Vivencias polimórficas de un treintañero perplejo.

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jueves, 17 de septiembre de 2009

Bastardos sin gloria


-“El detallismo ha de limitarse a encuadrar la historia, no a usurpar su protagonismo”.
(Luis Manuel Ruiz)





Dice un tópico español decimonónico que “Más vale honra sin barcos que barcos sin honra”. ¿A qué viene esto? No lo sé, pero pese a ser una gilipollez, ¿a que mola? El buen Quentin Tarantino (Tarantonio, para los amigos) nos trae ahora su último disparate, intitulado Inglourious Basterds [sic] (2009): en español, Malditos bastardos. Se estrena mañana, pero como yo la vi hace un mes justo en Bruselas, no me quería privar de darme el pegote de hacer la crítica aquí antes de que saliera en España. Y al igual que el susodicho dicho, la peli es una gilipollez pero mola cantidad.

Más valen bastardos sin gloria que fantasmadas aburridas que nos llevan al bostezo, como fue el caso de la última de Tarantonio (Death Proof, 2007). Conste que soy fanático del cineasta, pero por eso mismo le exijo la máxima calidad y no comulgo con sus chorradas. Ya en las dos partes de Kill Bill se notó una tendencia al fárrago y la pomposidad en el diálogo que le hacía a uno rebullirse en la butaca del cine con incomodidad. Esto llegó al paroxismo con Death Proof, situación que se volvió aún más irritante (si cabe) al comprobar que el buen Tarantino iba por ahí diciendo en las entrevistas que sus diálogos tenían la misma calidad y/o profundidad que los de un Sófocles o Esquilo.


La buena noticia es que en esta peli Tarantino parece haber dejado a un lado sus pajas mentales (y manuales) para dedicarse a lo que más nos gusta: contar de modo original una historia emocionante, violenta, graciosa, ridícula a ratos (¿pero no es el ser humano ridículo?) y me atrevería a decir que hasta conmovedora a otros.

Tranquilos los fans recalcitrantes del calvo de los anuncios de Dewar’s que “escribe sus propios guiones”, porque en Inglourious Basterds están todas las marcas de la casa: tiroteos, sangre a raudales, mujeres descalzas, capítulos con rotulación setentera, palabrotas, violencia (cuasi)gratuita, homenajes al cine, humor negro, suspense, bandas sonoras robadas a otras pelis…


La auténtica bomba de esta peli es que se desarrolla durante la Segunda Guerra Mundial. Digámoslo ya porque no es un spoiler sino una aclaración: la peli trata sobre un grupo de soldados judíos USA onda Doce del patíbulo, pero también sobre una muchacha judía clandestina y, más importantemente, sobre un alocado complot para matar a Hitler. En palabras del sabio Kike, que también la ha visto, “por fin una peli de nazis fiel a la verdad histórica”. Si os gustan las pelis de nazis, lo vais a flipear, eso queda garantizado.

A mí Inglourious Basterds me gustó muchísimo, no un poco, no bastante, no hay paliativos en esta ocasión: me pareció la mejor peli que había visto en años. ¿Cómo este prodigio? No sé decirlo, señora, pero en mi caso (y en el de toda la sala que me rodeaba) creo que se produjo un auténtico ejemplo de la magia del cine, si se me permite el tópico. Salen ahí unos señores, sale Brad Pitt con bigote, se pegan tiros, la gente va vestida de nazis… no sé explicarlo pero el efecto de conjunto es prodigioso. Y esto no es moco de pavo, ya que la peli se anunciaba como un monstruo intratable de excesivo metraje que Tarantino habría en vano de domesticar en la sala de montaje.


No es nada de eso. O si lo fue, en la sala de montaje quedaron los excesos y las ideas geniaaales. No voy a decir que esta peli sea sobria, ni mucho menos, pero sí me atrevería a calificarla de “contenida”. Gran parte del mérito de la obra –si hemos de buscar una explicación- reside en el trabajo de los actores. Enorme Brad Pitt, no es noticia. Muy meritoria Diane Kruger y fantásticos el resto de los “Bastardos”. Pero hay un trío de ases bastante novedosos que, a mi juicio, se lleva la película de calle. Prodigioso Christoph Waltz en el rol de un coronel de las SS mitad Colombo mitad Dr. Mengele (creación que le valió el premio en Cannes 2009). Sorprendentemente refrescante Daniel Brühl, el catalán/alemán que consigue hacer del primer nazi en la Historia que os caerá bien. Y capítulo aparte para Mélanie Laurent, en un papel-caramelo por el que ya puede dar gracias a Tarantonio de por vida, y que ella borda.


Un apunte muy serio. Si pensáis ver este joyón del séptimo arte NO SE OS OCURRA VERLA DOBLADA. El trabajo de los actores es maravilloso: Waltz habla en alemán, francés, inglés e italiano, Pitt imita el acento sureño USA , Mike Myers (sí, el de Austin Powers) imita el británico de clase alta… pero incluso aunque no seáis filólogos o dialectólogos podréis apreciar que muchas de las escenas más emocionantes de la peli (se me ocurren ahora tres, que son las tres mejores) basan su carga de angustia hitchcockiana en temas de lenguas y acentos. No quiero ni pensar la fantasmada que habrán hecho aquí al doblarla. Como le dije el otro día al buen Anónimo Mayúsculas, si vas a ver una sola peli en V.O. en toda tu vida, por favor que sea esta.

Yo voy a ir mañana a verla otra vez, qué caray! Si vais a ver una sola peli de nazis violenta y graciosa a partes iguales en vuestra vida, por favor que sea esta.

lunes, 27 de abril de 2009

Hitler bebía mucha Fanta


A menudo me pregunta la gente “Porerror, ¿de qué trata tu blog?”. Leed el post de hoy y entenderéis por qué no sé responder. :)





Picture this: una reunión de jerarcas nazis, del estilo de esa que aparece por ejemplo en la peli Valkiria (2008). Todos planeando dominar el mundo y matar a mucha gente alrededor de una mesa. Tienen mapas de Rusia, maletines, dossieres secretos y están bebiendo… ¿Coca-Cola? En la vida, compare! –como dice mi amigo de Jerez. ¿Solución? Que beban Fanta.

Si esto os parece más bizarro aún habéis de saber que pudo pasar perfectamente, todo lo que sale en Estatuas Verdes está basado en rigurosos hechos reales. La historia es muy conocida, pero yo –pese a ser un freak de la 2ª Guerra Mundial- no la sabía. Me entero leyendo el excelente libro titulado Deutsche Soldaten (2008), en el que Agustín Sáiz recopila “Uniformes, equipo y objetos personales del soldado alemán, 1939-1945”. Me lo ha regalado un amigo y es la leche, en él me entero de que la Coca-Cola era muy popular en la Alemania de pre-guerra [t]anto el Führer como el Ministro del Aire eran grandes aficionados al refresco”. Por lo visto, Coca-Cola patrocinó con gran éxito las Olimpiadas de Munich 1936, y para 1939 ya había 43 plantas embotelladoras en Alemania.



Al cortarle los USA el suministro a Alemania, los teutones se quedaron sin el “ingrediente secreto” de la Coca-Cola, y tuvieron que (bajo el paraguas de The Coca-Cola Company en todo momento) inventarse una bebida nueva, no yanqui, para que la bebieran los alemanes. En 1942, un tal Max Keith desarrolló un refresco a base de extractos de frutas llamado Fanta (de “fantasia: la de Dios, ¿eh?). La Fanta la conocemos y bebemos todos, en España es especialmente popular, ¿acaso somos todos nazis? En los USA la Fanta es muy difícil de encontrar, en parte porque hay millones de alternativas de refrescos de sabores, y en parte por la leyenda urbana de que la inventaron los nazis. Esto último no es cierto, pero sí que tiene su origen en ese periodo, como se acaba de explicar.

Me río con lo de que Fanta sea nazi, porque hace poco estuve bicheando un fanzine online que descubrí en el blog de Fran Nixon, el título del fanzine es Hitler de pequeño leía mucho, y es una especie de sátira indignada contra la lectura. ¿Contra la lectura, Porerror? No es contra la lectura en general sino contra sus excesos y algunos usos indiscriminados que de ella se hacen. En este sentido, el fanzine está más cerca de El Quijote (que también era contra la lectura) que de Joseph Goebbels (Ministro de Propaganda nazi, famoso por decir que cada vez que escuchaba la palabra “cultura” se echaba mano a la pistola por si acaso). Me fijo en el título: si Hitler leía, leer debe ser malísimo, porque Hitler ya quedamos en que era malísimo. Otra vez el argumento de la Ley de Godwin, un clásico de Estatuas Verdes.



Los que dicen que la Fanta es nazi se sirven del mismito argumento ridículo, pero hete aquí que en las últimas semanas me he enterado de otro supuesto sambenito que le han colgado a la pobre Fanta. ¿Sabéis lo que es un pagafantas? Os aseguro que en el Sur no se usa el término, pero se conoce el concepto. Aunque visto lo visto por Internet y YouTube en particular a veces se utiliza pagafantas como sinónimo genérico de “pardillo” o “gilipollas”, la mejor definición de “pagafantas” es el tío que está colado por una chavala con la que no tiene ninguna posibilidad pero él continúa quedando con ella una y otra vez en plan de amigos con la esperanza de que ella le quiera, y acaba convirtiéndose en una especie de patético confidente.

La cosa ha llamado mi atención ante el próximo estreno de una película titulada Pagafantas (2009), de Borja Cobeaga, en la que un chaval está enamorado de un pibón que no le hace caso salvo “como amigo”. Me ha interesado porque ya sabéis que me chiflan las comediotas adolescentes, y porque en la peli salen los chanantes Julián López y Ernesto Sevilla, aunque al bueno de Gorka Otxoa –el protagonista- no lo soporto. Me ha hecho gracia el concepto (para el que no tenía nombre), ¿a quién no le ha pasado alguna vez verse en una situación igual, y ha aprendido a base de palos, sea pagando Fantas o pilicrines a una tía que no te hacía ni puto caso? Lo cierto es que no estoy tan seguro de que esto ocurra al revés, que las niñas le aguanten eso a los tíos, me gustaría saber vuestras opiniones.


El nota que se queda prendado así de una chavala será un pagafantas, pero puede consolarse pensando que ella es directamente una nazi (si hacemos caso a la rumorología que mencionaba al principio). Yo me he tomado este tema muy en serio, llevo varios días bebiendo Fanta de naranja (hacía años…) para documentarme para el post. Me he acordado del buen Munilla, si él levantara la cabeza…! Y pensando en Fanta, Munilla y la Segunda Guerra Mundial me ha sobrevenido una terrible duda: ...la Fanta Zero, ¿qué la inventaron, los japoneses en 1941 para bombardear Pearl Harbor?

viernes, 6 de marzo de 2009

Hitler, ¿eh?


Primicia: Hitler era malo. Hitler fue malo, malvado, era la encarnación del mal. El hombre en sí no parece para tanto: militar dizque mediocre (aunque en sus momentos lúcidos coordinó la mejor guerra nunca vista: la que enfrentaba a los generales bajo su mando), enfermete al final, la lió parda con sus ideas racistas y directamente locas que, sin embargo, en un momento dado lograron galvanizar a toda Alemania, la locomotora de Europa (jugamos a que fue “toda”). La expresión clave de la frase anterior parece ser “en un momento dado”: ¿qué momento? Uno aciago en lo económico, político y social, de posguerra, revolución, crisis tras crisis, inflación, humillación, desconcierto...

No es mi intención trivializar sobre Hitler y el nazismo: todo lo contrario. Pero ya sabéis que si no tratara aquí los temas con desenfado esto no sería Estatuas Verdes. Hitler era malo. El peor. Rescato su figura porque últimamente me lo estoy encontrando por doquier, a él y a su obra, sin buscarlo. Para alguien tan malo, que merece la condena más absoluta de la Humanidad, su frecuencia de aparición en la cultura popular no está nada mal. Hitler, el presentador de un programa de entrevistas en Padre de familia... la peli Valkiria (2008)... voy en el AVE y me ponen El niño con el pijama de rayas (2008)... en la expo de Bacon veo crucifixiones con esvásticas y fotos que el pintor guardaba de muchos jerarcas nazis... Hitler sale en el trailer de la nueva de Tarantino como si fuera un teleñeco enfadado... Hitler nombrado -otra vez- como ejemplo de retórica falsa (recordad la Ley de Godwin) en el libro que me estoy leyendo... por no mencionar que el anterior que me leí fue El lector (1997), de fuerte contenido nazi.


Hitler por acá y por allá... hasta decir ¡BASTA! La presencia de este hombre en nuestra cultura es verdaderamente más pervasiva e icónica que la de Papá Noel, el Che Guevara y Mickey Mouse juntos. Yo soy un flipado de la 2ª Guerra Mundial, lo admito, pero las apariciones de Hitler que os he recitado me han venido por casualidad, sin buscarlas (a ver, también tengo libros sobre las SS o las divisiones blindadas nazis, pero eso no cuenta). Una amiga profesora de instituto me enseña con horror lo que un alumno suyo se ha dedicado a hacer en clase: un carro de combate de papiroflexia decorado con unas vistosas esvásticas. ¿Hitlermanía?

La profe estaba indignada por la “obra” de su alumno, y yo estuve a punto de hacerle el chiste de que desde luego aquello era impresentable, ya que todo el mundo sabe que los blindados de la Alemania nazi no exhibían la esvástica pintada, sino la Balkenkreuz. Frikadas y bromas aparte, no deja de fascinarme la fascinación que Hitler y su “obra” parecen seguir ejerciendo hoy día. De acuerdo, que no es admiración, que no es adoración, pero tampoco parece que a la gente le mueva el horror o el rechazo, al menos explícitamente. Por más vueltas que le doy al asunto la única explicación que se me ocurre es la que adelanté en “Los malos molan”: que todo sea una cuestión estética.


No sé bien si esta revelación o conclusión es tranquilizadora o al contrario. El hecho de pensar que los alemanes fueron a la guerra “a morir de guapos”, o peor aún, a matar de guapos. Y con los mejores vehículos, aviones, carros, piezas de artillería, al menos al principio de la guerra, como unos jodidos G.I. Joe's de diseño... pero esto no explica mi principal preocupación, que era Hitler. Un amigo filósofo me dice “la verdad es que el tío es icónico”. Su carisma personal debió ser la hostia, puesto que ponía firmes a todos los que tenía a su lado e inspiraba en su séquito una mezcla de respeto y de terror reverencial: como un padre cabrón. Un hombre bajito con muy mala leche.

Me empiezo una novela de Stephen Fry sobre el ámbito universitario: en Cambridge, un joven historiador y un catedrático de física se embarcan en un viaje en el tiempo a la Austria de 1889 para impedir.... QUE NAZCA HITLER. ¡Basta ya con este hombre! A menudo pienso que si hubiera sido una buenísima persona su historia no le habría interesado a nadie, y eso me da pupita.

jueves, 29 de enero de 2009

Carro de combate, o: El icono


Veo estos días el trailer de Valkiria (2008), la estrenan mañana y ya estoy nervioso por ir a verla. Entre escenas de la Wehrmacht, el bigote de Hitler y un parche en el ojo, veo imágenes del Deutsches Afrikakorps con sus terroríficos Panzer III. El pasado sábado, hablaba sobre guerras y los juegos de guerra con un historiador y salieron a relucir los Panzer III (“Lo malo es que después vinieron los Panzer IV, Panther, Tiger I y II…”), los T-34, los Sherman.

Llevamos semanas viendo en la tele imágenes de carros de combate israelíes, creo que son los Merkava, su contemplación puede causarnos ya tedio por lo repetitivo, seguro que de verlos en directo no sería esa nuestra reacción. Llevamos años (más de siete ya) viendo por la tele imágenes de carros de combate americanos M1A1 Abrams en Afganistán e Irak. Estos los tenemos tan vistos, en Kandahar o en Kirkuk, que yo ya no sé distinguir cuándo estoy viendo un episodio de la serie JAG o el telediario de Antena 3.


Pocas imágenes tan llamativas para los resúmenes audiovisuales del siglo pasado como la de ese ciudadano chino plantándole cara a una columna de carros de combate durante los días de la revuelta de Tiananmen. Esta escena ha sido vista y revista, parodiada hasta la saciedad, incluso, y siempre que la veo consigue fascinarme. Cada vez me asalta la reflexión: el hombre estaba ahí; los tanques estaban ahí, desde luego; pero lo más importante es que ahí estaba la cámara. Sin imágenes, la escena no hubiese existido. En este sentido me pregunto: ¿cuántos hombres de Tiananmen habrá habido a lo largo del siglo XX, sin una cámara para dejar constancia de ellos? ¿Cuántas madres rusas delante de un Panzer IV, cuántas alemanas de un T-34?

Cada día tengo más claro que el carro de combate es el gran icono del siglo XX: el sigo de las guerras. Las dos guerras que lo vertebraron se escriben con pesados monstruos blindados que se desplazan sobre cadenas. En la 1ª Guerra Mundial, el papel del carro fue casi folklórico: demasiado hicieron con idearlo, construirlo y ponerlo a andar. Los primeros tanques eran ortopédicos cachivaches más ridículos que mortíferos. Pero eran de metal, avanzaban y estaban cargados de armas.


Decir “Segunda Guerra Mundial” es decir “carros de combate”. En la 2ª Guerra, los blindados fueron el factor más importante y decisivo por lo menos hasta 1943, en que empiezan en serio los bombardeos estratégicos aliados sobre Alemania y Japón. Las tropas panzer alemanas (“las vanguardias blindadas del Reich”, como las definió Borges) fueron durante toda la guerra las mejores del Eje. ¿Y qué decir de las fuerzas armadas USA o de la URSS? Está claro que la Guerra la ganaron en las cadenas de montaje.

Hubo momentos, durante la batalla de Stalingrado, en que los T-34 salían directamente de la fábrica al frente, sin pintar siquiera. Y ya no pararon de salir. Y de salir. Y de salir. Para cuando llegó la Guerra Fría, los rusos tenían más carros de combate que mazorcas de maíz los americanos. Estos últimos se llevaron los tanques a empantanarse en las junglas de Vietnam, donde fueron vencidos por otro poderosísimo icono: el fusil de asalto de origen soviético AK-47, pero eso es otra historia. Mucha gente dice que el siglo XX es un AK-47 (Roberto Saviano, la peli El señor de la guerra -2005-, Pérez Reverte…). Yo digo que es un carro de combate, sin especificar el modelo o bando al que pertenezca.


Uno de mis primeros recuerdos de chico es el de oír contar a mis padres el golpe de Tejero, el del 23-F. Y con mucho, el detalle más sórdido y el que más miedo me daba era que en Valencia, el jefe de la Región Militar (Milans del Bosch) se había atrevido a “sacar los tanques a la calle”. La sola mención de esta frase conjuraba en mi excitable mente infantil fríos terrores metálicos de color verde oscuro. De buena nos libramos los españoles aquel día, ¿eh? (para empezar, dicen las malas lenguas que Milans del Bosch estaba borracho). Pero volviendo al tema que nos ocupa, pensad en los carros de combate y en su importancia simbólica. Sé que no es un tema típico de ascensor, pero yo os pido que os paréis un segundo y lo penséis. Y la próxima vez que veáis uno en un telediario (seguro que hoy mismo), ya me contáis qué se siente.

jueves, 7 de agosto de 2008

Memorias de un tanquista


(El Mariscal Porerrosski fue uno de los grandes militares soviéticos en la guerra contra la Alemania de Hitler de 1941-1945. Jovencísimo comandante, participó, entre otras operaciones, en la Batalla de Smolensko, la carrera por Kiev, la defensa de Moscú, el cerco de Stalingrado, la Batalla de Kursk, el cruce del Dnieper, la Operación Bagration, la Batalla de Varsovia o la caída final de Berlín. Sus móviles tropas blindadas fueron las primeras en penetrar en la región alemana de Prusia Oriental en el otoño de 1944. Sus acciones le valieron ser nombrado en dos ocasiones Héroe de la Unión Soviética, una Orden de Lenin, cuatro Órdenes de la Bandera Roja, dos Órdenes de Suvórov de Primer Grado, una Orden de Kutúzov de Primer Grado, una Orden de Bogdan Jmelnitzki de Primer Grado y numerosas, incontables, medallas. He aquí varios fragmentos de su libro de memorias, todavía inédito).

[22 de junio de 1941] Hoy hizo un excelente día para ir de pesca. Algunos camaradas del Estado Mayor del Frente y yo decidimos realizar una operación de captura de animales acuáticos mediante cañas, sedal y anzuelos. Todavía no nos habían llegado noticias de la traicionera invasión de los hitlerianos unas horas antes, la cual en absoluto nos cogió por sorpresa y para la que el eficiente Ejército Rojo (en nombre del Pueblo y del Partido) se encontraba absolutamente preparado. El comandante general Petardy volvió con un esturión y yo con cuatro truchas arco iris.

[25 de junio] A los occidentales les costaría muchísimo comprender las avanzadas técnicas rusas de entrenamiento y fomento de la camaradería, así como su exhaustiva preparación en tácticas de guerra moderna y motorizada. Los traicioneros hitlerianos vulneraron el pacto que teníamos con ellos e invadieron a la patria. En ningún momento ni uno solo de nuestros hombres flaqueó en el combate (ni en las marchas de 50 km al día de “repliegue defensivo”), y esto es debido a la inquebrantable determinación del soldado soviético. Nuestras tropas de infantería, artillería, caballería y tanques, hicieron todo lo que se esperaba de ellas, hasta el punto de que al acabar la primera semana habíamos hecho 14 prisioneros en nuestro sector.

Es cierto que en el mismo tiempo los hitlerianos habían capturado a 80.000 de nuestros valerosos soldados, pero eso solo pone de manifiesto una vez más su cobardía y nuestra absoluta determinación de victoria en esta gran guerra patria.


[5 de julio] Continúan nuestras victorias en todos los Frentes. O eso espero, puesto que hace más de dos semanas que los camaradas del Estado Mayor no tienen a bien informarnos sobre posición del enemigo, efectivos disponibles, suministros ni nada. Sin duda debe tratarse de una nueva estrategia superior de guerra moderna imposible de comprender por americanos, británicos o japoneses, como fue la de concentrar toda nuestra aviación en aeródromos cerca de la frontera para que fuese aniquilada durante los dos primeros días de la guerra. Otro menos comunista que yo hubiese pensado que se trató de una mala decisión, pero no me corresponde a mí ser crítico y derrotista.


[1 de octubre] Camaradas, la victoria final cada día está más cerca. El Estado Mayor del Ejército ha diseñado un inteligente plan mediante el cual vamos a fingir estar derrotados y a punto de entregar Moscú solo para acto seguido asestar un golpe decisivo a la bestia fascista. El plan incluye dejar que los hitlerianos, con su traidora aviación y sus traidoras unidades motorizadas, destruyan nuestros viejos carros T-26 y BT, capturen a medio millón de soldados y conquisten un millón y medio de kilómetros cuadrados de suelo patrio, para dejar que se confíen.

[18 de octubre de 1944] Sin lugar a dudas, lo mejor que le ha podido pasar al Ejército Rojo es que todos los oficiales al mando debamos rendir cuentas a un Comisario Político. ¡Hasta qué punto agiliza esto las decisiones de mando! Los hitlerianos carecen de esta figura en su traidor ejército, y por eso están perdiendo la guerra. Gracias al heroico trabajo del pueblo, el ejército se perfecciona con nuevo armamento y material de guerra. El pueblo entero arde en deseos de alcanzar cuanto antes la victoria sobre el odiado enemigo. Los ciudadanos soviéticos saben que ese momento se aproxima cada vez más.

[25 de octubre] ¡Con qué alegría nos recibe la población civil de la región de Prusia Oriental! Nos tratan como los libertadores que somos, y no hay localidad o granja en la que sus hombres no salgan a saludar al comunismo, sus mujeres no se echen voluntariamente en los brazos de nuestros apuestos y valientes soldados. Los oficiales se ven colmados por una lluvia de regalos que resulta impropia para un valeroso y cumplidor mando comunista, pero, ¿cómo rechazarlos cuando nos son entregados con tanta alegría y de un modo tan voluntario y sin usar nunca la fuerza? El otro día dos señoras prácticamente me suplicaron que me llevara todas las pertenencias de su hogar, incluyendo la vajilla antigua, cubertería de plata, cuadros, joyas, muebles de valor…

A regañadientes acepté, y después aún querían que su hija se divirtiese jugando a los médicos con los valientes hombres de una compañía de transmisiones.


[1 de mayo de 1945] En estos momentos en que la ansiada victoria final sobre los hitlerianos está tan cerca, me vienen a la mente las inspiradoras y acertadísimas palabras que hace cuatro años me dirigió nuestro apuesto y valiente líder, Iosif Stalin. En aquella ocasión, nuestro líder habló de la vocación de sacrificio a la patria, y de que los alemanes son malos, malos, malos. Qué gran razón tenía, y qué bien combina los colores de su atuendo (siempre dentro de la apropiada austeridad comunista, al servicio del pueblo). Y además qué guapo es y además le huele el aliento a rosas.

sábado, 5 de abril de 2008

Operación Felix (I)


La llamada del amigo que me invitó a la convocatoria debió haberme alertado. “Illo, y si te traes una camisa verde puedes aparecer de figurante como Guardia Civil”.
“¿Tú te vas a disfrazar?” –le pregunté
“Se dice vestirse y no, yo no lo voy a hacer pero mi colega piensa estrenar su uniforme de la Wehrmacht”.

Digamos como aclaración que hace justo una semana, mi gran amigo el friki J (experto en 2ª Guerra Mundial, coleccionista de militaria y aficionado a otros universos como Star Wars o G.I. Joe) me brindó la posibilidad de unirme a él y a su colega E en el rodaje de un documental. La filmación tendría lugar en La Línea de la Concepción (Cádiz), hoy sábado, y se trataba de ilustrar con escenas de recreación histórica un supuesto plan de asalto al Peñón de Gibraltar por parte del ejército alemán en 1940. Acudir a la sombra de la Roca vistiendo uniformes militares de la Alemania Nazi y portando réplicas de sus armas, dejarse grabar… en fin lo normal.

Como sabemos, la citada invasión no tuvo lugar, pero esto nunca ha detenido a los realizadores de documentales históricos (Cuánto Canal Historia he mamado, Díos mío, man!). Uno de los participantes me comentó que a la hija del General Jodl le hacía gracia Félix el Gato, y que de ahí se sacó el nombre en clave de la invasión de Gibraltar: Operación Felix. No hace falta recordar aquí la importancia estratégica del Estrecho, sobre todo en guerra. Supongo que una vez establecido que España no participaría en la 2ª Guerra Mundial, Hitler abandonó la idea de conquistar el Peñón y con ello se fue al garete el sueño de Franco de recuperarlo.

Uno de los mayores hobbies relacionados con la historia/guerra es el de reenactment o recreación. Batallas enteras con miles de participantes se recrean todos los veranos por ejemplo en Inglaterra (Hastings, Bosworth Fields…), y no os digo nada del reciente aniversario de Waterloo en Bélgica. Mucha gente se preocupa por vestir uniformes antiguos, los más populares son los de la 2ª Guerra Mundial, necesitan conseguir no solo la ropa sino todos los complementos, pertrechos, insignias, galones, armas, etc… bien originales o réplicas perfectas. De entrada os digo que barato no es, y a este desembolso hay que unirle el esfuerzo de documentación que supone investigar en libros, revistas, fotos, noticiarios… para cerciorarse de que tal insignia se llevaba así o asá o para conocer el color exacto de un camuflaje, que no era igual en junio de 1941 que en febrero de 1943, of course!

Nadie dijo que el mundo del cine (ni el de la milicia) fuese fácil. A las cinco de la mañana me levanté y me preparé para marchar de camino a Gibraltar con J y E. El viaje de ida en coche resultó muy agradable: charla amena sobre Guerra Mundial, Star Wars, frikismo en general… de fondo sonaba la banda sonora de La Guerra de las Galaxias y después una selección de canciones británicas de 1939-1945. Los tres amigos íbamos muy motivados. Mi colega J y yo con el propósito de ver algo interesante y hacer unas cuantas fotos. Nuestro amigo E además, con el de estrenar su uniforme de soldado alemán, recién adquirido. Antes de llegar, E nos anuncia que puede haber algún problemilla de rigor histórico: “El uniforme que le he comprado por eBay a un señor oriental muy simpático [él utilizó otros calificativos] es el de verano, utilizado por la Wehrmacht durante la invasión de Francia en 1940. Me temo que todos los demás vayan a llevar el uniforme de invierno, más grueso y confeccionado en lana. Además, la tonalidad de verde no es exactamente igual”.

Pronto se vería que los problemas de uniformidad no suponen ningún obstáculo a la hora de abrazar el hobby de la recreación histórica. Pero esto aún no lo sabíamos cuando llegamos a La Línea y nos pusimos a desayunar. Delante nuestra, un café y una entera con surrapita colorá. Detrás (por la ventana) se veía la imponente masa del Peñón de Gibraltar. Alrededor, media docena de personas desayunando con el uniforme de la division de élite Grossdeutschland. La guerra había comenzado.

jueves, 21 de febrero de 2008

Porta lo parte


Hace unos meses me envía un amigo que se las da de erudito del rap un email con un enlace de YouTube, diciendo “escucha esto que tiene mucho flow. ¡Ofú! -pienso, pero veo el vídeo y, aunque el tema se llama “Dragon Ball Rap” y no me dice nada (no conozco Bola de Dragón), tengo que admitir que el flow del chaval que rapea es impresionante. Me encandilan su frescura y su dominio de la métrica –esto último a mi humilde juicio es la gran asignatura pendiente de los MCs españoles: ¡ah! Cuánto mejor le iría a este país si los raperos se sacaran el título de la ESO…

Aquel joven rapero se llamaba Porta, venía de Barcelona y tenía 18 años. Sabíamos de él que tenía un par de maquetas de distribución exclusiva por Internet, de donde habían sido destacados los temas “Dragon Ball Rap” y “Las niñas de hoy en día son todas unas guarras”. Su primer álbum, por título En boca de tantos (2008), era una de las bombas musicales más esperadas del año, y por fin se puso a la venta hará cosa de una semana. Antes aún se podía bajar en iTunes, y muchísima gente lo tenía ya de modo ilegal. El disco está en la calle, Porta ha hablado, y lo que nos encontramos es una obra de tal calidad y envergadura que me atrevería decir que no parece rap español.

El hip-hop patrio (admitámoslo) es regular solamente. Se salvan un par de nombres solo: apenas SFDK, Violadores, el Chojín y Tote King. Y sí, fueron muy históricos 7 Notas 7 Colores, Frank T, Madrid Zona Bruta (1994), lo que tú quieras. Bastaba escuchar temas de cualquier artista de hip-hop español y compararlos con los de –digamos- los franceses o estadounidenses para tener el sonrojo asegurado. Esto fue así hasta la década de los 2000, debido entre otras cosas al sonido cutre, las letras forzadas (mucho calco sintáctico del inglés), la métrica dislocada (¿cuántas veces hemos tenido que sufrir palabras como “comió” pronunciadas con acento en la primera sílaba?).

En esto que viene Porta y nos presenta un disco con una vocación de permanencia, de joven clásico. No sé si lo conseguirá, pero el primer paso para lograrlo es créerselo. Lo que hace falta en el hip-hop (los tópicos) él lo trae a raudales: insultar con ingenio a los oponentes, decir que su estilo es único, proclamarse callejero, exhibir currículum, meterse con los artistas comerciales… todo eso está aquí, pero es que hay mucho más. Para empezar el sonido es impecable. No entiendo de DJs ni de este tipo de producciones, pero la sensación que me provoca el disco es la de estar “rodeado” de música, una muralla, con ritmos gordísimos.

Otros temas que Porta incluye en su disco son la misoginia (revisita en “Sobre el famoso tema” lo de que “las chicas de hoy en día son todas unas guarras”), su creciente fama debida al “boca a boca” (“En boca de tantos”), sus logros materiales (“Tengo”), los rigores de los conciertos (“Directo tras directo”) o la política española en “Una sociedad un tanto rara” (dando caña por igual a Aznar, Zapatero, a Rajoy, y si se encarta, al Rey; por cierto, que esta canción empieza nombrando a Hitler, por algún motivo). Confieso que llevo todo el día con la tentación de salpimentar este post con citas de las canciones de Porta. En las últimas 24 horas he escuchado el disco tres veces para apuntar las mejores perlas, pero a última hora he decidido que mejor no, que mejor que los temas de Porta hablen por sí mismos. Entre otras cosas porque si no, el post hubiera consistido en una cita tras otra del rapero, y no es plan.

Detecto en Porta un nuevo nivel en las letras, aparte de su excelente encaje métrico y su incontinente flow, este chaval maneja un léxico y un universo de referencias frikis solo comparables a los de Tote King. Y además no es tan crudo en el insulto como Kase-O o el Zatu, aunque –claro está- no le hace ascos a las palabras malsonantes. Sus colaboradores también tienen bastante desparpajo (no los conocía, mea culpa: dejé de estar al día de la escena rap española en 2005), y en fin, todo hace presagiar que nos encontramos ante el nacimiento de un nuevo prodigio. Él mismo comenta que “pretende crear una obra”. Tiene labia, tiene flow, buenas rimas y talento, tiene estilo, tiene pose, producción, y por-tan-to, Por-ta-es-un-por-ten-to. Estatuas Verdes… dos mil ocho… en tu puto careto.

martes, 5 de febrero de 2008

El día en que el Milenarismo llegó (II)

Por petición popular, continúa la saga de Arrabal en Estatuas Verdes:


Arrabal había llegado y apenas había dejado que lo presentasen como es debido, las autoridades pavoneándose de haber traído a tan docta cabeza. Alguien anunció que hablaría don Fernando y que posteriormente el Rector diría unas palabras para clausurar el congreso Factor Humano.

“Es un poco insultante pensar que va a hablar un poeta y luego un rector,” [pausa dramática] “porque es más importante un poeta que un rector” [ovación]. Señoras y señores: he llegado tarde porque he estado almorzando con un tarado… con un loco… ¡el “Loco de la Colina”! [nueva ovación]. De sus frases introductorias enseguida se colige que la conferencia no va a tener ni pies ni cabeza (lo cual no significa en absoluto que no tenga sentido). En su susurrante español plagado de galicismos, Arrabal anuncia que va a hablar de poesía, de filosofía, de ajedrez y de matemáticas, “las únicas disciplinas que no tienen Premio Nobel, porque no recrean la vida, no son como la vida: son la vida”.

“Ustedes son todos poetas, por eso han venido a escucharme. Por eso estoy tan a gusto creando con ustedes esta tarde”. Si no fuera porque le creo capaz de improvisar estas y mucho mayores chorradas/genialidades (táchese lo que no proceda) diría que Fernando Arrabal suelta siempre la misma conferencia vaya a donde vaya, unos meros ajustes y listo. Tal es la seguridad y –pese al ritmo pausado- la diligencia con que el dramaturgo se dirige a su auditorio. Aún así, no faltan pequeñas idas de cabeza:
“Señoras y señores: estoy mezclando el español y el francés, debe ser que estoy medio borracho” [carcajada general y aplauso]. Gritos de “¡el Milenarisno!” se oyen por las filas más alejadas- o a lo mejor fui yo-. Arrabal continúa: “Lo crean o no, incluso me pagan por decir todo esto”.

Tras un cuartito de hora de dar rodeos empiezo a pensar que esto es el Club de la Comedia, pero entonces el escritor melillense se pone serio y empieza a decir:
“Ya no hay los grandes Titanes del siglo XX como Franco, como Hitler, como Stalin… Mussolini, Carrillo,” [cambios de postura incómodos entre la progresía asistente] “como Ceaucescu… que querían crear un hombre nuevo, como Prometeo. Pues bien, en el Antiguo Régimen yo escribí una dedicatoria: Me cago en Dios, en la Patria y en todo lo demás, con toda inocencia” [ovación rabiosa].

“Esta ovación está dedicada a los amables señores que me invitaron a estar seis semanas à un albergue gratuito llamado ‘Cárcel de Carabanchel’”. Narraba así Fernando Arrabal sus problemas con la justicia y con la censura franquista –pidieron para él doce años de prisión por blasfemia-, y cómo logró eludir su condena. “Yo soy el único español que escribió a Franco cuando Franco estaba vivo… luego le han escrito todos”. Contó que en su carta le explicaba al Caudillo que la polémica dedicatoria fue hecha sin ánimo de ofensa (“Me refería al dios Pan, no al Dios católico”; “Me cago en la Patria fue una errata. No quería decir ‘Patria’ sino ‘Patra’, mi gata ‘Patra’: Cleopatra) y de ahí para arriba. Me pregunto quién sería el abogado del nota este en aquel proceso, que logró que lo absolvieran.

Luego pasó a explicar cómo grandes figuras de la intelectualidad europea salieron en su defensa, entre ellos cinco “soldados rasos de la literatura” que testificaron a su favor en el juicio: Vicente Aleixandre, Camilo José Cela, Octavio Paz, Elías Canetti y Samuel Beckett. Siempre según Arrabal, he aquí un extracto de la carta que envió el autor teatral, novelista y escritor de paranoias irlandés Samuel Beckett:
“Y Beckett dijo Señores del Tribunal: Libérenle… (callo los elogios)… Libérenle, porque es mucho lo que tiene que sufrir un escritor, un poeta, un dramaturgo para escribir. No añadan a su sufrimiento” [sobrecogido silencio].

miércoles, 28 de noviembre de 2007

Los nazis y la Ley de Godwin


Un amigo me enseña una entrada de Wikipedia: "La Ley de Godwin", leo, seguida de una definición que traduzco:

“A medida que una discusión de Internet se hace más larga, la probabilidad de una comparación con los nazis o Hitler se aproxima a uno.”

O sea, que según el tal Godwin, abogado y escritor norteamericano, en cualquier foro o discusión online lo bastante larga podemos tener la certeza absoluta de que alguien acabará sacando a relucir a Hitler o los nazis como argumento. La Ley de Godwin tiene un corolario que dice que “en cuanto sale a relucir la comparación con los nazis, se acaba la discusión y quien la haya usado como argumento ‘pierde’ automáticamente el debate”.

Esto, que empezó como una regla para grupos de discusión, se aplica ya a las listas de correo electrónico, foros, chats e incluso páginas de comentarios de blogs. En principio me suena a chiste, al Teorema del punto gordo: “mientras más gordo se dibuje un punto más rectas pasarán por él”.

Pero no, resulta que la Ley de Godwin está bastante extendida en Internet, igual que la falacia lógica de Reductio ad Hitlerum (decir que algo es malo porque lo hacían o fomentaban los nazis, y como los nazis eran malos…). El nombre de esta falacia en latín macarrónico tiene ecos del de Reductio ad absurdum (cuando en Matemáticas nos decían “y se demuestra que esto es así porque no es asá, no es asao…etc”: o sea, no te demostraban nada; por eso soy de Letras).

Compruebo que la Ley de Godwin y la Reductio ad Hitlerum aparecen mencionadas en artículos de revistas, tiras cómicas online y otras fuentes, y no me extraña su vigencia. Tengamos en cuenta que Internet la manejan los americanos, la mayoría de estas discusiones electrónicas tienen lugar en inglés, y ya se sabe que en el mundo anglo Hitler = todo lo malo (dictadura, violencia, totalitarismo, antisemitismo, invasión ilegal de países…: lo opuesto a USA). No ha mucho otro amigo historiador me comentaba cómo veía que en las librerías, los nazis –como tema- eran “más populares que el Demonio”.

Si recordamos que muchos americanos siguen percibiendo la 2ª Guerra Mundial como un combate mítico entre el Bien y el Mal que además ganaron ellos (los rusos no cuentan porque salieron rana), es comprensible esta importancia de los nazis en su imaginario colectivo, y de ahí la trivialización del término. Había un episodio clásico de Seinfeld titulado "El nazi de la sopa", que trataba de un cocinero intransigente y autoritario. Yo mismo he utilizado la palabra “nazi” a la ligera muchísimas veces.

Sería interesante constatar la validez de la Ley de Godwin en foros online de China, Hispanoamérica o los países árabes. Cada cultura tiene sus propios fantasmas. En España, sin ir más lejos, podríamos reformular una nueva Ley de Godwin: sustitúyanse las palabras “Hitler” y “nazis” por “Franco” y “fachas”. Solo que aquí, por desgracia, parece que es al revés: cualquiera que saque a relucir los anteriores términos y acuse al oponente de fascista tiene automáticamente ganada la discusión.
 
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