Vivencias polimórficas de un treintañero perplejo.

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lunes, 1 de diciembre de 2008

De profesión, sus reuniones


El buen Aznar (cómico residente de los grupos Prisa y Mediapro) nos dejó verdaderamente una píldora de humor. Fue cuando, interrogado acerca de no sé qué milonga, el ex presidente respondió: “Estamos… trabajando… en… ellooou”. La prensa se cebó diciendo que había contestado con “acento tejano” (que me lo expliquen), lo que ocurrió es que contestó con acento ridículo.

Pero a su desafortunada manera, Aznar sí que nos dejó una perla de sabiduría: cuando no hay nada hecho, cuando ni siquiera sabemos de qué nos están hablando, he aquí otra fórmula mágica: “Estamos trabajando en ello”. Es el equivalente profesional al recurso adolescente de “Estoy en ello” (traducción: “El examen, ni me lo he empezado a mirar”). “Estar trabajando en algo” es un recurso maravilloso para no hacer nada y continuar no haciéndolo, y en ninguna parte florecen estos recursos de una manera más bonita que en las REUNIONES DE TRABAJO.


¡Qué bonitas son las reuniones de trabajo! Ya se habló en Estatuas Verdes sobre el trabajo en grupo, y quedó constancia de que hay muchos lectores que son fans de este método de trabajo. Dios os lo conserve muchos años, y bendiga vuestras reuniones. Yo, mientras tanto, estaré en mi mesa trabajando de verdad. Mi trabajo, por naturaleza, tiene una vertiente solitaria pero otra igual de importante de cooperación. Luego encima legislación, regulaciones internas, instrucciones “de arriba”, informes… van empantanando todo hasta el punto de convertir la labor en cosa imposible, de puro enmerdado.

Y entre todas estas zarandajas destacan por méritos propios las reuniones de trabajo. Recuerdo haber visto una vez en el despacho de un compañero un cartel jocoso en el que se veía a unos trajeados alrededor de una mesa bajo el eslogan: “REÚNASE: LA MEJOR MANERA DE NO TRABAJAR (SIN SENTIRSE CULPABLE)”. ¡Madre, las reuniones de trabajo! Qué importantes. La de cosas que se solucionan, la de ideeas geniaales que fluyen.


¿Os habéis fijado que en todas las reuniones siempre hay dos personajes fijos? Alguien que acude “a cuerpo gentil”, sin boli, sin papeles, sin agenda… era el típico o la típica que durante la carrera iba a clase y no tomaba apuntes. El otro tipo es la persona que se pasa la reunión íntegra escribiendo, no sabemos qué. Pudiera parecer que lo que hace es tomar notas de la reunión, levantando acta o similar. Pero no. En cuanto el que tiene la palabra bebe agua observamos al “escribano” y comprobamos que sigue escribiendo a tope, sin darse respiro. Y luego están esas sonrisillas… claramente esta persona sigue el dictado de su espíritu, no el de los compis oradores.

Las dinámicas de grupo juegan un papel muy importante en estas reuniones de trabajo. Mis reuniones favoritas son aquellas que han de culminar en una votación. Cuán fácil resulta manipular a la peña e influir en su opinión para obtener el resultado deseable (y si no sale, se dice “Creo que la propuesta no se ha entendido, repitamos la votación”). Y luego revestirlo todo de legalidad democrática, hasta ahí podríamos llegar. Otro “clásico” de las reuniones son las propuestas de los compañeros. ¡La de Dios! Sí, sí, Fulánez, vaya usted haciendo su propuestita que ya si eso mientras tanto voy yo echando aquí una cabezada. Otro regalo, los “informes de arriba”. Que levante la mano el que no haya bostezado nunca durante la lectura en voz alta de uno de estos informes.


Hace dos semanas mi carrera de chupatintas alcanzó una cota jamás por mí soñada. Había tenido otras veces que asistir a tres reuniones seguidas, de 4 a 8 de la tarde. Había tenido una vez que asistir a una sola reunión de cuatro horas y media de duración. Pero en mi corazoncito, igual que la Virgen María guardaba y meditaba las cositas que los pastorcillos le traían al Niño Jesús, hubo una tarde de reuniones que siempre quedará grabada. Hace dos semanas –oh, prodigio- tuve la fortuna de asistir a dos reuniones seguidas formando parte de una -¿lo diré?-, de una… de una… S.U.B.C.O.M.I.S.I.Ó.N. Subcomisión, según Chris Peterson, “son esas reuniones donde se comen unos bocadillos enormes” (chiste debido a que en USA la palabra “sub” quiere decir bocadillo de más de 30 cm).

Mi subcomisión no trató de comida entre dos panes sino de cosas mucho más maravillosas. Esta tarde he tenido el inmenso placer de asistir activamente a otra maravillosa y utilísima reunión de casi dos horas de duración. Y hemos debatido sobre cosas importantísimas, y había un andoba sin lápiz ni papeles, y había otro con una sonrisilla escribiendo compulsivamente. Dicen que este último se parecía a mí, y dicen que estaba abstraído, garrapateando un post para su blog.




miércoles, 12 de marzo de 2008

Pecadores de la Pradera


-Pero, venerables hermanos –intervino entonces Abbone-, no estamos aquí para discutir si los franciscanos son pobres, sino si lo fue o no Nuestro Señor…
(Umberto Eco, El nombre de la rosa, 1980)

-Ha dicho el Santo Padre que el aborto es de asesinos, es curioso que lo diga alguien que no tiene hijos…
(Antonio Martínez Ares, Los Miserables, 1992)

-¿Padre, no estudiar es pecado?
(Alumno de 7º de EGB, 1991)


“Ha dicho el Santo Padre que ser rico es un pecado, es curioso que lo diga alguien que está tan forrado…”. Tal vez así podríamos parafrasear la última del Vaticano, homenajeando a una gran comparsa del Carnaval de Cádiz. La última del Vaticano, la última del Papa… ¿o es la última de los medios de comunicación?

Ayer nos desayunábamos con la noticia (yo en Cadena Dial, luego lo leí en El País) de que, según la Iglesia de Roma, “los mandamientos dejaban de ser diez”. Y la noticia de El País, el periódico más prestigioso de España, comenzaba así: “Si Moisés bajara hoy del Monte Sinaí, no tendría suficiente con dos tablillas para plasmar los mandamientos divinos. Necesitaría al menos una más para incluir los nuevos pecados señalados por el Vaticano”. También decía que la lista de pecados mortales, que son siete, debía ser ampliada. Esto lo firmaba una tal Laura Lucchini, que seguro que suspendía la Religión (como la chica de la canción de Hombres G). Ya puestos, ¿por qué no haber escrito… Si Charlton Heston bajara hoy del Monte Sinaí…?

Confundir los 10 Mandamientos con los 7 Pecados Capitales o los pecados en general puede parecer pecata minuta (valga el chiste), pero para entender el calado del disparate sepamos cuál era exacta y objetivamente la noticia. Un alto cargo de la jerarquía vaticana, el obispo Gianfranco Girotti, dijo en L’Osservatore Romano que hay “nuevas formas del pecado social”, las más llamativas “consumir drogas, acumular excesiva riqueza, dañar el medioambiente y hacer experimentos genéticos dudosos”. Hubiera sido demasiado fácil (y nada morboso) haber dicho “La Iglesia pone al día la lista de los pecados” o “La Iglesia señala varios pecados propios de los nuevos tiempos” pero, claro, eso no vende tanto como titular “Los mandamientos pasan de diez”. (¡Apocalipsis!).

En el colegio, cuando queríamos perder tiempo en clase de Religión siempre quedaba el recurso de preguntar lo que era o no era pecado. Había dos temas estrella: los estudios y otro muy propio de niños de trece o catorce años que por obvio no voy a citar. En realidad todos sabíamos perfectamente lo que se consideraba pecado, ya estaba en cada uno pecar o no pero sin engañarse. A mí me decían los curas “pecado es hacer algo malo, a sabiendas y disfrutando”, luego debe haber un criterio que todas las personas inteligentes tienen. ¿Contaminar es pecado? No hace falta que me lo diga un cura. Si hace mal a la mayoría de la gente, pues está claro que sí. ¿Drogarse es pecado? ¿Ahora va a tener que venir un obispo a revelarlo? ¿Es que lo redactores del grupo PRISA lo desconocían? Y más importante aún… ¿van a dejar de hacerlo ahora que ya lo saben?

Creo que esto proviene de un concepto infantil y absurdo del pecado, como un superego o una moral superior que todo el mundo tiene muy presente aunque diga vivir al margen de ella. ¡Uy, que papá nos castiga! ¿No pasa usted de religión? ¡Pues haga lo que le dé la gana, y construya su escala de valores sin preocuparse de la moral católica, que no le incumbe! Lo curioso (en mi opinión) no es que el Santo Padre diga que el aborto es pecado, o drogarse, o saltarse a la torera la bioética, sino que no lo dijera, coño, ese es su trabajo.

Algo que sí me resulta fascinante es lo de “acumular riquezas”, que eso sea pecado. Entiendo que la Iglesia -cuya doctrina no es inventada en una noche, se supone que emana de las enseñanzas de Cristo- se estará refiriendo a la avaricia (no precisamente un pecado nuevo), a la acumulación injusta de riquezas cuya consecuencia es el sufrimiento de los demás. Por que si no, sinceramente creo que al Vaticano se le ha ido la perola. Yo (que soy católico) me suelo reír de la gente que ingenuamente dice “los curas deberían repartir todo el dinero que tienen” o “¿para qué tanto oro en las iglesias?”, pero me pongo en el contexto histórico y veo cómo la Iglesia, salvo en contadísimas ocasiones, no le ha dado precisamente la espalda a los ricos.

Con todo, lo que más me ha llamado la atención de esta noticia es que los que pasan de la religión y del catolicismo se escandalicen tanto por estas manifestaciones. ¿Por qué son siempre los ateos o los que se declaran “no católicos” los que más pendientes viven de lo que dice el Vaticano?
 
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