Vivencias polimórficas de un treintañero perplejo.

Mostrando entradas con la etiqueta Manu Chao. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Manu Chao. Mostrar todas las entradas

lunes, 25 de mayo de 2009

El efecto Macaco


“Aprendamos lenguas, incluso las inexistentes”
-Macaco




Lo vengo diciendo desde hace año y medio: la realidad (informativa) supera a Estatuas Verdes, que siempre anda por lo menos un paso detrás de la actualidad. Ni un servidor arrellanado en el sofá con una Coca-Cola Zero en la mano escuchando a Elvis Costello sería capaz de pergeñar las fantásticas perlas de distensión e hilaridad que los medios a diario nos dispensan. Pienso un tema y el telediario o el periódico (por no decir Antena 3 y El País) me lo devuelven distorsionado y aumentado.

Es una parodia a la inversa, es como si estas estatuas reflejaran la realidad deforme y la corrigieran, al contrario que los espejos de feria. Ayer por la tarde mismo (¡os lo juro!) andaba cavilando en hacer un post acerca de algunas canciones de Macaco, ese proyecto musical al que, a falta de más información, llamaremos “grupo catalán”. La buena Wikipedia nos previene o informa de que cantan en
español, portugués, francés, inglés, catalán e italiano”… o a lo mejor en ninguna de esas lenguas y en todas a la vez. Y ya puestos, ¿por qué conformarse ahí? Podían haber dicho que cantan también en gallego, polaco o esperanto. No fronteras, il mio cheri brother man!

¿Es Daniel “Mono Loco” (líder de Macaco) un nuevo Salvatore, aquel personaje de El nombre de la rosa (1982) que hablaba en una lengua pidgin propia amalgamada de entre todas las que había conocido? Vayamos por partes.


Algunos lectores (crueles) de Estatuas Verdes han llamado mi atención sobre lo ridículo de las letras de Macaco, circunstancia a la que me gustaría añadir lo desvergonzado de su pronunciación. ¿De dónde sale ese imposible acento? ¿Es acaso fruto de la Alianza de Civilizaciones? Es un criollo inexistente forjado en los despachos de las discográficas y en los estudios de grabación, a medio –y sonrojante- camino entre los acentos caribeños españoles, las hablas andaluzas y el deje jamaicano del inglés. Parafraseando lo que la revista New Musical Express dijo una vez acerca de Björk en inglés, “Macaco lleva las vocales de la lengua española a lugares en donde nunca deberían haber estado”.

Las vocales y las consonantes: las aproximantes, las oclusivas –sonoras y sordas-, las africadas… Veamos algunos ejemplos: “Escucha la yamada de Mama Tiera”, “Busco un sitio para saltá que me dé alas pa volá”… el que sea capaz de escuchar estas cosas sin descojonarse, que levante el pubis. Que conste que no soy un nazi de los acentos, que todos me parecen igualmente válidos y respetables, cuando son la forma de hablar de ciertas personas en cierto sitio. El problema de Macaco y de otros muchos (de ahí “el efecto”) es que su manera de pronunciar no responde a nada, es un invento que para colmo explota el prestigio latino-rumbero-tropical de ciertos dialectos caribeños o meridionales de España.


El Bicho (personaje Pupita nuestro) es otro que, habiendo titulado un tema suyo “Parque Triana”, me da la impresión de que solo ha visto Triana por el Google Maps. ¿Recordáis la canción de Snow “Informer”, exitazo en 1993? El tal Snow era canadiense, pero impostaba en su rapeo el criollo jamaicano para vender un millón de discos. Bob Marley también cantaba inglés rarico, (en fonética, morfología y sintaxis) pero es que ÉL ERA DE JAMAICA. Volviendo a España, La Puta Opepé y Mr. Rango no sabemos bien en qué cantan, y no digamos ya San Manu Chao. No es vasco, no es francés, no es mejicano, no es andaluz, no es cubano, ni colombiano… ¿será por eso que Don Manu quiere tanto a las planticas?

“Porerror, eres un nazi”, ya os escucho pensarlo, “lo importante es lo que se dice no cómo se dice; el contenido y no la forma”. Jíjíjíjíjíjíjíjíjíjíjíjí!... sí, pues ahora vamos a eso. En su meteórica carrera hacia la desvergüenza lírica, el buen Macaco es responsable de “versos” como los que siguen:

-“Con los pies en el suelo y las manos levantadas. Observarse adentro desde fuera y mirar a fuera desde dentro conectarse para actuar y desconectarse para soñar”.

-“With the feet on the ground and the hands raised, is Ingravitto state”.

-“Salté la valla, corrí mil batallas, pero aquí estoy de nuevo. Perdí el aliento, pero no me siento”.



E independientemente de lo ridículo o lo maravilloso que sea este mensaje de pacifismo/ecologismo/buenrrollismo/mestizaje, no me negaréis que ciertos heraldos le restan credibilidad. Recuerdo que en un episodio de Muchachada Nui de hace un año justo, Amparanoia le decía a Manu Chao: “Con la Globalización están calentando la Tierra, y mientras no prohíban los toros va a ser imposible que legalicen la marihuana, y la mujer seguirá humillada bajo el yugo de Operación Triunfo, a lo que Manu respondía “Tienes buenas ideas, Amparo de Amparanoia, pero te haces batiburrillo”.

En estas andaba ayer cuando me topo de bruces con una noticia: “Macaco denuncia a la Falange por utilizar un tema suyo”. JAJAJAJAJAJA!!!!! No sé qué me resulta más bizarro, si la Falange Española en 2009, el hecho de que usen una canción de Macaco en una de sus campañas (¿no la escucharon antes?) o que el “grupo catalán” se querelle. Desde que Sidonie llevaron a los tribunales al Gobierno de España (del PP) por los mismos motivos, no me reía tanto. Y mientras tanto, Mama Tiera continúa girando, mubin, ol de pípol mubin

lunes, 16 de marzo de 2009

In-movilidad


“En su evolución, el hombre ha creado la ciudad y el barullo del tráfico, pero dadme la más mínima oportunidad y ya me estoy quitando la ropa y volviendo a la selva”.
-The Kinks



In-móvil, des-móvil, a-móvil, hipo-móvil... ¿anti-móvil? Os propongo una adivinanza combinada con el análisis cultural de un spot publicitario. No sé si habréis visto un perverso anuncio de Vodafone en el que aparecen una serie de personas adorando sus teléfonos móviles como los monos de Kubrick adoraban el Mono-lito de 2001: Una odisea en el espacio (1968). En un momento dado, todos los del anuncio entran en una especie de éxtasis u orgasmo al brillarles la palma de la mano donde tenían el móvil: acaba de llegarles un mensaje.

Y el eslogan (me niego a buscarlo) dice entonces algo así: “Un sms te puede cambiar la vida... ¿te imaginas 6.000?” Todo para venderte otra de sus sempiternas promociones de “paga trillones ahora a cambio de enviar X mensajes (bueno, parece que 6.000) hasta junio”. ¿Te imaginas lo que pueden conseguir 6.000 mensajes? Wooooooooowwww!!! Ahora yo os propongo otra adivinanza.

Interior, día, un cuarto de baño de clase media. Un joven somnoliento se rasca el culo, levanta la tapa de su teléfono móvil, levanta la tapa del váter, con la otra mano introduce el PIN, se le escurre el aparato, este se cae al agua y... GOOOOOOOOL de Señor!!! La inmersión dura apenas un segundo, menos: décimas. Lo suficiente para sacar el móvil completamente empapado y tenerlo que secar con cuidadito, desmontándolo todo lo que un usuario puede desmontar un bicho de estos. Y todavía hay que dar gracias porque el agua estaba limpia, digamos... sin usar. ¿Te imaginas que se te cae el móvil al váter y te quedas sin móvil?


Envía “PUPITA” al 5555 si quieres recibir el tono de moda. Tras el correspondiente secado recompongo el armatoste y parece que funciona. Bien... Por haceros el cuento corto, a lo largo de la mañana descubro que en realidad es que no, que no funciona. Mi móvil vibra a troche y moche, el muy canalla me dice “Introduzca tarjeta SIM cuando la tiene dentro, y otras lindezas que me hacen darme cuenta: ESTOY SIN MÓVIL. La gran cosa, ¿eh?

Lo primero que me comenta mi novia: “Te habrá entrado un agobio... ¿no?” Hago un poquito de introspección y la verdad es que no, qué queréis que os diga. La verdad es que me la suda bastante. Pasado el fastidio inicial lo que más me aturde es haber perdido las cositas que tenía en la memoria. Ese corte del Fibergran del Pumares, esas sintonías de Star Wars, ese Himno Nacional, ese audio del Celebrity de Manu Chao, esas fotos de mis seres queridos y del concierto de Quique González. Y los mensajes. Montones de eseemeeses que yo guardaba, de los últimos años, algunos muy bonitos y especiales porque eran de este mes pasado. “Los mensajes se borran” -me dice mi madre para consolarme. Estos que yo guardaba no, Mamá.

Sé que no es el fin del mundo, y para colmo los números de la agenda se van a poder recuperar (estaban en la tarjeta SIM), pero no mola. Sin embargo, el hecho de andar por ahí sin móvil... ¿puedo decir que sí mola? ¡Qué narices! ¿Y cómo viviríamos antes sin teléfonos? Pues bien, vivíamos bien, señora. Entendedme, no soy el típico ser antiglobalización que reniega ahora de las tecnologías, pero sí que sufro un poquito de eso que los ingleses llaman la “correa electrónica”, que nos mantiene conectados por móvil, email, etc, 24 horas al día.


Voy por la calle tan tranquilo... ¡ay, a ver si me llaman! Que no, que voy sin móvil.... pues ¡hala, para adelante! Siento vibrar la acera bajo mis pies: ¡un mensaje! Ah, no, que es que hay una máquina taladrando el pavimento... y así sucesivamente. Y qué queréis que os diga, podría acostumbrarme. Desde aquí propongo a Samanta Villar que se atreva a pasarse 21 días sin móvil, como yo me he pasado 21 horas, le auguro que saldrá purificada. Empiezo a considerar esta remojada de mi ex-móvil como una especie de Bautismo de In-movilidad. Y no os lo voy a negar, el viernes mismo ya me estoy comprando otro teléfono... pero vamos, más que nada por no daros un disgusto.
 
click here to download hit counter code
free hit counter