Vivencias polimórficas de un treintañero perplejo.

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domingo, 14 de junio de 2009

De bodas, los hermanos Farrelly y el otro tambor


Bodas. Lo he dicho varias veces y lo mantengo: me encantan las bodas (mientras no sea la mía). Este sábado sin ir más lejos tengo otra; el viernes hablaba con una amiga que se casa en once meses, ya afanada con los preparativos. Me sorprende salir por Miciudad un viernes o un sábado en esta época del año: va la gente como que muy arreglada, ¿no? Señora, es que van de boda. Qué pamelones se ven por ahí, qué taconazos. Qué cuellos anudados con corbatas a 40 grados. Desde luego que no les arriendo la ganancia.

Las calles son tomadas por invitados de bodas, la ciudad se engalana, y mientras tanto crecen los divorcios, con una celeridad que la prensa, esa inexorable máquina de poner motes, anuncia como “express”. Del juzgado al juzgado, y tiro porque me toca. O de la iglesia al juzgado, la verdad, más comúnmente. ¿Quiénes son los que han de ponerse de chaqué, son los testigos? ¿Los hermanos de los contrayentes? Solo me alegra pensar que, pase, lo que pase, no habré de tocarme con una inmensa pamela modelo paellera o plaza de toros, ni con uno de esos ridículos niditos de ave emplumados. Lo siento, señoras, pero así no vais guapas.


Hermanos Farrelly. En 1998 perpetraron Algo pasa con Mary y algunos nos creímos que eran la última palabra en comedia. Yo esa peli fui a verla al cine tres veces (ya que me conocéis lo entenderéis), nunca tenía suficiente. Luego estos hermanitos comediógrafos nos dispensaron media docena de pelis de irregular calidad (por no decir de calidad regular). ¿Por qué llegamos a creer que eran tan talentosos? ¿Acaso habíamos olvidado que habían sido responsables de Dos tontos muy tontos (1994)? Yo al menos sí, lo hube olvidado.

Pero me reconcilio con ellos al ver Matrimonio compulsivo (2007), comediota que revisito este fin de semana, me parto con ella. La recomiendo a todo el mundo, sé que es un remake pero me da igual. Esta es canela. Trata de un tipo solterón (Ben Stiller) que se precipita al casarse con una locates (Malin Ackerman) solo para darse cuenta, ya en su luna de miel, de cuán craso es el error que ha cometido. Para colmo se cruza en medio otra pava (Michelle Monaghan), que hace de niña buena y encandila al recién casado. ¿Carente de gracia? Vedla y me contáis. Yo solo os digo que no me reía tanto desde... Tropic Thunder (2009). Ah, y en la banda sonora –que es obra maestra- figuran media docenas de temas de David Bowie.


El otro tambor. Otro tema que sale en la banda sonora de Matrimonio compulsivo es “Different Drum”, canción folk-rock de Mike Nesmith (sí, el de los Monkees) que popularizara en 1967 una jovencísima Linda Ronstadt. Aquí aparece en la perfecta versión de Susanna Hoffs & Matthew Sweet, yo tengo su disco, y esta es una de las canciones que más veces he escuchado en los últimos dos años. El título hace referencia a una chavala que pacientemente le explica a su pretendiente que no quiere tema porque ella y él “viajan al son de tambores diferentes”.

Me encanta la metáfora, el rechazo hecho poesía. Lo curioso de la letra es que es bastante argumentativa (y más si se piensa en un hit pop de 1967), la chavala le da al rechazado una serie de explicaciones que ya quisiéramos todos cuando nos dan calabazas: “...no te digo que no seas guapo, lo que digo es que yo no estoy preparada para ninguna persona, lugar o cosa que me intente poner unas riendas”. Más metáforas cowboys, y podría seguir pero no es plan de ponérosla entera. Buscad la canción por YouTube (cualquiera de las dos versiones), que es deliciosa.

En el caso de Matrimonio compulsivo hay un claro ejemplo de personas que viajan al son de tambores distintos, hasta conformar un triángulo (casi un cuadrado) de enredos considerables. Por eso las bodas que salen en la peli terminan mal. Y mientras tanto, señores, la gente casándose. Menos mal que lo que sale en las películas no es lo que pasa en la realidad, ¿verdad?

lunes, 15 de diciembre de 2008

Un día en la vida de un inspector de la SGAE


Estatuas Verdes presenta hoy en rigurosa primicia un documento de excepcional importancia: se trata de fragmentos del todavía inédito Diario de un inspector de la SGAE.





22 de noviembre (Santa Cecilia, patrona de la Música)

7:15- Comienza la jornada con desayuno en un bar. Café y porras. De fondo, el odioso programa de Jiménez Losantos en la COPE (¡qué fastidio!) –Más allá de su envenenado mensaje, detecto en prosa locutor/doberman rítmica cadencia rayana en lo musical. Nota: mirar si se le puede cobrar por esto.

8:35- A la puerta de un colegio sorprendo a un niño de la E.S.O. silbando “Como un lobo” de Miguel. Amonestación verbal, colleja y aun le saco 37 céntimos que llevaba en el bolsillo (en concepto de canon).

9:30- Cita con el odontólogo.- Un empaste nuevo y se me ha movido el puente. La broma iba a salir por 250 euros pero al final se ha quedado en 50 (a mi favor), que el dentista me deja a deber por las canciones del hilo musical de la sala de espera.


11:17- Llamada de Teddy.- Me intereso por ver cómo va lo de la Feria de Sevilla. Me dice que va bien, pero que falta dejar atada la cuota por interpretación del “Pobre de mí” en los Sanfermines de Pamplona..

12:13- Escucho el tono Nokia por la calle. Enorme reprimenda.- El infractor no llevaba suelto y lo dejo marchar a cambio de escribir 100 veces “No reproduciré gratis música de la que no soy autor”.

14:45- Almuerzo de trabajo con Ramoncín. Pollo frito y botellines de El Águila (robados por él)- Hablamos de su último libro (un ciclo de novelas sobre el origen del Universo narrados en monólogo interior). A los postres, surge la chispa: El teatro barroco del Siglo de Oro se representaba salpimentado de canciones. ¿Sería posible meter pezuña ahí? Nota: localizar herederos Lope, Cervantes, Calderón, Rojas Zorrilla, etc.


16:13- Ideea geniaal (posible fruto de la siesta). Sirenas de la policía: ¿pagan por algún lado? En España debe haber miles de coches patrulla, sumando Cuerpos y Fuerzas de Seguridad del Estado + Autonómicos y locales.- Extensible a ambulancias/bomberos/protección civil?

17:25- Encontronazo con una vieja en plaza pública. Le saco 100€ entre lágrimas (suyas)- ¿y si le llega a dar por comprarse un iPhone y lo utiliza para reproducir música descargada ilegalmente? Nunca se sabe!


18:00- 1er encargo del día: boda en Parroquia de San Dimas (el Buen Ladrón). Ave Maria de Schubert, padrenuestro de Simon & Garfunkel, Marcha Nupcial de Mendelssohn y jotas extremeñas (consultar autoría).-
-Disfraz de amigo gay de la novia: éxito total. Convite pasable: aperitivos de pie (ibéricos y fritos), vinos, cup, cerveza y refrescos.
-El cura silba un fragmento de zarzuela que no me da tiempo a identificar!!!!
Ensalada tibia de aguacataes y langostinos. Sopa de marisco. Sorbete de limón y cava (para cambiar la palatalidad), Solomillo al beicon con champiñones. Tarta nupcial (bizcocho mal descongelado).
Marqués de Cáceres y Martín Códax. Café y copa de Bailey’s.
-Amigos del novio interpretan coplilla bufa de contenido obsceno (la madrina abona 5€).
--Barra libre primeros intérpretes: Bisbal, Shakira, Chayanne, Alejandro, Rosariyo, “Follow the Leader”, “Sufre mamón”, Los Rodríguez, Alaska… (calcular importe para Teddy); antes me tomaré un gin tonic más, solo uno solo-

4:37- …..Te-ddy….. di-ne-roooooo……..



lunes, 8 de diciembre de 2008

Enlaces


“Cada día puede ser un gran día, pero hay días más grandes todavía.”
-Quique González





Creo que fue en el post de Bélgica donde anuncié mi intención de escribir un post sobre las bodas. Por petición popular, helo aquí. Bodas, bodas, bodas… ¡habría tanto que decir! Una vez oí decir que el efecto de una boda en una persona (sumando estrés, incomodidades, comilona, cansancio, borrachera y resaca) era comparable al de un vuelo transoceánico con su jet lag y todo. Y que por eso todas las bodas se hacían en sábado.

Me gustaría poder hablar sobre las bodas con desapasionamiento, y una vez lo hice en un relato que tal vez un día os deje leer. Mientras tanto, no puedo por menos que mojarme: bodas, bodas, bodas… la Última Frontera. Ojalá no me gustaran y ojalá no fuera a tantas pero tengo que admitirlo, a mí las bodas me encantan. Tranquilos, que en todas las bodas encuentro a alguien que me afea la conducta y me censura. “¿Cómo pueden gustarte las bodas?” ¿Será porque todo el mundo va elegante, se come y bebe de puta madre, se echa un buen rato de risas con parientes/amigos a los que no se ve a menudo, se baila, se canta, se cuentan chistes y, en general, es una fiesta? Pues yo soy así de pervertido, señora, qué vamos a hacerle: me encanta una boda.


Confesémoslo ya: este fin de semana he tenido una. La anterior fue a mediados de septiembre, pero ya sabía que estaba esta última en el horizonte y he querido esperar a que pasara para escribir el post. Y no, tampoco ha faltado quien, tratando de darme conversación me haya soltado “¡Qué horror las bodas, no?” Y yo he tenido que contradecirla. Criticar las bodas está tan de moda que se ha convertido en un tópico, como quejarse del calor en verano, de la Navidad, de las corridas de toros o del gobierno de Aznar. Pues sí, puesí… Las bodas me molan, otra cosa es que te encajes en un bodorrio que ni te va ni te viene, de gente que no conoces, obligado, por compromiso y demás incomodidades.

En esos casos, señora, el problema lo tiene usted, no las bodas. Decir que las bodas son caca solo porque haya bodas coñazo (e ineludibles) serían como decir que viajar en general es una mierda solo porque usted sea viajante. Además que las bodas ofrecen infinitas oportunidades etnológicas de estudio y observación, para el que quiera verlas. Y si no, fijaos. En todas las bodas SIEMPRE hay un hippy. Por “hippy” me refiero a alguien ataviado inapropiadamente, sea rollo alternativo, rastafari, cani o borroka. Las dos últimas bodas a las que he acudido no han sido una excepción. Chanclas, rastas, trajes estrafalarios… ¿tienen cabida en una boda? Uno por boda, siempre.


Otra cosa curiosísima de las últimas bodas a las que he ido (creo que 10 en tres años) es la tendencia de los curas a irse de locos en la homilía. Ya sabemos que “el Amor todo lo puede, y todo lo perdona” y todo lo que dijo San Pablo, pero es que además últimamente constato que los sacerdotes suelen tener querencia por mostrar cuán enrollados son (en plan obispo de Ávila). Que si “Demos gracias a Dios por Internet y los móviles” (os lo juro), que si “para que un matrimonio tenga éxito es necesario que la pareja se vaya de vacaciones con sus hijos” o que “él no llegue a casa diciendo que se ha liado en la oficina y en realidad venga de haberse liado con otra”

No hay cosa peor que un cura viejo y rancio dándoselas de “enrollado” (os lo dice uno que es católico y estudió en un colegio de curas). Curiosamente, la única boda “enrollada” de verdad a la que he asistido fue gracias a un sacerdote jesuita joven y brioso, amigo de los novios, tal vez por eso resultó tan emotiva. Este hombre glosó, a modo de homilía, un fragmento del poema “Piedra de sol” de Octavio Paz, y no se privó de recordar a los asistentes que igual la frase “amar es combatir” nos sonaba más por ser el título de un disco de Maná. Pues esta boda moló, y es que hasta en las bodas donde menos “he pintado” he podido encontrar mi sitio y guardar un buen recuerdo. Por ejemplo, gracias a una boda en El Puerto de Santa María tuve oportunidad el pasado año de ver la casa de Rafael.


Otra cosa que me hace muchísima gracia de la gente que critica las bodas es que dicen que son una institución rancia y caduca (puedo llegar a estar de acuerdo, el post trata sobre las celebraciones, no sobre el sacramento/contrato) salvo que se trate de bodas gayer, en cuyo caso es importantísimo que se casen y lo dejen en papeles por escrito. ¿En qué quedamos? Seguro que estos defensores lo que no quieren perderse es el convite/recepción/banquete, como se le llama según se sea de cursi. También escuché decir a uno una vez que en las bodas se pasaba muchísima hambre. Será en las macrobióticas, chulo, o será que no te has sabido dar cuenta de por qué puerta salían los camareros con las bandejas. Fundamental acosar a la camarería en plan batalla naval, en plan Cavite o Santiago de Cuba, para formar una barrera humana y no darles escapatoria.

Luego las comidas/cenas las hay más o menos copiosas o espléndidas, pero os diré que todavía estoy por ver una sola boda en la que se coma mal. Para empezar, porque los novios se preocupan mucho de que sus invitados (compromisos, sí, pero en su mayoría familiares y amigos) lo pasen guay y estén bien comidos. Me encanta ese otro clásico de las bodas: las señoras, que, habiendo leído el menú en las tarjetitas y habiéndose puesto hinchas de alcohol y aperitivos, se jaman todos los platos que les ponen por delante y fingen hacerse las sorprendidas cuando les sirven el solomillo. ¡Haberme avisao! Una carne tan rica y me la voy a tener que dejar… Me he tenido que desabrochar el botón y todo. ¡Aaaaaaay! Me encanta.



Y ¿qué me decís de esos camareros déspotas que continuamente te están enchufando (cual mangueras) en las copas el agua mineral, el blanco, rosado, tinto o cava, para que nunca te quedes sin bebida? Son como fontanas etílicas. ¿Y esa otra gigante polémica de paletillos/gente poco afecta al protocolo?: “¿Cuál es mi pan, el de la izquierda o el de la derecha?”. ¡Ay, amigo! Que no es la primera boda a la que te invitan… Cada vez se ve menos la bizarra escena de los nuevos esposos cortando la tarta nupcial mandoble en mano. Cada vez se ve menos la tarta nupcial, qué narices. Podría seguir hablando del chimpún, con esa música “hecha a base de ritmos latinos, viejos éxitos y canciones de moda mal digeridas”, como leí en alguna parte. Podría seguir hablando de la barra libre, pero es que a esas horas servidor ya no está para nadie. Madre, madre, qué fiestuqui. ¡Cásense, coño! (E invítenme).

viernes, 27 de junio de 2008

Typical Scottish


Esta noche soy testigo de la bizarría en grado superlativo. En la segunda cadena de TVE contemplo a un anciano calvo y espasmódico con la camisa mal abrochada y me quieren hacer creer que se trata de Neil Young actuando en el Rock In Rio (in Madrid). Neil, el mismo de Buffalo Springfield. El mismo que aparece en las portaditas de tantos discos que ahora duermen en mi cuarto. Pero no he venido a hablaros de eso.

He venido a preveniros contra un engendro de película que me ha sido dado contemplar esta noche en el cine, y me duele decir esto porque la idea de verla ha sido mía. Soy muy fan de las “comediotas”, que es como mi novia llama a las comedias malas estadounidenses. A mí me gustan todas. Casi siempre versan sobre tema institutero, tema universitario o tema de relaciones. Ha habido en este género gloriosos clásicos como la nunca bien ponderada Juegos de amor en la universidad (1985), El club de los cinco (1985) o Algo pasa con Mary (1998), por poner un ejemplo de cada subgénero.

Otro subgénero que me priva es el de las “pelis con boda”. ¿Cómo estaba ese El padre de la novia (1950, con Spencer Tracy: no la versión del subnormal Steve Martin)? ¿O aquella imborrable Alta sociedad (1956), con Frank Sinatra, Grace Kelly, Bing Crosby y Louis Armstrong? Luego vino la memorable no-boda de El graduado (1967), la de El Padrino II (1972), y ya modernamente Cuatro bodas y un funeral (1994), La boda de mi mejor amigo (1997), Very Bad Things (1998), American Pie 3: Menuda boda (2003) o Mi gran boda griega (2002). Muchas bodas no fallidas acabaron en pupita, como las de La recluta Benjamin (1980) o la de Y entonces llegó ella (2004).

Pero en mis años de devorador de comediotas o de pelis con boda no recuerdo una cosa tan espantosa como esta de La boda de mi novia (Made of Honor, 2008) que he visto esta noche. Protagonizada por el –me cuentan- médico guapete de Anatomía de Grey, la historia es simple. Un mujeriego empedernido, noctámbulo, crápula, adicto al Starbucks y todos los vicios, se vuelve loco por su mejor amiga al enterarse de que esta va a casarse con un escocés, y decide por todos los medios A) reventar la boda y B) (re)conquistarla (por ese orden).


Los fieles lectores de Estatuas Verdes sabéis que nunca escribo de una peli, un libro o un disco para hablar mal de ellos. Si algún producto cultural me parece malo simplemente lo ignoro. Pero he decidido traer este filme o lo que sea aquí esta noche no por sus dudosas cualidades cinematográficas sino por su bochornoso uso de un recurso cómico que aborrezco: el topicazo. ¿Os acordáis de Manolito Royo en el Un, Dos, Tres imitando personajes con acentos regionales andaluz, catalán, gallego…? Pues a eso me refiero. Estas cosas siempre me han dado vergüenza ajena.

Os confesaré que siempre que en la misma habitación coincidimos un mejicano/argentino, otra persona y yo tiemblo de estrés temiendo que en algún momento salte el otro con alguna gracia tipo “che, pibe”, “ándele, manito” o así. No puedo, no puedo, no puedo. Todavía tengo pesadillas por las noches con esas revistas de Telecinco producidas por José Luis Moreno en las que indefectiblemente aparecía un personaje vestido de escocés, con su kilt, su bigote naranja y su gaita, confundiendo “pollo” con “polla” y diciendo inconveniencias mil.

Pues eso, amigos, es lo que ocurre en La boda de mi novia. Para empezar, a algún genio del doblaje se le ocurrió que ya que el novio de la novia es escocés, él y toda su familia (que en la V.O. hablan con acento escocés por oposición al neoyorquino de los demás protas) en la versión española debían hablar koun un aksenchou kei nou deihara dudas dei kei eiran dei Eiscousia. Algo así como le hicieron a la pobrecica Audrey Tautou con el acento franchute en El Código Da Vinci (2006). Y de ahí para arriba.

El resto, una sucesión de tópicos escoceses en la que no he echado ninguno en falta: el monstruo del Lago Ness, confundir Escocia con Inglaterra, decir que comen intestinos de oveja, el whisky, los castillos, las gaitas, los juegos de las Highlands, Robert Burns, el gaélico escocés, las falditas masculinas sin nada debajo, la canción “Scotland the Brave”, el tartán, las palabras “bonny lass” (chica guapa), “aye” () y “bairn” (niño), los apellidos que comienzan por Mc… Ahora que lo pienso no han hecho mención a la proverbial tacañería escocesa. Por el contrario, el joven escocés es rico y pertenece a la nobleza igual que todos los británicos: algo que ya nos enseñaron pelis como Rafi, un rey de peso (1991) o Garfield 2 (2006).

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