
Corría el problemático año 1993. Mi pretendía me preguntó a bocajarro: “Cuál es tu grupo favorito?” Dije “Los Beatles”, claro, pero lo pasé mal: tardé 5 segundos en responder porque tuve que mirar en mi interior y ser fiel a mí mismo. Los Beatles eran los Beatles y no hay más que hablar. Hacía poco que había descubierto también a Jimi Hendrix y a los Rolling Stones. Pero casi 20 años después se levanta el secreto de sumario y pueden volar las caretas: en 1993, el grupo que yo más escuchaba, cantaba y cuyas letras me aprendía de memoria era –con diferencia- Queen.
No estaba solo en este empeño, digamos piadosamente que en mi clase de 1º de BUP se escuchaba más a Queen que a los profesores, Freddie Mercury acababa de morir, y las casas discográficas mantenían vivo su recuerdo y su capacidad para hacer caja con todo tipo de lanzamientos póstumos: últimos coletazos de Innuendo (1991), concierto homenaje – que dio lugar a un #1 por Queen & George Michael-, reediciones de “Bohemian Rhapsody”, el Live at Wembley ’86 (1992), grandes éxitos en CD y en VHS, exitazos de Freddie en solitario, promesas de un disco “nuevo”… En agosto de 1993 fui a Londres y aquello estaba lleno de la imagen de Freddie Mercury y de Queen hasta en la sopa.

La verdad es que con el tiempo uno va cambiando sus gustos, no sé si adquiriendo criterio, pero el caso es que yo a Queen los he negado cual San Pedro en multitud de ocasiones desde entonces. Casi que me daba vergüenza admitir cuánto me gustaban: a lo sumo los veía como un pecadillo de juventud, eran mi guilty pleasure. Cosa absurda, porque fueron Queen quienes me abrieron los oídos al rock más duro (los Beatles no, desde luego), al glam, a tanta y tanta música, y fueron la primera banda (casi) contemporánea a mí que me gustó, tras venir de idolatrar a Beatles, Simon & Garfunkel, Beach Boys, Kylie Minogue y … ejem… Antonio Machín.
Mi profe de inglés de 1º de BUP (la fantástica Sylvia Welsh, si estás ahí… Dios te bendiga!) nos ponía en clase la peli Los inmortales (1986) con banda sonora de Queen y nos recomendaba discos también. Todavía recuerdo un día que nos habían echado de clase (por descojonarnos) a servidor y a un afamado lector de este blog, estábamos en el pasillo, pasó Sylvia y nos dijo con su voz aguda: “Pues si os gusta Queen lo que tenéis que hacer es escuchar el Sheer Heart Attack”. Poco después mi amigo se compró el disco, en aquellos tiempos en que un CD era una preciadísima posesión, me lo grabó y desde entonces lo flipamos con tan buen disco que contenía tan enigmáticas canciones.

El sábado pasado, en un cumpleaños musical, la ojomeneada me dijo mientras escuchábamos canciones de Queen: “Lo bueno de esta gente es que componían los cuatro miembros del grupo, algo que no es corriente.” Correcto! Aunque a decir de mis colegas de cole y yo el bueno de Roger Taylor sus canciones se las podía haber ahorrado (#DesdeElRespeto). Siempre hubo una canción de Taylor que me fascinó por encima de todas, por su enigmática letra plagada de expresiones raras, y esa fue “Tenement Funster”. Confieso que la había dado al olvido, junto con muchas otras –y bizarras- del mismo Sheer Heart Attack (1974): “Bring Back That Leroy Brown”, “Misfire”, “In the Lap of the Gods”… no así “Lily of the Valley”, que a día de hoy puede ser la canción que más veces haya cantado en toda mi vida.
Pero gracias al Sheer Heart Attack, sí, aprendí muchas palabras en inglés, en una época en que no había internet, si querías saber lo que decía una canción debías ponerte a sacarla “de oído” o como mucho esperar a que alguien se comprara un libro con las letras (si existía) y te lo fotocopiara. Gracias al Sheer Heart Attack aprendí lo que querían decir expresiones como “stormtrooper in stilettoes”, “stone cold crazy”, “flick of the wrist”, “rock of ages”, “rock’n’roll 45s” o “lily of the valley”.

Merced a los milagros de la técnica y de las reediciones baratas, ahora tenéis en FNAC (por ejemplo) todos los discos de Queen por nada y menos, y gracias a eso estoy viviendo un digamos nuevo periodo monárquico. (También ayuda haber rescatado el Mr. Bad Guy de Freddie en solitario, 1985, de las estanterías.) Vuelvo a escuchar muchas canciones, pero las que más me han evocado cosas son las del Sheer Heart Attack, que yo escuché por primera vez 19 años después de salir, escuchadas hoy: 19 años después.
Y cómo no pude entender entonces que “Tenement Funster” quería decir “Fiestero de bloque de pisos”? Madre mía, qué despropósito de letra: la echas a pelear con “Rock & Roll Fantasy” de los Kinks (más o menos de la misma época, sobre el mismo tema) y es capaz de salir llorando. Roger Taylor en su línea, con sus gafas de sol negras. Pero a pesar de todo la música de Queen tiene algo que no tiene la de los Kinks ni la de nadie, amigos, es tramposa y vulgar como ella sola y por eso todas las veces nos engancha. Y esa clase de atractivo, señores, no se puede comprar con dinero.