Vivencias polimórficas de un treintañero perplejo.

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viernes, 12 de septiembre de 2008

¿Qué fue del siglo XX?


“Bienvenido al siglo XXI: es igual que el XX, salvo que la gente tiene miedo y la bolsa está mucho más baja”.
-Lisa Simpson


A menudo la juventud me pregunta: “Porerror, ¿cómo es que te gusta tanto el siglo XX?”. “¡Copón, porque es mi siglo!” –suelo responder. Y es que, sí amigos, ahora estaremos viviendo en el siglo XXI (por cierto, qué debate más bonico y estéril sobre si empezaba en el 2000 o el 2001, ¿os acordáis?) pero yo cada vez que tengo que hablar de Napoleón, las Cortes de Cádiz o la reina Victoria de Inglaterra todavía me refiero al XIX como “el siglo pasado”. Mi cerebro vive en el XX, será porque se creó (y formateó) en aquel siglo.

Recuerdo haber hecho un trabajo en el cole sobre Antonio Machado (1875-1939), leer su biografía y pensar “jo, nosotros lo estudiamos como alguien del siglo XX, pero para cuando empezó el siglo él ya tenía los 25 años cumplidos”. Cuando empezó el XXI, servidor tenía 22 (¿ó 23?), y desde entonces la mente se me ha parado siempre en los asuntos del siglo XX. Lo siento, pero el tema de Bin Laden, Internet 2 (¿o van ya por la 3?), la Globalización, no digamos el Cambio Climático… me dan un poquete igual, la verdad.


A mí lo que me pone es la Segunda Guerra Mundial, el crack del 29, los totalitarismos, el cine, la Descolonización, las Vanguardias artísticas (las de los años 10 y 20), la lucha por la igualdad de la mujer, el Modernismo y el Postmodernismo… Se decía hace unos años que tras la caída del Muro de Berlín había llegado el “fin de la Historia” (Fukuyama y compañía). Tampoco es eso, simplemente es que yo me quedé anclado en aquella época. Y luego lo pienso y es fuerte, no sé si será siempre así, porque por descontado que la mayor parte de mi vida va a transcurrir en este siglo XXI.

Más señales. Es lo que tienen los gin tonics y la conversación entre amigos, que se habla de libros y se acaban recomendando. A mí el otro día gente de muchísimo criterio me recomendaba leer Naná (1879) de Zola y también algo de Stendhal. Ayer fui a una librería dispuesto a llevármelos pero cuando los vi: madre mía, todos tenían más de 600 páginas, y como sabéis, a mí eso me lo tiene prohibido el médico. Me salió del alma, le dije al amigo que venía conmigo: “Yo soy del siglo XX, gracias, no del XIX, no tengo tiempo para leer esos novelones”. No es que tenga nada contra ellos, es solo que yo no tengo espíritu para eso ahora mismo.

Afortunadamente, también me habían recomendado la obra de teatro Calígula (1944) de Albert Camus, que sí me llevé, y de propina cogí La condena, colección de cuentos de Franz Kafka de entre 1909 y 1919. Dos libritos cortos, de bolsillo, de primerísima calidad, cada uno por el precio de un gin tonic. Desde luego, aquí el que no lee es porque no quiere (o porque se está emborrachando). Si queréis otro librito de bolsillo que cuesta na y menos, os recomiendo Breve historia del siglo XX (2005), de Massimo L. Salvadori.

Al ir a pagar, junto a la caja vi un álbum de chistes de Jordi Labanda, en cuya portada un par de estilosas charlaban, una con mascarilla que decía “Soy alérgica al siglo XXI”. Mmhhh… Labanda se va de radical, pero sí acabaré citando a José Ignacio Lapido, quien en un tema del extinto grupo granadino 091 recordaba: “¿Qué fue de King Kong, de los psicoanalistas, del jazz?, ¿Qué fue del siglo XX? ¿Qué fue del Dadá, del Big Bang y del ‘No pasarán’? Ya se han quedado atrás”. Va por ustedes.

viernes, 30 de mayo de 2008

Lapido: me lo pido


¿Creéis en la telepatía? Yo tampoco, claro, y sin embargo hoy me ha ocurrido una cosa rayana en lo telepático. Resulta que estaba pensando en mi amigo Olivares, un histórico desde la infancia, preguntándome cómo estaría tras meses sin saber de él. Esta tarde, una vez decidido el tema del post de hoy iba en el coche pensando si sería buena idea nombrar a mi amigo en Estatuas Verdes. En estas llego a mi casa y me encuentro con que el hombre me había llamado dos veces. “Illo, ¿te puedo nombrar en mi blog a propósito de Lapido? Es para hablar de la canción “La vida qué mala es”, tú sabes”.

“¡Coño, claro que sí! Ayer mismo la estuve escuchando…”. Y es que mi colega tenía en la E.G.B. una cinta de varios de sus hermanos en la que venían dos temas que nunca nos cansábamos de escuchar, “Cream” de Prince y el mencionado de 091, grupo que lideró el granadino José Ignacio Lapido. Este Lapido (el nombre va pidiendo continuos juegos de palabras, ¿no os parece?) viene a ser el Neil Young español, algo que se me ha ocurrido hoy mientras revisitaba varios de sus temas para inspirarme para el post. La semejanza viene de que el tipo se mueve en una tradición pop rock de coherencia insobornable (es decir, no se ha vendido). Desgraciadamente, al no haberse vendido, el buen hombre tampoco ha vendido un disco en su puta vida.

El parecido con Neil Young continúa en el plano estilístico: Lapido hace canciones basadas levemente en el rock americano, nunca llega al country ni cae en el mero pop, aunque se pueda pensar al escucharlo (sobre todo sus discos en solitario) que pertenece a la legión del indie pop patrio. Pero incluso si su música de ahora y la del histórico grupo 091 han sido catalogadas como power pop, está claro que Lapido es más un cantautor rockero, a la usanza de Young, Tom Petty o -¿por qué no decirlo?- Quique González y Enrique Urquijo.

Mi romance con la música de Lapido es de última hora, no me voy a poner aquí medallas. Ahora escucho 091 como el que más, pero admito que en su época me parecían unos ruidosos (hasta los Rolling Stones me daban miedo). Su Ladridos del perro mágico (1999) me cogió en una etapa en la que yo no prestaba atención a la música en español, lo escuché en su día y la verdad es que me pareció una horterada (¿en qué estaría yo pensando?). Ha tenido que venir un compañero de trabajo a metérmelo por los ojos y por los oídos (¡ah, la música en el coche!) para que yo me diera cuenta de la calidad de este artista.

Ladridos del perro mágico me parece hoy una obra de arte, con sus medios tiempos de delicioso pop rock. La intro de guitarra del tema “Hablando en sueños” creo que está fabricada directamente en 1966. “Cuando las palabras vuelvan del exilio” nos trae su mejor lírica rockera, y así sucesivamente. En otro tiempo, en otro lugar (2005) es otra cumbre del pop rock español, que además le granjeó la credibilidad indie de la que goza en la actualidad (¿no se coló “La antesala del dolor” en el disco de Lo mejor del 2005 de la snob revista Rockdelux?).


Hace muy poquito que Lapido ha editado un nuevo disco, titulado Cartografía (2008). Una sola escucha me ha bastado para calificarlo como algo fuera de serie. Sus letras han seguido creciendo, inteligentes como pocas en España (como muy pocas) sin caer en el culturetismo. Preciosas melodías y como siempre preponderancia de las guitarras, sean acústicas, eléctricas con o sin distorsión. El tipo tampoco le hace ascos a un buen piano u órgano eléctrico… sobre todos cuando sus medios tiempos rockeros devienen en baladas.

Mi gurú lapidiano, que no se caracteriza por comprarse muchos discos, me comentaba: “Este de Lapido me lo voy a pillar original. No me pesa gastarme el dinero porque sé que es un producto de calidad, independiente, y al tipo este no le voy a piratear el disco”. Dicho y hecho, se fue a la web oficial de Lapido y encargó dos copias, una para él y otra para mí. Qué compra más buena. ¿Mejor disco del año español? Todavía habrá que esperar. De momento, lo que sí es seguro es que mientras Juanes canta eso de “A Dios le pido”, yo seguiré exclamando “Hola, Lapido” y tarareando sus temazos.
 
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