Vivencias polimórficas de un treintañero perplejo.

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sábado, 22 de noviembre de 2008

Regreso al pasado


“Seguro que en 1985 se puede comprar plutonio en la farmacia de la esquina”.
-Christopher Lloyd en Regreso al futuro




No, no, no, na, na, na…na! Ni H.G. Wells ni Stephen Hawking, para nuestra generación, el mayor teórico acerca de los viajes en el tiempo fue, es y será Michael J. Fox. ¿O debería decir Marty McFly? En realidad tal vez lo justo sería decir que el verdadero “teórico” tras estos fantabulosos viajes fue el Dr. E. Brown (interpretado por Christopher Lloyd) o lo más justo sería decir que todo se lo debemos a Bob Zemeckis, director y co-guionista de la cosa.

Estatuas Verdes, siempre contra el apoltronamiento (aunque esto lo escribo en un sofá), vuelve a hacer historia. Es la primera vez que escribo un post mientras simultáneamente recibo el estímulo de su tema. Si hablo de un libro es que me lo he leído, si de una peli o un disco es porque hace unas horas los vi o escuché. Pero hoy estoy escribiendo acerca de Regreso al futuro (1985) a la vez que la estoy viendo. ¿Demasiado complejo? Nada que no se pueda comprender con un pararrayos, una videocámara y un mechón de pelo de Michael J. Fox. Porque esto era, amigos, todo lo que les hacía falta en esta peli para viajar en el tiempo.


Bueno, y un poco de plutonio de Libia más “el DeLorean de mi amigo Steve” [Spielberg], como bien se recordaba en aquel graciosísimo episodio que Charlie Kaufman escribió para la serie Búscate la vida (1990-91), dedicado precisamente a los viajes en el tiempo. A principios de los 90, Stephen Hawking dio una conferencia en Miciudad a la que no asistí pero cuya grabación tuve la suerte de escuchar. En ella dijo lo que ya es un tópico pero que entonces revolucionó mi joven cerebro: que la mejor prueba de que viajar en el tiempo es imposible es el hecho de que nunca nos haya visitado gente del Futuro.

En un artículo de El País sobre las máquinas del tiempo, el novelista Luis Manuel Ruiz dijo la semana pasada algo parecido: “la imposibilidad de saltarse el tiempo a la torera no había sorprendido ya a las mentes más sagaces: ¿por qué no había hombres del siglo XXV entre los romanos ni yanquis en la corte del rey Arturo?” En realidad, determinadas paradojas de la Física, que ni usted ni yo entendemos, hacen la idea del viaje unidireccional en el tiempo teóricamente posible, y menos mal, porque si no sería un disgusto para muchísimos novelistas y cineastas. Váyanle con el cuento a Mark Twain, H.G. Wells, Ray Bardbury, Asimov, Douglas Adams, Kurt Vonnegut o Stephen Fry, solo en libros.


En películas, vayan a Terry Gilliam, James Cameron, Coppola o Robert Zemeckis, autor de la trilogía de Regreso al futuro. En estas pelis, el mayor inconveniente para viajar en el tiempo puede ser llevar unos calzoncillos Levi’s de color morado. ¿No resulta delicioso? Aquí en el Futuro no se encuentran los malvados Morlocks ni el Ejército de los Doce Monos; aquí se viaja al Pasado, donde el protagonista debe impedir que su madre se enamore de él mismo sino que acabe con su padre, para que la historia no se altere.

¿Lo demás? Detalles. Detallicos: ¿Qué más da que el condensador de flujo –o de fluzo- necesite plutonio robado para poner al coche a 1,21 gigovatios? Mientras Marvin Berry pueda llamar a su primo Chuck para que invente el rock and roll por teléfono, todo irá bien. ¿Qué más da que si la madre de Marty se enamora de Marty en vez de de su padre todos los hermanos empiecen a borrarse de la foto familiar del futuro? ¿Acaso no tenemos por ahí sonando “The Power of Love” de Huey Lewis & the News? ¿Acaso Michael J. Fox no era lo más? La peli hace ya una hora que acabó y tú, lector, acabas de leer el post ahora. Otra prueba de que el tiempo es más elástico que el chicle de canela.
 
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