Vivencias polimórficas de un treintañero perplejo.

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martes, 1 de septiembre de 2009

Arkham Asylum

(Una vez tenía escrito esto me entero de que acaban de sacar un videojuego –al parecer, espectacular- con el mismo título y tema que la novela gráfica de la que hablo aquí. Que quede claro que ambos productos tienen poco o nada que ver, sobre todo en lo que a gráficos se refiere).





Amigos, el mundo del cómic anda alborotado, ahora que se ha sabido que la Disney va a comprar a la Marvel. Me dice Fran G. Matute que ahora Kevin Smith ya no podrá hablar de la churra de piedra de La Mole sin pagar derechos a Disney, y yo he pensado que tal vez la saga superheroica House of M haga un crossover con el exitoso programa de Mickey House of Mouse. Los cómics, ¿eh? Sin duda alguna, el Noveno Arte… pero ¿cuál fue el octavo, que me lo perdí?

Leyendo el blog del podcast
La Buhardilla 2.0, hace un mes y pico conocí una novela gráfica que recomendaba el buen Abraham, gran conocedor de cómics. Se trata de Arkham Asylum (1989), escrito por Grant Morrison y pintado por Dave McKean. Investigo y me entero de que este tebeo es un clásico absoluto, hasta 2004 seguía siendo la novela gráfica más vendida de todos los tiempos (ahora tal vez Watchmen la haya superado?), y a la vez que esencial para los fans de Batman también resulta una anomalía dentro de la saga del caballero oscuro de Gotham.


La premisa es la siguiente: el día 1 de abril (el de los Inocentes en USA), los internos del manicomio Arkham (donde están encerrados todos los villanos que Batman ha derrotado) hacen un motín y toman rehenes exigiendo una condición: que Batman entre en el manicomio con ellos. El Joker está detrás de toda esta trama, pero también aparecen otros villanos como Dos Caras, el Sombrerero Loco, el Espantapájaros, Máscara Negra, Maxie Zeus, Killer Croc, Cara de Barro… dejad de gritarme, sé que esta nómina de supermalvados puede tal vez mover a la risa más que al miedico, pero entendedme, en inglés os aseguro que todos esos nombres suenan mejor (y sobre todo, menos ridículos!)

Leo Arkham Asylum: A Serious House On Serious Earth con una devoción casi religiosa, espero encontrar en sus páginas el secreto de la pólvora y sí, la historia es francamente atractiva pero amigos: visualmente se entiende menos que un zorro parlante en una película de Lars Von Trier. ¿Dónde está el problema (claramente mi problema, puesto que el resto de la humanidad ha decretado que esta novela gráfica es lo mejor desde el chicle)? No estoy tan acostumbrado al medio del cómic como a otros medios narrativos o artísticos, pero es que este es raro incluso desde el prisma de las reglas del cómic: rompe moldes.


Los dibujos, el arte gráfico de Dave McKean rompen con toda la imaginería anterior de Batman y del tebeo en general: son más como cuadros, a veces un poco abstractillos, y también se echa mano por ahí de técnicas híbridas como el fotomontaje o el collage. Conclusión: escenas muy bonitas (o muy impactantes) pero que en poco o nada ayudan a contar la historia. Mi progresión al leer (o mirar) Arkham Asylum fue del entusiasmo a la perplejidad, a la duda, a la incredulidad, a la irritación. El tebeo acaba, creo entender que entiendo lo que ha ocurrido y me digo “¿Y ya está?” ¿Esta es la novela gráfica que cambió el mundo?

Al leer Watchmen me quedó tal sensación de plenitud y perfección que le perdonaba todas las chorradas (la pseudofilosofía, etc). Pero Arkham Asylum, con tratar una materia potentísima, me parece que la despilfarra queriendo abarcar más de la cuenta. Un ejemplo: porque en una viñeta se nombre a Carl Jung no se puede pretender que el tebeíto contenga referencias jungianas o que alcance un alto grado de profundidad psicológica. Afortunadamente, la edición que compré de Arkham Asylum es una reedición conmemorativa de 2004 que incluye –entre otras cosas- el guión completo original. O sea, lo que el escritor (Grant Morrison) le entregó al artista (Dave McKean) para que lo plasmara.


Y Morrison es bastante detallista y específico a la hora de describir sus viñetas. Cuando quiere dejar libertad a McKean dice expresamente “esto píntalo como tú quieras”. ¿Y qué hizo el geniaaal artista gráfico? Pues pintó lo que le dio la real gana. Ejemplo, donde en el guión pone “Vemos el rostro atribulado del Comisario Gordon, un reloj de pared que marca las diez menos cuarto y a Batman acurrucado sobre una mesa con gesto ambiguo de preocupación”, en realidad vemos una semiviñeta gigante que ocupa media página en la que predomina un manchurrón negrucio que, tras cinco minutos de escrutinio, resulta ser el sobaco izquierdo del Hombre Murciélago. Oiga, ¿y el reloj? ¿Y la expresión de Batman, que tanto ayudaría a explicar la historia, y el Comisario Jim Gordon? ¿Y lo bonica que ha quedado la página, señora?

Llamadme cateto o desconocedor del lenguaje del cómic, pero sólo mediante la lectura del guión pormenorizado he podido (gracias a las pedantes y ambiciosas acotaciones de Morrison, todo hay que decirlo) entender realmente de qué va la historia de Arkham Asylum, que Dave McKean pintó de manera sin duda atractiva pero poco o nada clara. Y es un fastidio, porque como ya he dicho, la historia realmente merece la pena, está cargada de simbolismo mitológico/psicológico más o menos relevante y supone un verdadero desafío al concepto clásico del personaje de Batman. Moraleja: en lo sucesivo seguiré buscando clásicos del héroe de Gotham pero me cuidaré muy mucho de tocar una página garrapateada por el bueno de Dave McKean!

viernes, 16 de mayo de 2008

"No pegues a los animales..."


Aquí me tenéis, “como un San Francisco entre jarales”, que diría San Manolo García, hablando de bichillos. El que sea muy ecologista o animalista o zoófilo –lo advierto ya- que deje de leer el post porque no le va a gustar. No pretendo aquí sentar cátedra ni convencer a nadie, simplemente reflexionar un poco: ¿por qué me la sudan los animales?

Estos días vivimos una ofensiva medioambientalista sin precedentes. A lo mejor es verdad que el planeta está en peligro y que deben de sonar las alarmas, y que todo esfuerzo es poco para concienciarnos. Pero es que no pasa día en que no tengamos noticias de algo relacionado con biocombustibles, efecto invernadero, trasvases de agua, cambio climático, etc, y, dígamoslo ya: empiezo a estar bastante aburrido del tema. A lo mejor por saturación se está produciendo en mí el efecto contrario, en lugar de concienciarme me estoy insensibilizando.

Yo estoy en contra del maltrato a los animales “porque sí”, pero más lo estoy del de las personas. Y hay cosas con las que la gente se indigna que a mí me parecen igual. ¿Nosécuántos mil euros de multa por abandonar a un perro? ¿Se nos ha ido la cabeza? Está claro que el problema lo tengo yo, porque voy contracorriente. Ya lo decían Samuel, Chorrica y otros personajes embrionarios de La Hora Chanante: “No pegues a los animales, no pegues a los perricos. No pegues a los animales, ellos son tus amigos”. Riquísimo.

Por razones que ahora no vienen al caso me veo obligado a ver por las mañanas episodios antiguos de David el Gnomo (pero no de los de nuestra época, sino de esa especie de remake absurdo y colorista que se realizó hace poco). Menos mal que los puedo ver en inglés –al menos saco algo- porque si no me suicidaría. Estos episodios, formulaicos hasta decir basta, constituyen un inexorable panfleto ecologista en el que cada día se nos alerta sobre las bondades de alguna especie en peligro. Hoy eran los bichos del Parque de Yellowstone, ayer los tigres de Bengala y lo mismo otro día le toca el turno al somormujo calvo o al pez leche.

Todos los episodios son iguales. El sapientísimo David (no hay más que ver cómo viste, de John Galliano para Dior) se entera de que tal o cual especie se halla amenazada en tal o cual rincón del mundo y allá que con su silbato en forma de amanita faloide llama a sus colegas los gansos voladores low cost y se planta donde sea en un pis-pás. Una vez in situ, David y su estomagante cuadrilla de gnomos desfacen el entuerto de turno (no sin antes sermonear al espectador) y logran su objetivo de salvar a los animales y de hacer reflexionar al ser humano malvado y culpable de sus males, en lo que constituye una anagnórisis más falsa que un euro de queso Cheddar.

Y así todos los días, me veo rodeado de movidas eco-zoológicas por todas partes. Hasta los de Iberdrola, que se han hecho millonarios comerciando con energía ahora resulta que son los más benefactores del medioambiente. “Lo hemos hecho bien”, es el lema de los colegas. Enriqueceros, desde luego, hijos de puta: eso lo habéis clavado. Y podría seguir dando ejemplos: esta misma mañana he propiciado sin querer en el trabajo un debate sobre el vegetarianismo, y no ha faltado quien diga que no hay que hacer daño a los animales comiendo su carne, etc, etc. Tampoco ha faltado quien ha dicho directamente que los vegetarianos son idiotas (no he sido yo), y eso tampoco me parece plan.

La última ha sido a cuenta de unas entradas gratuitas para los toros que al final no voy a poder conseguir, y se ha desatado de nuevo a mi alrededor el sempiterno debate “toros sí-toros no”, en torno a la conservación como especie del toro de lidia, el sufrimiento del animal (que sufre, y mucho), el arte del toreo, las tradiciones… A mí que me dejen comerme tranquilo mi filete y ver mi corridota de toros (siempre que sea de balde) y que se vayan a salvar al lince ibérico los de Iberdrola. En realidad los animales me encantan… ¿dónde estaría -por poner un ejemplo- la factoría Disney sin ellos?
 
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