Vivencias polimórficas de un treintañero perplejo.

Mostrando entradas con la etiqueta Tim Burton. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Tim Burton. Mostrar todas las entradas

viernes, 22 de agosto de 2008

Noche oscura del alma


“Jesús era negro, no, no, no, Jesús era Batman. No: ese era Bruce Wayne”.
-Black Grape


Cuando yo era chico, la admiración por Batman estaba bastante extendida. Una de las razones era su imperfección, su debilidad, en dos palabras: su humanidad. Entonces decíamos: “Batman mola porque no puede volar”.

Lamento comunicar que ahora Batman sí puede volar, vaya por delante la única crítica que se le puede hacer a la última peli de su nueva saga. Bueno, hay otra: su metraje. La cinta dura más de dos horas y media, y aunque no aburre en ningún momento, sí quería dejar constancia de este “defecto”, por aquello de ser imparcial. Porque todo lo demás que voy a decir sobre esta peli, amigos, va a ser positivo.

¿Peliculón? ¿“Obra maestra” –como se ha leído en cierta prensa? Yo qué sé, amigos. Lo único que sé es esto. Que va uno a ver la última de Batman, El caballero oscuro (2008), y a los treinta segundos ya está con el culo al borde del asiento. Y que esta sensación de pasmo (buena) no lo abandona a uno hasta que acaba la peli, con uno de los mejores finales de película de superhéroes que se hayan visto.


Madre mía, qué acción, que escenazas, qué peleas. En este caso, el encargado de liarla parda es el Joker, un personaje interpretado por el difunto Heath Ledger (y, bueno, sí, ya todo sabemos su historia, ¿no?). Confieso que yo soy mucho de Batman (1989) de Tim Burton, principalmente debido al papelón que hacía Jack Nicholson como malvado bufón de la baraja. Por eso esta peli con esta nueva encarnación del Joker me daba un poquito de aprensión, pero ya antes de ir a verla decidí que no las iba a comparar. Y es lo mejor, porque al final ambos Jokers no tienen nada que ver, el otro era un histrión, este un psicópata. Igual que en la primitiva el comisario Jim Gordon era Pat Hingle con papada y aquí es un enorme Gary Oldman con gafas de pasta.

Para el nuevo Joker solo tengo elogios, ya que es en sí, una creación. Nada se dice aquí de Jack Napier y de cómo pasa a convertirse en Joker, poco queda de su teatralidad, aunque su humor negro está muy bien captado. Es como si al personaje lo hubieran esquematizado, conservando su esencia (algo así como lo que pasaba con el Espantapájaros en Batman Begins, 2005). Hablando de Batman Begins, creo que esta entrega es in-fi-ni-ta-men-te superior, más espectacular, más interesante, y gracias a Dios nadie hace kung-fú.

Esto último no sé si será del agrado de la muchachada freak (de momento en mi sala de cine ya había unos diciendo “demasiada tecnología y demasiado pocas artes marciales”) pero sí del de un servidor. La verdad es que casi se agradece la ausencia de la gestación del personaje del Joker, porque así da lugar a ver la de otro carácter gigante: el Fiscal del Distrito Harvey Dent/ Dos Caras (Aaron Eckhart). Y tecnología, sí, la hay a raudales: batmóvil, batmotillo, traje nuevo, unas movidas con los teléfonos móviles… sin ser 007, el nuevo Batman posee un arsenal digno de su álter ego millonario. Ya lo dijo Jack Nicholson a propósito del Batman que fue Michael Keaton, “¿De dónde sacará esa maravilla de juguetes?”


Otros secundarios que lo hacen bien son Maggie Gylleenhal, Michael Caine y Morgan Freeman, casi nadie, ¿no? Y Batman, ya es sabido, lo hace Christian Bale, el niñito de El Imperio del sol (1987). En la peli hay mucha tela que cortar, y ya he dicho que un reprochillo que podría hacérsele es su excesiva duración. En realidad, El caballero oscuro hubiera dado para dos pelis, una sobre el Joker y la otra sobre Dos Caras, aparte de las historias personales de la evolución del propio Batman/Bruce Wayne. Tal vez la codicia de los productores haya hecho que se decidieran por un solo episodio donde había dos, pero no nos preocupemos porque esta peli lleva recaudados muchísimos trillones y deja a huevo una tercera parte.

En fin ¿qué más decir? Que vayáis a verla corriendo todos, y que cuando la hayáis visto repitáis conmigo a coro “Batman mola porque es oscuro”. (Aunque vuele).

domingo, 24 de febrero de 2008

Doble ración de venganza

Entrantes. De pequeñito, leyendo el tebeo Tintín y los Pícaros, aprendí una famosa sentencia que me impresionó. Decía: “La venganza es un plato que se come frío”. También quisiera compartiros el siguiente chiste:
Un amigo ve acercarse a otro que viene sangrando y con la ropa destrozada, y le pregunta:
-Compadre, ¿qué te ha pasado?
-Nada, compadre, que me he metido en una refriega; me insultaron, yo contesté y entre cuatro me brearon a hostias.
-¿Y no te vengaste?
-Es que si no me vengo me matan.


Primer plato. Este fin de semana ha ido la cosa de venganza, primero la película de Tim Burton Sweeney Todd: El barbero diabólico de la calle Fleet (2007). Protagonizada por el camaleónico Johnny Depp (nominado al Oscar por este papel) y Helena Bonham-Carter (la esposa del director –“monesca”, según su avatar chanante), esta peli es la adaptación de un musical de Broadway. El peculiar universo visual de Burton viene aquí que ni pintado para reflejar el típico ambiente patibulario del Londres victoriano. Niebla, muelles sórdidos, policías corruptos, huerfanitos explotados, mendigos, desocupados, rufianes…

El tema central de la película (musical, no lo olvidemos) es la venganza. Esta es la fuerza motriz tras todas y cada una de las acciones del barbero Depp/Todd, la que pone en marcha la trama y la que precipita el trágico desenlace. Benjamin Barker, joven barbero felizmente casado y con una hijita, es injustamente condenado por un juez corrupto que busca beneficiarse a su esposa, y que no lo consigue pero se rapta a la hija de ambos. Retornado bajo falsa identidad, el barbero se dispone a rebanarle el gaznate a los culpables de su ruina y su condena, y de paso a todo aquel que decida ir a afeitarse a su establecimiento (¿Y nadie se daba cuenta, Dios mío?). Con la chicha de los cadáveres medra el negocio de una vecina que se dedica a fabricar y vender empanadas de carne, convirtiendo a todo el barrio en caníbales insospechados.

La venganza ciega a Sweeney Todd, o más bien le ilumina, le traza su camino. Es un hombre desprovisto de sentimientos que no sean el odio y el deseo de venganza, incapaz de vivir su presente ni su pasado. No quiero revelar el final, pero sí diré que sus mecánicas acciones no traen precisamente la felicidad a su entorno (ni siquiera la paz que se supone que la venganza proporciona).


Segundo plato. Se ha hablado mucho del concepto calderoniano del honor. Esto hace referencia a ese valor que hasta hace no tanto era supremo: el de la honra u honor entendidos no como fama sino como preservación del buen nombre en tanto que limpieza de mancha sexual. En este sentido, las depositarias del honor de la sociedad eran las mujeres, tanto del propio como del de sus padres, hermanos o esposos. Traducción: si tu hija o mujer tenía una relación sexual no permitida (o sea, cualquiera fuera del matrimonio; bastaba estar a solas en una habitación con un hombre para quedar manchada) tú quedabas deshonrado. Y claro, te tenías que vengar matando.

La tragedia de Calderón de la Barca El pintor de su deshonra (¿1648/50?) cuenta la historia de uno de estos “casos de honor”, que desembocan en muerte. El caso es tanto más trágico cuanto que aquí no hay deshonra real sino solo percibida. El adulterio no llega a consumarse, la supuesta guarra se resiste incluso. Pero basta que haya dudas para que el marido, ultrajado, deba derramar sangre. A diferencia de Sweeney Todd, el Don Juan Roca de Calderón es un vengador reticente: se resiste a matar por honor. Él no se siente insultado, pero sabe que si no se venga afrontará la deshonra de cara a la sociedad. Los plebeyos no tenían honor, vivían más felices, pero los nobles tenían una obligación impuesta por un código que Don Juan conoce y decide acatar (aun a su pesar). Como será el tema que los padres de todos a los que acaba matando, lejos de enfadarse, sienten que el noble marido ha hecho muy bien vengándose.

Dudando aún si cometer el asesinato que restablezca su honor, Don Juan se lamenta de que la sociedad le exija dar el paso: Mal haya el primero, amen/ que hizo ley tan rigurosa.

Postre. En el mundo de hoy, no exento de atrocidades y de crímenes supuestamente “pasionales” (casi siempre contra mujeres), ambas manifestaciones se me antojan igual de fantásticas y ajenas a la mentalidad actual. La peli de Tim Burton por ser una fábula gótica salpicada de salsa de tomate. Sus personajes son de cuento, como cuento que es. La obra de Calderón podría tal vez releerse a la luz de esta ola de violencia doméstica que nos azota, pero a mí no me conmueve como lo haría, digamos, una obra más realista. Por muy español y católico que sean el fondo de Calderón y el nuestro (aunque sea sin quererlo) no puedo evitar sentir que su mentalidad es de otra época, de otro planeta. Afortunadamente.
 
click here to download hit counter code
free hit counter