
“Bienvenido al siglo XXI: es igual que el XX, salvo que la gente tiene miedo y la bolsa está mucho más baja”.
-Lisa Simpson
A menudo la juventud me pregunta: “Porerror, ¿cómo es que te gusta tanto el siglo XX?”. “¡Copón, porque es mi siglo!” –suelo responder. Y es que, sí amigos, ahora estaremos viviendo en el siglo XXI (por cierto, qué debate más bonico y estéril sobre si empezaba en el 2000 o el 2001, ¿os acordáis?) pero yo cada vez que tengo que hablar de Napoleón, las Cortes de Cádiz o la reina Victoria de Inglaterra todavía me refiero al XIX como “el siglo pasado”. Mi cerebro vive en el XX, será porque se creó (y formateó) en aquel siglo.
Recuerdo haber hecho un trabajo en el cole sobre Antonio Machado (1875-1939), leer su biografía y pensar “jo, nosotros lo estudiamos como alguien del siglo XX, pero para cuando empezó el siglo él ya tenía los 25 años cumplidos”. Cuando empezó el XXI, servidor tenía 22 (¿ó 23?), y desde entonces la mente se me ha parado siempre en los asuntos del siglo XX. Lo siento, pero el tema de Bin Laden, Internet 2 (¿o van ya por la 3?), la Globalización, no digamos el Cambio Climático… me dan un poquete igual, la verdad.

A mí lo que me pone es la Segunda Guerra Mundial, el crack del 29, los totalitarismos, el cine, la Descolonización, las Vanguardias artísticas (las de los años 10 y 20), la lucha por la igualdad de la mujer, el Modernismo y el Postmodernismo… Se decía hace unos años que tras la caída del Muro de Berlín había llegado el “fin de la Historia” (Fukuyama y compañía). Tampoco es eso, simplemente es que yo me quedé anclado en aquella época. Y luego lo pienso y es fuerte, no sé si será siempre así, porque por descontado que la mayor parte de mi vida va a transcurrir en este siglo XXI.
Más señales. Es lo que tienen los gin tonics y la conversación entre amigos, que se habla de libros y se acaban recomendando. A mí el otro día gente de muchísimo criterio me recomendaba leer Naná (1879) de Zola y también algo de Stendhal. Ayer fui a una librería dispuesto a llevármelos pero cuando los vi: madre mía, todos tenían más de 600 páginas, y como sabéis, a mí eso me lo tiene prohibido el médico. Me salió del alma, le dije al amigo que venía conmigo: “Yo soy del siglo XX, gracias, no del XIX, no tengo tiempo para leer esos novelones”. No es que tenga nada contra ellos, es solo que yo no tengo espíritu para eso ahora mismo.
Afortunadamente, también me habían recomendado la obra de teatro Calígula (1944) de Albert Camus, que sí me llevé, y de propina cogí La condena, colección de cuentos de Franz Kafka de entre 1909 y 1919. Dos libritos cortos, de bolsillo, de primerísima calidad, cada uno por el precio de un gin tonic. Desde luego, aquí el que no lee es porque no quiere (o porque se está emborrachando). Si queréis otro librito de bolsillo que cuesta na y menos, os recomiendo Breve historia del siglo XX (2005), de Massimo L. Salvadori.
Al ir a pagar, junto a la caja vi un álbum de chistes de Jordi Labanda, en cuya portada un par de estilosas charlaban, una con mascarilla que decía “Soy alérgica al siglo XXI”. Mmhhh… Labanda se va de radical, pero sí acabaré citando a José Ignacio Lapido, quien en un tema del extinto grupo granadino 091 recordaba: “¿Qué fue de King Kong, de los psicoanalistas, del jazz?, ¿Qué fue del siglo XX? ¿Qué fue del Dadá, del Big Bang y del ‘No pasarán’? Ya se han quedado atrás”. Va por ustedes.
-Lisa Simpson
A menudo la juventud me pregunta: “Porerror, ¿cómo es que te gusta tanto el siglo XX?”. “¡Copón, porque es mi siglo!” –suelo responder. Y es que, sí amigos, ahora estaremos viviendo en el siglo XXI (por cierto, qué debate más bonico y estéril sobre si empezaba en el 2000 o el 2001, ¿os acordáis?) pero yo cada vez que tengo que hablar de Napoleón, las Cortes de Cádiz o la reina Victoria de Inglaterra todavía me refiero al XIX como “el siglo pasado”. Mi cerebro vive en el XX, será porque se creó (y formateó) en aquel siglo.
Recuerdo haber hecho un trabajo en el cole sobre Antonio Machado (1875-1939), leer su biografía y pensar “jo, nosotros lo estudiamos como alguien del siglo XX, pero para cuando empezó el siglo él ya tenía los 25 años cumplidos”. Cuando empezó el XXI, servidor tenía 22 (¿ó 23?), y desde entonces la mente se me ha parado siempre en los asuntos del siglo XX. Lo siento, pero el tema de Bin Laden, Internet 2 (¿o van ya por la 3?), la Globalización, no digamos el Cambio Climático… me dan un poquete igual, la verdad.

A mí lo que me pone es la Segunda Guerra Mundial, el crack del 29, los totalitarismos, el cine, la Descolonización, las Vanguardias artísticas (las de los años 10 y 20), la lucha por la igualdad de la mujer, el Modernismo y el Postmodernismo… Se decía hace unos años que tras la caída del Muro de Berlín había llegado el “fin de la Historia” (Fukuyama y compañía). Tampoco es eso, simplemente es que yo me quedé anclado en aquella época. Y luego lo pienso y es fuerte, no sé si será siempre así, porque por descontado que la mayor parte de mi vida va a transcurrir en este siglo XXI.
Más señales. Es lo que tienen los gin tonics y la conversación entre amigos, que se habla de libros y se acaban recomendando. A mí el otro día gente de muchísimo criterio me recomendaba leer Naná (1879) de Zola y también algo de Stendhal. Ayer fui a una librería dispuesto a llevármelos pero cuando los vi: madre mía, todos tenían más de 600 páginas, y como sabéis, a mí eso me lo tiene prohibido el médico. Me salió del alma, le dije al amigo que venía conmigo: “Yo soy del siglo XX, gracias, no del XIX, no tengo tiempo para leer esos novelones”. No es que tenga nada contra ellos, es solo que yo no tengo espíritu para eso ahora mismo.

Al ir a pagar, junto a la caja vi un álbum de chistes de Jordi Labanda, en cuya portada un par de estilosas charlaban, una con mascarilla que decía “Soy alérgica al siglo XXI”. Mmhhh… Labanda se va de radical, pero sí acabaré citando a José Ignacio Lapido, quien en un tema del extinto grupo granadino 091 recordaba: “¿Qué fue de King Kong, de los psicoanalistas, del jazz?, ¿Qué fue del siglo XX? ¿Qué fue del Dadá, del Big Bang y del ‘No pasarán’? Ya se han quedado atrás”. Va por ustedes.