
Hubo una época en que ir a participar en un concurso de la tele era signo de poseer cierta cultura. Rectifico: participar en ciertos concursos era signo de cierta cultura. Luego había otros concursos, igualmente divertidos (o más), en los que no hacía falta saber mucho para triunfar, bastaba con poder inflar un montón de globos en un determinado espacio de tiempo, andar descalzo y con los ojos vendados sobre miel llevando dos cubos de agua o comerse un bocadillo de pelos.
Entre los primeros concursos se contaba Cifras y letras, El tiempo es oro o Saber y ganar. Todos se caracterizaban por ser muy difíciles y dar unos premios irrisorios, monetariamente hablando. Entre los del segundo tipo podemos remontarnos a Si lo sé no vengo, El precio justo o el mitiquérrimo Un, dos, tres. Tenían en común que te podías ganar millones, viajazos, coches, e incluso viviendas. Estas cosas han evolucionado, como toda la tele, y no es que vaya yo a hacer aquí la añoranza de los concursos antiguos pero me gustaría constatar algo.
Los concursos de cultura general o habilidad están siendo progresivamente sustituidos por otros donde el azar o la pura suerte cobra cada vez más protagonismo, supongo que es para enmascarar que la gente cada vez tiene menos cultura. De acuerdo, ahora hay más titulados universitarios que nunca, y Zapatero dijo que esta era “la generación de españoles mejor preparada de la historia” (y él nunca miente, ¿verdad?). Lo que ustedes quieran. Mis lectores y yo sabemos que la juventud española está cada vez más zopenca, y eso es así.

Nada tengo contra Silvia Jato, a la que seguía en Pasapalabra, y por eso me gustaba ver ese programilla que le han endilgado este verano en Cuatro, concurso por nombre Fifty-Fifty. Es una versión más fácil de 50x15 (a su vez un concurso de culturilla light). Este es lo mismo, salvo que aquí ya directamente le dan a todo el mundo de entrada el comodín del 50%. Como no quería ser cruel, he esperado a que quitaran el programa para criticarlo pero investigando para este post me doy cuenta de que -de diario- lo han pasado a los sábados. Pues tanto da.
Hablemos de Fifty-Fifty, nuevo reino donde la incultura campa a sus anchas. Se supone que el concurso lo ganan los que más sepan pero en realidad acertar más preguntas de las que te esperas (irte de listo) puede mandarte al garete. O sea, que igual mola fallar e irse de inculto, atentos al dato. Acertar pocas preguntas es pupita pero acertar muchas te puede salir caro, te puedes acabar yendo sin un duro. Uno declara cuántas se cree capacitado para acertar y si se pasa…
Hasta aquí todo medio normal, había programas donde para ganar “bastaba” meter la mano en una caja de alacranes. Pero lo que más me ha fascinado es el tratamiento tan trivialoide que de la cultura se hace en Fifty-Fifty, ni siquiera es “todo vale” sino más bien “me importa una mierda”. Entonces, ¿por qué va usted a un concurso de la tele, oiga? Y la presentadora (doña Jato) no es ajena a este despropósito, más bien lo alienta.

Me han pitado los oídos escuchando decir “Así se las ponían a Felipe II” (en lugar de a Fernando VII), que León Felipe perteneció a la Generación del 27, que Napoleón no se lavaba mucho porque la higiene en la Edad Media estaba fatal (gracias, Rocío por esta)… Acto seguido se califica a Kiko Ledgard (presentador del Un, dos, tres) de “gran genio”. O se dice, como quien no quiere la cosa, que “a Kant lo leímos todos en nuestra infancia”, o que “Hemingway enseñó a fumar en puro a Sara Montiel porque es muy mediático”. Lo mejor/peor que ha soltado por esa boquita madame Jato ha sido que “Lorca no se casó, sino todo lo contrario”. ?????????? A lo mejor por eso es que van a abrir la fosa ahora, donde está enterrado.
Entre los primeros concursos se contaba Cifras y letras, El tiempo es oro o Saber y ganar. Todos se caracterizaban por ser muy difíciles y dar unos premios irrisorios, monetariamente hablando. Entre los del segundo tipo podemos remontarnos a Si lo sé no vengo, El precio justo o el mitiquérrimo Un, dos, tres. Tenían en común que te podías ganar millones, viajazos, coches, e incluso viviendas. Estas cosas han evolucionado, como toda la tele, y no es que vaya yo a hacer aquí la añoranza de los concursos antiguos pero me gustaría constatar algo.
Los concursos de cultura general o habilidad están siendo progresivamente sustituidos por otros donde el azar o la pura suerte cobra cada vez más protagonismo, supongo que es para enmascarar que la gente cada vez tiene menos cultura. De acuerdo, ahora hay más titulados universitarios que nunca, y Zapatero dijo que esta era “la generación de españoles mejor preparada de la historia” (y él nunca miente, ¿verdad?). Lo que ustedes quieran. Mis lectores y yo sabemos que la juventud española está cada vez más zopenca, y eso es así.

Nada tengo contra Silvia Jato, a la que seguía en Pasapalabra, y por eso me gustaba ver ese programilla que le han endilgado este verano en Cuatro, concurso por nombre Fifty-Fifty. Es una versión más fácil de 50x15 (a su vez un concurso de culturilla light). Este es lo mismo, salvo que aquí ya directamente le dan a todo el mundo de entrada el comodín del 50%. Como no quería ser cruel, he esperado a que quitaran el programa para criticarlo pero investigando para este post me doy cuenta de que -de diario- lo han pasado a los sábados. Pues tanto da.
Hablemos de Fifty-Fifty, nuevo reino donde la incultura campa a sus anchas. Se supone que el concurso lo ganan los que más sepan pero en realidad acertar más preguntas de las que te esperas (irte de listo) puede mandarte al garete. O sea, que igual mola fallar e irse de inculto, atentos al dato. Acertar pocas preguntas es pupita pero acertar muchas te puede salir caro, te puedes acabar yendo sin un duro. Uno declara cuántas se cree capacitado para acertar y si se pasa…
Hasta aquí todo medio normal, había programas donde para ganar “bastaba” meter la mano en una caja de alacranes. Pero lo que más me ha fascinado es el tratamiento tan trivialoide que de la cultura se hace en Fifty-Fifty, ni siquiera es “todo vale” sino más bien “me importa una mierda”. Entonces, ¿por qué va usted a un concurso de la tele, oiga? Y la presentadora (doña Jato) no es ajena a este despropósito, más bien lo alienta.

Me han pitado los oídos escuchando decir “Así se las ponían a Felipe II” (en lugar de a Fernando VII), que León Felipe perteneció a la Generación del 27, que Napoleón no se lavaba mucho porque la higiene en la Edad Media estaba fatal (gracias, Rocío por esta)… Acto seguido se califica a Kiko Ledgard (presentador del Un, dos, tres) de “gran genio”. O se dice, como quien no quiere la cosa, que “a Kant lo leímos todos en nuestra infancia”, o que “Hemingway enseñó a fumar en puro a Sara Montiel porque es muy mediático”. Lo mejor/peor que ha soltado por esa boquita madame Jato ha sido que “Lorca no se casó, sino todo lo contrario”. ?????????? A lo mejor por eso es que van a abrir la fosa ahora, donde está enterrado.



