Vivencias polimórficas de un treintañero perplejo.

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martes, 3 de febrero de 2009

Privilegiados de las 7 de la mañana

Remirando en un antiguo pendrive, me encuentro con este texto que escribí el día 6 de noviembre, creo. Es un post perdido de Estatuas Verdes, que, releído hoy, me parece que tiene aún más vigencia que hace 3 meses.



Anteayer lo estaba hablando con un amigo, persona de bien que tiene un trabajo fijo como yo. Aunque suene a tópico y a cosa que nos decían nuestras madres y abuelas, en realidad somos unos privilegiados. Yo, desde luego, lo soy, y la mayoría de mis amigos también. No me importa decirlo, de hecho creo que es un sano ejercicio de realidad. Me explicaré.

No se trata de una frase aprendida en la infancia para la semana del Domund, servidor cada día nuevo que amanece da las gracias por poder tener salud y disfrutar -disfrutar, coño, sí- de un trabajo semiagradable y que me permite la tranquilidad de poder pagar las facturas todos los meses, estas y las que vengan. En los tiempos que corren, esto ya no es moco de pavo. Independientemente de quién sea el culpable de la actual crisis financiera (Zapatero, Aznar, George Bush, el capitalismo, los bancos, Keynes...) lo cierto es que el paro está subiendo en España y en todos lados, las hipotecas también y el precio de las cosas no está bajando precisamente.


Me da igual lo que diga el IPC (que si nosecuántos mil productos de la cesta de la compra han bajado trillones de euros), yo no veo que en realidad nunca baje nada. Si acaso, la gasola, que baja diez céntimos hoy para mañana subir otros veinte. Todo sube, y al final va a resultar que en lugar del IPC (Índice de Precios al Consumo) lo que va a haber que calcular es el IPCPC (IPC Por Culero), como decía mi padre, que fue profesor de Economía. Pero a mí plín, porque aunque no duermo en Pikolín tengo un trabajo y un sueldo fijos (sí, sueldo fijo: significa que tampoco va aumentar con el paso de los años).

Como no entiendo un pimiento de Economía, los datos de la Bolsa, el Euríbor, el “precio del dinero” , etc... me dejan frío: no sé lo que significan. Las únicas cifras que de verdad me afectan y me impresionan son las del desempleo. Cuando veo a gente parada o me encuentro con amigos en más o menos apuros por la crisis o a punto de dejar sus trabajos. Hablando con mi amigo este que os digo, le repetía “Si es que somos unos privilegiados”, y él me respondía “Sí, joder, yo seré un privilegiado, pero todos los días me tengo que levantar a las siete de la mañana”. Me hizo gracia el comentario, valga por lo ingenioso pero es que además esconde varias verdades.


Yo sé que sus padres y los míos se han pasado toda la vida currando, ser privilegiado ahora no es ser noble, ni tener privilegios propios del Antiguo Régimen. El privilegio ahora es poder trabajar. Este mismo amigo era el que me decía hace 4 años, cuando él estaba trabajando y yo no, que “el trabajo dignifica una barbaridad”. Suena a tópico, pero es la puritita verdad. Y ya de la salud ni hablamos.

Ayer, mientras esperaba mi turno en la consulta del médico muy quejoso por mis dolores en el brazo [me caí por las escaleras el 4 de noviembre de 2008], escuché hablar a una señora que en voz alta narraba la historia de su vida: 64 años, viuda hace 17, operada de un cáncer de mama, minusválida en un tanto por cierto debido a un accidente que le dejó inútil la mano derecha, siendo ella diestra. Enseguida me sentí ridículo por quejarme tanto y pensar que tengo muy mala suerte. En verdad anteayer mismo pude haberme roto la cabeza, pero estoy aquí escribiendo (lo confieso, desde mi puesto de trabajo). Decidme si eso -ambas cosas- no puede considerarse un privilegio.

martes, 4 de marzo de 2008

Los dos caras de la política

Por petición popular, Estatuas Verdes entra a realizar un riguroso análisis del debate de ayer lunes.


Cara (dura) A: El señor José Luis Rodríguez Zapatero, candidato del PSOE, se limitó a reproducir su discurso vacuo y triunfalista al que nos tiene acostumbrados en estos últimos cuatro años de desastrosa legislatura. Las líneas maestras de su argumentación, siempre a lomos del falaz caballo del buenrrollismo, consistieron en una reiteración de los supuestos logros sociales consolidados durante su mandato (Ley de Igualdad, Ley de Dependencia) y sus supuestas conquistas políticas en pro de la paz perpetua (léase Alianza de Civilizaciones, retirada de las tropas de Irak y negociación con la banda terrorista ETA).

Carente de ideas o propuestas novedosas en economía (su receta mágica contra la crisis imperante –desaceleración, como él la llama- consistió en crear un observatorio de los precios, que ya existe) se limitó a reproducir su simplista visión de la inmigración y a prodigar promesas de difícil cumplimiento en lo presupuestario, como la creación de nuevas plazas de guardería, subvenciones de toda laya y jaez, viviendas para jóvenes o una igualdad salarial entre sexos que curiosamente no ha parecido preocuparle en cuatro años en la presidencia del gobierno.

Incapaz de rebatir con argumentos los ataques del señor Rajoy, Zapatero no paró de reprochar al candidato popular las supuestas mentiras del 11-M, la sempiterna Guerra de Irak y otros asuntos de la era Aznar. Por su parte, el candidato por el PP Mariano Rajoy defendió con denuedo su visión de España, presentando las propuestas de futuro que su partido aporta a la campaña. Rajoy recordó a Zapatero cómo el PSOE ha dilapidado la boyante herencia económica de la legislatura Aznar, el alza de precios, el descontrol de la inmigración ilegal y el desmantelamiento de la educación pública. Rajoy se mantuvo firme y denunció el uso indigno que de las víctimas del terrorismo ha hecho el actual gobierno y cómo Zapatero y su ejecutivo mintieron en relación a su negociación política con la ETA. La incapacidad de ZP para responder convincentemente acerca de este y todos los temas convirtió a Rajoy en el claro ganador del debate.


Cara (dura) B: Una vez más, el candidato del PP Mariano Rajoy demostró que representa a la más radical y rancia extrema derecha en que su partido habita desde que abandonara su pretendida posición de centro. El “cara a cara” nos devolvió al Rajoy más bronco, más violento, incapaz por completo de realizar propuestas constructivas. Basó en el reproche continuo y la interrupción su estrategia de desgaste, frente a un Zapatero que ofreció su proyecto de gobierno para los próximos cuatro años. Rajoy subrayó la alergia del PP al diálogo y el entendimiento cuando reprochó con mentiras al candidato socialista su supuesta negociación con ETA, tergiversando los hechos a su estricta conveniencia.

Otro mantra que presidió las intervenciones del candidato de la derecha fue el relativo a la inmigración, a la que de modo simplista culpó de los males de este país en lo económico y lo social, esgrimiendo su famoso “contrato para inmigrantes” (deudor de la ultraderecha populista) y obviando las cinco regularizaciones extraordinarias que tuvieron lugar bajo el mandato de Aznar. También guardó silencio, cuando no mintió frontalmente, respecto al apoyo de su partido a la ilegal Guerra en Irak y a las mentiras del entonces gobierno sobre el 11-M (siempre espoleadas por una teoría conspirativa financiada por los obispos y cierta prensa).

A la dureza y los reproches de Rajoy, el candidato Zapatero contrapuso sus propuestas de gobierno para el futuro, recogidas en un novedoso “libro blanco” que ZP puso a disposición de la moderadora y de su oponente, quien en todo momento se mofó de la iniciativa. Además de medidas que palien la actual fase de desaceleración económica (enmarcada en un contexto mundial), Zapatero expuso sus promesas en materia social: mejora de la conciliación familia-trabajo, igualdad real entre géneros, diálogo entre inmigrantes, patronal y sindicatos o acceso de los jóvenes a la vivienda. El actual presidente, que en ningún momento se crispó ni perdió los papeles frente a un vocinglero y demagogo Mariano Rajoy, fue el claro vencedor de este debate por una pura cuestión de integridad y voluntad de cohesión de la ciudadanía.

(Táchese lo que no proceda)
 
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