
El mundo necesitaba otra peli sobre “el cine dentro del cine” igual que La Ilíada otros 100 versos sobre Agamenón. Afortunadamente, no es eso lo único que acaba por ofrecernos Los abrazos rotos (2009), la última de Almodóvar. Vaya por delante que me caen fatal Pedrooooo! y Penelopi Crus, pero que admiro su trabajo como el que más cuando es de mérito. Aquí lo es, pero no de supermérito. Fui a ver Los abrazos rotos con mucha ilusión: el trailer me transmitió buenísimas sensaciones. Salgo del cine con la impresión de haber presenciado -pese a todo-una película fallida, ni muchísimo menos mala, pero que no ha llegado a lo que tenía que llegar.
Creo que el problema de mi decepción parcial viene dado por el guión y el montaje, porque la historia está francamente bien, los personajes muy interesantes y hay diálogos de antología. Pero hay también momentos chabacanísimos, de auténtica vergüenza ajena, y líneas de diálogo tipo “Si no te lo digo ahora es posible que no te lo pueda decir ya nunca”. Uuuuuuffffffff!!!!!! En este sentido, Los abrazos rotos me ha recordado a un disco de Queen: momentos sublimes, ideeas geniaales, pepitas de oro puro junto a atentados al buen gusto y rollazos intragables.

Descuento y simplifico del monto las almodovaradas, que conozco y tolero: estética kitsch, decoración bizarra, hospitalismo, momentos gayer, toques de pop art. Todo esto, que está presente a raudales en Los abrazos rotos, no me supone ningún problema, de hecho ayuda a cohesionar la peli y a inscribirla inequívocamente dentro de la filmografía del manchego universal. Un colega me advirtió de que los únicos títulos de crédito iniciales eran “Guión y dirección: Pedro Almodóvar”. Lo habíamos sospechado, gracias.
La cita cinéfila y el autohomenaje trufan Los abrazos rotos: que si Louis Malle, que si Ingmar Bergman, que si Ingrid Bergman... y el tema del cine dentro del cine. Los abrazos rotos nos cuenta el rodaje de una peli a mediados de los noventa con toques sospechosamente almodovarianos, mujeres que cortan tomates para preparar un gazpacho empastillado, chicas al borde de un ataque de nervios que lanzan objetos desde el balcón... Tampoco faltan a la cita de los cameos (aunque sean fotográficos) el Banderas, Chus Lampreave, Kiti Mánver, Victoria Abril y Rossy de Palma.

La historia debería haber sido simple: un guionista y ex director ciego y follarín es cuidado por una abnegada ayudante que lo idolatra en silencio y el hijo de esta, pinchadiscos drogata y escritor en ciernes. Paralelamente, se recuerda el rodaje de una peli del ciego catorce años atrás (cuando no era ciego), peli financiada por un magnate cuya mujer florero es la protagonista. El comienzo es bueno, y hay en la peli escenas chulísimas en lo visual y en lo narrativo. Pero por algún motivo, la historia se va volviendo cada vez más rocambolesca hasta llegar a una escena, supuesto plato fuerte dramático, que resulta un truño puro. Los diálogos los encuentro de alta calidad, salvo bochornosas excepciones. Me da la sensación de que no se ha usado aquí el Typpex lo bastante, porque Los abrazos rotos acaba resultando un tanto complaciente.
Si Quentin Tarantino se cree Sófocles o Esquilo (ver lo que dijo sobre su Death Proof -2007- en Cahiers du cinéma España, nº3), está claro que entonces Almodóvar es directamente Calderón de la Barca. Pero también por eso el hombre podría haberse privado una mijita y haberse currado un final menos chapucero. El elenco... está soberbio a ratos, lo mejor Penélope Cruz, que factura un personaje excelente 50% Audrey Hepburn/50% Marisa Tomei. Lluís Homar y Blanca Portillo, muy bien a ratos, de obra de colegio en otros momentos. José Luis Gómez bastante bien y Carmen Machi, impresentable, como siempre, en un papelito corto pero desagradable.

Mención aparte merece el personaje de Rubén Ochandiano, lo mejor desde su Marquitos en Al salir de clase. Enorme la creación de Ray X, fantoche de la intelectualidad indie que queda completamente desenmascarado en cuanto rascamos en su biografía. Otro aplauso para el brevísimo papel de Ángela Molina, dos minutos en pantalla y transmite una barbaridad. Me gustan los personajes, casi todo lo que dicen, me gustan los encuadres, el énfasis en las manos, en los pies, en las piernas y en los brazos, que son los que al final dan los abrazos que terminan por romperse.
Me gusta casi todo de la peli, pero no salgo de verla con un buen sabor de boca. ¿Por qué? La verdad, no lo sé del todo, yo lo achaco al guión, mal resuelto y que va perdiendo fuelle a partir de la hora y media de película (dura dos). Aun así la recomiendo, sobre todo a los almodovarianos de pro (pese a no incluirme en ellos), que verán recompensada su filia. Pero si te dio coraje mínimamente Todo sobre mi madre (1999), esta de Los abrazos rotos ni la huelas.








