Vivencias polimórficas de un treintañero perplejo.

Mostrando entradas con la etiqueta Flandes. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Flandes. Mostrar todas las entradas

jueves, 3 de septiembre de 2009

El Cuadro


“Después de esto, vi que había una multitud tan grande que nadie la habría podido contar. Eran gentes de todas las naciones, tribus, pueblos y lenguas. Permanecían de pie delante del trono y delante del Cordero”
(Apocalipsis de San Juan: 7.9)




Os voy a dar una primicia: existe una técnica artística consistente en coger tablas de madera y mancharlas con pinturas a base de aceite para recrear el mundo. Os doy otra: la gente que pinta se llaman pintores, los ha habido en todas las épocas, de hecho, se puede estudiar su evolución de manera histórica: hay miles de ellos. Hay miles de pintores que pintaban tablas, lienzos, frescos….. y luego estaban los hermanos Van Eyck.

Al espacio más o menos confinado que se recubre (o no, modernamente) de pintura se le llama cuadro. Al políptico que representa la Adoración del Cordero Místico de los Van Eyck yo lo llamo simplemente el Cuadro. Veréis, el Cuadro (que no tiene título, unos lo llaman El Cordero Místico, otros el Altar de Gante o el Políptico de San Bavón –en alusión a la catedral donde se encuentra) es mi obra de arte favorita de todos los tiempos. Con diferencia.


Soy un flipado de la Edad Media, y la Edad Media flamenca es otra galaxia (ellos iban siglos por delante). El arte medieval me encanta porque además de ser bonico servía para algo, muy comúnmente para rezar, y esa idea me parece cojonuda. Los pintores primitivos flamencos son mis favoritos: su técnica al óleo, el rico detallismo de sus interiores domésticos (en que reflejan las calidades de telas, joyas, muebles, etc…) y exteriores, ora urbanos ora rurales, con sus edificios, su vegetación… ¿qué queréis que os diga? Es lo más bonito que he visto nunca (y me dejo los retratos, que también son la repanocha).

El Cuadro es un políptico (muchas tablas, además tiene dos lados: abierto y cerrado) pintado en 1432 por Jan y Hubert Van Eyck (sobre todo Jan, la verdad) que representa en 24 tablas un pasaje del Apocalipsis pero es mucho más: su rico simbolismo y complejo programa iconográfico dan para una explicación en audioguía de más de tres cuartos de hora. Pero yo no soy experto en arte, solo aficionado, y mi intención con este post no es explicar el Cuadro, sino llamar la atención sobre él.


El devenir histórico del Cuadro ha sido también flipante. Normalmente se mostraba cerrado, abriéndose solo en ocasiones muy solemnes. En el siglo XIX el puritanismo hizo que las tablas originales de Adán y Eva (que los representan en porretas) fueran sustituidas por unas copias en que nuestros primeros padres tenían las partes pudendas completamente cubiertas de vello, cual jodidos osos. Los nazis lo robaron durante la ocupación, con el propósito de exponerlo en un delirante Museo de Arte Ario que jamás se llegó a materializar. El Cuadro se recuperó, pero hubo otros robos, y una de las tablas menores se ha perdido para siempre, lo que nos queda es una copia.

Como he dicho antes, el Cuadro se encuentra en la ciudad belga de Gante, y yo cada vez que voy a Bélgica no perdono una visita para contemplarlo extasiado. He tenido la suerte de hacerlo cuatro veces en doce años, y pido a Dios que esta última (latest) vez –hace dos semanas- no sea la última (last). Los turistas se arremolinan en la sala o capilla donde se expone: detrás de una cabina de grueso cristal de seguridad. Al observarlos observar el Cuadro, nunca puedo olvidarme de las palabras de San Juan: “Vi que había una multitud tan grande que nadie la habría podido contar. Eran gentes de todas las naciones, tribus, pueblos y lenguas. Permanecían de pie delante del trono y delante del Cordero. Así sea.

miércoles, 12 de noviembre de 2008

La Gran Guerra


“Tras el refugio, en medio de la rotonda, una guapa enfermera vende amapolas de una bandeja”
-The Beatles



¿Chulería o cagada, Porerror? ¿Cómo dejaste pasar la fecha de ayer sin conmemorarla? En realidad porque antes de darme cuenta de qué día era ya tenía medio escrito el post de ayer, pero ya sabéis lo que siempre os digo: Estatuas Verdes, siempre un paso por detrás de la actualidad. ¿Y qué día fue ayer, dice usted?...

El undécimo día del undécimo mes de 1918, a las once de la mañana y once minutos concluyó la Gran Guerra: la 1ª Guerra Mundial. Ayer hizo noventa años del fin de la guerra más basta que ha conocido la humanidad. Y ustedes me dirán “¿Por qué esperaron a esa hora, Porerror? ¿No pudieron los generales decir que acababa al llegar el día 11 de noviembre y punto?” Eso id a contárselo a las familias de todos los soldados que murieron entre las doce de la noche y las once de la mañana y once minutos. Pero, ¿a que queda molón así? Once del once, etc.


Y ustedes me dirán “¿La guerra más basta que ha conocido la humanidad no fue la 2ª Mundial?” Por número de víctimas, sí. Por dinero gastado también (eso es la guerra: gastar dinero bien; no es otra cosa, ¿eh?). Pero no por impacto psicológico, a pesar de Auschwitz y compañía, de darle media Europa en bandeja al totalitarismo soviético o de motivar desplazamientos humanos a una escala nunca vista. Pero la Primera Guerra Mundial, amigos… para empezar fue causante de la Segunda, y con eso ya está dicho todo.

Para continuar vio la caída de tres imperios (Alemán, Austrohúngaro y Otomano), con el consiguiente caos étnico y geopolítico que todavía se sufre por ejemplo en los Balcanes. Para continuar más todavía, elevó a los USA a la categoría de 1ª potencia mundial en lo económico, político y militar, rango que aún hoy ostenta. Y significó también el declive inexorable del Imperio Británico, que a pesar de seguir de nombre y de facto unos 30 o 40 años más, en realidad ya a partir de 1918 pintó menos que Barceló con un aerosol en un techo de la ONU.


Y luego está la llamada “crisis de conciencia”, que no es que fuera solo cosa de la guerra, pero mira, ayudó a enmarcarla. Significó el fin de una idea optimista de Progreso que venía presidiendo las mentalidades occidentales desde el siglo XVIII, y eso de pensar que mientras más ciencia, más Revolución Industrial, más maquinaria, mejor vivirían los hombres. Eso vaya usted a contárselo a los que murieron por causa del submarino, el carro de combate, el avión o las armas químicas. Y en verdad por causa de estos inventos no murió tanta gente (su impacto en la guerra fue anecdótico) pero psicológicamente abrieron la caja de Pandora de cara a la exterminación masiva de poblaciones desde entonces en adelante.

También hay que decir que, a partir de la 1ª Guerra Mundial ya no se sostiene en Occidente esa idea caballeresca de que hay que dar la vida por la patria y por altos ideales. Eso id a contárselo a los africanos, asiáticos, etc, que se vieron involucrados en combate para defender a sus respectivas metrópolis. Y después de ver esa guerra nueva de barro, de piojos, de lluvias de proyectiles a distancia… cualquiera fardaba ya como hacían los napoleónicos con sus uniformicos de colorines, tan chachis. Y antes la guerra se la mamaban los soldados, que quieras que no te quitaba un golpe. Ahora… el llamado “frente de casa”: opinión pública informada a tutiplén –fotos incluidas-, mujeres trabajando en fábricas, conduciendo camiones y fumando en público (¿qué será lo próximo… querer ir a votar?).

Y no he hablado de otro “regalito” que nos dejó la 1ª Guerra Mundial: la Revolución Rusa, con su posterior guerra civil, su URSS, su Lenin, su Trotsky, su Stalin…

El carácter “mundial” de esta guerra viene dado por la integración de estados y naciones que participaron en ella, además de por lo extenso de la geografía del combate. Verdad que en América, Asia, África y Oceanía no hubo apenas temario pero… ¿qué cojones hacían los australianos muriendo como chinches en Turquía? ¿Qué pintaba Hemingway el yanqui conduciendo ambulancias en medio de Europa? ¿Qué hacían unos negros quemando chozas en la peli La Reina de África (1951)?


En USA, Francia, Bélgica, Portugal o Gran Bretaña se rinde verdadero tributo a los caídos en esta guerra, y todo se conmemora precisamente el 11 de noviembre, que en algunos sitios es día festivo. Esas chapitas rojas que vemos estos días en la solapa de Gordon Brown o de los príncipes Guillermo y Harry no son sino amapolas, que se llevan en honor de los caídos. Sí, las mismas amapolas que vendía la enfermera en Penny Lane. ¿Y por qué amapolas, Porerror? Pues porque en el imaginario colectivo británico ha quedado el poema del canadiense John McRae (muerto en la guerra):

“En los campos de Flandes las amapolas brotan
entre las cruces, fila sobre fila,
que marcan nuestro lugar”.

¿Sabéis? La guerra que iba a acabar con todas las guerras...
 
click here to download hit counter code
free hit counter