
“Chinita tú, chinito yo”
(Miliki)
Lin Miaoke: Continúo tocando los aros a los fans de las Olimpiadas. Ayer surgió en los comentarios del blog el tema del divertido playback que nos cascaron los chinos durante la ceremonia inaugural de los Juegos. La pequeña y pizpireta Lin Miaoke, de 9 años, deleitó a entre uno y cuatro mil millones (según la fuente) de espectadores con su sublime interpretación de la canción “Oda a la madre patria”, tradicional canción patriótica china. Su carita angelical, su expresión, sus dienticos…
En realidad, el tema lo interpretó otra persona, una tal Yang Peiyi, de 7 años, y –según el Politburo- chino “no lo bastante guapa”. ¡Jí, jií, jí, jí! No vayáis a hacer ahora el chiste de que todos los chinos son iguales, que os conozco. La historia es que Yang Peiyi no daba tan buena imagen, al parecer, no era tan linda, tenía los dientes torcidos… Está claro que China o cualquier país tiene todo el derecho a dar la mejor imagen posible, pero bien podían haber hecho un casting que les satisficiera desde un principio, ¿no?
Lo basto del asunto –lo Estatuas Verdes del asunto- es que los organizadores de los Juegos hayan pretendido engañarnos como a (jí, jí, jí, jí…), y solo cuando alguien filtró la noticia han admitido el fraude. Y aún defienden lo hecho, ¿eh? Nada de avergonzarse ni pedir perdón. A ver, un playback no es un delito, ni un crimen, y sí, en el mundo del espectáculo (que es lo que son las Olimpiadas: lo siento, Grillo) estamos hartos de ver engaños, ilusiones ópticas, efectos de trampantojo… pero lo sabemos. Nadie pretende que el mago enmascarado de Antena 3 haga de verdad pasar un huevo a través de un muro.

(Miliki)
Lin Miaoke: Continúo tocando los aros a los fans de las Olimpiadas. Ayer surgió en los comentarios del blog el tema del divertido playback que nos cascaron los chinos durante la ceremonia inaugural de los Juegos. La pequeña y pizpireta Lin Miaoke, de 9 años, deleitó a entre uno y cuatro mil millones (según la fuente) de espectadores con su sublime interpretación de la canción “Oda a la madre patria”, tradicional canción patriótica china. Su carita angelical, su expresión, sus dienticos…
En realidad, el tema lo interpretó otra persona, una tal Yang Peiyi, de 7 años, y –según el Politburo- chino “no lo bastante guapa”. ¡Jí, jií, jí, jí! No vayáis a hacer ahora el chiste de que todos los chinos son iguales, que os conozco. La historia es que Yang Peiyi no daba tan buena imagen, al parecer, no era tan linda, tenía los dientes torcidos… Está claro que China o cualquier país tiene todo el derecho a dar la mejor imagen posible, pero bien podían haber hecho un casting que les satisficiera desde un principio, ¿no?
Lo basto del asunto –lo Estatuas Verdes del asunto- es que los organizadores de los Juegos hayan pretendido engañarnos como a (jí, jí, jí, jí…), y solo cuando alguien filtró la noticia han admitido el fraude. Y aún defienden lo hecho, ¿eh? Nada de avergonzarse ni pedir perdón. A ver, un playback no es un delito, ni un crimen, y sí, en el mundo del espectáculo (que es lo que son las Olimpiadas: lo siento, Grillo) estamos hartos de ver engaños, ilusiones ópticas, efectos de trampantojo… pero lo sabemos. Nadie pretende que el mago enmascarado de Antena 3 haga de verdad pasar un huevo a través de un muro.

Lo que molesta es que pongan a una niñita mona moviendo los labios, se escuche la voz de otra y no lo digan. Y además la cuelen a última hora (al parecer, siempre había figurado que en la ceremonia iba a actuar Yang Peiyi). Y que la impostora se infle en China a conceder entrevistas, a aparecer en anuncios, perpetuando el engaño. Cuando voy al cine, doy por sentado que lo que veo en la pantalla no ha ocurrido en la realidad. Cuando voy al teatro, me fuerzo a creer que cuatro tablas son el pueblo de Zalamea o un palacio de Verona. Se llama “suspensión voluntaria de la incredulidad”.
Pero cuando veo unos Juegos Olímpicos, donde un país muestra al mundo lo mejor de su cultura (por ejemplo, España lo hizo con Los Manolos), espero que lo que estoy viendo sea real, gracias. Lo mismo que espero que sea real el pavo negro que corre 100 metros en menos de diez segundos (¿verdad, Ben Johnson?).
Pero cuando veo unos Juegos Olímpicos, donde un país muestra al mundo lo mejor de su cultura (por ejemplo, España lo hizo con Los Manolos), espero que lo que estoy viendo sea real, gracias. Lo mismo que espero que sea real el pavo negro que corre 100 metros en menos de diez segundos (¿verdad, Ben Johnson?).

Yang Peiyi: Hace diez años vi en La 2 una peli italiana de 1965 titulada Los complejos. Son varias historias, de gente acomplejada o no, y la mejor es la de “Guillermo el dentón”. Alberto Sordi interpreta a un aspirante a presentador del telediario sobradamente preparado pero con un ligero defecto de telegenia: su espantosa dentadura. El comité de selección intenta echarlo para atrás con pruebas imposibles: trabalenguas, exámenes de geografía bizarrísimos… pero al fin se rinden a la evidencia. Il Dentone es el mejor, y acaba presentando el telediario de la RAI, de Roma a Venecia, Pisa, Milán o Nápoles.
Hay multitud de ejemplos de playbacks desleales -el mejor es el de Cantando bajo la lluvia (1952), el último que se me viene a la memoria es uno de Hannah Montana (2007)-, siempre son desenmascarados. Lo bueno de Il Dentone es que su imagen “incorrecta” al final prevalece y se impone su puro talento. La propia RAI sacó en su telediario imágenes de Los complejos el pasado día 17 de agosto para ilustrar la noticia de las niñitas canoras, para descojonarse del ridículo.







