
Hace unos meses me envía un amigo que se las da de erudito del rap un email con un enlace de YouTube, diciendo “escucha esto que tiene mucho flow”. ¡Ofú! -pienso, pero veo el vídeo y, aunque el tema se llama “Dragon Ball Rap” y no me dice nada (no conozco Bola de Dragón), tengo que admitir que el flow del chaval que rapea es impresionante. Me encandilan su frescura y su dominio de la métrica –esto último a mi humilde juicio es la gran asignatura pendiente de los MCs españoles: ¡ah! Cuánto mejor le iría a este país si los raperos se sacaran el título de la ESO…
Aquel joven rapero se llamaba Porta, venía de Barcelona y tenía 18 años. Sabíamos de él que tenía un par de maquetas de distribución exclusiva por Internet, de donde habían sido destacados los temas “Dragon Ball Rap” y “Las niñas de hoy en día son todas unas guarras”. Su primer álbum, por título En boca de tantos (2008), era una de las bombas musicales más esperadas del año, y por fin se puso a la venta hará cosa de una semana. Antes aún se podía bajar en iTunes, y muchísima gente lo tenía ya de modo ilegal. El disco está en la calle, Porta ha hablado, y lo que nos encontramos es una obra de tal calidad y envergadura que me atrevería decir que no parece rap español.
El hip-hop patrio (admitámoslo) es regular solamente. Se salvan un par de nombres solo: apenas SFDK, Violadores, el Chojín y Tote King. Y sí, fueron muy históricos 7 Notas 7 Colores, Frank T, Madrid Zona Bruta (1994), lo que tú quieras. Bastaba escuchar temas de cualquier artista de hip-hop español y compararlos con los de –digamos- los franceses o estadounidenses para tener el sonrojo asegurado. Esto fue así hasta la década de los 2000, debido entre otras cosas al sonido cutre, las letras forzadas (mucho calco sintáctico del inglés), la métrica dislocada (¿cuántas veces hemos tenido que sufrir palabras como “comió” pronunciadas con acento en la primera sílaba?).
En esto que viene Porta y nos presenta un disco con una vocación de permanencia, de joven clásico. No sé si lo conseguirá, pero el primer paso para lograrlo es créerselo. Lo que hace falta en el hip-hop (los tópicos) él lo trae a raudales: insultar con ingenio a los oponentes, decir que su estilo es único, proclamarse callejero, exhibir currículum, meterse con los artistas comerciales… todo eso está aquí, pero es que hay mucho más. Para empezar el sonido es impecable. No entiendo de DJs ni de este tipo de producciones, pero la sensación que me provoca el disco es la de estar “rodeado” de música, una muralla, con ritmos gordísimos.
Otros temas que Porta incluye en su disco son la misoginia (revisita en “Sobre el famoso tema” lo de que “las chicas de hoy en día son todas unas guarras”), su creciente fama debida al “boca a boca” (“En boca de tantos”), sus logros materiales (“Tengo”), los rigores de los conciertos (“Directo tras directo”) o la política española en “Una sociedad un tanto rara” (dando caña por igual a Aznar, Zapatero, a Rajoy, y si se encarta, al Rey; por cierto, que esta canción empieza nombrando a Hitler, por algún motivo). Confieso que llevo todo el día con la tentación de salpimentar este post con citas de las canciones de Porta. En las últimas 24 horas he escuchado el disco tres veces para apuntar las mejores perlas, pero a última hora he decidido que mejor no, que mejor que los temas de Porta hablen por sí mismos. Entre otras cosas porque si no, el post hubiera consistido en una cita tras otra del rapero, y no es plan.
Detecto en Porta un nuevo nivel en las letras, aparte de su excelente encaje métrico y su incontinente flow, este chaval maneja un léxico y un universo de referencias frikis solo comparables a los de Tote King. Y además no es tan crudo en el insulto como Kase-O o el Zatu, aunque –claro está- no le hace ascos a las palabras malsonantes. Sus colaboradores también tienen bastante desparpajo (no los conocía, mea culpa: dejé de estar al día de la escena rap española en 2005), y en fin, todo hace presagiar que nos encontramos ante el nacimiento de un nuevo prodigio. Él mismo comenta que “pretende crear una obra”. Tiene labia, tiene flow, buenas rimas y talento, tiene estilo, tiene pose, producción, y por-tan-to, Por-ta-es-un-por-ten-to. Estatuas Verdes… dos mil ocho… en tu puto careto.
Aquel joven rapero se llamaba Porta, venía de Barcelona y tenía 18 años. Sabíamos de él que tenía un par de maquetas de distribución exclusiva por Internet, de donde habían sido destacados los temas “Dragon Ball Rap” y “Las niñas de hoy en día son todas unas guarras”. Su primer álbum, por título En boca de tantos (2008), era una de las bombas musicales más esperadas del año, y por fin se puso a la venta hará cosa de una semana. Antes aún se podía bajar en iTunes, y muchísima gente lo tenía ya de modo ilegal. El disco está en la calle, Porta ha hablado, y lo que nos encontramos es una obra de tal calidad y envergadura que me atrevería decir que no parece rap español.
El hip-hop patrio (admitámoslo) es regular solamente. Se salvan un par de nombres solo: apenas SFDK, Violadores, el Chojín y Tote King. Y sí, fueron muy históricos 7 Notas 7 Colores, Frank T, Madrid Zona Bruta (1994), lo que tú quieras. Bastaba escuchar temas de cualquier artista de hip-hop español y compararlos con los de –digamos- los franceses o estadounidenses para tener el sonrojo asegurado. Esto fue así hasta la década de los 2000, debido entre otras cosas al sonido cutre, las letras forzadas (mucho calco sintáctico del inglés), la métrica dislocada (¿cuántas veces hemos tenido que sufrir palabras como “comió” pronunciadas con acento en la primera sílaba?).
En esto que viene Porta y nos presenta un disco con una vocación de permanencia, de joven clásico. No sé si lo conseguirá, pero el primer paso para lograrlo es créerselo. Lo que hace falta en el hip-hop (los tópicos) él lo trae a raudales: insultar con ingenio a los oponentes, decir que su estilo es único, proclamarse callejero, exhibir currículum, meterse con los artistas comerciales… todo eso está aquí, pero es que hay mucho más. Para empezar el sonido es impecable. No entiendo de DJs ni de este tipo de producciones, pero la sensación que me provoca el disco es la de estar “rodeado” de música, una muralla, con ritmos gordísimos.
Otros temas que Porta incluye en su disco son la misoginia (revisita en “Sobre el famoso tema” lo de que “las chicas de hoy en día son todas unas guarras”), su creciente fama debida al “boca a boca” (“En boca de tantos”), sus logros materiales (“Tengo”), los rigores de los conciertos (“Directo tras directo”) o la política española en “Una sociedad un tanto rara” (dando caña por igual a Aznar, Zapatero, a Rajoy, y si se encarta, al Rey; por cierto, que esta canción empieza nombrando a Hitler, por algún motivo). Confieso que llevo todo el día con la tentación de salpimentar este post con citas de las canciones de Porta. En las últimas 24 horas he escuchado el disco tres veces para apuntar las mejores perlas, pero a última hora he decidido que mejor no, que mejor que los temas de Porta hablen por sí mismos. Entre otras cosas porque si no, el post hubiera consistido en una cita tras otra del rapero, y no es plan.
Detecto en Porta un nuevo nivel en las letras, aparte de su excelente encaje métrico y su incontinente flow, este chaval maneja un léxico y un universo de referencias frikis solo comparables a los de Tote King. Y además no es tan crudo en el insulto como Kase-O o el Zatu, aunque –claro está- no le hace ascos a las palabras malsonantes. Sus colaboradores también tienen bastante desparpajo (no los conocía, mea culpa: dejé de estar al día de la escena rap española en 2005), y en fin, todo hace presagiar que nos encontramos ante el nacimiento de un nuevo prodigio. Él mismo comenta que “pretende crear una obra”. Tiene labia, tiene flow, buenas rimas y talento, tiene estilo, tiene pose, producción, y por-tan-to, Por-ta-es-un-por-ten-to. Estatuas Verdes… dos mil ocho… en tu puto careto.