Vivencias polimórficas de un treintañero perplejo.

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lunes, 25 de febrero de 2008

No es película para yanquis


Vale, sí… Expiación (2007) no ha ganado ningún Oscar, ¡dejad de gritarme! Bueno, ya, que ha ganado uno, el de “Mejor banda sonora original”, que era precisamente el único que yo no quería que ganase porque había un español nominado (Alberto Iglesias, por la de las “Cometas en Kabul”, o como se llame). Algo he oído de que hay otro español que sí ha ganado un premio, ¿no? De eso no sé nada, la verdad.

Me da coraje que en casi todas las galas de los Oscars tenga que haber una peli que sea “la gran derrotada”, y me da coraje que este año este papel le haya tocado a Expiación, a mi parecer una de las mejores del año, con larga diferencia (evidentemente otro gallo estaría cantando si se hubiera llevado los seis galardones que se tenía que haber llevado). Y pensar que un truño soberano como El señor de los anillos III: El retorno del rey (2003) consiguió 11 estatuillas… se me ponen los pelos de punta. A mí me da igual, para mí Expiación seguirá siendo, como mínimo, la mejor peli de las que estaban nominadas, el mejor guión adaptado y ya no hablemos de cosas como dirección artística, fotografía y vestuario (el traje verde de Kiera Knightley frente a los oropeles vacuos de la feísima Reina Isabel I de Inglaterra… ¡¡estoy que echo chispas!!). A mí me da igual, conozco a alguien que va a Londres este fin de semana y ya le tengo encargada la novela de Ian McEwan.

La “gran triunfadora” de este año ha sido claramente No es país para viejos (2007) de los hermanos Coen. Vaya por delante que soy megafan de este tándem cinematográfico. Se lo compro todo: desde Sangre fácil (1985) hasta ese remake flojote de El quinteto de la muerte (Ladykillers, 2004) pasando por una de mis biblias, El gran Lebowski (1998). Ahora por lo visto están rodando la última novela de Michael Chabon, The Yiddish Policemen’s Union (2007), veremos en qué queda. A lo que iba es a que me gustan los Coen, y por eso me tiré como una fiera para ver No es país para viejos el día de su estreno.

La película me gustó, me gustó mucho, pero me dejó un regusto tan contradictorio que no quise ni comentarla en este blog, porque sabía que iba a tener que hablar mal de ella y no estaba seguro de saber expresar exactamente cómo me había parecido. En el blog Almanaque de Otoño leí luego una crítica que me pareció muy acertada, y que amplificó la sensación de insatisfacción y perplejidad que la peli me había producido (amén de un gran impacto positivo en lo visual, todo hay que decirlo). Luego hablando y hablando, con muchos amigos que saben de cine mucho más que yo, todo el mundo coincide en lo mismo, en que la peli te deja un poco chafado, y que el final no te llena.

Gente que ha leído a Cormac McCarthy (autor de la novela en que se basa el film) me ha dado ciertas claves para interpretarla… que si es un tempo muy lento, que si el estilo se basa en que aparentemente no pasa nada… todo lo que ustedes quieran. Para mí, cuando a una obra (sea peli, libro, disco o cuadro) hay que ir detrás poniéndole paños calientes y pidiendo perdón para explicarla, malo. Es verdad que hay cosas que van creciendo, que crecen dentro de uno y que solo toman su verdadera dimensión con el tiempo. Pero a mí no me está pasando con No es país para viejos. La sigo recordando con gusto, pero dista mucho de parecerme redonda.

El crítico inglés John Berra (autor del libro Declaraciones de independencia: El cine americano y la parcialidad de la producción independiente, 2008) ha dicho de ella que es “un impresionante retrato de la penetración del mal en el mundo y la incapacidad de los mortales para huir de él o comprenderlo”, pero yo por si acaso me he apuntado en Facebook a un grupo de discusión creado por un colega y que lleva por título “Estaba pensando en otra cosa durante la última escena de No es país para viejos. Esto fue justamente lo que me pasó a mí: el final me cogió con el pie cambiado, me dejó frío frío.



Entiendo que a lo mejor parte del problema es mi horizonte cultural, ya que (por sensibilidad y formación) me encuentro infinitamente más cercano a una historia que se desarrolla en Inglaterra durante los años 30 y 40 que a otra fronteriza de Tejas en los años 80. Los premios BAFTA (del cine británico) sí que reconocieron a Expiación como la mejor peli del año -qué menos-, y tal vez sea comprensible (haciendo una aventurada conjetura) que en los USA se prefiera esa historia de los Coen con desiertos, sombreros de cowboy y gente que vive en caravanas antes que esta otra en la que los pollos pera beben güisqui y las niñitas perversas escriben cursis obras de teatro mientras sus hermanas se follan al servicio.

jueves, 7 de febrero de 2008

Juno: Retrato de la preñada adolescente


Señoras y señores: se ha producido una injusticia y como tal hay que decirlo. Ya cuando vi las nominaciones a “Mejor guión original” de los Oscars de este año me olió a pescadilla que se quedase fuera la peli Viaje a Darjeeling (bueno, de esa y de todas las categorías, ya puestos a denunciar). Vi que sí estaban nominadas Juno, Ratatouille, Michael Clayton y otras dos de las que no había oído hablar. Entonces no había visto ninguna de ellas, pero hoy he visto Juno y de ella quiero hablaros. Cierto que en sí esta peli no es responsable de haber dejado fuera a Darjeeling, pero en mi cabeza sí lo es, puesto que viene a copar el nicho de peli “independiente/friki” tan del gusto de la Academia americana en los últimos años.

¿Hace falta recordar los galardones de Casi famosos, Lost in Translation, ¡Olvídate de mí!, Entre copas (este como “Guión adaptado”) o Pequeña Miss Sunshine en lo que va de década? El propio Wes Anderson, director de Viaje a Darjeeling, estuvo nominado en 2001 por su peli Los Tenenbaum, aunque ese año ganara Gosford Park. Las pelis aquí citadas tienen en común su punto friki, alternativo y falsamente anticomercial. Eso es lo que ofrece Juno (no nos engañemos) y por eso yo la veo la directa competidora de mi favorita de este año.

Juno es mi comedia indie anual (el médico me había avisado de que ya me tocaba pronto). Y es que esta peli lo tiene todo: críos inadaptados en los papeles principales, está ambientada en la América profunda (no la de los tiros de Bardem: la de andar por el bosque 10 km para ir a la tienda), títulos de crédito de animación un tanto desvaídos, una banda sonora con canciones indies lo-fi… Todo esto lo vimos ya en Thumbsucker (2005) o Algo en común (Garden State, 2004)… ¿qué es entonces lo que aporta de nuevo Juno, esta comedia de Jason Reitman que se presenta como la “tapada” de los Oscars de este año (cuatro nominaciones: mejor guión, peli, director y actriz principal)?

Básicamente es la historia de Juno McGuff, (llamada así por Juno, la versión romana de la diosa Hera, cuya experiencia con los bebés incluye intentar matar a Hércules en la cunita), una chica de 16 años que de buenas a primeras se queda embarazada. Para Juno, hacer el amor consiste en sentarse en una silla, como si de un sketch de Peter Cook y Dudley Moore se tratara (el del padre y el hijo hablando de sexo). La chica (interpretada por Ellen Page, la que hacía de Kitty Pride en la tercera parte de X-Men) se debate entre abortar o tener el bebé y darlo en adopción, ya que desde el principio se ve incapaz de quedárselo y criarlo ella. El padre de la criatura es su amigo del instituto (Michael Cera, el de Supersalidos, quien nos da una idea de cómo debió ser Beck en su adolescencia), y, en fin, aparece en escena una pareja con posibles interesada en adoptar al niño, de vez en cuando salen por ahí la mejor amiga y la familia de Juno… todo ello presentado con la revolucionaria estructura narrativa de cuatro partes correspondientes a las cuatro estaciones del año: otoño, invierno, primavera y verano (en orden cronológico).

Lo que más me ha gustado de esta peli han sido sus diálogos, frescos y chispeantes (por servirme del cliché). En serio, las situaciones se prestan a intercambios de frases muy ingeniosas, y supongo que por eso habrán nominado a la autora, Diablo Cody (un nombre que merecería el Oscar al mejor seudónimo), al Oscar de guión, y no por la historia en sí, que está sacada directamente de un telefilme de los de por la tarde en Antena 3. Otro de los grandes puntos fuertes de Juno es su exquisita banda sonora, preñada (nunca mejor dicho) de canciones indies de Belle & Sebastian, Moldy Peaches o Cat Power junto a clásicos imposibles de los Kinks, Mott the Hoople, Buddy Holly o una versión de los Carpenters cortesía de Sonic Youth. Mención aparte merecen los temas que para la peli ha hecho Kimya Dawson, ex de Moldy Peaches, en una línea de puro twee o anti-folk.

Entonces, ¿la peli mola o no? Sí, coño, id a verla y ya me contáis. Juno está bastante bien… muy bien (¡... dejad de gritarme!). Es solo que vengo cabreado por lo que comentaba al principio acerca de las nominaciones de este año. Es una historia entretenida, a ratos graciosa y a ratos tierna, que bien vale una entrada de cine. Y además podéis salir tarareando un par de los pegadizos y depresivos temas de la banda sonora. Ahora bien, que nadie vaya a verla pensando que se va a encontrar con un prodigio de guión tipo Reservoir Dogs (1992) o Réquiem por un sueño (2000) ni con una Biblia juvenil tipo Reality Bites (1994) o Solteros (1992). Mi consejo: si queréis ir este año a una buena peli sobre la maternidad y los problemas de las familias, corred a ver Viaje a Darjeeling. Y si ya la habéis visto, haced como yo y vedla otra vez, como desagravio por su omisión en los Oscars.
 
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