Vivencias polimórficas de un treintañero perplejo.

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jueves, 17 de abril de 2008

Por las mañanitas


Yo no sé vosotros, pero a mí me encanta escuchar la radio por las mañanas. Recién levantado, nada termina de despertarme e insuflarme el ánimo necesario como la voz del locutor de turno y las cancioncillas mañaneras. Cada equis meses me aburro de que pongan tanta publicidad en la radio –y tantas desconexiones locales- y opto por escuchar CDs de música, pero no es lo mismo. (Un inciso: ¿os habéis fijado en lo absurda que es la publicidad radiofónica? Laxantes, crecepelos, bebidas alcohólicas… parece el gueto de lo que da vergüencita sacar por la tele).

En mi casa abominaban de esta costumbre mía de poner la radio de buena mañana (igual es que la ponía un pelín muy alta), y aunque admito que algunos locutores marchosos y ciertas canciones de lo que dan ganas es de tirar el transistor por la ventana, en general son necesarias altas dosis de estridencia para que la radio a esas horas pueda cumplir su función, análoga a la del café.

La música de los morning shows es bastante lamentable: suelen ser éxitos de ayer, hoy y siempre pensados para despertarte. Ahí son los campeones Bisbal, M-Clan, David De María, Alejandro Sanz, Papito… o bien The Rasmus, Evanescence, James Blunt y Anastacia. José Antonio Abellán, cuando no está hablando de fútbol en sus programas, tiene la atormentadora costumbre de enfilar proa hacia un artista o canción y repetir todos los puñeteros días hasta en dos o más ocasiones (caso de El Barrio, Madonna o Shakira & Wyclef Jean).

Espantado por este panorama, una temporada emigré a Radio 3 y entonces comprendí por qué la radio a esas horas tiene que ser tan machacona: probad a escuchar post-rock, lo-fi o country alternativo entre las 7 y las 9 a.m. y después me contáis… si seguís despiertos.

Lo verdaderamente grande de la radio matutina son sus locutores, y aquí basculo entre dos polos opuestos: la información y el humor. En el primer campo he escuchado la SER (¡Iñaki, vuelve!), la COPE y Radio Nacional, mientras que en el segundo destacaría a Gomaespuma, el Arús, Abellán y últimamente Atrévete de Cadena Dial. Polos opuestos, información y humor, pero como los extremos siempre se tocan ahí tenemos en medio al gran amalgamador de ambos: Federico Jiménez Losantos.

Empecé a escuchar a Federico el mismo día que a Iñaki: el 11 de marzo del 2004. De ahí para arriba. La verdad es que no aguanté más de media legislatura con las tertulias de la COPE y de la SER, tal era el clima de mala baba y ponzoña que exudaban por igual ambos programas, La mañana y Hoy por hoy. Admito que Federico, con ser más gracioso, es mucho más amigo del insulto y la descalificación que Iñaki y Francino luego. Estos el respeto te lo faltan más sibilinamente, con talante. Una burla al bigote de Aznar por aquí, unos obispos por allá. Federico te lo suelta sin tapujos, como la barbaridad que dijo esta semana sobre la embarazada Ministra de Defensa, de que “no hay que confundir la bomba con el bombo”.

Por eso esta mañana casi me he mareado de la incredulidad cuando he escuchado a Carlos Herrera hablar del gobierno bien y mal, alternativamente, según fuera justo. Llevo unos días desayunándome con Herrera en la Onda (Onda Cero), a instancias de la recomendación de varias personas a quienes considero muy ecuánimes. Y me he encontrado con que este hombre no insulta a nadie (salvo a la ETA) y que da caña al gobierno por sus cagadas en un tema para acto seguido aplaudirlo por sus aciertos en otro. En la España actual, que queréis que os diga, un mirlo blanco (con bigote negro).

miércoles, 12 de marzo de 2008

Pecadores de la Pradera


-Pero, venerables hermanos –intervino entonces Abbone-, no estamos aquí para discutir si los franciscanos son pobres, sino si lo fue o no Nuestro Señor…
(Umberto Eco, El nombre de la rosa, 1980)

-Ha dicho el Santo Padre que el aborto es de asesinos, es curioso que lo diga alguien que no tiene hijos…
(Antonio Martínez Ares, Los Miserables, 1992)

-¿Padre, no estudiar es pecado?
(Alumno de 7º de EGB, 1991)


“Ha dicho el Santo Padre que ser rico es un pecado, es curioso que lo diga alguien que está tan forrado…”. Tal vez así podríamos parafrasear la última del Vaticano, homenajeando a una gran comparsa del Carnaval de Cádiz. La última del Vaticano, la última del Papa… ¿o es la última de los medios de comunicación?

Ayer nos desayunábamos con la noticia (yo en Cadena Dial, luego lo leí en El País) de que, según la Iglesia de Roma, “los mandamientos dejaban de ser diez”. Y la noticia de El País, el periódico más prestigioso de España, comenzaba así: “Si Moisés bajara hoy del Monte Sinaí, no tendría suficiente con dos tablillas para plasmar los mandamientos divinos. Necesitaría al menos una más para incluir los nuevos pecados señalados por el Vaticano”. También decía que la lista de pecados mortales, que son siete, debía ser ampliada. Esto lo firmaba una tal Laura Lucchini, que seguro que suspendía la Religión (como la chica de la canción de Hombres G). Ya puestos, ¿por qué no haber escrito… Si Charlton Heston bajara hoy del Monte Sinaí…?

Confundir los 10 Mandamientos con los 7 Pecados Capitales o los pecados en general puede parecer pecata minuta (valga el chiste), pero para entender el calado del disparate sepamos cuál era exacta y objetivamente la noticia. Un alto cargo de la jerarquía vaticana, el obispo Gianfranco Girotti, dijo en L’Osservatore Romano que hay “nuevas formas del pecado social”, las más llamativas “consumir drogas, acumular excesiva riqueza, dañar el medioambiente y hacer experimentos genéticos dudosos”. Hubiera sido demasiado fácil (y nada morboso) haber dicho “La Iglesia pone al día la lista de los pecados” o “La Iglesia señala varios pecados propios de los nuevos tiempos” pero, claro, eso no vende tanto como titular “Los mandamientos pasan de diez”. (¡Apocalipsis!).

En el colegio, cuando queríamos perder tiempo en clase de Religión siempre quedaba el recurso de preguntar lo que era o no era pecado. Había dos temas estrella: los estudios y otro muy propio de niños de trece o catorce años que por obvio no voy a citar. En realidad todos sabíamos perfectamente lo que se consideraba pecado, ya estaba en cada uno pecar o no pero sin engañarse. A mí me decían los curas “pecado es hacer algo malo, a sabiendas y disfrutando”, luego debe haber un criterio que todas las personas inteligentes tienen. ¿Contaminar es pecado? No hace falta que me lo diga un cura. Si hace mal a la mayoría de la gente, pues está claro que sí. ¿Drogarse es pecado? ¿Ahora va a tener que venir un obispo a revelarlo? ¿Es que lo redactores del grupo PRISA lo desconocían? Y más importante aún… ¿van a dejar de hacerlo ahora que ya lo saben?

Creo que esto proviene de un concepto infantil y absurdo del pecado, como un superego o una moral superior que todo el mundo tiene muy presente aunque diga vivir al margen de ella. ¡Uy, que papá nos castiga! ¿No pasa usted de religión? ¡Pues haga lo que le dé la gana, y construya su escala de valores sin preocuparse de la moral católica, que no le incumbe! Lo curioso (en mi opinión) no es que el Santo Padre diga que el aborto es pecado, o drogarse, o saltarse a la torera la bioética, sino que no lo dijera, coño, ese es su trabajo.

Algo que sí me resulta fascinante es lo de “acumular riquezas”, que eso sea pecado. Entiendo que la Iglesia -cuya doctrina no es inventada en una noche, se supone que emana de las enseñanzas de Cristo- se estará refiriendo a la avaricia (no precisamente un pecado nuevo), a la acumulación injusta de riquezas cuya consecuencia es el sufrimiento de los demás. Por que si no, sinceramente creo que al Vaticano se le ha ido la perola. Yo (que soy católico) me suelo reír de la gente que ingenuamente dice “los curas deberían repartir todo el dinero que tienen” o “¿para qué tanto oro en las iglesias?”, pero me pongo en el contexto histórico y veo cómo la Iglesia, salvo en contadísimas ocasiones, no le ha dado precisamente la espalda a los ricos.

Con todo, lo que más me ha llamado la atención de esta noticia es que los que pasan de la religión y del catolicismo se escandalicen tanto por estas manifestaciones. ¿Por qué son siempre los ateos o los que se declaran “no católicos” los que más pendientes viven de lo que dice el Vaticano?
 
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