Vivencias polimórficas de un treintañero perplejo.

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viernes, 25 de abril de 2008

Elvis Presley, marino sempiterno


Conocíamos a Ulises, a Simbad el Marino, a Vasco da Gama, a Juan Sebastián Elcano, al Capitán Cook… Más recientemente hemos visto a Popeye o al Capitán Pescanova, incluso se ha hablado aquí del Marinero en tierra de Rafael. Pero para “marinero en tierra”, hoy os traigo a un personaje indiscutible cuyas dotes de navegación al timón de un sin fin de embarcaciones nunca han sido cantadas.

Me estoy refiriendo al gran Elvis Presley, prolífico cantante y actor cuyas películas le hicieron adoptar los más variados papeles. A saber: joven duro pero sensible que quiere triunfar en la música y ligarse a una chica, joven duro pero sensible que desea triunfar en las carreras de coches y ligarse a una chica, joven duro pero sensible que desea triunfar en la música para poder pagarse un coche de carreras (y ligarse a una chica)… No me lo estoy inventando, os acabo de escribir la sinopsis de El rock de la cárcel (1957), Pista de carreras (1968) y Cita en Las Vegas (1964), respectivamente.

Siempre atento a El Rey (y no precisamente al que nos cuesta 12 céntimos por persona al año), en estas semanas he tenido oportunidad de ver dos de sus pelis: Chicas, chicas, chicas (1962) y Amor en Acapulco (1963). Concediendo que no han de quedar en los anales del Séptimo Arte, tengo que decir que ambas pelis me han parecido bastante mejores de lo que esperaba, sobre todo la de Girls! Girls! Girls! Se trata de amables comedias románticas, de las que abundaban en los primeros años sesenta, pero con el aliciente de estar plagadas de números musicales. Y no cualesquiera, oiga, que con Elvis cantando ya tenemos la tangana garantizada: este hombre es capaz de liarla entonando la sintonía de Informe Semanal.

De guión (admitámoslo) andan las dos pelis bastante flojitas, pero ya digo, no más que otras pelis de Dean Martin y Jerry Lewis o de Doris Day. En realidad Chicas, chicas, chicas me ha parecido que no está tan mal en cuanto a caracterización de los personajes, sus motivaciones, trama, el modo en que las canciones se van insertando… muy por encima de la media. La de Acapulco me ha parecido más un producto de puro marketing simbiótico: usted, Elvis Presley, viene aquí a sacar esto en pantalla grande en USA y hacernos propaganda del turismo y nosotros le dejamos hacer básicamente lo que le dé la real gana. En esto Elvis se une a la nómina de Cantinflas o Paquito Martínez Soria, que realizaron similares producciones cinematográficas.

Que no falten los “clavados”, las lindas playas, las hot señoritas… ay! Ay! Ay! Carumba! Viva el topicazo que hace alegre la tragedia, viva lo mejicano. Elvis vestido de charro, de matador o de lo que haga falta (es un G.I. Joe, el pobre). Ursula Andress en biquini haciendo de condesa centroeuropea (ya se sabe, tan mal acabó después de esta peli que tuvo que ir a que la curara el Dr. No, sin quitarse el biquini, claro). Un menino da rua chicano que hace las veces de manager de Elvis, con sus maneras de Lázaro de Tormes… y eso sí: ABSOLUTAMENTE TODAS las canciones deben contener las palabras “siesta”, “fiesta”, “tequila”, “señorita”, “amigo” y “matador”.

Bueno he mentido, no TODAS. Hay aquí un tema espectacular llamado “Bossa Nova Baby”, que era el que Pepe Navarro sacaba en el Mississippi doblado como “No me importa que me digas que hago menos guarreridas que la mona de Tarzán…”. Y ¿que la bossa nova no es de Méjico? ¡Qué más da! Qué importa confundir Méjico con Brasil, yo mismo lo acabo de hacer en el párrafo de arriba porque me venía bien. A todo esto, se me ha olvidado decir que en esta peli el problema de fondo de Elvis es su vértigo, ya que aunque trabaje como marinero, socorrista y cantante en realidad él hace de artista del trapecio.


Chicas, chicas, chicas es otra cosa en cuanto a guión se refiere. La falta de dinero obliga a Elvis a abandonar su cómodo trabajo de patrón de una embarcación de recreo para hacerse rudo pescador. Todo esto adobado con una serie de canciones muy buenas, entre ellas “Return to Sender” y la crucial “Canción de la gamba”, en la que Elvis exhorta a este crustáceo decápodo a saltar a su red de pesca (no os riáis, que en la peli de Acapulco canta una que empieza “Viva el vino, viva el dinero”en español).

Ver a Elvis con su gorrilla de marinero se ha convertido para mí en algo habitual, tanto que su look de a bordo se me antoja una imagen icónica (le queda infinitamente mejor que el de piloto de carreras o el de cowboy, digámoslo). Al principio de Amor en Acapulco también vemos a Elvis con su gorra marinera y unos pantalones hiperajustados, marcando timón. Cierto que luego se cambia a trapecista, torero charro y lo que haga falta, pero nada eclipsa el “efecto halo” de esa su primera aparición original.


El mar, la mar, el mar, sólo la mar, ¿por qué te trajiste a Elvis, Coronel Parker, a la ciudad?
 
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