Vivencias polimórficas de un treintañero perplejo.

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martes, 15 de septiembre de 2009

El sueño de la digestión produce monstruos


-“Lo que distingue a la alta cultura de la cultura de masas es la forma de resolver o no el conflicto de los personajes y la trama”.
(Umberto Eco)

-“¿Somos humanos, o somos…?”
(The Killers)





Parafraseando al pintor español más premiado (Francisco de Goya), “el sueño de la digestión produce monstruos”. Esta tarde, sin ir más lejos, servidor de ustedes estaba echado en el sofá dormitando la siesta, digiriendo mis frugales puré y filetito de pollo, cuando ha sido arrancado de los brazos de Morfeo por una brutal charlotada del destino. Sí, amigos, soñando estaba con rascacielos y pasos de cebra cuando, entre el runrún de fondo, escucho a Kiko de Gran Hermano 3 (egregio tertuliano de Sálvame, el programa de Telecinco que andaba puesto) exclamar lo siguiente:

“Jane Austen fue una destacada novelista británica, que vivió durante el período de la regencia, es decir entre la época georgiana y la victoriana”.

La palabra “papagayo” se coló en mis sueños, probablemente en aquel instante estuviese soñando que estaba cruzando descalzo el paso de cebra de Abbey Road. La frase pronunciada por Kiko GH3 (tomada literalmente de la socorrida Wikipedia) no debería causar más extrañeza que si hubiera dicho “El agua hierve a 100 grados”, pero como tantas otras veces, el contexto es lo importante. Así y todo, cuasi impertérrito, mi obtusa mente alejó el pensamiento de que en el programa Sálvame se estuviese debatiendo sobre literatura inglesa, y me di la vuelta en el sofá. “Menos mal que no he almorzado potaje de garbanzos, como ayer” –debí pensar.


En estas estaba cuando mi oído y mi cerebro registran a Jorge Javier Vázquez decir las palabras “Jaime Gil de Biedma” y acto seguido “Pandémica y celeste”. Entonces me incorporé como si tuviera un resorte en el culo. No daba crédito. ¿Una digestión demasiado pesada? ¿Me estaba jugando mi cerebro una mala pasada, mezclando con la morralla televisiva la imagen de la antología Cátedra de Gil de Biedma que ayer mismo recordaba haber visto en la estantería del salón de Cosica?

“Sé que no lo soñé” –cantaba hace unos veinte años el perjudicado Joaquín Sabina a propósito de sus amoríos playeros. Apenas me terminaba de despertar cuando veo y escucho a Kiko GH3, acompañado de una dudosa iluminación, destrozar el susodicho poema del maravilloso vate catalán:

¿Por qué no es la impaciencia del buscador de orgasmos?/
quien me tira del cuerpo hacia otros cuerpos/
a ser
posiblemente jóvenes...” [sic]



Su dicción de infante de Primaria motivó que hasta al mismísimo JJV le saliera su vena (uy, perdón!) de seño regañona: ¡No, no, y no, Kiko! Lee bien: es “Porque”, no “por qué”. Cuando en un programa del corazón ocurre una escena como la que acabo de describir –atroz transacción poética entre un presentador maledicente y un ex concursante de Gran Hermano ventajista- no me cabe la menor duda de que la sociedad que genera y da cobijo a estos engendros está muy, pero que muy enferma.

Recuperando el hilo de Sálvame, me entero de que el buen JJV ha sacado a colación “Pandémica y celeste” para apoyar un argumento suyo acerca de los amores (y las encamadas) fugaces. En otras palabras, que follar mucho y promiscuamente también es buscar el amor verdadero. Lo dice Gil de Biedma, un poeta, y ellos entienden sobre el amor, ¿no? Decía el grupo Astrud (ahora de nuevo en el candelabro indie) que resultaba pupita “escuchar a Gil de Biedma/ leído por Carod-Rovira”. Pues bien, Manolo y Genís, ¿qué sentiremos al escucharlo leído por el impresentable Kiko GH3 en el programa de Jorge Javier? Al lado de esto, cualquier referencia de Gil de Biedma a prostíbulos o noches locas de farra suena a internado de ursulinas.


No estoy en contra de que en la tele se hable de poesía, ni me considero un esnob elitista de la cultura. Lo de que sí estoy en contra es de que a un mono le den una máquina de escribir y se ponga a teclear al azar, no sea que en una de estas vaya y escriba El Quijote, o una novela de Jane Austen.

-Volver (2000) es una antología del poeta catalán del grupo de los 50 Jaime Gil de Biedma, editada por Cátedra-Letras Hispánicas.

-Sálvame Diario es un espacio televisivo conducido por el licenciado en Filología Hispánica catalán Jorge Javier Vázquez, que Telecinco emite de lunes a viernes entre 15:45 y 19:00.

De vosotros depende, amigos. Yo, como veis, de momento le ando poniendo una vela a Dios y otra al Diablo.

lunes, 7 de septiembre de 2009

GH11: Bizarría en grado extremo



-“Yo tengo unas braguitas Calvin Klein y son más monas que to las cosas”
(Saray, concursante de Gran Hermano 11)





Al principio de la novela de Umberto Eco El nombre de la rosa (1982), un anciano Adso de Melk apenas acertaba a recordar las espantosas cosas que les habían sido dadas a contemplar con sus viejos, cansados y pecadores ojos. El Siglo, ya se sabe, que es muy tentador. Esta noche vuelvo de entre una bruma mezcla de estupefacción y bochorno ajeno para escribiros un post. Soy vuestro enviado especial en el infierno: yo me adentro en el corazón de las Tinieblas para que vosotros no tengáis que hollarlo.

“El infierno son los otros”, dejó dicho el fantoche de Sartre. En este caso concreto, el Infierno es un programa de televisión: Gran Hermano 11. Servidor es fan de la telebasura, de hecho me considero un auténtico connoisseur, pero tal vez por ser tan purista ya con la edad se me está poniendo la boquita muy fina. Telebasura, sí, pero con clase. Los hermanos Matamoros dizque peleando cual pareja de novios sacada de una obra de los Quintero, tiene un pase. Jimmy Arnau yendo en silla de ruedas a hablar con Jorge Javier, canela pura. Pero lo que estoy viendo ahora en la presentación de esta nueva edición de Gran Hermano es tan atroz que no tiene nombre.


No tiene Teología ni Geometría, que diría el clásico, es un atentado, no ya al buen gusto, sino a toda nuestra percepción del mundo. ¿Se trata de otra señal del Apocalipsis? Un botón de muestra, extraído del vídeo-presentación de una concursante al azar. Rubia bajita y tetona, gallega cual vaca. Ella tiene mucho pecho (lo cual en sí no es ni malo ni bueno) y atención amigos porque lo quiere enseñar. “Saray. 27 años: binguera”. Trabajo en un bingo de El Ferrol, vendiendo cartones y cantando los números. Me apasionan el fútbol y los coches tuning. Estoy soltera y entera para quien yo quiera. Por donde paso, siempre arraso. A los nueve años fui Mamachicho (sic) y hace dos quedé tercera en Miss Eurocopa (ambos méritos acompañados de sendas evidencias audiovisuales).

Soy hija única pero no soy caprichosa ni mimosa (esto lo escuchamos en off mientras le vemos prácticamente comerse la boca con su ultramaquillada me-resisto-a-envejecer-y-además-hoy-ha-venido-Telecinco-a-casa mamá). Nada intrínsecamente malo ni censurable en el currículum de esta chica, salvo que está saliendo en la cadena líder de audiencia del país, y usted, señora, y yo (y millones de españoles) la estamos viendo. En mi caso, desde la fascinación atónita.


El elenco lo completan una serie de beldades meridionales (“¿Os habéis dado cuenta? ¡Somos todos del sur!” -¿por qué será, amiga?) que no desentonarían en un videoclip de El Tito MC. Por ejemplo, una gimnasta rusa de 19 años, una malagueña con padre de Bombay (“Tengo descendencia india”, anuncia ufana a la vez que nos confirma su desconocimiento del léxico)… Hay incluso un minusválido para dar la nota de color (espero sinceramente que no la del morbo).

Y toda esta ceremonia de la confusión, conducida (valga el oxímoron) por la siempre inclasificable Mercedes Milá, sobre la que no tengo ni fuerzas para escribir esta noche.

Si me dieran un euro cada vez que me he encontrado por la calle a un ex concursante de GH… tendría cuatro euros. La primera edición del concurso la seguí como el que más: experimento sociológico, etc. Incluso recuerdo estar enganchado, y verlo religiosamente todos los miércoles junto a mi amiga yanqui. Aquella primera vez la cosa tenía cierta gracia, todo resultaba novedoso, los concursantes eran entrañables… Luego las ediciones se fueron sucediendo, y –como siempre pasa- incluso los ganadores fueron cada vez más anónimos. Últimamente, sé que han tenido que recurrir a gimmicks cada vez más bizarros, meter a los habitantes de la casa junto a animales de granja (incluida una capea), hacerles pasar penurias…



Un primo hermano trabajó en la producción de GH1 y 2, y aunque siempre discreto, dejaba insinuar muchos chanchullos… Fue él quien me anunció, en el 2001, que mientras hubiese ingresos publicitarios, por miserables que fueran, habría Gran Hermano. Y que veríamos evolucionar el perfil de los concursantes hasta hacerse cada vez más homogéneo: jóvenes musculitos y jacas petonas, bastante atractivos y con follabilidad entre sí (buscando atraer la audiencia joven, la más consumista, se entiende).

Hastiado por tamañas barbaridades, aparto la vista del programa, cambio de tercio. Pero –voyeur impenitente- no puedo resistirme a mirar una vez más, pasadas dos horas. En la pantalla, el logo de Telecinco y un par de jembras en biquini pavoneándose ante los desnudos y tatuados torsos de sus compañeros de casa de Guadalix de la Sierra. El concurso no lleva ni dos horas y ya están semidesnudos en el jacuzzi. La guerra ha comenzado: ay, si George Orwell levantara la cabeza!!!
 
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