Vivencias polimórficas de un treintañero perplejo.

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domingo, 6 de julio de 2008

Retorno 201


Os voy a contar un secreto. La semana pasada tuve una caída cultureta del copón. “Caída” en el sentido de metedura de pata, no es que se enterara nadie ni tampoco que importara. Al único al que le afectó fue a mí, y a lo mejor ha resultado que con la equivocación he salido ganando. Me explicaré.

Entro en una librería de un pueblo a la que voy con frecuencia por caerme bien: no es muy cara y para lo pequeña que es tiene una selección exquisita de títulos (además de los best-sellers habituales). Solo tenía un billete rojo y nada que leer, así que me dije a mí mismo “de aquí tengo que salir con un libro que cueste menos de diez pavos”; evidentemente algo de bolsillo, se encuentran tales perlas… Mirando mirando me topo con un volumen de cuentos, no muy gordito, por siete euros, ya sabéis, lo mío. El nombre del autor me resultaba muy familiar, creí recordar que se trataba de uno de los maestros del relato hispanoamericano, así que no me lo pensé más.

Un cuentista mejicano… mmmh… entonces llego a mi casa, abro la solapa y leo: “Soy autor de los guiones Amores perros, 21 gramos, Babel y Los tres entierros de Melquiades Estrada”. He ahí mi caída: había confundido a Juan José Arreola (cuentista mejicano, 1918-2001) con Guillermo Arriaga, cuyo libro me había llevado. Ni siquiera sabía que Arriaga escribiese, más allá de sus premiados guiones, que -vaya por delante- me encantan. Como no había vuelta atrás, me leí el librito de Arriaga, y debo decir que ha supuesto una de las más gratas sorpresas literarias del año (tanto más cuanto que fue inesperada y casi indeseada).

El volumen que pillé se llama Retorno 201 (2006), y recoge al parecer “todos” los cuentos del writer mejicano, catorce en total. No se indica si es una recopilación o un volumen montado ex profeso pero me inclino por lo segundo dada la hilazón que une muchos de los relatos. Hay personajes comunes, desde luego temas comunes, pero solo un denominador común a todos y cada uno de ellos: el hecho de estar ambientados en la calle Retorno del D.F. (de ahí el título Retorno 201, que es una dirección).

Siempre que recomiendo aquí un libro de relatos me entra la tentación de contaros algunas de las anécdotas, en este caso os podía hablar de: un vecino antisocial que arrastra en silencio el drama de ser víctima del Katrina, un anciano que sufre un ataque al corazón mientras ve la tele, un médico que realiza un chapucero aborto clandestino, una mujer casada recluida a la que apodan “la Viuda”, un muerto que se niega a aceptar su condición de tal, unos chavales de barrio que pelean por su identidad… como siempre, los qués quedan muy descoloridos frente a los cómo-están-contados.


La crudeza y fragmentación de los relatos (en uno de ellos llega a haber 31 minicapítulos y tiene solo 14 páginas) me ha recordado mucho a las películas que se han hecho con los guiones de Arriaga. También, como digo, la violencia y los sentimientos al límite: las palizas, violaciones, desgarros, urgencias médicas, muertes trágicas. Aquí no hay –de buen rollo- espacio para la esperanza. Solo hay lo que Arriaga en un momento llama “los hondos dolores de la vida”, que según él merecen ser contados en historias. Por hacer un chiste fácil (a ver si así me redimo por confundir a Arreola con Arriaga), la calle Retorno se convierte en una especie de “Desolation Row”, calle de la desolación como la que cantó Dylan.

Aparte de las pelis, a lo que más me ha recordado este Retorno 201 es a los libros de Juan Rulfo, -este sí- máximo exponente mejicano del relato corto en el siglo XX (y en todos los siglos). Hay muertos que no parecen saber que lo están, hay muertes violentísimas y maldiciones que se trasladan de padres a hijos. Hay injusticia y autoridades corruptas. Hay pasiones vitales, apego a la tierra, secretos familiares, y todo esto contado con una economía de recursos y un lenguaje bastante preciso, sin escatimar horrores. Sí, amigos, las tres anteriores frases podrían aplicarse tanto a El llano en llamas (1953) de Rulfo como a Retorno 201 de Arriaga. Y no pretendo decir que este último esté a la altura del otro, tampoco es eso. Pero si queréis deprimiros leyendo buena literatura… ya sabéis dónde la hay, y baratita.

martes, 26 de febrero de 2008

No veas cómo estamos con los Texas Tornados


Hasta hace bien poquito mi único conocimiento sobre la cultura Tex-Mex provenía de los supuestos restaurantes de este tipo que hay en mi ciudad. El mejor sin duda es el Texas Lone Star Saloon, regentado por un tejano ex marine cuyo hijo era compañero mío en el colegio. Además de unas hamburguesas de meter miedo, en este local sirven un postre llamado “Texas Tornado” consistente en un brownie acompañado de nata montada y una bola de helado. Pensad en ello y dejadlo ahí.

Es fascinante el enorme latrocinio territorial perpetrado por los USA contra Méjico a lo largo de todo el siglo XIX. Aparte de la Independencia de la “República de Tejas” (ríase usted de Kosovo) que enseguida se anexionó a EEUU, ahí queda esa guerra entre 1846-48 que culminó con el ominoso “Tratado de Guadalupe Hidalgo”. Resultado: el 50% del territorio mejicano pasó a manos gringas en un abrir y cerrar de ojos. Por eso, niños y niñas, hay tantísimos topónimos españoles en el Sur de los Estados Unidos, por eso hay estados llamados Tejas o Nuevo Méjico y por eso en la serie de Chuck Norris Texas Walker Ranger (1993-2001) sonaba una canción que decía “Hey, baby, ¿qué paso?... won’t you give me un beso?"

Esa canción es de un señor llamado Freddie Fender, que murió en 2006 y era un histórico del country (sección tex-mex). Con esta ola de tejanismo que nos azota (ver No es país para viejos), quizá sea bueno recordar cómo en la peli Los tres entierros de Melquiades Estrada (2005) sonaba otro tema de Fender que fue número uno en listas pop y country en 1975, la balada “Before the Next Teardrop Falls”. A los diez años debutó en la radio cantando una de los Rolling Stones, y luego se dedicó a versionear a Elvis Presley en español. En 1990 la fortuna le volvió a sonreír al formar parte de un supergrupo Tex-Mex llamado los Texas Tornados (como el postre de mi amigo), que eran los que cantaban “Hey Baby Que Paso”.

El resto de este supergrupo lo componían el acordeonista Flaco Jiménez (no es moco de pavo: tiene Grammys en solitario y con grupo y ha tocado con Bob Dylan o Ry Cooder) y dos personajes que merecen mención aparte. Me refiero a Doug Sahm y a Augie Myers, ex componentes del legendario grupo de garaje de los sesenta Sir Douglas Quintet. Comenzaron como un gran fraude, haciendo creer que eran británicos (era la moda, de ahí su apelativo), pero nada más oír lo que tocaban se les veía el cartón. Su tema “She’s About a Mover” (1966) es un clásico nugget en toda regla pero además (raro en el género) sus álbumes enteros merecen la pena.

Hace pocas semanas me invitaron a casa de un amigo a ver vídeos musicales y a poner discos, y me llevé mi ejemplar en vinilo de Mendocino (1969) de Sir Douglas Quintet. El anfitrión, aficionado al country rock y la música con raíces, no los conocía, y quedó mareado al escucharlos. También ha un par de meses que estuve en una pinchada de unos poperos modernos, donde sonaron muchos clásicos de los sesenta, y yo le pedí al DJ el tema “She’s About a Mover” pero él no lo conocía. Le recomendé al grupo, el tema en cuestión suena como si los Beatles tocaran “She’s a Woman” con una indigestión de frijoles.

Sus dos primeros discos (el fraudulentamente titulado The Best of Sir Douglas Quintet, de 1966 y el The Sir Douglas Quintet Is Back! de… ¿1967? ¡Qué más da!) mezclan soul, pop, Tex-Mex, country, música Cajun, rock and roll y lo que haga falta. Lo mismo tocaban la historia de John Hardy (como la Carter Family), que un tema imitación Beatles que el clásico ese de Leadbelly que décadas después versionara Nirvana en su Unplugged In New York (la del grito al final). Y este es el espíritu que preside la producción de los Texas Tornados, a los que hay que añadir una debilidad por el blues eléctrico y por la música norteña mejicana.

Esta semana ha caído en mis manos un disco en directo de los Tornados, y lo que más me impresiona de ellos es su versatilidad. Todo lo tocan y todo lo hacen propio: no hay impostura en ningún momento. Además, tengo debilidad por el Spanglish, y las letras son acojonantes. En este concierto, grabado en Austin, TX en 1990, aparecen los citados clásicos de Fender, de Sir Douglas Quintet y nuevos temas de los Tornados (“Laredo Rose”, “Dinero”, “She Never Spoke Spanish to Me”), y hasta el “96 Tears” de ? And the Mysterians como propina. Conclusión: la próxima vez que vaya a hincarle la cuchara a ese brownie con esa nata por encima y ese helado le preguntaré al postre “Hey, baby, ¿qué pasó?”
 
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