Vivencias polimórficas de un treintañero perplejo.

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lunes, 21 de septiembre de 2009

Estoy hablando de respeto


“Si tú respetas, yo respeto. Si tú no respetas, po yo no respeto”. Hasta en eso se equivoca el cómico rapero sevillano el Tito MC. (Otras cosas en las que yerra son, por ejemplo, el hecho de que Los Remedios no es un barrio gangsta o que “el clásico Frank Sinatra” no era negro). Pero eso del Respeto, esa palabra talismán de canis, alumnos de instituto y raperos de poca monta, está de capa caída en lo que a programación televisiva se refiere.



Si Otis Redding o Kiko Veneno levantaran la cabeza! (Otros que en su día le cantaron al Respeto). Pero hoy quisiera hablar precisamente no del respeto sino de the lack of thereof. La falta de respeto rampante a la que las cadenas televisivas nos someten a su sufrido público sin que verdaderamente podamos hacer nada, bien pensado. El botón de muestra que os traigo hoy concierne al reciente estreno en Antena 3 de la serie comédico-aculebronada Somos cómplices (2009), adaptación de la exitosa chilena Cómplices (2006).

La serie (por si no la habéis visto) fue estrenada el pasado martes 15 de septiembre a eso de las 4 de la tarde, viniendo a sustituir al programa de Mariñas y la Patiño, cancelado por su baja audiencia. Pero Somos cómplices no ha sido algo improvisado, desde julio venimos teniendo noticias de la serie, el estreno se anunció a bombo y platillo (en ese modo blitz, saturante, con que nos castigan las televisiones), adobado con el morbosote cameo del septuagenario Larry Hagman: sí, amigos, el que hacía de J.R.

La historia de Somos cómplices es (como se suele decir por aquí) simple: unas timadoras de poca monta se enteran de casualidad de una antigua tragedia familiar, y deciden montar un timo por todo lo alto en plan El golpe (1972), a base de hacer creer a un multimillonario yanqui nacido en España que ellas son su familia biológica. La idea, es que, acongojada por la culpa, la familia yanqui que acogió al bebé vierta una lluvia de millones sobre la supuesta familia de verdad, en compensación.



La trama se complica con el hecho de que el yanqui se presenta en España para conocer a su “familia” antes de tiempo, y lo que era un plan elaborado con actores contratados, etc, se convierte en un frenético slapstick de improvisación, equívocos y falsas identidades (ponen de hermano a un pizzero que pasaba por allí, y en esa onda). A que mola, ¿eh? Pues si os interesa verla, os digo ya que no podéis. Os digo que ya no podéis. La serie se estrenó el pasado martes 15 de septiembre y se canceló el jueves 17, después de solo dos capítulos. Al parecer la audiencia (en torno al 5%) fue la peor de un estreno en toda la historia de Antena 3.

Yo la verdad es que vi los dos episodios emitidos y quedé completamente enganchado. La serie me pareció graciosa, inteligente, culebroncilla pero llevadera, y el trabajo de los actores de lo más meritorio. Además, se rescataba a figuras de segunda fila de la ficción nacional que me gustan mucho, como Cristina Peña y Bruno Squarcia. Sin embargo, está claro que Somos cómplices no contó con el favor del público, pero coño, ni siquiera ha tenido una oportunidad. Según la web La Caja Tonta, “lo cierto es que estaba todo muy mal aprovechado, las interpretaciones no eran nada creíbles y su humor tenía de todo menos gracia”. Yo opino absolutamente lo contrario, pero ya nunca sabré el final de la serie.


La semana anterior, Cuatro estrenaba otra novedad-plato fuerte: Los exitosos Pells, que, irónicamente ha sido un fracaso absoluto, con lo que el chiste queda asegurado. Cancelada tras una semana, creo, el dineral invertido se ha ido al garete por los crueles designios de la caprichosa audiencia. ¿Quién decide estas cosas? Nos encontramos en una era del “aquí” y “ahora” absolutamente implacable, que a mí me resulta descorazonador. No ha mucho comentaba con amigos la desvergüenza de cambiar de día y hora ciertas series, o de emitirlas a base de chorrocientos capítulos seguidos para quitárselas de encima: ha pasado con 24, Eli Stone, Los 4400 o Vientos de agua. ¿Cómo quieren que las series tengan éxito y fidelicen un público, si los espectadores que quieren verlas han de hacer de detectives?

Al final, me quedo sin ver Somos cómplices, cancelada tras dos días sin previo aviso: he aquí la mayor falta de respeto que se le puede tener a los telespectadores, que vemos su jodida cadena, que nos comemos sus largas pausas publicitarias… y que además, estamos esclavos de sus decisiones. Yo no voy a dejar de ver Antena 3 como castigo: si aplicara esta política de veto, en una semana dejaba la tele y me ponía a hacer ganchillo. Seguiré viendo esta cadena, igual que el resto, eso sí –con más penita. Y desde luego, yo respeto sus decisiones (no me quedan más huevos), pero ellos a nosotros no nos respetan ni medio pimiento.

sábado, 9 de febrero de 2008

No Guru, No Method, No Teacher


Yo no comí la semana pasada pollo korma y anteayer un filete con una salsurria india de pepino y yogur para esto!!! Titulo este post como un disco de Van Morrison porque hoy tributamos un homenaje al Maharishi Mahesh Yogi, fallecido el martes 5 de febrero. ¿Y quién es este señor? Pues en las mínimas palabras: el gurú de los Beatles. Por sí solo, esto debería bastar para que aproximadamente unos mil quinientos millones de personas le odiasen (todos los fans de los Beatles, que, igual que los de Elvis, no pueden equivocarse). Pero veamos su historia.

El Maharishi nació en algún momento entre 1911 y 1918 y a lo largo de su espiritual vida su máximo logro fue el de crear y desarrollar la técnica conocida como “Meditación Trascendental”. Vaya por delante que respeto muchísimo la cultura india, milenaria antes que la nuestra, y que nada de sus creencias y religiones me parece una payasada. Pero no puedo dejar de ver algo de embaucador, algo de celebrity chanante en este personaje. No puedo dejar de acordarme de El gurú del sexo (2002), aquella peli tan divertida con Heather Graham y Marisa Tomei. Y eso que el nota parecía ser serio: sus técnicas están basadas en la literatura védica, él comenzó a enseñar a mediados de los años 50, y desde entonces empezó a usar los títulos de respeto yogi y maharishi.

De la India pasó a Birmania, de ahí a Hawaii, y de allí dio el salto a California, donde (no nos engañemos) su fama le vino cuando se fijaron en él determinadas lumbreras espirituales del mundo de la “contracultura” (recuérdese que para entonces ya corrían los embarazosos años 60). Sus discípulos más conocidos incluyen a los Beatles pero también al cantautor escocés Donovan (quien sacó una foto suya en un disco), los Beach Boys, la actriz Mia Farrow, el cómico Andy Kaufman y los directores Clint Eastwood y David Lynch. Su influencia en el caso de los Beatles fue enorme, el rollito hindú penetró via George Harrison (entre nosotros, el único Beatle que se lo llegó a tomar en serio), y pudo verse en muchos temas del cuarteto como “Norwegian Wood”, “Love You To”, “Within You Without You”, “The Inner Light”, “Sexy Sadie” o “Across the Universe”, canciones todas que, o se grabaron usando instrumentos indios o contienen referencias místicas en la letra.

Lo más basto del tema fue que los Beatles se fueron con el Maharishi a meditar (era la época de los caftanes y del sitar: ahí está también “Paint It Black” de los Rolling Stones), primero a Bangor (País de Gales) en 1967 y en 1968 a Rishikesh en la India. En este viaje les acompañaron los citados Donovan (quien dejó constancia de ello en su canción “Riki-Tiki-Tavi”), el Beach Boy Mike Love y Mia Farrow. De hecho, cuenta la leyenda negra del Maharishi que a este personaje, además del Misticismo le iba el Palotismo, y que trató de picar en barro con la ex de Frank Sinatra y futura de Woody Allen (ver foto). Esta anécdota ha quedado fijada en la historia, pero luego resulta que todos los presentes la niegan, incluyendo la propia Farrow, quien en sus memorias solo admite haber estado “aterrorizada” cuando el yogi la abrazó en una cueva oscura durante “una sesión de meditación privada”.


¿Se trató de un intento de abusos sexuales? ¿Acaso la Farrow acababa de leerse Pasaje a la India de E.M. Forster y se había sugestionado? (Por aquello de que en la novela una blanca amenaza en falso a un indio de intentar violarla en una cueva). Nunca lo sabremos, pero, como digo, imposible reseñar la vida del Maharishi sin hacer referencia a este episodio. Me fascina el tratamiento que la prensa mainstream ha dado a la muerte del Maharishi Mahesh Yogi, cómo adquieren la noticia y la regurgitan para luego soltárnosla de cualquier manera. Sirva como muestra una cita de ABC (7/02/08), en un artículo de Manuel de la Fuente:

“Aquel febrero de 1968, los Beatles no alcanzaron el nirvana pero lo rozaron con las yemas de sus rockanrroleros [sic] dedos”. Right on! Sí señor…

Aparte de hacer dieta y meditar mucho (y vestirse ridículamente), a los Beatles su retiro indio les sirvió para componer la mayor parte de su fundamental “disco blanco” (The Beatles, 1968), para muchos su obra maestra. Pienso que el rollo místico y desinteresado de paz y amor no les duró mucho a los “cuatro de Liverpool”, ya que nada más regresar de la India Lennon y McCartney fueron a Nueva York para pergeñar su empresa multinacional Apple Corps Ltd. John sí que abrazó con ganas el orientalismo: en el mismo 1968 se enrolló con la insoportable Yoko Ono (artista japonesa) y de resultas se divorció de su mujer Cynthia. A los fans nos ha quedado ese regusto a curry de algunas canciones del grupo, y ya digo que las más directamente relacionadas con la experiencia india son las del Disco Blanco, donde no suena ni medio sitar. Quizás sea un buen momento para recordar la letra de “Sexy Sadie” tal y como John Lennon la escribió en un principio: “Maharishi, ¿qué has hecho? Te has burlado de todo el mundo”. D.E.P.
 
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