba cuenta de un curioso fenómeno. Los malos siempre pierden, por eso son malos (¿o es al revés?) pero eso no era problema para que todos los niños siempre quisieran hacer de malos. Ya fueran los Cylons de Galactica (1980), los “Lagartos” de V (1983-85), el Imperio Galáctico de la saga Star Wars, los Decepticons, Cupra o los Zentraedi, los malos siempre resultan infinitamente más atractivos que los buenos.
Los buenos son absurdos: suelen estar plagados de discursitos y buenos sentimientos, sus mujeres son ñoñas, sus armas y uniformes son de colores vivos y a todo le confieren un aura de buen rollo insoportable. Pero los malos… ¡aaaah! Eso es otra cosa. Los malos siempre son auténticas máquinas de guerra, infinitamente mejor entrenadas, armadas y pertrechadas, sus mujeres (si las hay) son fatales, siempre visten de colores negro, verde oscuro, gris… siempre impecables.
Al final siempre resulta que los malos no son tan superiores: sus pilotos se ve que están peor entrenados, tienen fatal puntería, toman decisiones inexplicablemente absurdas, se dejan engañar… al final siempre ganan los buenos. Y menos mal, porque si no el mundo (la galaxia, el universo) sería un páramo insufrible de autoritarismo, mal rollo, esclavitud y ética militar. ¿Por qué molan tanto, entonces? ¿Por qué nos atraen?

La estética juega aquí un papel no desdeñable, donde se pongan unos buenos uniformes marciales, naves de metales cromados, un look agresivo… Preguntadle a cualquiera y os dirá que prefiere mil veces a un stormtrooper imperial (hablo de La Guerra de las Galaxias) que a un soldado de la Alianza Rebelde. Por cierto, ¿alguien se acuerda de cómo vestían los rebeldes? Exacto. El soldado medio Cupra, ya en versión normal o el Crimson Guard resultaba muchísimo más guay que el circo rodante de los G.I. Joe (y de los vehículos ya ni hablamos). La única excepción era el misterioso Ojos de Serpiente, personaje de moral dudosa que de puro siniestro parecía uno de los malos.
De los Transformers ni hablo. ¿Qué es más guay, un robot que se transforma en pistola láser u otro que se convierte en ambulancia? ¿Carro de combate o Volkswagen “Escarabajo”? Pues eso. Pero no solo la estética. ¿Qué hay del atractivo del mal, del lado oscuro, de lo que Edgar Allan Poe llamó “El diablillo de lo perverso”? Nos cuesta admitirlo, pero aunque sea para horrorizarnos, a veces mola asomarse al abismo. Nosotros estamos tranquilos porque al final sabemos quién va a ganar. Podemos entonces permitirnos el lujo de apoyar al equipo perdedor, el menos favorecido.

Un reenactor vestido de soldado alemán de la 2ª G.M. me comenta “es innegable que el uniforme de los alemanes tiene un cierto atractivo”. Otro añade “los alemanes fueron a la guerra a morir de guapos”. Robert Ludlum habló de “el glamour siniestro de las SS”. Con el tiempo me he dado cuenta de que muchos de estos malos, desde los de Star Wars hasta las hienas de El Rey León (1994) tienen su base en la estética y parafernalia de la Alemania Nazi. A fin de cuentas, los nazis son el mal en estado puro, sin paliativos. Y también la más perfecta maquinaria de guerra que el mundo haya visto. No es raro pues que para representar a los malos los guionistas tomen prestadas algunas de sus características.
Gracias a Dios que no ganaron la guerra, pero admirar sus uniformes y armas… ¿no es asomarse un poco al precipicio?