Vivencias polimórficas de un treintañero perplejo.

lunes, 29 de agosto de 2011

Si los impresionistas hubieran sido pintores


-“Un buen cuadro significa para usted lo mismo que un collar de perlas para un mono.”
(Paul Scofield, en El tren, 1964)




“Si los impresionistas hubieran sido pintores”. Pero… acaso no lo eran? Ya, ya, ya, ya: shshshshsh! Nunca me ha gustado el Impresionismo, no es un secreto. Siempre me ha parecido un arte de postal, o en todo caso, de calendario. Voces autorizadas me aseguran que todo un Renoir, cuando se cansó del experimento impresionista, se dedicó a recuperar las figuras y a pintar señoritas agradables de ver y que se vendieran bien. Cézanne, ya sabemos que dio un paso más en la experimentación de la forma, con sus manzanas, tejados, montañas, etc., que le convirtieron en heraldo del Cubismo y que –según el filósofo Merleau-Ponty- le hizo tener dudas sobre si pintaba bien hasta el final.

No tengo nada en contra del arte de las postales (muy vendidas, por otra parte) ni contra el de las formas agradables y ñoñas: es solo que no me gusta. Me recuerda demasiado a todo lo que el arte no puede ofrecer. Sin embargo, recuerdo también otra vieja historia, la de Claude Monet (1840-1926), al que a partir de ahora podríamos llamar “El único impresionista que me gusta”. Monet… Manet… mis mis mis, mus mus mus… ya nos avisó Chris Peterson de que nos andásemos con cuidado: los franceses hablan como criaturas. Claude Monet podría también considerarse como el Padre del Impresionismo, con su afamado cuadro Impresión, sol naciente, que aunque algunos fechan como de 1873, él mismo firmó en 1872.


Lo guay del tema es que el título del cuadro dio nombre al movimiento? estilo?, debido a la crítica que un crítico hizo la primera vez que se expuso. Esto viene en cualquier libro de Arte, pero aprovecho para recordarlo:

“Impresión… de eso estoy seguro. […] El papel pintado en estado embrionario está más acabado que este paisaje marino.”


Ya, ya sé lo que estáis pensando, que el buen Louis Leroy lo clavó. Pero –believe it or not- hay gente a la que sí le gusta el Impresionismo. Así y todo, si hubiera que salvar de la quema a un solo impresionista yo salvaría a Monet. Y ahora que no nos oye nadie confieso que sí me gusta el cuadro de Sol naciente. No sé si será el respeto por una obra que se abrió paso hasta la inmortalidad a través del desdén de sus contemporáneos, la admiración ante el paso firme de un artista que perseguía su personalísima visión o el hecho de que venía en mi libro de Sociales Vicens Vives de 7º de EGB. Al cuadro le tengo cariño, pero no es del Monet de esa etapa primera del que quería hablaros hoy.


Es un hecho universalmente aceptado que todos los lectores de Estatuas Verdes sois fans de Woody Allen (con la posible excepción de los buenos Natalia y Fran G. Matute). Por tanto, disfrutasteis con aquella maravillosa peli que fue Midnight In Paris (2011) y recordareis cómo el alter ego de Allen, Owen Wilson, lo flipaba con Claude Monet. La peli comienza en Giverny, en la casa del pintor, donde este vivía y pintaba una vez que tuvo una posición. El famoso puente japonés, los nenúfares, etc., que hemos visto en millones de cuadros. También hay una escena rodada en el museo de l’Orangerie, donde se ven los gigantescos lienzos de nenúfares de Monet, regalo del pintor al estado francés tras la 1ª Guerra Mundial. Estos nenúfares –que se conocen mejor por “ninfeas”, más cursi, vous comprenez- son los de Giverny, pintados de un modo muy particular.


Todo Paris rezuma Monet: libretitas, marcapáginas y alfombrillas para ratón en las tiendas de souvenirs, el Museo Marmottan (“edificio del mundo con más obras de Monet” -insuperable claim to fame, eh?-, donde está Impresión, sol naciente), el citado de l’Orangerie, al otro lado del Sena el de Orsay, que alberga los mayores tesoros de todos los impresionistas… Cuando se pasó la fiebre impresionista vinieron muchas otras cosas interesantes a la pintura (Expresionismo, Fauvismo, Cubismo…), ya hemos hablado de lo que hicieron algunos, veamos ahora qué hizo Monet. Me cuenta una profesora de Arte que él fue el único que se mantuvo siempre fiel al Impresionismo, siempre creyó en las pinceladas gestálticas, la mezcla sorprendente de colores, en esa forma de capturar la luz.

Pero también tenía entendido de siempre que el último Monet, el del primer cuarto del siglo XX, era el eslabón perdido entre el arte figurativo y la abstracción. Esto ya me interesa más, porque el arte del siglo XX, y en especial el abstracto y las Vanguardias me fascinan especialmente. De los últimos Monets a los cuadros de Kandinsky, de Pollock, solo hay un paso, esto se comprende perfectamente viendo con detenimiento cualquier cuadro de los que pintó en su jardín (nenúfares, el puente, sauces…) de la 1ª Guerra Mundial en adelante. Colores, líneas, manchas, formas apenas reconocibles… trozos de lienzo sin cubrir, parece una broma cruel si sabemos que por esa época el buen Monet anduvo afligido de cataratas (en otras palabras, pintaba así de raro porque no veía un pimiento).


Él seguía queriendo pintar sus nenúfares, captando el reflejo de las nubes o los sauces al atardecer sobre el estanque, pero el resultado apenas es reconocible. Muchos de estos cuadros podrían colgarse boca abajo (por seguir el chiste fácil) y daría igual. Las Ninfeas de l’Orangerie, pintadas durante la guerra y donadas a Francia como símbolo de paz y armonía constituyen un verdadero remanso de paz, entendida como inmersión en las formas y los colores casi puros. Nada de señoritas con sombrilla aquí. Nada de absurdos bulevares bajo la lluvia. Es Impresionismo, por fuerza pero por fuerza ya no lo es. Lo mismo podría decirse de algunos sauces llorones y puentes japoneses pintados ya en la década de los años veinte.

Ante logros así, es casi imposible no quitarse el sombrero, no es de extrañar que estas obras pongan en marcha la trama de Midnight In Paris (las ansias del personaje de Wilson por quedarse a vivir, a crear, en París). No es de extrañar tampoco que el propio Woody Allen salvara a Monet de aparecer en su afamado relato satírico de 1975 “Si los impresionistas hubieran sido dentistas”, donde asistimos al prodigio de Van Gogh realizando placas de rayos X o Gauguin hurgando en bocas ajenas. Ya se sabe, lo mejor del Impresionismo: el Posimpresionismo, eh?

miércoles, 3 de agosto de 2011

Tres postales de agosto 2011


Postal 1. Querido Julio:

Definitivamente, vuelves a estar de moda. La juventud cuelga vídeos de tus textos en Facebook, van a París y te homenajean, hoy la buena Carolink se ha basado en un cuento tuyo para hacernos reflexionar sobre el #15M… Yo también ando revisitándote durante las últimas semanas: releo Final del juego (1956), releo cosas de Bestiario (1951), de Historias de cronopios y de famas (1962). La culpa la tiene un poco el buen Mojaquero, que en un CD de “literatura y rarezas” me graba algunos cortes en que se te oye leer fragmentos de tus obras. Me caliento y me bajo entero el disco Cortázar lee a Cortázar, que grabaste en París en 1966.

Uno de tus cortes leídos que me deja estupefacto es “Conducta en los velorios”, de Cronopios y famas (“No vamos por el anís, ni porque hay que ir…”). Sabes? Últimamente llevo una racha tremenda de velatorios y entierros, gente muy cercana, gente muy cercana a gente muy querida, muchísimos muertos (aunque no sea un tema que esté bonito). Me pregunto a dónde va la gente que se muere, la pregunta más antigua de la Humanidad, eh? Ni tú ni yo la vamos a contestar a estas horas de la madrugada, ya sé, pero solo quería que supieras -allá donde estés- que tus textos nos siguen sirviendo aquí, a los mortales.


Postal 2. Querido Pablo:

“La poesía es un arma cargada de futuro” –if only it were true, que dirían los ingleses. Detecto (al menos) dos falacias en el por otra parte impecable título de Gabriel Celaya. Celaya también está de moda: Intereconomía TV (“la cadena ultracatólica”, como épicamente la adjetivaron en La Sexta, la cadena ultraimparcial) utiliza para sus anuncios la versión de ese poema cantada por Paco Ibáñez. “Anatema!” –gritarán los de izquierdas, si creen en la excomunión. Pero los versos de Paco Ibáñez, Gabriel Celaya, los tuyos, Pablo, pese a lo cargados que estaban ideológicamente, no son patrimonio exclusivo de ninguna ideología, ya son de todos los hispanohablantes.

Hace poco Paul Weller se indignó porque el Primer Ministro conservador David Cameron dijo que de joven le molaba su canción “The Eton Rifles”, escrita precisamente por Weller para injuriar a los de la clase social de Cameron: los estudiantes pijos de Eton. Paradojas de la vida. Más lírica y violencia: me entero de que vuestro admirado Juan Ramón Jiménez, durante los primeros compases de la Guerra Civil, fue maltratado igualmente por falangistas y por milicianos. La poesía es un arma, los rifles de Eton, etc. Cuidadito, que las carga el Diablo.


Postal 3. Querido Dios:

Entre las muchas enseñanzas que estoy sacando de este verano: la familia con una mano te da una bofetada y con la otra una caricia. Por lo menos hay que dar gracias de tener una (familia), por cada palada de cal veo otra de arena y es por la parte buena de lo familiar por donde me viene un caudal inagotable de energía.

Lo mejor y lo peor de la familia: recomiendo ver la película italiana La prima cosa bella (2010), afamada y premiada cinta que por cierto cuenta con su cuota de funerales y de poesía. Exagerada? Puede. Novelesca? Más bien peliculera: se trata de una jodida peli, recuerdo. Pero ejemplifica todo el dolor y toda la gloria que una familia es capaz de generar. La mejor familia desestructurada/recompuesta/bizarra desde Un niño grande (2002)… digo… desde Si la cosa funciona (2009).


Adiós, Dios.

martes, 26 de julio de 2011

Lecturas veraniegas 2011 (II)


Juventud: continúan las lecturas veraniegas. A la espera de escribir sobre otros (tristes) temas de actualidad y en el tiempo libre que me dejan libre los anuncios publicitarios y las siestas… aquí os comento otro pokercito de libros para el verano.


Deseo de ser punk (2009), de Belén Gopegui. En la gran tradición de mis confusiones (G. Arriaga por J. J. Arreola, etc.) sueño que alguien me había recomendado leer algo de Belén Gopegui. Luego ha resultado que lo que me habían recomendado era una novela de Dulce Chacón, en fin, el daño ya estaba hecho. Por otro lado, es un hecho universalmente aceptado etc., que cualquier novela que incluya en su título la palabra “punk” y en su portada una foto de Iggy Pop es obligatorio leerla, no?

Veredicto: el libro hace gracia, si os gustan los libros sobre adolescentes y sobre rock. Pensad El guardián entre el centeno (1951), pensad Alta fidelidad (1995)… y os llevaréis un buen chasco. Pensad más bien Héroes (1993) de Ray Loriga. Y lo demás, ya sabéis: adolescente empanada, con rico-pero-problemático mundo interior, discusión sobre la letra de “All the Young Dudes”… exaltación de Guns N’ Roses… Iggy Pop, AC/DC et al. elevados a la categoría de rock gods… injuria a La Oreja de Van Gogh… Mi libro favorito si tuviera 17 años.


La caída (1956), de Albert Camus. Recomendación directa de la buena Natalia. Una obra de Camus que ni recordaba que existía, de un autor que ya me había dado varias otras satisfacciones. Ambientada en Amsterdam y escrita como un monólogo en primera y segunda persona, esta novelita de poco más de 100 páginas es un artefacto literario perfectamente calculado para dejarte el cuerpo malo (puro Camus).

Ya nada volverá a ser igual después de leer la soflama del “juez-penitente”, personaje protagonista y auténtico azote de nuestras conciencias occidentales pequeñoburguesas, etc. No sé si el adjetivo “filosófico” aplicado a este librito suena a tópico, pero vaya: quede claro que La caída tiene menos anécdota que un anuncio de La Mutua; aquí lo de menos es lo que pasa, lo verdaderamente importante es cómo se dicen las cosas, las ideas, las reflexiones, el abismo interior al que el hijoputa de Camus nos enfrenta. Im-pres-cin-di-ble.


Tres dictadores: Hitler, Mussolini y Stalin. Y un cuarto: Prusia (1939), de Emil Ludwig. Este lo encontré recomendado en el blog del buen Fran Nixon, apasionado de todo lo entreguerras. Se trata de ni más ni menos lo que promete: minibiografías (yo diría semblanzas) de estos tres famosísimos dictadores, escritas por un avispado periodista alemán judío, exiliado, claro. El libro cuenta con el bonus de haber sido traducido al español en su momento por Francisco Ayala, con lo que la legibilidad y aun la calidad literaria de la traducción están aseguradas.

Otro atractivo es que el autor conoció y entrevistó tanto a Mussolini como a Stalin, por los que deja traslucir cierta fascinación (que no admiración), no así a Hitler, al que sistemáticamente pone a caldo. Divertido también pensar que el libro apareció en noviembre de 1939, podemos decir que la 2ª Guerra Mundial no había empezado de verdad, y ver las predicciones que Ludwig hace sobre la guerra… podremos reírnos cuanto queramos de las cosas en que yerra, pero el tipo despliega una presciencia en ocasiones acojonante. Una falla: el cuarto capítulo, un aburrido ensayo dedicado a exponer la tesis del autor de que todos los males provenientes del Reich alemán y que este ha infligido al mundo en realidad son culpa de Prusia.


La verdadera vida de Sebastian Knight (1941), de Vladimir Nabokov. Ante mis frecuentes injurias al engreído emigré ruso (al que-tras leer tres de sus libros más famosos- me une una larga relación amor-odio), el buen Fritanga sentencia que debo leer esta, su primera novela en inglés. Resultado? Bingo! Titular: POR FIN UNA NOVELA DE VLADIMIR NABOKOV DIVERTIDA, INTERESANTE DE LEER Y QUE NO DA CORAJE. Los demás atributos… los sospechosos habituales: hiperculturetismo, oscuras referencias literarias, juegos estructurales, onanismo intelectualoide, ditirambo a Rusia, falaces ataques a la lengua inglesa, desprecio de la época en que le ha tocado vivir.

Pero todo ello hecho con mucho arte y salero, el humor dosificado en su justa medida, sin caer en el frikismo –del todo- ni por supuesto en obviedades (Dios libre a Nabokov de semejante vulgaridad). La historia es simple: el hermanastro de un recién fallecido escritor modernista sigue su rastro para escribir su biografía y conocer de verdad al personaje, onda Ciudadano Kane. Por el camino nos vamos encontrando con las típicas paradojas de ajedrez, las identidades falsas, las bromitas que el autor le gasta al lector cual pellizquitos de monja y el apabullante vocabulario políglota del buen Vladimir. “Una auténtica obra maestra”, como decía el Pumares.


Seguiré leyendo, por parafrasear a vuestra admirada Amparo de Amparanoia.

miércoles, 20 de julio de 2011

Anuncios de MiXta: Error de Dios?


Hace ya tres años, un joven e ilusionado bloguero se preguntaba con alarma “Es esta la publicidad del futuro?”. Tal duda le surgía ante una terrorífica serie de anuncios televisivos que turbaban su paz y su descanso. Ha pasado el tiempo y os tengo que decir ya que la cosa no ha mejorado: antes bien, estamos peor que en la vida. Y os lo tengo que decir también, aquel joven e iluso bloguero no era otro que yo.

Amigos: hora es ya de desenmascarar las publicidades más irritantes, odiosas e insoportables que le ha sido dado contemplar a nuestros cansados ojos. Me estoy refiriendo a los anuncios de MiXta. “De acuerdo, Porerror,” –me diréis- “pero llevan años torturándonos con ellos, a qué ahora esta repentina fuga anti-MiXta?”. Yo acuso, amigos: como El Perro Lunar, como Émile Zola. Mi cerebro explotó anoche cuando comentando anuncios infames con el buen Migue salieron a relucir los terribles de Media Markt o Línea Directa Aseguradora pero en la cúspide de la estulticia brillaba en solitario el caso de MiXta y sus supuestas gracejadas subnormales.


Pues no de otra manera (lo siento) (no, no lo siento, qué cojones!) pueden calificarse los anuncios de tan infernal cerveza mezclada con gaseosa, por buen nombre “clara” o shandy en inglés, por mal nombre MiXta, con equis de ídem. Cuenta la leyenda que cuando en una ocasión un periodista preguntó a D. Ramón María del Valle-Inclán por qué este se iba a Méjico el padre del esperpento replicó: “Pues porque allí lo escriben con equis”. Eso, amigos, es humor inteligente y surrealismo antes de que el surrealismo existiera. Lo de MiXta es un subproducto derivativo para gilipollas.

Ojalá me deje alguien algún comentario a esta entrada en plan “Hasta hoy te admiraba, etc.” No me pienso retractar: estos anuncios no tienen ni puta gracia. Hay tantas cosas en la vida que no tienen gracia, amigos: los horarios de trenes, las ortopedias, los formularios de autoliquidación, los tímpanos… el truco está en que no intentan tenerla. Los anuncios de MiXta, feeble plagio de la ética y estética Muchachada Nui, resultan además irritantes.


Un pato que se opera y se convierte en cebra? Ja, jo, JAJOTA. Los gatos de los chinos hacen así para abajo con la manita y parece que están saludando?... espera que me hago pipí encima. Los cerdos no vuelan? Gracias, oh MiXta, por aclarármelo. Puertas gira-torias que giran y no torian? (por si no lo habéis cogido)… Chalecoslovaquia? Perdonad, es que no puedo parar de reírme, las lágrimas de despolle me van a estropear el portátil… aunque quizás pocas campañas más infames como la de aquella supuesta historia de amor entre un bocadillo y un botellín.

Podríamos seguir con los iconos de MiXta: un castor, un pato disecado, un bollo de pan con pelo (sin duda lo más apetecible para anunciar cerveza), etc, etc, etc. Yo los he visto, amigos, para que no tengáis que verlos vosotros, pero os puedo asegurar que una playlist de anuncios de MiXta de los últimos cinco años en YouTube supone un horror audiovisual peor que cualquier cosa que pudiera ocurrírsele a David Cronenberg y Bret Easton Ellis poniendo sus enfermos cerebros a trabajar juntos.


Desde aquí quisiera hacer, plagiando en intención a mis admirados Jonathan Swift y Lola Flores, “una modesta propuesta”. Bastaría con que cada español le diese una bofetada al creativo (o equipo de creativos) responsable de engendrar las sucesivas campañas de MiXta de Mahou. Pienso que de este modo ya podríamos ir empezando a reparar todo el daño que han hecho a la sociedad estos seres desalmados, n’est-ce pas?

martes, 19 de julio de 2011

Lecturas veraniegas 2011 (I)


Es una verdad universalmente aceptada que todo lo que la gente va a hacer a la playa lo podría hacer mejor (más a gusto, más fresquito, más cómodo) en otros sitios. Casi todo: porque admito que para leer no hay nada como la playita. Por esa razón me voy allí una semana y me leo unos cuantos libros. He aquí algunas recomendaciones, ya sabéis que soy dado a la hipérbole pero bueno, creo que hay algo para todo el mundo. Con que una sola persona se lea un solo libro de los que voy a recomendar –o no- este verano ya me sentiré justificado.


Todo modo (1974), de Leonardo Sciascia. El buen Ale Luque, experto en literatura siciliana, me hace una meritoria advertencia: “Pégale a Todo modo. Se trata de una inquietante novelita policiaca de esas de unidad de acción, lugar y tiempo, con un detective más bien filosófico e intelectual, nada de novela negra, vous comprenez. Pero lo singular del caso es que los crímenes se desarrollan en un retiro espiritual protagonizado por la jerarquía de la política, la gran industria, la banca y la Iglesia, todo ello dirigido por el inteligente y siniestro Padre Gaetano.

El narrador es un pintor de renombre, aburrido, que por casualidad va a dar a este cenáculo de poder, corrupción y religiosidad hipócrita y acaba participando en el sarao. Mucha crítica a la política italiana y sus chanchulleos, a la Democrazia Cristiana, y un montón de reflexiones sobre la naturaleza humana, la ética, la política y la Biblia en pasta (perdón por el chiste fácil). El libro me ha gustado, pero confieso que al final se me ha quedado un poco cara de tonto, con la resolución del misterio.


La buena letra (1992), de Rafael Chirbes. Se rieron de mí cuando me dio por leerme Crematorio (2007), una de las más importantes novelas españolas de esta década. Pero Chirbes se estaba forjando ya desde antes una trayectoria de una solidez impresionante, parece un tipo destinado a figurar en los manuales de literatura. Esta novelita de pocas páginas y letra grande mete el bisturí en la gran ampolla de la Memoria Histórica, la posguerra civil, etc. Con una solvencia, una objetividad y a la vez una sensibilidad como no veía desde Los girasoles ciegos (2004).

Pero aquí nos encontramos ante una historia única, que una madre cuenta a su hijo ya adulto para justificarse y abrirle su corazón sobre una serie de acontecimientos que van conformando la historia de una familia que bien pudiera servir como metáfora de España desde 1939 en adelante. Sé que suena a rollo pero os aseguro que se trata de una obra maestra de lirismo y precisión lingüística, cuya recomendación debo al buen Donsergio Que. Este libro no os lo perdáis.


Perorata del apestado (1981), de Gesualdo Bufalino. En mi vida había oído hablar de este autor siciliano, hasta que me lo recomendó también Ale Luque. La perorata no es otra cosa que el monólogo/confesión de un veterano de guerra enfermo de tuberculosis encerrado en un sanatorio en 1946. Allí, al borde de la muerte, traba una serie de relaciones extremas, con el médico, con un religioso, con sus compañeros de enfermedad, con una mujer. Enfermedad y salud se confunden, aparece una nueva ética de los moribundos, de los desahuciados, las reglas que sirven al resto de los mortales sanos en ese sito de horror ya no sirven.

Y qué prosa, amigos, qué prosa poética. Quién supiera italiano para leerla en versión original. A la riqueza de vocabulario hay que añadir la intuición de las imágenes, los sentimientos, las reflexiones sobre el sentido de la vida estando al límite de la muerte. Belleza y muerte, amor y muerte, la muerte rondando como un personaje más (con el coraje que me da a mí esta tópica frase), todo como drama medieval y barroco que se desarrolla en un monte con vistas a Palermo, la medieval y barroca.


Si te comes un limón sin hacer muecas (2007), de Sergi Pàmies. Mucha gente vio en El último libro de Sergi Pàmies (2000) un punto de inflexión en su cuentística, y el buen Harvest me recomienda encarecidamente esta nueva entrega de Pàmies. La verdad es que estos últimos relatos son cojonudos. En su introducción, Vila-Matas se deshace en ditirambos, y eso que no cabe pensar en dos autores estilísticamente más dispares que estos dos catalanes. También ha habido reseñas negativas: que si Pàmies se ha aburguesado, que si cae en el tópico, que si todos sus relatos suenan igual, en plan clónico, que si ha dado con una fórmula…

Todo el mundo puede dar su opinión, en mi caso os digo que esta colección de veinte cuentos breves o brevísimos me ha parecido una pasada, ha hecho que me dé vueltas la cabeza, y me ha recordado a los sospechosos habituales: Borges, Cortázar, Monterroso… Ha habido en concreto media docena de ellos (“Ficción”, “Como dos gotas de agua”, “Sangre de nuestra sangre”, “Brindis”, “La vida dulce”…) que he necesitado leer por segunda vez inmediatamente. Se te quedan como un chicle en la suela, ya me diréis, este libro también tenéis que leerlo.

Otro día sigo.

viernes, 8 de julio de 2011

En busca del Santo Grial


-“Sólo el penitente pasará”.
(Indiana Jones)




Todavía la siguen echando por la tele y causa revuelo. No hablo de Pretty Woman (1990) ni Lo que el viento se llevó (1939), sino de Indiana Jones y la última cruzada (1989). El otro día la puso Antena 3 y el buen Josemari (luego se enfada si no doy su nombre) me puso en un sms: “Solo el penitente pasará”. Él me asegura que hacía un par de años yo le había puesto a él idéntico sms con idéntica ocasión, y me suena a verdadero. Cómo olvidar esa entrañable escena de la peli en la que Indy debe elegir entre una abundancia que ríase usted del catálogo de Ikea la copa que viene buscando: el Santo Grial?

Lo traigo a colación porque yo también llevo hace años embarcado en mi búsqueda particular, en este caso más terrenal: la hamburguesa perfecta. Sí, ya sé lo que estáis pensando: es más difícil que lo de la Última Cena. Pero los mitos molan y aún más si traen de la mano un reto. A la nómina de hamburguesas excelentes que ya detallé habría que añadir algunas nuevas, como la recientemente probada en el bar La Bulla, de Sevilla. El buen Migue también me envía un sms. En él me dice que ha estado investigando recetas de hamburguesa por Internet y que si me apunto a la guaracha.



Como sabe que soy un cocinillas de puta madre, me enrola en su aventura y le digo que sí. Hay tentaciones previas, que si caracoles, que si jamón del bueno… todo eso merecería un post propio, pero aquí me centraré en la Ofrenda al Dios de la Hamburguesa. Cual cruzados cárnicos el buen Migue y yo estudiamos varias recetas, la de Gordon Ramsey, la del afamado Jamie Oliver, otras por Youtube… al final decidimos hacer una battle of the burgers particular, echándole cada uno lo que nos venga en gana. El mínimo denominador común: medio quilo de carne picada, mezcla vacuno y cerdo, sal y pimienta.

A partir de ahí, la fantasía, la locura. Espoleados por el añejo rhythm & blues de Juan De Pablos nos ponemos manos a la obra: la elaboración. Mezclamos los ingredientes con alegría y los dejamos reposar durante una horita. Tenemos dos variantes: “Hamburguesa Migue” y “Hamburguesa Porerror”, que paso a detallar. Hamburguesa Migue lleva –además de lo ya dicho- comino, romero, dos cucharaditas de mostaza de Dijon y cebolla picadita. A la mía le pongo un huevo entero crudo, dos tostadas tipo pan integral “Ortiz” machacadas, una cucharada de salsa Worcestershire y un diente de ajo picado.



Hecho esto quedaba lo más difícil, a ver cómo las cocinamos, ahí es donde puede radicar el éxito o el fracaso de toda la empresa. Ahí me dejé guiar por el buen Migue, que está mucho más comprometido con la causa que yo, y es mucho más experto. Él propone diferentes tiempos de plancha, y al final decidimos hacer varios intentos: 4 minutos por cada lado, 5 minutos por cada lado, 6 minutos por cada lado y marcar + hacer en el horno. Servimos las hamburguesas (que eran gruesas pero chiquititas) en unos minimolletitos, acompañadas de las salsas habituales.

Pero aquí lo interesante era ver cómo había quedado la carne: menos mal que había dos invitados más, así y todo teníamos hamburguesas hasta el día del Juicio Final. Al final, hubo opiniones para todos los gustos. La textura que conseguimos no era la que estábamos esperando (y las palabras “albóndiga aplastada” de una de las invitadas no ayudaron), el color estaba bien (la mía un poco más rojita). 4 minutos parece demasiado poco tiempo, incluso para gente a la que le gusta la carne poco hecha, como nosotros. 6 minutos por cada lado sí conseguían una hamburguesa al punto. En cuanto al sabor, ninguna de las dos resultó perfecta (aunque estaban riquísimas, claro). En mi opinión, las de Migue estaban más buenas, pero faltas de un poquito de sal.



Lo que resultó una agradabilísima sorpresa fueron las hamburguesas “al horno”, superjugosas, lástima que no supiéramos exactamente cuánto tiempo las tuvimos. A lo mejor es que no las sabemos freír bien, en fin, para mí la mejor de todas fue Hamburguesa Migue versión al horno. Aunque esto plantea un problemilla, claro: una hamburguesa asada? Parece una aberración, no? Error de Dios, etc. Seguiremos intentándolo, lo prometimos.

jueves, 7 de julio de 2011

Win Win: Enhorabuena a los premiados


-“La vida es una puta mierda.”
(Triple X)




Existe en la lengua inglesa la afamada expresión “a win-win situation”, para indicar algo que no puede salir mal, en lo que no se puede perder. Superada así la dicotomía de ganar/perder, nos quedamos con Win Win (2011), título de una película que en España se ha traducido como Ganamos todos, contra la que tengo el deber moral de preveniros. Algo debí haber sospechado, ya que la tal es obra (escrita y dirigida por) Tom McCarthy, responsable de la historia de Up (2009), el mayor truño animado desde Fantasía (1940).

¿Es mala Ganamos todos, Porerror? No puede decirse, señora, como ya sabemos gracias a Carlos Pumares, hoy día es imposible que se haga una peli mal porque todos los implicados son profesionales, y hay un presupuesto bien gastado. ¿El problema entonces? Que es más aburrida que ver crecer la hierba o contemplar cómo les salen motitas marrones a los plátanos (que diría Chris Peterson). No puedo decir que la peli sea mala, pero sí aburrida y para mí eso constituye el mayor de los pecados.


La historia es simple: un abogado mediocre (por no decir fracasado) en todos los ámbitos de su vida urde une trama para beneficiarse de un anciano cliente suyo, lo que le acarreará tener que relacionarse con el nieto del viejo y posteriormente su hija, problemáticos especímenes de esa América cutre de muebles de jardín y whisky en vasos de papel que tan bien retrató entre otros Raymond Carver. Pensad “indie” y acertaréis… a medias. Pensad más bien en un quiero-y-no-puedo de Juno (2007), Pequeña Miss Sunshine (2006), Napoleon Dynamite (2004) y cine deportivo sin cafeína.

Familias anodinas, presencia juvenil, pasillos de instituto… podría ser mi peli favorita, pero no: para eso teníamos la serie de TV Freaks and Geeks (1999-2000), aquí lo que predomina es el tonito anodino de la América no televisiva: sin rascacielos, sin glamour, sin playas… solo arquitectura cutre, vehículos anticuados y relaciones agriadas por una vida que al repartir las cartas no nos dio una mano demasiado generosa (por decirlo suavemente). El título de “comedia” indie lo había añadido falsamente mi febril imaginación: apliquemos más bien a Win Win el término melodrama. No voy a negar que, así y todo, existen golpes de humor negro, pero lo que habría sido un excelente telefilme no da la talla a mi juicio como peli de Hollywood.


El elenco no ayuda mucho: un abúlico Paul Giamatti (sus mejores caritas de hombre agobiado desde Entre copas, 2004), Alex Shaffer, un zangolotino a quien dan ganas de matricularlo en un PCPI (de hecho, lo primero que hacen en la peli es llevarlo al instituto), Burt Young (en un papel de persona ligeramente menos desagradable que el cuñado de Rocky Balboa) y otros actores y actrices.

Toda la película conduce a esa sensación anestesiada que es un falso consuelo: lucha, pero poco, el Sueño Americano versión baja en calorías, no te conformes con tu vida (que eso es judío y católico) pero tampoco te creas que la vas a poder cambiar radicalmente. En fin, que si la queréis ver, ya estáis avisados: para mí la experiencia solo puede ser calificada como insatisfactoria, como un beso en la boca con los labios duros, como comer espárragos sin mayonesa, como bañarse sin meter la cabeza debajo del agua, como… you get my meaning, right?
 
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