Vivencias polimórficas de un treintañero perplejo.

Mostrando entradas con la etiqueta Adriano Celentano. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Adriano Celentano. Mostrar todas las entradas

jueves, 8 de enero de 2009

"Adriano ha llegado" (y II)


Dejando a un lado el dato enciclopédico sobre Adriano Celentano (aunque la última entrada no pretendía, ni de lejos, ser una exposición exhaustiva de su carrera), hoy quisiera centrarme en una suerte de autobiografía celentanesca, y contaros por qué la música de este hombre es tan importante para mí. En un comment al post anterior, la buena Karmen comentaba que actualmente en Italia Celentano es un dios, y pienso que no va desencaminada. Tened en cuenta que solo en 2008 este hombre ha sacado cinco singles de éxito, y doy fe de que cada vez que en Italia entré en una tienda de discos y pedía que me recomendaran algo bueno, el dependiente siempre pretendía venderme el último álbum de Adriano.

Mi primer acercamiento a sus canciones tuvo lugar a través del recopilatorio del que hablé ayer, que incluía creo recordar veinticuatro temas de los mejores, desde luego. Tendría yo doce o trece años, y durante años ese fue mi “canon celentanesco”, lo demás directamente no existía porque sería además imposible de conseguir. Con quince años un tío mío descubrió mi afición al cantante italiano y me prestó su single “Pitagora/A cosa sirve soffrire” (1960) que él guardaba como una auténtica joya. La verdad es que “Pitagora” es un originalísimo rock and roll que toma como base de su letra el teorema de Pitágoras y resulta bastante divertido. Si tenéis curiosidad buscadlo porque está en YouTube (lo cierto es que, a mi entender, cualquier canción rock que incluya la palabra “teorema” puede ser calificada automáticamente como obra maestra).


Ah, amigos, la adolescencia, ¡los años locos! Mi recién adquirida sensibilidad anglosajona me hizo descartar a mis viejos ídolos Antonio Machín, Aznavour, Mecano y por supuesto Celentano a favor de cosas como Simon & Garfunkel, Beatles, Queen o Rolling Stones. Para que os hagáis idea, hasta los 20 años no escuché nada que no fuera en inglés, me dio por ahí (una gran estupidez). Pero ¿a quién pretendía engañar? Cada vez que por H o por B sonaba en la radio o escuchaba donde fuese una canción de Adriano la verdad es que la apreciaba en lo que era, y ojo que este hombre tiene muchos temas ramplones (como Elvis) pero en su repertorio cuenta con al menos una docena de canciones que consiguen ponerme literalmente los pelos de punta, y ese nivel de emoción creo que no lo he experimentado con ningún otro artista, si acaso los Beatles.


Hace un par de años me encontraba escuchando en Radio 3 Flor de Pasión, el excelente programa del insufrible Juan De Pablos cuando un día le da por hacer un serial de toda la carrera de Adriano Celentano, exhaustivamente y en orden cronológico. Esto le llevó varios programas, claro, y excuso decir que yo no los pude escuchar todos, pero sí escuché lo suficiente como para darme cuenta de que tenía que profundizar en la discografía del artista. Yo tenía a Celentano por un Grande, pero pensaba que con un recopilatorio ya teníamos más que de sobra. Craso error. Con la de mierdas secas que compro y escucho a diario, pensé, ¿cómo es que nunca me ha dado por ponerme en serio a buscar los discos de este hombre?

Amazon.com fue la solución, e Internet mi fiel aliada para poner en orden la carrera de Celentano, del cual yo desconocía hasta el título de los LPs originales o un dato tan básico como de qué año era cada canción. Poco a poco me fui haciendo con todos sus álbumes entre 1966 y 1972. Lo anterior de su carrera lo he solventado con tres recopilatorios (hay demasiados singles y EPs, hubo un cambio de disquera… resulta un lío), y lo de después de 1972 francamente me da miedito. Pero si los Rolling Stones, los Kinks, Elvis y otros hicieron buena música en esos años, ¿por qué no va a ser bueno lo de Celentano? Antes o después esos discos irán cayendo.


Lo último que me he pillado ha sido Tutto Adriano 1958-1964 (2007), que pese al título no es todo lo que grabó en esos años para el sello Jolly pero sí una muy buena selección, sobre todo interesante por los singles, caras B y temas sueltos de EPs. Este verano en Italia me di un auténtico festín de música sesentera, y cayeron varios disquitos del buen Celentano. Entre ellos uno que la propia Amazon desistió de buscar y había dado por descatalogado pero que apareció en una tienda de un pueblo de Sicilia.

Uno de esos pedidos a Amazon, que realizó un lector cuyo nombre no revelaré pero diré para su oprobio que es fan de las ópticas, tardó tanto en llegar que a mí se me había olvidado. Al cabo de muchas semanas recibo al mediodía un críptico sms de mi amigo: “Adriano ha llegado”. Yo me quedé pasmado: enhorabuena, pero ¿quién es ese Adriano y a dónde dices que ha llegado? Claro que no era Adriano en persona quien había llegado (entre otras cosas, creo que cobra más de 6.000 euros solo por dejarse ver en un sarao), era su música, y desde entonces sus CDs me acompañan. Si no lo conocíais dadle una oportunidad y si ya sabíais quien era, cantad conmigo: “Azzurroooo, il pomeriggio è troppo azzurro e lungo per meeee…!”

martes, 6 de enero de 2009

"Adriano ha llegado" (I)


El 6 de enero de 1938, en el día de la Befana (la bruja que hace las veces de Reyes Magos en Italia), la cigüeña dejó en Milán un bebé llamado Adriano Celentano. Así empezaba un preciosísimo cómic-historia sobre el cantante italiano que ocupaba todas las caras de la funda de un LP doble que tenía mi padre, recopilatorio de Celentano desde 1959 hasta 1972 (entre nosotros: su época buena). Como hoy es 6 de enero, he querido conmemorar a este grandísimo artista.

Para mí hablar de Adriano Celentano es muy complicado, se mezclan demasiados sentimientos y no puedo expresarme con claridad. Es algo así como escribir sobre Fito Páez o sobre Londres, cosas que por cierto ya he intentado en Estatuas Verdes, y siempre me dejo llevar por la hipérbole. Ahí va una: Adriano Celentano es mi artista favorito. No es así, pero como si lo fuera. Vayamos por partes pues.


Supongo que este cantante/actor/showman/inventor del chicle italiano no necesita presentación, pero por si acaso démosle una pequeña. Su campo de excelencia es la canción, dejémoslo claro desde un principio, aunque ha hecho numerosas pelis flojas (también apareció en La dolce vita -1960- de Fellini, por cierto: cantando, claro). Sería un poco tramposo decir de Celentano que es “el Elvis italiano”, pero los paralelismos con el ídolo de Memphis son muchísimos. Elvis inventó el rock and roll, Adriano tampoco. Lo de las pelis malas ya lo he dicho, y además ambos tuvieron una etapa semioscura con el advenimiento del beat inglés (que volvió su pop comercial obsoleto) para renacer luego sobre 1968 convertidos en crooners, showmen y lo que hiciera falta.

Lo que sí voy a decir alto y claro es que Adriano Celentano es el primer artista original que dio Europa en toda la era rock. El primer rockero europeo auténtico, para entendernos. Ni siquiera en Gran Bretaña (no digamos Francia, Alemania o España) tuvo nadie la visión de apropiarse de los nuevos sonidos blanquinegros y de hacer algo original y nuevo con ellos, más allá de toscas versiones en inglés. Y eso que los cuatro primeros singles de Adriano (todos de 1958, amigos!) eran toscas versiones en inglés de hits de rock and roll de Little Richard, el propio Elvis o Fats Domino. Pero este hombre enseguida se dio cuenta de que era necesario adaptar el nuevo idioma “rock” a su cultura y ya desde 1959 se lanzó a hacer rock and roll del bueno compuesto en italiano.


Para ello se rodeó siempre de excelentes compositores y arreglistas, entre ellos Del Prete y Beretta, que le componían sus cancionazas. Luego con el tiempo, Celentano llegaría a darle su primera oportunidad a autores de talla como Paolo Conte o Don Backy. Ignoro qué grado de control artístico tuvo Celentano sobre sus grabaciones y discos editados pero sospecho que alguna mano en la elección del repertorio sí que tenía. Sus primeros números 1 y megaéxitos (“Il tuo bacio è come un rock”, “Impazzivo per te”, “24 mila baci”) son un prodigio de composición, arreglos e interpretación. Estaba claro que este hombre era una máquina de hacer dinero.

Pero Celentano no se limitó a copiar o “adaptar” un solo estilo de rock USA, también exploró otros estilos siempre comerciales y bailables pero siempre de manera honesta, como el rockabilly, el doo-wop, el chachachá, las baladas, el tango o el twist. Hacia 1964-65 el hombre tuvo un pequeño bajón en la calidad de sus temas, coincidiendo con el huracán Beatles y todo lo que conllevó. Él, que a lomos del huracán Elvis (por así decirlo) se llevó por delante a toda una generación de artistas orquestales y melodiosos, debía hacer frente a la realidad de que sus cancioncillas quedaban obsoletas frente al nuevo beat, pop-rock, folk rock y demás.


Adriano supo sobreponerse a las modas en incluso en 1968 le escribió una carta al “beat” (nombre con que él se refería a todo el pop sixties) diciendo que por su culpa los jóvenes no se lavaban, se drogaban, se escapaban de casa y olvidaban a Dios. Celentano, el rockero loco que en 1959 cantaba “yo soy rebelde en el vestir, en el pensar, en el amar a mi chica” era ahora un cómodo representante de la ideología conservadora. Pero su música no sufrió. Si queréis, le dio por hablar de ecología, de superpoblación, de drogas duras, de huelgas... en plan paternalista, pero todo venía envuelto en unas canciones tan pegadizas, tan bien escritas, con tantísima garra que se le perdona todo.

Y eso por no hablar de la mayor aportación de Celentano a mi panteón pop personal. Objetivamente, su contribución a la música popular es haber traído el rock a Europa (lo siento, no fueron Cliff Richard, Johnny Halliday ni el Dúo Dinámico) pero a mí por lo que más me gusta es por sus canciones de amor. No necesariamente baladas, él siempre sabía darles un toque entre granuja y caballero que –según un amigo mío que liga mucho- tan atractivo resulta a las tías. Y los tíos supongo que veían en él más que a un donjuan competidor a un buen colega, un prototipo de romanticismo con los pies en la tierra francamente apetecible de imitar. Porque la educación sentimental nos la han dado las canciones (y las películas), ¿no lo sabíais? Mañana seguiré ahondando en la historia de Adriano Celentano, en su relevancia en mi vida y se verá el porqué del título del post.
 
click here to download hit counter code
free hit counter