
“Jesús era negro, no, no, no, Jesús era Batman. No: ese era Bruce Wayne”.
-Black Grape
Cuando yo era chico, la admiración por Batman estaba bastante extendida. Una de las razones era su imperfección, su debilidad, en dos palabras: su humanidad. Entonces decíamos: “Batman mola porque no puede volar”.
Lamento comunicar que ahora Batman sí puede volar, vaya por delante la única crítica que se le puede hacer a la última peli de su nueva saga. Bueno, hay otra: su metraje. La cinta dura más de dos horas y media, y aunque no aburre en ningún momento, sí quería dejar constancia de este “defecto”, por aquello de ser imparcial. Porque todo lo demás que voy a decir sobre esta peli, amigos, va a ser positivo.
¿Peliculón? ¿“Obra maestra” –como se ha leído en cierta prensa? Yo qué sé, amigos. Lo único que sé es esto. Que va uno a ver la última de Batman, El caballero oscuro (2008), y a los treinta segundos ya está con el culo al borde del asiento. Y que esta sensación de pasmo (buena) no lo abandona a uno hasta que acaba la peli, con uno de los mejores finales de película de superhéroes que se hayan visto.

Madre mía, qué acción, que escenazas, qué peleas. En este caso, el encargado de liarla parda es el Joker, un personaje interpretado por el difunto Heath Ledger (y, bueno, sí, ya todo sabemos su historia, ¿no?). Confieso que yo soy mucho de Batman (1989) de Tim Burton, principalmente debido al papelón que hacía Jack Nicholson como malvado bufón de la baraja. Por eso esta peli con esta nueva encarnación del Joker me daba un poquito de aprensión, pero ya antes de ir a verla decidí que no las iba a comparar. Y es lo mejor, porque al final ambos Jokers no tienen nada que ver, el otro era un histrión, este un psicópata. Igual que en la primitiva el comisario Jim Gordon era Pat Hingle con papada y aquí es un enorme Gary Oldman con gafas de pasta.
Para el nuevo Joker solo tengo elogios, ya que es en sí, una creación. Nada se dice aquí de Jack Napier y de cómo pasa a convertirse en Joker, poco queda de su teatralidad, aunque su humor negro está muy bien captado. Es como si al personaje lo hubieran esquematizado, conservando su esencia (algo así como lo que pasaba con el Espantapájaros en Batman Begins, 2005). Hablando de Batman Begins, creo que esta entrega es in-fi-ni-ta-men-te superior, más espectacular, más interesante, y gracias a Dios nadie hace kung-fú.
Esto último no sé si será del agrado de la muchachada freak (de momento en mi sala de cine ya había unos diciendo “demasiada tecnología y demasiado pocas artes marciales”) pero sí del de un servidor. La verdad es que casi se agradece la ausencia de la gestación del personaje del Joker, porque así da lugar a ver la de otro carácter gigante: el Fiscal del Distrito Harvey Dent/ Dos Caras (Aaron Eckhart). Y tecnología, sí, la hay a raudales: batmóvil, batmotillo, traje nuevo, unas movidas con los teléfonos móviles… sin ser 007, el nuevo Batman posee un arsenal digno de su álter ego millonario. Ya lo dijo Jack Nicholson a propósito del Batman que fue Michael Keaton, “¿De dónde sacará esa maravilla de juguetes?”

Otros secundarios que lo hacen bien son Maggie Gylleenhal, Michael Caine y Morgan Freeman, casi nadie, ¿no? Y Batman, ya es sabido, lo hace Christian Bale, el niñito de El Imperio del sol (1987). En la peli hay mucha tela que cortar, y ya he dicho que un reprochillo que podría hacérsele es su excesiva duración. En realidad, El caballero oscuro hubiera dado para dos pelis, una sobre el Joker y la otra sobre Dos Caras, aparte de las historias personales de la evolución del propio Batman/Bruce Wayne. Tal vez la codicia de los productores haya hecho que se decidieran por un solo episodio donde había dos, pero no nos preocupemos porque esta peli lleva recaudados muchísimos trillones y deja a huevo una tercera parte.
En fin ¿qué más decir? Que vayáis a verla corriendo todos, y que cuando la hayáis visto repitáis conmigo a coro “Batman mola porque es oscuro”. (Aunque vuele).
Lamento comunicar que ahora Batman sí puede volar, vaya por delante la única crítica que se le puede hacer a la última peli de su nueva saga. Bueno, hay otra: su metraje. La cinta dura más de dos horas y media, y aunque no aburre en ningún momento, sí quería dejar constancia de este “defecto”, por aquello de ser imparcial. Porque todo lo demás que voy a decir sobre esta peli, amigos, va a ser positivo.
¿Peliculón? ¿“Obra maestra” –como se ha leído en cierta prensa? Yo qué sé, amigos. Lo único que sé es esto. Que va uno a ver la última de Batman, El caballero oscuro (2008), y a los treinta segundos ya está con el culo al borde del asiento. Y que esta sensación de pasmo (buena) no lo abandona a uno hasta que acaba la peli, con uno de los mejores finales de película de superhéroes que se hayan visto.

Madre mía, qué acción, que escenazas, qué peleas. En este caso, el encargado de liarla parda es el Joker, un personaje interpretado por el difunto Heath Ledger (y, bueno, sí, ya todo sabemos su historia, ¿no?). Confieso que yo soy mucho de Batman (1989) de Tim Burton, principalmente debido al papelón que hacía Jack Nicholson como malvado bufón de la baraja. Por eso esta peli con esta nueva encarnación del Joker me daba un poquito de aprensión, pero ya antes de ir a verla decidí que no las iba a comparar. Y es lo mejor, porque al final ambos Jokers no tienen nada que ver, el otro era un histrión, este un psicópata. Igual que en la primitiva el comisario Jim Gordon era Pat Hingle con papada y aquí es un enorme Gary Oldman con gafas de pasta.
Para el nuevo Joker solo tengo elogios, ya que es en sí, una creación. Nada se dice aquí de Jack Napier y de cómo pasa a convertirse en Joker, poco queda de su teatralidad, aunque su humor negro está muy bien captado. Es como si al personaje lo hubieran esquematizado, conservando su esencia (algo así como lo que pasaba con el Espantapájaros en Batman Begins, 2005). Hablando de Batman Begins, creo que esta entrega es in-fi-ni-ta-men-te superior, más espectacular, más interesante, y gracias a Dios nadie hace kung-fú.
Esto último no sé si será del agrado de la muchachada freak (de momento en mi sala de cine ya había unos diciendo “demasiada tecnología y demasiado pocas artes marciales”) pero sí del de un servidor. La verdad es que casi se agradece la ausencia de la gestación del personaje del Joker, porque así da lugar a ver la de otro carácter gigante: el Fiscal del Distrito Harvey Dent/ Dos Caras (Aaron Eckhart). Y tecnología, sí, la hay a raudales: batmóvil, batmotillo, traje nuevo, unas movidas con los teléfonos móviles… sin ser 007, el nuevo Batman posee un arsenal digno de su álter ego millonario. Ya lo dijo Jack Nicholson a propósito del Batman que fue Michael Keaton, “¿De dónde sacará esa maravilla de juguetes?”

Otros secundarios que lo hacen bien son Maggie Gylleenhal, Michael Caine y Morgan Freeman, casi nadie, ¿no? Y Batman, ya es sabido, lo hace Christian Bale, el niñito de El Imperio del sol (1987). En la peli hay mucha tela que cortar, y ya he dicho que un reprochillo que podría hacérsele es su excesiva duración. En realidad, El caballero oscuro hubiera dado para dos pelis, una sobre el Joker y la otra sobre Dos Caras, aparte de las historias personales de la evolución del propio Batman/Bruce Wayne. Tal vez la codicia de los productores haya hecho que se decidieran por un solo episodio donde había dos, pero no nos preocupemos porque esta peli lleva recaudados muchísimos trillones y deja a huevo una tercera parte.
En fin ¿qué más decir? Que vayáis a verla corriendo todos, y que cuando la hayáis visto repitáis conmigo a coro “Batman mola porque es oscuro”. (Aunque vuele).