Vivencias polimórficas de un treintañero perplejo.

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martes, 8 de abril de 2008

Operación Felix (y IV)


Como marcan las reglas de la Épica, “solo al final de la jornada se sabrá el nombre verdadero del héroe”. Nosotros ya nos íbamos acercando a la etapa final de nuestro rodaje del documental sobre la toma de Gibraltar por el Eje. Salimos de la Línea camino de la sierra que hay enfrente, por un sendero de cabras y unos carreterines que desembocaron en un repecho bastante alto cuajado de búnkeres abandonados. Sobre el cemento de uno de los búnkeres podía leerse la inscripción “Fulanito de tal. Tal del tal de 1941”. Un escalofrío recorrió mi cuerpo: ¡Madre mía! No tuvo que mamar mili el que escribió aquello…

La vista desde arriba era impresionante. Desde nuestra posición se dominaba toda la Bahía de Algeciras, y todo el Estrecho. La Línea de la Concepción, Gibraltar, Algeciras, Los Barrios, y al fondo entre la bruma, África. Lo primero que se me pasó por la cabeza fue “vaya, por fin ha llegado el momento del que viene vestido de soldado de montaña”. Hubo rodaje de escenas y fotografías aprovechando el impresionante escenario natural y el búnker. Hubo más bromitas con los “españoles” mientras los alemanes saltaban, corrían y pegaban sus tiritos. Los que no intervenían ni a pellizcos eran los tres generales nazis y los dos jerarcas de la Falange.

“Esos van a salir en la escena final, que la vamos a ir a grabar a un cuartel. Por cierto, he consultado y tú no puedes salir de preboste del Partido Nazi con esa barba y ese bigote” –me dijo Javi, el jefe-coordinador de los reenactors. Yo creí haberle dejado claro que no iba a vestirme de todas maneras, pero por si acaso solté un aliviado, “Vaya por Dios”, que hizo que uno de los “generales” saliera en mi defensa. “Pues Keitel [Wilhelm, Mariscal de Campo y jefe del Estado Mayor de las Fuerzas Armadas alemanas] llevaba bigote”. Gracias, camarada, pero no me pienso poner de nazi. Me reitero.

Algunas tomas más, la recreación del asalto al búnker y un buen rato más tarde, la parte de la sierra también estaba concluida. Nos hicimos fotos de grupo como recuerdo (también J y yo pese a vestir de paisano), y el director ya estaba llamando para que fuésemos al cuartel donde se terminaría la filmación. Lo avanzado de la hora (habíamos echado una peonada de 8 de la mañana a 5 de la tarde) y el hecho de que para las últimas escenas no hacía ya falta tropa motivaron que J, E y yo decidiésemos marcharnos. Hubo despedidas (“La próxima vez os animáis y venís de uniforme, ¿eh?”) y promesas de una nueva convocatoria de reenactors.

“El fin de semana del 17 y 18 de mayo la vamos a liar buena en San Pedro de Alcántara (Málaga). Va a haber una partida tremenda, con recreaciones de Segunda Guerra, Vietnam, medievales y lucha de gladiadores romanos”. Esto nos lo decía Ale, uno de los reenactors más activos y simpáticos. Resultó que E le había comprado varias cosas por Internet (insignias) a Ale, pero los dos habían coincidido aquel sábado sin haber quedado previamente. “En el coche tengo más insignias, galones, distintivos de bocamanga, botones, condecoraciones… Luego si eso os las enseño por si queréis comprar algo”.

Le pregunté a Ale cuántos uniformes tenía. “Tengo este de montaña alemán, otro de las SS, dos de paracaidista alemán, uno de la 101 [División Aerotransportada, paracadistas americanos], uno de soldado americano en Vietnam y tres actuales de marine norteamericano, cada uno con un camuflaje distinto. Todos con sus cascos, equipo y armas correspondientes, ¿eh?”. “Esto es una droga, ¿no, Ale?” –le pregunté. “Es un hobby –se encogió de hombros-. “A mí me ha costado una relación sentimental de más de cinco años, esto no hay tía que lo aguante”. Mientras tanto E iba haciendo cábalas mentales sobre cómo haría para contarle a su mujer que pensaba comprarse otro uniforme alemán: el de invierno.

“Pues menos mal que no ha venido mi amigo Menganito” –dijo J-. “Ese tiene en el sótano de su casa diecisiete maniquíes uniformados al completo, varias ametralladoras pesadas, una pieza de artillería y un jeep. Pensad en esto la próxima vez que vayáis a llamar a alguien que conozcáis “friki”. Mucho frikismo vi yo ese día junto a Gibraltar, ¿y qué? Podéis pensar que se trata de una chiquillada o simplemente de una estupidez, pero a ciertas personas el tema les fascina y les resulta divertido. Son simplemente coleccionistas y gente con gusto por la historia bélica. En ningún momento de mi pintoresca jornada vi ni escuché ningún comentario de apología del fascismo o filonazi, ni nada que hiciese sospechar de turbias intenciones a los reenactors. Más peligrosos me parecen los ultras del fútbol, y lo digo sin pestañear. Estos no son skinheads, ni nostálgicos ni fachas. ¿Frikis? Del quince largo, pero no hacen daño a nadie.

lunes, 7 de abril de 2008

Operación Felix (II)


Las ocho de la mañana era la “Hora H” del encuentro para todos los reenactors dispuestos a participar en la grabación de un documental sobre un ucrónico asalto nazi al peñón de Gibraltar. El lugar de la cita, el aparcamiento de un McDonald’s (fijo que el Führer y el Caudillo hubieran tenido algo que decir acerca de esto).

A nuestra llegada encontramos a una docena de personas (todos varones) terminando de ponerse los uniformes, y pertrechándose para el combate. Apresuramos a nuestro colega E a cambiarse, y nos presentamos. Nos saluda el que maneja el cotarro: Javier, un hombre culto, que habla idiomas, padre de familia y que viste el uniforme de teniente de la Wehrmacht. Pertenece al 2nd Battlegroup (asociación internacional de recreación bélica alemana de muchísimo prestigio) y su coche parece una tienda de militaria, tal es la cantidad de pertrechos, cascos, correajes, gorras, cantimploras, etc, que contiene.

Nada más vernos nos saluda: “¡Ah, muy bien, muy bien! ¿No traéis vuestro uniforme? Pues nos os preocupéis que os los prestamos”. Me mira a los ojos y me suelta: “Tú quedarías muy bien de jerarca del partido Nazi en las escenas del Cuartel General”, y me coloca una gorra de oficial alemán. “Perfecto, das el pego”. Amablemente le explico (mi amigo J directamente ha ido a esconderse detrás de un seto, por la vergüenza) que no es nuestra intención “vestirnos”, sino que venimos acompañando a E, a curiosear y a hacer fotos. Mientras tanto E ya se ha cambiado y agarra su fusil Mauser Kar 98 (réplica de airsoft). Estamos listos.

Me llama la atención que no solo hay alemanes. Además de seis o siete soldados y un oficial de la división Grossdeutschland, tenemos a un general, a un soldado de las SS (división Leibstandarte-Adolf Hitler) y a uno de los Gebirgsjäger (tropas de montaña). Pero también han venido los chicos del grupo Frente de Madrid 1936-1939, dos soldados, un comandante y un alférez. Claro, una buena recreación de este episodio no podía prescindir de militares españoles.

Todo el pelotón se dirige a la primera de las localizaciones: un búnker en desuso junto a la playa de La Línea. Rodeado de varias piezas de artillería, desde el enclave se aprecia perfectamente la forma del Peñón. Imaginadnos a las ocho de la mañana por las calles de La Línea. Cuando llegamos al búnker allí se encontraban el director y el productor del documental, las cámaras y algunos figurantes más: dos generales alemanes y un par de falangistas ataviados con camisa azul, yugo y flechas en rojo, pistola Astra, etc, que la verdad a mí me dieron peor rollo que las insignias nazis (a lo mejor porque para los españoles tienen connotaciones más cercanas).

Dentro del búnker nos esperaban dos sorpresas: una ametralladora alemana MG 34 original, con su trípode y todo (me dicen que eso vale unos 2.400 euros) y la Policía Nacional espeluznada de lo que se había montado allí. Los policías comprobaron que todas las armas estaban inutilizadas o eran de juguete (había también dos mosquetones de palo sacados, al parecer, de un almacén de guardarropía de Madrid). Y ¡manos a la obra! En este caso, y tras una breve instrucción militar, comenzó el rodaje. Se determinó que el SS y el cazador de montaña quedaran fuera (no pegaban con el resto) de momento. Ya se les llamaría para hacer bulto en otras escenas.


Entonces descubrí una terrible verdad: un rodaje es aburridísimo. De cuando en cuando algo de acción, luego a repetir, y entre toma y toma mucho tiempo libre absurdo. Trabé conversación con el que iba de las SS: hasta yo me di cuenta de que su hebilla estaba mal pues era de postguerra y pertenecía a la República Democrática Alemana. El chico era gibraltareño, y me contó que él y otro amigo de Gibraltar –también presente- se habían picado con este hobby, y habían decidido vestirse de alemanes “porque molan mucho más que los Aliados”. En esto llegó una familia de Londres, fascinada, que no paraba de echar fotos, y nos preguntaron que qué era aquello. El londinense se quedó estupefacto al comprobar que aquel soldado de las SS era británico como él (uno de Stepney, otro de Gibraltar). El Gibraltarian se encogía de hombros. “Lo mismo me decía mi abuelo: ¡pero si los alemanes perdieron la maldita guerra! Mi parienta también dice que estamos locos”.

De repente se oyó un grito en alemán y del búnker surgió corriendo una sección de la Grossdeutschland que subió por un terraplén pegando tiros. “¡Ha valido! Pero vamos a hacer otra por si acaso”.

sábado, 5 de abril de 2008

Operación Felix (I)


La llamada del amigo que me invitó a la convocatoria debió haberme alertado. “Illo, y si te traes una camisa verde puedes aparecer de figurante como Guardia Civil”.
“¿Tú te vas a disfrazar?” –le pregunté
“Se dice vestirse y no, yo no lo voy a hacer pero mi colega piensa estrenar su uniforme de la Wehrmacht”.

Digamos como aclaración que hace justo una semana, mi gran amigo el friki J (experto en 2ª Guerra Mundial, coleccionista de militaria y aficionado a otros universos como Star Wars o G.I. Joe) me brindó la posibilidad de unirme a él y a su colega E en el rodaje de un documental. La filmación tendría lugar en La Línea de la Concepción (Cádiz), hoy sábado, y se trataba de ilustrar con escenas de recreación histórica un supuesto plan de asalto al Peñón de Gibraltar por parte del ejército alemán en 1940. Acudir a la sombra de la Roca vistiendo uniformes militares de la Alemania Nazi y portando réplicas de sus armas, dejarse grabar… en fin lo normal.

Como sabemos, la citada invasión no tuvo lugar, pero esto nunca ha detenido a los realizadores de documentales históricos (Cuánto Canal Historia he mamado, Díos mío, man!). Uno de los participantes me comentó que a la hija del General Jodl le hacía gracia Félix el Gato, y que de ahí se sacó el nombre en clave de la invasión de Gibraltar: Operación Felix. No hace falta recordar aquí la importancia estratégica del Estrecho, sobre todo en guerra. Supongo que una vez establecido que España no participaría en la 2ª Guerra Mundial, Hitler abandonó la idea de conquistar el Peñón y con ello se fue al garete el sueño de Franco de recuperarlo.

Uno de los mayores hobbies relacionados con la historia/guerra es el de reenactment o recreación. Batallas enteras con miles de participantes se recrean todos los veranos por ejemplo en Inglaterra (Hastings, Bosworth Fields…), y no os digo nada del reciente aniversario de Waterloo en Bélgica. Mucha gente se preocupa por vestir uniformes antiguos, los más populares son los de la 2ª Guerra Mundial, necesitan conseguir no solo la ropa sino todos los complementos, pertrechos, insignias, galones, armas, etc… bien originales o réplicas perfectas. De entrada os digo que barato no es, y a este desembolso hay que unirle el esfuerzo de documentación que supone investigar en libros, revistas, fotos, noticiarios… para cerciorarse de que tal insignia se llevaba así o asá o para conocer el color exacto de un camuflaje, que no era igual en junio de 1941 que en febrero de 1943, of course!

Nadie dijo que el mundo del cine (ni el de la milicia) fuese fácil. A las cinco de la mañana me levanté y me preparé para marchar de camino a Gibraltar con J y E. El viaje de ida en coche resultó muy agradable: charla amena sobre Guerra Mundial, Star Wars, frikismo en general… de fondo sonaba la banda sonora de La Guerra de las Galaxias y después una selección de canciones británicas de 1939-1945. Los tres amigos íbamos muy motivados. Mi colega J y yo con el propósito de ver algo interesante y hacer unas cuantas fotos. Nuestro amigo E además, con el de estrenar su uniforme de soldado alemán, recién adquirido. Antes de llegar, E nos anuncia que puede haber algún problemilla de rigor histórico: “El uniforme que le he comprado por eBay a un señor oriental muy simpático [él utilizó otros calificativos] es el de verano, utilizado por la Wehrmacht durante la invasión de Francia en 1940. Me temo que todos los demás vayan a llevar el uniforme de invierno, más grueso y confeccionado en lana. Además, la tonalidad de verde no es exactamente igual”.

Pronto se vería que los problemas de uniformidad no suponen ningún obstáculo a la hora de abrazar el hobby de la recreación histórica. Pero esto aún no lo sabíamos cuando llegamos a La Línea y nos pusimos a desayunar. Delante nuestra, un café y una entera con surrapita colorá. Detrás (por la ventana) se veía la imponente masa del Peñón de Gibraltar. Alrededor, media docena de personas desayunando con el uniforme de la division de élite Grossdeutschland. La guerra había comenzado.
 
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