
Dice un tópico español decimonónico que “Más vale honra sin barcos que barcos sin honra”. ¿A qué viene esto? No lo sé, pero pese a ser una gilipollez, ¿a que mola? El buen Quentin Tarantino (Tarantonio, para los amigos) nos trae ahora su último disparate, intitulado Inglourious Basterds [sic] (2009): en español, Malditos bastardos. Se estrena mañana, pero como yo la vi hace un mes justo en Bruselas, no me quería privar de darme el pegote de hacer la crítica aquí antes de que saliera en España. Y al igual que el susodicho dicho, la peli es una gilipollez pero mola cantidad.
Más valen bastardos sin gloria que fantasmadas aburridas que nos llevan al bostezo, como fue el caso de la última de Tarantonio (Death Proof, 2007). Conste que soy fanático del cineasta, pero por eso mismo le exijo la máxima calidad y no comulgo con sus chorradas. Ya en las dos partes de Kill Bill se notó una tendencia al fárrago y la pomposidad en el diálogo que le hacía a uno rebullirse en la butaca del cine con incomodidad. Esto llegó al paroxismo con Death Proof, situación que se volvió aún más irritante (si cabe) al comprobar que el buen Tarantino iba por ahí diciendo en las entrevistas que sus diálogos tenían la misma calidad y/o profundidad que los de un Sófocles o Esquilo.

La buena noticia es que en esta peli Tarantino parece haber dejado a un lado sus pajas mentales (y manuales) para dedicarse a lo que más nos gusta: contar de modo original una historia emocionante, violenta, graciosa, ridícula a ratos (¿pero no es el ser humano ridículo?) y me atrevería a decir que hasta conmovedora a otros.
Tranquilos los fans recalcitrantes del calvo de los anuncios de Dewar’s que “escribe sus propios guiones”, porque en Inglourious Basterds están todas las marcas de la casa: tiroteos, sangre a raudales, mujeres descalzas, capítulos con rotulación setentera, palabrotas, violencia (cuasi)gratuita, homenajes al cine, humor negro, suspense, bandas sonoras robadas a otras pelis…

La auténtica bomba de esta peli es que se desarrolla durante la Segunda Guerra Mundial. Digámoslo ya porque no es un spoiler sino una aclaración: la peli trata sobre un grupo de soldados judíos USA onda Doce del patíbulo, pero también sobre una muchacha judía clandestina y, más importantemente, sobre un alocado complot para matar a Hitler. En palabras del sabio Kike, que también la ha visto, “por fin una peli de nazis fiel a la verdad histórica”. Si os gustan las pelis de nazis, lo vais a flipear, eso queda garantizado.
A mí Inglourious Basterds me gustó muchísimo, no un poco, no bastante, no hay paliativos en esta ocasión: me pareció la mejor peli que había visto en años. ¿Cómo este prodigio? No sé decirlo, señora, pero en mi caso (y en el de toda la sala que me rodeaba) creo que se produjo un auténtico ejemplo de la magia del cine, si se me permite el tópico. Salen ahí unos señores, sale Brad Pitt con bigote, se pegan tiros, la gente va vestida de nazis… no sé explicarlo pero el efecto de conjunto es prodigioso. Y esto no es moco de pavo, ya que la peli se anunciaba como un monstruo intratable de excesivo metraje que Tarantino habría en vano de domesticar en la sala de montaje.

No es nada de eso. O si lo fue, en la sala de montaje quedaron los excesos y las ideas geniaaales. No voy a decir que esta peli sea sobria, ni mucho menos, pero sí me atrevería a calificarla de “contenida”. Gran parte del mérito de la obra –si hemos de buscar una explicación- reside en el trabajo de los actores. Enorme Brad Pitt, no es noticia. Muy meritoria Diane Kruger y fantásticos el resto de los “Bastardos”. Pero hay un trío de ases bastante novedosos que, a mi juicio, se lleva la película de calle. Prodigioso Christoph Waltz en el rol de un coronel de las SS mitad Colombo mitad Dr. Mengele (creación que le valió el premio en Cannes 2009). Sorprendentemente refrescante Daniel Brühl, el catalán/alemán que consigue hacer del primer nazi en la Historia que os caerá bien. Y capítulo aparte para Mélanie Laurent, en un papel-caramelo por el que ya puede dar gracias a Tarantonio de por vida, y que ella borda.

Un apunte muy serio. Si pensáis ver este joyón del séptimo arte NO SE OS OCURRA VERLA DOBLADA. El trabajo de los actores es maravilloso: Waltz habla en alemán, francés, inglés e italiano, Pitt imita el acento sureño USA , Mike Myers (sí, el de Austin Powers) imita el británico de clase alta… pero incluso aunque no seáis filólogos o dialectólogos podréis apreciar que muchas de las escenas más emocionantes de la peli (se me ocurren ahora tres, que son las tres mejores) basan su carga de angustia hitchcockiana en temas de lenguas y acentos. No quiero ni pensar la fantasmada que habrán hecho aquí al doblarla. Como le dije el otro día al buen Anónimo Mayúsculas, si vas a ver una sola peli en V.O. en toda tu vida, por favor que sea esta.
Yo voy a ir mañana a verla otra vez, qué caray! Si vais a ver una sola peli de nazis violenta y graciosa a partes iguales en vuestra vida, por favor que sea esta.


















