Vivencias polimórficas de un treintañero perplejo.

Mostrando entradas con la etiqueta Star Wars. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Star Wars. Mostrar todas las entradas

lunes, 16 de marzo de 2009

In-movilidad


“En su evolución, el hombre ha creado la ciudad y el barullo del tráfico, pero dadme la más mínima oportunidad y ya me estoy quitando la ropa y volviendo a la selva”.
-The Kinks



In-móvil, des-móvil, a-móvil, hipo-móvil... ¿anti-móvil? Os propongo una adivinanza combinada con el análisis cultural de un spot publicitario. No sé si habréis visto un perverso anuncio de Vodafone en el que aparecen una serie de personas adorando sus teléfonos móviles como los monos de Kubrick adoraban el Mono-lito de 2001: Una odisea en el espacio (1968). En un momento dado, todos los del anuncio entran en una especie de éxtasis u orgasmo al brillarles la palma de la mano donde tenían el móvil: acaba de llegarles un mensaje.

Y el eslogan (me niego a buscarlo) dice entonces algo así: “Un sms te puede cambiar la vida... ¿te imaginas 6.000?” Todo para venderte otra de sus sempiternas promociones de “paga trillones ahora a cambio de enviar X mensajes (bueno, parece que 6.000) hasta junio”. ¿Te imaginas lo que pueden conseguir 6.000 mensajes? Wooooooooowwww!!! Ahora yo os propongo otra adivinanza.

Interior, día, un cuarto de baño de clase media. Un joven somnoliento se rasca el culo, levanta la tapa de su teléfono móvil, levanta la tapa del váter, con la otra mano introduce el PIN, se le escurre el aparato, este se cae al agua y... GOOOOOOOOL de Señor!!! La inmersión dura apenas un segundo, menos: décimas. Lo suficiente para sacar el móvil completamente empapado y tenerlo que secar con cuidadito, desmontándolo todo lo que un usuario puede desmontar un bicho de estos. Y todavía hay que dar gracias porque el agua estaba limpia, digamos... sin usar. ¿Te imaginas que se te cae el móvil al váter y te quedas sin móvil?


Envía “PUPITA” al 5555 si quieres recibir el tono de moda. Tras el correspondiente secado recompongo el armatoste y parece que funciona. Bien... Por haceros el cuento corto, a lo largo de la mañana descubro que en realidad es que no, que no funciona. Mi móvil vibra a troche y moche, el muy canalla me dice “Introduzca tarjeta SIM cuando la tiene dentro, y otras lindezas que me hacen darme cuenta: ESTOY SIN MÓVIL. La gran cosa, ¿eh?

Lo primero que me comenta mi novia: “Te habrá entrado un agobio... ¿no?” Hago un poquito de introspección y la verdad es que no, qué queréis que os diga. La verdad es que me la suda bastante. Pasado el fastidio inicial lo que más me aturde es haber perdido las cositas que tenía en la memoria. Ese corte del Fibergran del Pumares, esas sintonías de Star Wars, ese Himno Nacional, ese audio del Celebrity de Manu Chao, esas fotos de mis seres queridos y del concierto de Quique González. Y los mensajes. Montones de eseemeeses que yo guardaba, de los últimos años, algunos muy bonitos y especiales porque eran de este mes pasado. “Los mensajes se borran” -me dice mi madre para consolarme. Estos que yo guardaba no, Mamá.

Sé que no es el fin del mundo, y para colmo los números de la agenda se van a poder recuperar (estaban en la tarjeta SIM), pero no mola. Sin embargo, el hecho de andar por ahí sin móvil... ¿puedo decir que sí mola? ¡Qué narices! ¿Y cómo viviríamos antes sin teléfonos? Pues bien, vivíamos bien, señora. Entendedme, no soy el típico ser antiglobalización que reniega ahora de las tecnologías, pero sí que sufro un poquito de eso que los ingleses llaman la “correa electrónica”, que nos mantiene conectados por móvil, email, etc, 24 horas al día.


Voy por la calle tan tranquilo... ¡ay, a ver si me llaman! Que no, que voy sin móvil.... pues ¡hala, para adelante! Siento vibrar la acera bajo mis pies: ¡un mensaje! Ah, no, que es que hay una máquina taladrando el pavimento... y así sucesivamente. Y qué queréis que os diga, podría acostumbrarme. Desde aquí propongo a Samanta Villar que se atreva a pasarse 21 días sin móvil, como yo me he pasado 21 horas, le auguro que saldrá purificada. Empiezo a considerar esta remojada de mi ex-móvil como una especie de Bautismo de In-movilidad. Y no os lo voy a negar, el viernes mismo ya me estoy comprando otro teléfono... pero vamos, más que nada por no daros un disgusto.

miércoles, 4 de marzo de 2009

Hace mucho tiempo... y sin embargo en el futuro


Hace mucho tiempo en una galaxia muy muy lejana...

EPISODIO I
La República Galáctica se encuentra en problemas. Las naves de la Federación de Comercio han establecido un bloqueo sobre el planeta Naboo para que el Canciller Supremo, los Clones, la oveja Dolly y los Señores Sith.... UN MOMENTITO! ¿Qué cojones es esto? Yo os voy a contar cómo comienza de verdad esta historia:

Nos encontramos en un periodo de
guerra civil. Las naves espaciales
rebeldes atacando desde una base
oculta, han logrado su primera
victoria contra el malvado Imperio
Galáctico.
Durante la batalla, los espías
rebeldes han conseguido apoderarse
de los planos secretos del arma total
y definitiva del Imperio: la ESTRELLA
DE LA MUERTE, una estación espacial
acorazada con potencial suficiente
para destruir un planeta entero.
Perseguida por los siniestros agentes
del Imperio, la princesa Leia vuela
hacia su patria a bordo de su nave
espacial llevando consigo los planos
robados que podrán salvar a su pueblo
y devolver la libertad a la galaxia…

... Gracias!

Corría el año 1977 cuando yo no había nacido aún y se estrenaba la mejor película de todos los tiempos. Mejor = más atractiva, divertida, emocionante, inspiradora, fantástica, espectacular y con más señores de color verde. No estoy hablando de calidad cinematográfica, entiéndase. ¿O a lo mejor sí? Más de 30 años después la cosa ha mutado en una macrosaga de dos trilogías que acabó en 2005 y se ha convertido en la mayor fábrica de billetes desde Elvis Presley (¿no es curioso cómo tengo que sacarlo a relucir sea cual sea el tema?).


Durante el pasado finde en Madrid, otro de mis objetivos era visitar la expo de Star Wars que se encuentra en el Centro de Arte Canal, lugar casi siempre de cojonudas exhibiciones. Nos la habían vendido como la mayor y mejor exposición de estas características de Star Wars, hecha por LucasFilms y con la presencia de 250 piezas originales utilizadas en los rodajes de la saga. Y eso es ni más ni menos lo que es.

Porerror, tú no comenzarías un párrafo diciendo “Nos la habían vendido” si no fueras a colgarle algún pero... ¡Qué bien me conoce, señora! En este caso la expo no es que tenga ningún problema, el problema lo tengo yo. Efectivamente, la exposición cartografía de manera bastante didáctica y clara todo el universo de Star Wars (al que dudo que se acerque nadie que no fuera de antemano fan de la saga): planetas, personajes, eventos y conceptos clave, vehículos, uniformes, bichejos... La historia está en que, como es lógico, se le da igual peso o protagonismo a las tres últimas pelis que a las tres originales.


Es lógico, porque estas pelis no son sino una máquina de hacer pastaca, y además son las que están más recientes en el tiempo y tal vez puedan enganchar a las nuevas generaciones de fans. Pero para mí es un pelín decepcionante, ya que mis planetas no son Naboo, Kamino, Mustafar o Geonosis sino Tatooine, Endor, Hoth, Yavine o Bespin. Para mí Jabba el Hutt es una especie de babosa obesa que come cangrejos y no se mueve, no un figurín que da saltos. Chewbacca es un “felpudo con patas” que gimotea porque a él no lo condecoran, no una especie de monicaco más en un planeta de monicacos, etc, etc, etc... Pues voy a poner un ejemplo más, hombre.

Uno de mis personajes favoritos de la saga es Boba Fett, el cazarrecompensas (¿todos aprendimos esta palabra viendo El Imperio contraataca? ¿y el verbo “contraatacar”?), presente en la expo con maniquí y todo. Al referir su historia, no se nos dice que su máximo logro fue capturar a Han Solo y congelarlo en carbonita para llevárselo a Jabba sino que fue “hijo de Jango Fett, y es un clon modificado fabricado en Kamino por los lores Sith que bla bla bla...” Que sí, lo que ustedes quieran, pero que Boba Fett no es eso, gracias. No es una consecuencia de una trama galáctica de clones y bla bla bla. Como bien me dijo un amigo, “te garantizo que en 1983 no era un clon”. No, era el personaje que metía más miedo. Y luego a posteriori se han sacado una milonga para entroncar con él, hasta el punto de que en la trilogía nueva tuvieron que idear a un personaje que se le parecía un montón, su supuesto padre Jango.


He de admitir que una de las cosas más reveladoras que vi en la expo fue un panel sobre George Lucas y la gestación de la saga en el que se dice claramente que el pavo hizo su trilogía original y que solo 30 años después, cuando vio lo bien que funcionaban aquellas pelis remasterizadas digitalmente, se le ocurrió la feliz idea de inventarse otra trilogía sobre lo mismo que la precediera en el tiempo (la “precuela”). Verdad que a partir de 1981 se conoce a La guerra de las galaxias como Episodio IV, pero aquello quedaba misterioso. Verdad que se nombraba unas ciertas “guerras clon” de las que nada se sabía, pero eso molaba, igual que sabemos que el Halcón Milenario “hizo la carrera de Kessel en 12 parasegundos”, y no nos hace falta que se inventen otra trilogía para enseñárnoslo (ni para saber qué diantres significa eso).

Conclusión: la exposición de Star Wars, oro puro. Y si estáis por Madrid o vais para allá no dejéis de verla, pero quedad avisados: que la Fuerza os acompañe... para soportar a Jar Jar Binks.

lunes, 9 de febrero de 2009

Mis pelis


“Cine, cine, cine, cine… más cine por favor”
-L.E. Aute



Mis pelis, ¿eh? Mis pelis, las de todos, cada uno tiene sus pelis. Las favoritas, las que mola decir (las que conviene decir) y la “otra” lista, las verdaderamente favoritas, que nos daría como vergüencita. “¿O solo me pasa a mí?” (por citar la catchphrase de los lamentables monólogos del personaje de Alexandra Jiménez en La familia Mata).

Creo que ya conté en una ocasión el furor por elaborar listas de favoritos que barrió mi familia hará unos cinco años, todo surgido de la mente de un tío mío muy activo y extremadamente cinéfilo y melómano. A partir de aquellas listas (de pelis, discos, canciones, comidas, cuadros, esculturas, ciudades, libros, edificios…) rescaté las que puse a la izquierda de Estatuas Verdes, y no me dio apuro admitir que mi película favorita de todos los tiempos es Star Wars (1977). Tratar de negarlo sería no ser fiel a mí mismo, y no está el horno para bollos.

En los últimos días he tenido una cierta crisis en el ejercicio del criterio (sueno como el jodido Benedetti!), motivada, de un lado, por las críticas a mis gustos musicales que el buen lector Migue vertió sobre mí en persona el sábado pasado y, de otro, por las críticas a mis gustos fílmicos vertidas en el blog de cabecera Almanaque de otoño. Es bromita, no me han dolido. Pero estas cosas me han hecho pensar y me he decidido a “salir del armario”, peliculísticamente hablando.


Ya cuando me inscribí en la web de apreciación cinematográfica Film Affinity me sorprendí a mi mismo dando puntuaciones escandalosamente altas (sobre 10) a bodrios confirmados. ¿El problema? Ninguno, salvo que me he dado cuenta de que mis gustos en cine son pupita. Y sí, soy capaz de apreciar Ciudadano Kane (1941) o Casablanca (1942) como el que más (Lo que el viento se llevó -1938-, no). Y en mi lista de favoritos no faltan John Huston, Hitchcock, Coppola o Billy Wilder. Pero en mi olimpo personal tienen un pedestal reservado pelis “malas” de la calaña de Loca academia de policía (1984), Aterriza como puedas (1980) o Juegos de amor en la universidad (1985).

Polemizando sobre los últimos estrenos, mi amigo me hace ver que tal vez Un, dos, tres, splash (1984) o Forrest Gump (1994) no sean las obras de arte que yo las considero. Lo de Forrest Gump para mí es la excepción que confirma la regla, no estoy tan dispuesto a admitir que esa película no sea buena o esté bien hecha, actuada o contada. Pero también me comentan que según no sé qué otra página web de crítica de cine Solteros (1992) de Cameron Crowe es una gran mierda, cuando yo la considero posiblemente la película que más ha influido en mi vida (la veo mínimo una vez al año, desde que tenía 17). ¿Son ambas cosas incompatibles? La verdad es que no, esto no me causa un trauma.

Sería un debate inútil dictaminar aquí si tal o cual peli es meritoria o no, no estoy tratando de establecer unos criterios objetivos de calidad cinematográfica válidos para todo el mundo. Solo os cuento cómo me fascina contrastar la importancia biográfica de unos títulos que yo me llevaría a una isla desierta (por diferentes motivos) y que la Historia del Cine seguramente condenará al cubo de la caca. Esto se hace extrapolable al ámbito de las canciones, los libros, etecé, etecé.


Y creo que como yo, todo el mundo tendrá esa nómina de títulos más o menos inconfesables, que no revelaría en la primera conversación con alguien, entre sus favoritos personales. Estoy hablando de valor sentimental. Sin ir más lejos, la semana pasada un compi de curro (artista gráfico y poeta, para más señas) me contaba que se estaba bajando algunas de sus pelis seminales: La historia interminable (1984), Dentro del laberinto (1986), Cristal oscuro (1982)… yo enseguida pensé “Menudo rollo: ¡vaya bodrios!” Pero me privé de decir nada, a la vista de que una de mis obras maestras personales más incontestables sigue siendo la singular Papá Piquillo (1998).

jueves, 22 de mayo de 2008

Expediente Indy


"No son aliens: son seres interdimensionales"
-Indiana Jones y el reino de la calavera de cristal


He ido muchas veces a un cine (antiguo teatro reformado) que hay en el centro de mi ciudad. Solo tiene una sala, y le tengo mucho cariño porque ahí fue donde acudí por primera vez al cine solo (sin mayores), para ver Batman (1990). Nunca en mi vida lo había visto a rebosar de gente, pero hoy se ha obrado el milagro. ¿Motivo? El esperadísimo estreno de la última aventura de Indiana Jones.

Ya os dije que en Estatuas Verdes la estaba esperando como agua de 22 de mayo, y la verdad es que he hecho bien en plantarme en la taquilla una hora antes de empezar la peli. Aun así, me han dado una mierda de asientos, si no llego a ir antes me quedo sin verla, tal era la cantidad de peña que había. Os preguntaréis por qué llevo dos párrafos y todavía no he dicho nada acerca de la peli en sí… ¿acaso no es obvio?

Creo que la mejor crítica la ha hecho uno que al salir del cine ha dicho: “Lo que más me ha gustado ha sido el tráiler de La Momia 3 que nos han jincado antes”. Lo digo con pena y con un sentimiento agridulce: Indiana Jones y el reino de la calavera de cristal (2008) es un despropósito de principio a fin. Bueno, de principio no. Al estar ambientada en 1957 hace que aparezcan muchas cositas “de época” (con deciros que eso me ha parecido lo mejor de la peli), y por tanto la historia comienza con una canción de Elvis Presley.

Ojalá hubiese sido dos horas de Elvis Presley cantando, porque lo que me he encontrado es una esquemática fantasía arqueológico-ufóloga de la mano de los creadores de Star Wars (1977), E.T. (1981) y Encuentros en la tercera fase (1977). El hecho de que la peli esté dirigida por el mismo señor que dirigió En busca del arca perdida (1981), un tal Spielberg, parece que resulta aquí –por algún motivo- completamente irrelevante.

Como he dicho, lo más logrado de la peli es la ambientación en los años cincuenta, con el contexto de la Caza de Brujas, paranoia anticomunista y la Guerra Fría muy hábilmente imbricados en la trama. El paso del tiempo es una constante también, (alusiones a la edad de Indy, bromas sobre su capacidad física…) y el esfuerzo por ambientar la peli es, ya digo, notable. De hecho, no falta ningún tópico de los 50: el rock and roll (Elvis, Everly Brothers, Bobby Day…), manifestaciones anticomunistas, ensayos nucleares, los cochazos, las chaquetas de atleta con su letra bordada, los tupés, incluso el personaje que encarna Shia LaBeouf (una especie de “chico malo”) aparece caracterizado como Marlon Brando en Salvaje (1953).


Por otra parte, al ser esta la cuarta parte de una trilogía que creíamos extinta pero que mantiene muchísimos seguidores a base de una mística y una estética (sombrero, látigo, miedo a las serpientes…), se nota un exageradísimo esfuerzo por enlazar El reino de la calavera de cristal con las anteriores entregas (canónicas) de la franquicia Indiana. Y aquí es donde surgen los guiños: una foto enmarcada de Sean Connery por aquí, una estatua del difunto Marcus Brody por allá, un vistazo al asa dorada del “arca perdida”… que sí, cojones, que queda claro que es una auténtica peli de Indiana Jones, por eso hemos venido a verla.

Detecto esta tendencia en otras franquicias, caso de la nueva trilogía de Star Wars o en John Rambo… yo solo espero que a Coppola no le dé por rodar un Padrino 4. En El reino de la calavera…etc… se llega al extremo de rescatar a la sonriente Karen Allen en el papel de Marion (la novia de Indiana en El arca perdida). ¿Por qué sonríe tanto? Sospechamos que es de pensar que no se ha visto en otra: a saber desde cuándo no hacía la tipa esta una peli de serie A como Dios manda. También puede que sonría porque el humor está muy presente, como buena peli de la saga, hasta el punto de que los malos no disparan hasta dejar al Dr. Jones un momentito para decir sus gracias.

Como sé que la vais a ir a ver, no os cuento nada del argumento, solo os pido que recordéis un concepto cuando estéis ante la pantalla: “frigorífico”. Por lo demás, el personaje más interesante de la peli es la malvada Irina Spalko, que interpreta la tremenda Cate Blanchett. Esta mujer donde pone el ojo pone el arte, y próximamente le dedicaré un post. En cuanto a la historia y las aventuras… nada que no hayamos visto ya en La búsqueda I (2004) y II (2007) o en el cómic de Spirou El hombre que no quería morir (2005). Ah, y también sale John Hurt, en su mejor papel desde... Los crímenes de Oxford.

Definitivamente, o Indiana Jones o yo nos hemos hecho demasiado viejos para este tipo de pelis.

domingo, 18 de mayo de 2008

Los malos molan


Los malos molan, amigos, esto es así. ¿Por qué? Si alguien lo sabe que me lo diga. Voy a intentar exponer el caso y a aventurar un par de hipótesis de cuál podría ser la razón, al menos son las razones que me doy a mi mismo para no sentirme culpable por tener esta atracción. Y me consta que no soy el único.

Desde bien pequeñito, cuando jugaba con mis amigos, me daba cuenta de un curioso fenómeno. Los malos siempre pierden, por eso son malos (¿o es al revés?) pero eso no era problema para que todos los niños siempre quisieran hacer de malos. Ya fueran los Cylons de Galactica (1980), los “Lagartos” de V (1983-85), el Imperio Galáctico de la saga Star Wars, los Decepticons, Cupra o los Zentraedi, los malos siempre resultan infinitamente más atractivos que los buenos.

Los buenos son absurdos: suelen estar plagados de discursitos y buenos sentimientos, sus mujeres son ñoñas, sus armas y uniformes son de colores vivos y a todo le confieren un aura de buen rollo insoportable. Pero los malos… ¡aaaah! Eso es otra cosa. Los malos siempre son auténticas máquinas de guerra, infinitamente mejor entrenadas, armadas y pertrechadas, sus mujeres (si las hay) son fatales, siempre visten de colores negro, verde oscuro, gris… siempre impecables.

Al final siempre resulta que los malos no son tan superiores: sus pilotos se ve que están peor entrenados, tienen fatal puntería, toman decisiones inexplicablemente absurdas, se dejan engañar… al final siempre ganan los buenos. Y menos mal, porque si no el mundo (la galaxia, el universo) sería un páramo insufrible de autoritarismo, mal rollo, esclavitud y ética militar. ¿Por qué molan tanto, entonces? ¿Por qué nos atraen?


La estética juega aquí un papel no desdeñable, donde se pongan unos buenos uniformes marciales, naves de metales cromados, un look agresivo… Preguntadle a cualquiera y os dirá que prefiere mil veces a un stormtrooper imperial (hablo de La Guerra de las Galaxias) que a un soldado de la Alianza Rebelde. Por cierto, ¿alguien se acuerda de cómo vestían los rebeldes? Exacto. El soldado medio Cupra, ya en versión normal o el Crimson Guard resultaba muchísimo más guay que el circo rodante de los G.I. Joe (y de los vehículos ya ni hablamos). La única excepción era el misterioso Ojos de Serpiente, personaje de moral dudosa que de puro siniestro parecía uno de los malos.

De los Transformers ni hablo. ¿Qué es más guay, un robot que se transforma en pistola láser u otro que se convierte en ambulancia? ¿Carro de combate o Volkswagen “Escarabajo”? Pues eso. Pero no solo la estética. ¿Qué hay del atractivo del mal, del lado oscuro, de lo que Edgar Allan Poe llamó “El diablillo de lo perverso”? Nos cuesta admitirlo, pero aunque sea para horrorizarnos, a veces mola asomarse al abismo. Nosotros estamos tranquilos porque al final sabemos quién va a ganar. Podemos entonces permitirnos el lujo de apoyar al equipo perdedor, el menos favorecido.


Un reenactor vestido de soldado alemán de la 2ª G.M. me comenta “es innegable que el uniforme de los alemanes tiene un cierto atractivo”. Otro añade “los alemanes fueron a la guerra a morir de guapos”. Robert Ludlum habló de “el glamour siniestro de las SS”. Con el tiempo me he dado cuenta de que muchos de estos malos, desde los de Star Wars hasta las hienas de El Rey León (1994) tienen su base en la estética y parafernalia de la Alemania Nazi. A fin de cuentas, los nazis son el mal en estado puro, sin paliativos. Y también la más perfecta maquinaria de guerra que el mundo haya visto. No es raro pues que para representar a los malos los guionistas tomen prestadas algunas de sus características.

Gracias a Dios que no ganaron la guerra, pero admirar sus uniformes y armas… ¿no es asomarse un poco al precipicio?

lunes, 7 de abril de 2008

Operación Felix (III)


La Ucronía o Historia contrafactual es esa rama del saber que trata sobre lo que pudo haber sido y no fue (como muchas canciones de amor). Por ejemplo: ¿qué hubiese pasado si Hitler hubiese invadido Gibraltar a principios de 1941, como tenía proyectado? ¿Y si yo el sábado pasado en lugar de una gorra de César Millán me hubiera puesto un casco alemán?

El rodaje del documental que os estoy contando fue muy divertido al principio, todo eran sorpresas, la acción resultaba espectacular… pero pronto se convirtió en algo un pelín monótono. Entre toma y toma J y yo nos inflamos de hacer fotos a los figurantes (entre ellos E, completamente emocionado). Por fin se terminó la parte del búnker y nos dirigimos hacia la siguiente localización: la playa.

La playa de La Línea era un gran escenario, con el Peñón al fondo. Por el camino servidor de ustedes ayudó cargando un Mauser y una metralleta MP 40, pero los hubo más frikis (como J, que en un paso de cebra recreó la foto de la portada del Abbey Road con cuatro militares nazis en lugar de los Beatles y el Peñón de Gibraltar de fondo en lugar del famoso Volkswagen blanco). Ignoro qué problemas de producción había pero el caso es que estuvimos casi una hora de parón antes de empezar a rodar en la playa.

Los reenactors aprovecharon el tiempo haciendo la instrucción (con órdenes del teniente en alemán, por descontado). Luego uno de los gibraltareños me confesó que, aunque ducho en la milicia, la instrucción a la alemana le costó bastante. “Yo estoy acostumbrado a nuestra manera, la británica. Me he pasado seis años defendiendo a mi patria –no os ofendáis-: Gibraltar, y ahora pienso que hice el tonto. Las threats [amenazas] nuestras son el terrorismo, las proxy bombs [coches bomba suicidas], tú sabes… Y ahora la Reina nos quiere mandar a Irak y a Afganistán porque lo dice el Bush… ¡que vaya ella con el ministro!”

También tuve ocasión de conversar con los reenactors españoles, que no participaban en las escenas de la playa. Resultaron ser unos cachondos mentales, su actitud fue en todo momento la guasa y la broma. “Los alemanes ya se sabe: son más serios. Nosotros nos tomamos la guerra a la española”. Cuando salió el tema del cine bélico les pregunté cuál era en su opinión la mejor película de guerra. La vaquilla [L.G. Berlanga, 1985] –respondieron sin dudarlo-. “Es nuestra Biblia”.


Al final resultó que la playa nos deparó algunas de las mejores fotos y escenas de acción de todo el día (“Tú y tú salís corriendo así, tú te caes muerto en el punto tal, tú vas disparando…”). Mi colega J comentó que, después de todo, estos reenactors no eran tan duros como otros del 2nd Battle Group que él había visto en Inglaterra. “Estos no hacen más que quejarse, ay, que me ha entrado arena en el Mauser”. De momento había llegado la pausa para el almuerzo, consistente en un bocata de chopped.

Le preguntamos a E, sudoroso, emborrizado en arena y harto de cargar con la ametralladora pesada MG 34. “¡Me lo estoy pasando de puta madre!” El entusiasmo se leía en sus ojos. “Esto es mejor que vestirse de Star Wars. La gente es más amable, no te hacen sentir mal si no llevas el uniforme perfecto y además, con la armadura de Stormtrooper imperial (que pesa 12 kilos) no tienes tanta libertad de movimiento”.

“Yo fui de los que estuvimos en Madrid, en la Plaza Mayor, cuando el gilipoyas del cómico suicida [Gustavo Biosca, del programa de Santiago Segura] nos increpó con un megáfono. Faltó esto para que lo pateáramos, menos mal que La Sexta se disculpó luego”. Yo vi aquella desafortunada intervención de Biosca y doy fe de que el tipo se coló diez pueblos. Como fan de Star Wars me sentí muy ofendido. Pero el sábado pasado la guerra era otra. “Venga, vámonos, que hay que rodar las escenas de la sierra”.

sábado, 5 de abril de 2008

Operación Felix (I)


La llamada del amigo que me invitó a la convocatoria debió haberme alertado. “Illo, y si te traes una camisa verde puedes aparecer de figurante como Guardia Civil”.
“¿Tú te vas a disfrazar?” –le pregunté
“Se dice vestirse y no, yo no lo voy a hacer pero mi colega piensa estrenar su uniforme de la Wehrmacht”.

Digamos como aclaración que hace justo una semana, mi gran amigo el friki J (experto en 2ª Guerra Mundial, coleccionista de militaria y aficionado a otros universos como Star Wars o G.I. Joe) me brindó la posibilidad de unirme a él y a su colega E en el rodaje de un documental. La filmación tendría lugar en La Línea de la Concepción (Cádiz), hoy sábado, y se trataba de ilustrar con escenas de recreación histórica un supuesto plan de asalto al Peñón de Gibraltar por parte del ejército alemán en 1940. Acudir a la sombra de la Roca vistiendo uniformes militares de la Alemania Nazi y portando réplicas de sus armas, dejarse grabar… en fin lo normal.

Como sabemos, la citada invasión no tuvo lugar, pero esto nunca ha detenido a los realizadores de documentales históricos (Cuánto Canal Historia he mamado, Díos mío, man!). Uno de los participantes me comentó que a la hija del General Jodl le hacía gracia Félix el Gato, y que de ahí se sacó el nombre en clave de la invasión de Gibraltar: Operación Felix. No hace falta recordar aquí la importancia estratégica del Estrecho, sobre todo en guerra. Supongo que una vez establecido que España no participaría en la 2ª Guerra Mundial, Hitler abandonó la idea de conquistar el Peñón y con ello se fue al garete el sueño de Franco de recuperarlo.

Uno de los mayores hobbies relacionados con la historia/guerra es el de reenactment o recreación. Batallas enteras con miles de participantes se recrean todos los veranos por ejemplo en Inglaterra (Hastings, Bosworth Fields…), y no os digo nada del reciente aniversario de Waterloo en Bélgica. Mucha gente se preocupa por vestir uniformes antiguos, los más populares son los de la 2ª Guerra Mundial, necesitan conseguir no solo la ropa sino todos los complementos, pertrechos, insignias, galones, armas, etc… bien originales o réplicas perfectas. De entrada os digo que barato no es, y a este desembolso hay que unirle el esfuerzo de documentación que supone investigar en libros, revistas, fotos, noticiarios… para cerciorarse de que tal insignia se llevaba así o asá o para conocer el color exacto de un camuflaje, que no era igual en junio de 1941 que en febrero de 1943, of course!

Nadie dijo que el mundo del cine (ni el de la milicia) fuese fácil. A las cinco de la mañana me levanté y me preparé para marchar de camino a Gibraltar con J y E. El viaje de ida en coche resultó muy agradable: charla amena sobre Guerra Mundial, Star Wars, frikismo en general… de fondo sonaba la banda sonora de La Guerra de las Galaxias y después una selección de canciones británicas de 1939-1945. Los tres amigos íbamos muy motivados. Mi colega J y yo con el propósito de ver algo interesante y hacer unas cuantas fotos. Nuestro amigo E además, con el de estrenar su uniforme de soldado alemán, recién adquirido. Antes de llegar, E nos anuncia que puede haber algún problemilla de rigor histórico: “El uniforme que le he comprado por eBay a un señor oriental muy simpático [él utilizó otros calificativos] es el de verano, utilizado por la Wehrmacht durante la invasión de Francia en 1940. Me temo que todos los demás vayan a llevar el uniforme de invierno, más grueso y confeccionado en lana. Además, la tonalidad de verde no es exactamente igual”.

Pronto se vería que los problemas de uniformidad no suponen ningún obstáculo a la hora de abrazar el hobby de la recreación histórica. Pero esto aún no lo sabíamos cuando llegamos a La Línea y nos pusimos a desayunar. Delante nuestra, un café y una entera con surrapita colorá. Detrás (por la ventana) se veía la imponente masa del Peñón de Gibraltar. Alrededor, media docena de personas desayunando con el uniforme de la division de élite Grossdeutschland. La guerra había comenzado.
 
click here to download hit counter code
free hit counter