Vivencias polimórficas de un treintañero perplejo.

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viernes, 26 de junio de 2009

Michael


-“Con un poco de suerte te consigo una guerra de ofertas entre los Teleñecos y el zoo privado de Michael Jackson”.
(Gus Borden, en Búscate la vida)





Siempre un paso por detrás de la actualidad, como siempre digo. Ayer estuve trabajando todo el día, toda la tarde y parte de la noche (comí fuera y ni siquiera cené), así que no vi ni un telediario. Hoy me desayuno, como de pasada, con el notición: ha muerto Michael Jackson. No he querido enterarme de los pormenores, o no he podido: en todos los medios, especialmente los digitales, trataban la noticia como si fuese algo muy sabido, algo pasado ya. Lo importante es que Michael Jackson is no more, como se dice en inglés.

Hay muchas maneras de hacer esto, y supongo que en los próximos días leeremos incontables noticias y obituarios basados en la inconmensurable figura de Jacko. La verdad es que ni soy experto en su vida o su música ni tengo ganas de glosar aquí su biografía en plan enciclopedia. Pero también os digo una cosa, me parece que en un día como hoy obviar o minimizar la importancia de su muerte y su obra músico-comercial resulta un ejercicio de irresponsabilidad informativa. Hoy se ha escuchado a un periodista televisivo “fingir” que no sabía quién era Michael Jackson y que además le daba igual.


Sin ánimo de frivolizar, está muy claro que personajes como Vicente Ferrer son mucho mejores que Jacko y más dignos de elogio, pero no por eso vamos a decir que no hay que rendirle homenaje a este cantante y bailarín, aunque solo sea por el pequeño detalle de que es autor del LP más vendido de la historia de la música, y eso de por sí ya es materia reseñable en lo periodístico y en lo histórico. Una amiga me contaba a través del Facebook, consternada, que estaba escuchando trillones de injurias a cuenta de Michael Jackson. Todos sabemos lo payaso que pudo ser y las barbaridades o más bien extravagancias que cometió, pero no me parece tampoco que hoy sea el día para cebarse con esos detalles morbosos.

¿Nada de glosar su vida… no detalles morbosos? ¿Qué nos queda entonces de Michael Jackson, Porerror? Pues su música, copón, que es por lo que hay que admirarlo y recordarlo. Aparte del álbum Thriller (1982), el más vendido como hemos dicho, ¿dónde me dejáis aquel temazo de “We Are the World”, u otro disco que es probablemente mi favorito suyo: Bad (1987)? Michael Jackson fue desde su infancia sinónimo de buena música comercial, oxímoron que a algunos les resultará difícil de deglutir pero que para mí es la clave en la que se sustenta todo el edificio de la música popular. No es música basura de baile descerebrado y consumo inmediato; no es una obra conceptual de culto para una minoría guay.


La música de Michael gusta a todos (a todos a los que guste, se entiende) por igual en los ámbitos más o menos culturetas, un tema suyo siempre es bienvenido con un grito de subidón, y si no me creéis haced la prueba y poned “Billie Jean” en una boda o una fiesta de fin de año. Luego está su aportación al mundo audiovisual, y no me refiero a que quisiera volverse blanco de a poquito. El vídeoclip de “Thriller” marcó un hito en el medio televisivo, ya nada podía ser igual después de aquello: si uno quería comerse algo con una canción más le valía que fuese acompañada de un atractivo vídeo. Aquel vídeoclip marcó también muchas infancias con terrores nocturnos y pesadillas, la mía desde luego y me consta que las de varias lectoras (¿a quién se le ocurre ponerle unos zombis a una criatura de cuatro añitos?). Otros vídeos-peli de Michael también memorables fueron, así de memoria, los de “Smooth Criminal”, “Bad”, “Black or White” o “Remember the Time”.

Solo hay una cosa de Michael Jackson que me toca las bolas (qué mal ha sonado eso, ¿no?), y es su espurio título de Rey del pop. Obviando el chiste que siempre hago de que fueron los Beatles quienes inventaron el pop, me parece que tildar a Jackson de Rey del pop es una ida de olla comparable a decir que Eminem es el monarca del rap o que Pitingo es el mesías del cante jondo. Y me permito hacer esta crítica porque el sobrenombre no le vino a Michael por aclamación popular o profesional, sino que fue un título autoimpuesto, tras una orquestadísima campaña de marketing con la que se nos saturó allá por 1994, que incluía estatuas gigantes del cantante, y… bueno, antes dije que hoy no era el día para injuriarlo, y lo quiero mantener.


Esta mañana, un compañero de trabajo me preguntaba, sin el mínimo atisbo de sorna, “¿Te ha afectado mucho la muerte de Michael Jackson?”. La pregunta no era tonta, sabiendo como soy un frikanco y un estudioso amateur de la cultura pop. Pero he tardado en responder porque no quería decir nada ni demasiado solemne ni una chorrada, y al final no he sabido qué decirle. Vamos a ver, esta muerte no me afecta en la más mínimo en lo personal: hasta ahí podía llegar la broma, pero es indudable que cuando escuché la noticia sentí pena, sobre todo por él, por Michael. Un personaje de luces y sombras del que últimamente solo nos llegaban las sombras.

Sabido es que estaba preparando un comeback (es lo único que le ha faltado para bordar su paralelismo vital con Elvis, ¿eh?), dicen que el chungo que le ha dado ha sido por intentar ponerse otra vez en forma a base de remedios naturales y artificiales –pero ya digo, ignoro los detalles. Hoy me quiero ir con dos recomendaciones, y ya sabéis que en Estatuas Verdes no se recomienda nada que yo mismo no haya probado. La primera, si queréis una lúcida y bien escrita reflexión sobre Michael Jackson leed este artículo del blog de Daniel Ruiz García. La segunda, que escuchéis su música, hombre, yo ahora mismito voy a ponerme el vinilo de Bad, en plan tributo. Michael, Michael, Michael, que mi Michael…. descanse en paz.

sábado, 5 de enero de 2008

Noche de Reyes


¡Ya vienen los Reyes Magos, familia! Por eso la noche del 5 de enero se conoce como la Noche de Reyes, la “duodécima noche” (después de Nochebuena), como diría tito Shakespeare. Pero no es de los Magos de Oriente de quien os quiero hablar hoy, sino de otros reyes.

Con estupor e indignación, leo en el número de enero de Rolling Stone el siguiente titular: “Especial 80’s: Bono vs Michael Jackson, ¿quién es el rey?” Y luego, en las páginas de moda, un reportajillo sobre un tal Prince, “tributo a un icono”. Creo que voy a tener que ponerme a denunciar a voz en grito, en plan Pumares o El Perro Lunar. ¿Cómo que Bono o Michael Jackson reyes de los ochenta? Vamos a ver si nos enteramos: como reza el adagio, los ochenta fueron de Prince. Bono muy bien con sus temas benéficos, sus llamadas en directo al Papa y a Helmut Kohl, y su preocupación porque se estén derritiendo los polos de “Lemoooon”. Michael Jackson ya tiene el cielo ganado con haber hecho Thriller y haber posado para una estatua gigante de porcelana de Jeff Koons en la que se le ve abrazando a su mono Bubbles. Pero Prince, señores de Rolling Stone, aparte de vestirse a la moda, fue el mejor músico pop de los años 80.

Ya por 1994, Jacko empezó a otorgarse el espurio título de “Rey del Pop”, y anduvo casado con la hija de otro rey, este sí que de verdad, llamado Elvis Presley. No es gratuito que se conozca a Elvis como “el Rey” por antonomasia. No solo del rock, sino de los Cadillacs, los trajes de oro, los desmayos de las chicas, los sándwiches de plátano frito, las entrevistas con Nixon y sobre todo, el Rey de cantar bien. Sé que no es necesario explicar aquí lo que hacía Elvis Presley, pero es que me apetece. Aparte de constituir la fuerza artística y comercial más importante a la hora de fusionar la música de los blancos y la de los negros, creando el rock and roll, Elvis destacó interpretando pop, doo-wop, rockabilly, country, gospel, rhythm & blues, showtunes, villancicos y baladas tipo crooner. Y decir “destacó” es ser muy modestos, sus cifras de ventas, números uno en listas y audiencias de conciertos (tanto en vivo como televisados) simplemente no tienen parangón en la historia.

Su reinado en vida se extendió durante más de dos décadas, enterró a los Beatles (artísticamente, se entiende), sobrevivió a una infumable carrera cinematográfica de exploitation, y sus excentricidades han entrado en la leyenda. Desde entonces, nadie le ha hecho sombra en este terreno, aunque hay que reconocer que su durante un tiempo yerno Michael Jackson (el hombre que en 2004 declaraba “me gustaría ser una mujer blanca”) se le ha ido acercando: rancho Neverland, zoo privado, amistad con Elizabeth Taylor y Macauley Culkin, cambios de look, sacar a su bebé por un balcón… Prince tampoco ha estado mal en el capítulo extravagancias, como ya se dijo aquí. La diferencia con ambos radica en que mientras hacía sus rarecitas, Elvis continuaba teniendo discos de éxito, o por lo menos colgando en sus actuaciones el cartel de “No hay billetes”, mientras que Michael Jackson y Prince ya solo salen en la prensa por motivos extramusicales.

Con la historia del 25 aniversario de Thriller nos amenazan con una reedición del disco con nuevas mezclas y colaboraciones de Kanye West y gente de Black Eyed Peas. El 50 aniversario del sello Motown también anuncia una reunión de los Jacksons 5, de la que no he querido enterarme. Y Prince, parece que no le va mal regalando su disco con los periódicos y dando exclusivos conciertos con las entradas a elevadísimo precio. Ya tenemos colocados a Baltasar y a Gaspar para el 2008. ¿Y Melchor/Elvis? El Rey no es que vuelva este año, es que directamente nunca se ha marchado.
 
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