
“Tras el refugio, en medio de la rotonda, una guapa enfermera vende amapolas de una bandeja”
-The Beatles
¿Chulería o cagada, Porerror? ¿Cómo dejaste pasar la fecha de ayer sin conmemorarla? En realidad porque antes de darme cuenta de qué día era ya tenía medio escrito el post de ayer, pero ya sabéis lo que siempre os digo: Estatuas Verdes, siempre un paso por detrás de la actualidad. ¿Y qué día fue ayer, dice usted?...
El undécimo día del undécimo mes de 1918, a las once de la mañana y once minutos concluyó la Gran Guerra: la 1ª Guerra Mundial. Ayer hizo noventa años del fin de la guerra más basta que ha conocido la humanidad. Y ustedes me dirán “¿Por qué esperaron a esa hora, Porerror? ¿No pudieron los generales decir que acababa al llegar el día 11 de noviembre y punto?” Eso id a contárselo a las familias de todos los soldados que murieron entre las doce de la noche y las once de la mañana y once minutos. Pero, ¿a que queda molón así? Once del once, etc.

Y ustedes me dirán “¿La guerra más basta que ha conocido la humanidad no fue la 2ª Mundial?” Por número de víctimas, sí. Por dinero gastado también (eso es la guerra: gastar dinero bien; no es otra cosa, ¿eh?). Pero no por impacto psicológico, a pesar de Auschwitz y compañía, de darle media Europa en bandeja al totalitarismo soviético o de motivar desplazamientos humanos a una escala nunca vista. Pero la Primera Guerra Mundial, amigos… para empezar fue causante de la Segunda, y con eso ya está dicho todo.
Para continuar vio la caída de tres imperios (Alemán, Austrohúngaro y Otomano), con el consiguiente caos étnico y geopolítico que todavía se sufre por ejemplo en los Balcanes. Para continuar más todavía, elevó a los USA a la categoría de 1ª potencia mundial en lo económico, político y militar, rango que aún hoy ostenta. Y significó también el declive inexorable del Imperio Británico, que a pesar de seguir de nombre y de facto unos 30 o 40 años más, en realidad ya a partir de 1918 pintó menos que Barceló con un aerosol en un techo de la ONU.

Y luego está la llamada “crisis de conciencia”, que no es que fuera solo cosa de la guerra, pero mira, ayudó a enmarcarla. Significó el fin de una idea optimista de Progreso que venía presidiendo las mentalidades occidentales desde el siglo XVIII, y eso de pensar que mientras más ciencia, más Revolución Industrial, más maquinaria, mejor vivirían los hombres. Eso vaya usted a contárselo a los que murieron por causa del submarino, el carro de combate, el avión o las armas químicas. Y en verdad por causa de estos inventos no murió tanta gente (su impacto en la guerra fue anecdótico) pero psicológicamente abrieron la caja de Pandora de cara a la exterminación masiva de poblaciones desde entonces en adelante.
También hay que decir que, a partir de la 1ª Guerra Mundial ya no se sostiene en Occidente esa idea caballeresca de que hay que dar la vida por la patria y por altos ideales. Eso id a contárselo a los africanos, asiáticos, etc, que se vieron involucrados en combate para defender a sus respectivas metrópolis. Y después de ver esa guerra nueva de barro, de piojos, de lluvias de proyectiles a distancia… cualquiera fardaba ya como hacían los napoleónicos con sus uniformicos de colorines, tan chachis. Y antes la guerra se la mamaban los soldados, que quieras que no te quitaba un golpe. Ahora… el llamado “frente de casa”: opinión pública informada a tutiplén –fotos incluidas-, mujeres trabajando en fábricas, conduciendo camiones y fumando en público (¿qué será lo próximo… querer ir a votar?).
Y no he hablado de otro “regalito” que nos dejó la 1ª Guerra Mundial: la Revolución Rusa, con su posterior guerra civil, su URSS, su Lenin, su Trotsky, su Stalin…
El carácter “mundial” de esta guerra viene dado por la integración de estados y naciones que participaron en ella, además de por lo extenso de la geografía del combate. Verdad que en América, Asia, África y Oceanía no hubo apenas temario pero… ¿qué cojones hacían los australianos muriendo como chinches en Turquía? ¿Qué pintaba Hemingway el yanqui conduciendo ambulancias en medio de Europa? ¿Qué hacían unos negros quemando chozas en la peli La Reina de África (1951)?

En USA, Francia, Bélgica, Portugal o Gran Bretaña se rinde verdadero tributo a los caídos en esta guerra, y todo se conmemora precisamente el 11 de noviembre, que en algunos sitios es día festivo. Esas chapitas rojas que vemos estos días en la solapa de Gordon Brown o de los príncipes Guillermo y Harry no son sino amapolas, que se llevan en honor de los caídos. Sí, las mismas amapolas que vendía la enfermera en Penny Lane. ¿Y por qué amapolas, Porerror? Pues porque en el imaginario colectivo británico ha quedado el poema del canadiense John McRae (muerto en la guerra):
“En los campos de Flandes las amapolas brotan
-The Beatles
¿Chulería o cagada, Porerror? ¿Cómo dejaste pasar la fecha de ayer sin conmemorarla? En realidad porque antes de darme cuenta de qué día era ya tenía medio escrito el post de ayer, pero ya sabéis lo que siempre os digo: Estatuas Verdes, siempre un paso por detrás de la actualidad. ¿Y qué día fue ayer, dice usted?...
El undécimo día del undécimo mes de 1918, a las once de la mañana y once minutos concluyó la Gran Guerra: la 1ª Guerra Mundial. Ayer hizo noventa años del fin de la guerra más basta que ha conocido la humanidad. Y ustedes me dirán “¿Por qué esperaron a esa hora, Porerror? ¿No pudieron los generales decir que acababa al llegar el día 11 de noviembre y punto?” Eso id a contárselo a las familias de todos los soldados que murieron entre las doce de la noche y las once de la mañana y once minutos. Pero, ¿a que queda molón así? Once del once, etc.

Y ustedes me dirán “¿La guerra más basta que ha conocido la humanidad no fue la 2ª Mundial?” Por número de víctimas, sí. Por dinero gastado también (eso es la guerra: gastar dinero bien; no es otra cosa, ¿eh?). Pero no por impacto psicológico, a pesar de Auschwitz y compañía, de darle media Europa en bandeja al totalitarismo soviético o de motivar desplazamientos humanos a una escala nunca vista. Pero la Primera Guerra Mundial, amigos… para empezar fue causante de la Segunda, y con eso ya está dicho todo.
Para continuar vio la caída de tres imperios (Alemán, Austrohúngaro y Otomano), con el consiguiente caos étnico y geopolítico que todavía se sufre por ejemplo en los Balcanes. Para continuar más todavía, elevó a los USA a la categoría de 1ª potencia mundial en lo económico, político y militar, rango que aún hoy ostenta. Y significó también el declive inexorable del Imperio Británico, que a pesar de seguir de nombre y de facto unos 30 o 40 años más, en realidad ya a partir de 1918 pintó menos que Barceló con un aerosol en un techo de la ONU.

Y luego está la llamada “crisis de conciencia”, que no es que fuera solo cosa de la guerra, pero mira, ayudó a enmarcarla. Significó el fin de una idea optimista de Progreso que venía presidiendo las mentalidades occidentales desde el siglo XVIII, y eso de pensar que mientras más ciencia, más Revolución Industrial, más maquinaria, mejor vivirían los hombres. Eso vaya usted a contárselo a los que murieron por causa del submarino, el carro de combate, el avión o las armas químicas. Y en verdad por causa de estos inventos no murió tanta gente (su impacto en la guerra fue anecdótico) pero psicológicamente abrieron la caja de Pandora de cara a la exterminación masiva de poblaciones desde entonces en adelante.
También hay que decir que, a partir de la 1ª Guerra Mundial ya no se sostiene en Occidente esa idea caballeresca de que hay que dar la vida por la patria y por altos ideales. Eso id a contárselo a los africanos, asiáticos, etc, que se vieron involucrados en combate para defender a sus respectivas metrópolis. Y después de ver esa guerra nueva de barro, de piojos, de lluvias de proyectiles a distancia… cualquiera fardaba ya como hacían los napoleónicos con sus uniformicos de colorines, tan chachis. Y antes la guerra se la mamaban los soldados, que quieras que no te quitaba un golpe. Ahora… el llamado “frente de casa”: opinión pública informada a tutiplén –fotos incluidas-, mujeres trabajando en fábricas, conduciendo camiones y fumando en público (¿qué será lo próximo… querer ir a votar?).
Y no he hablado de otro “regalito” que nos dejó la 1ª Guerra Mundial: la Revolución Rusa, con su posterior guerra civil, su URSS, su Lenin, su Trotsky, su Stalin…
El carácter “mundial” de esta guerra viene dado por la integración de estados y naciones que participaron en ella, además de por lo extenso de la geografía del combate. Verdad que en América, Asia, África y Oceanía no hubo apenas temario pero… ¿qué cojones hacían los australianos muriendo como chinches en Turquía? ¿Qué pintaba Hemingway el yanqui conduciendo ambulancias en medio de Europa? ¿Qué hacían unos negros quemando chozas en la peli La Reina de África (1951)?

En USA, Francia, Bélgica, Portugal o Gran Bretaña se rinde verdadero tributo a los caídos en esta guerra, y todo se conmemora precisamente el 11 de noviembre, que en algunos sitios es día festivo. Esas chapitas rojas que vemos estos días en la solapa de Gordon Brown o de los príncipes Guillermo y Harry no son sino amapolas, que se llevan en honor de los caídos. Sí, las mismas amapolas que vendía la enfermera en Penny Lane. ¿Y por qué amapolas, Porerror? Pues porque en el imaginario colectivo británico ha quedado el poema del canadiense John McRae (muerto en la guerra):
“En los campos de Flandes las amapolas brotan
entre las cruces, fila sobre fila,
que marcan nuestro lugar”.
¿Sabéis? La guerra que iba a acabar con todas las guerras...