Vivencias polimórficas de un treintañero perplejo.

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miércoles, 11 de junio de 2008

La suerte de la fea...


Ya la demanda popular era imparable, y hasta el otro día desde los comentarios el Grillo se preguntaba por qué no abordaba el tema de Bea la Fea and the power of the flower. La razón es muy sencilla, tenía previsto escribir sobre La familia Mata y como comprenderéis, no es plan hablar de televisión dos días seguidos. O eso, o es que no soporto la serie Yo soy Bea.

A lo mejor por eso no se iba a escapar sin su correspondiente post. Juro que –sin ver el famoso capítulo de la transformación- me he estado empapando de sus crónicas en la prensa y he visto por YouTube los instantes cruciales. Lo cierto es que andaba cavilando algo inteligente que decir, pero no se me ocurre nada. Mi primer instinto al contemplar tan televisivo y esperado momento (¿Cuántos capítulos lleva ya esa serie? ¿Dos millones?) ha sido el sentir que se trataba de una broma. En efecto, ve uno las imágenes y se da cuenta de que el personaje de Bea, la pupitesca pero eficiente secretaria de la revista Bulevar 21, se ha transformado de fea en… otro tipo de fea.

Más petarda, más fashionista, pero, en palabras del buen Miqui Nadal, “más fea que mandar a una abuela por droga”. Ojito al dato, vaya por delante que a mí no me gustaba la antigua Bea y me sigue sin gustar esta (la actriz Ruth Núñez) pero, visto lo visto… ¿tan mal estaba aquella? Objetivamente yo no la veía tan fea y sí, tenía aparato en los dientes, el peinado no le favorecía mucho y seguro que no se depilaba el sobaco pero de ahí a hacer girar todo un kilométrico culebrón en torno a su fealdad… me parece muy heavy.

Por supuesto que Yo soy Bea no es una idea original, sino una adaptación de aquella gloriosísima novela colombiana que fue Betty la fea. Aquello sí que era obra maestra, amigos. Y además hablaban en colombiano, con lo que la risa estaba asegurada (vaya este comentario desde el respeto). No soy muy fan yo del culebrón sudamericano, género del que sin gustarme admiro enormemente su importancia en la cultura popular. En mi vida sólo he visto tres de estos seriales: Agujetas de color de rosa (1994), Betty la fea (1999-2001) y Pasión de gavilanes (2003); casualmente las tres contaban con magistrales sintonías musicales, sin duda lo que me atrajo de ellas en un principio.

De las tres fue Betty la fea –digámoslo- la mejor, y prueba de ello han sido las incontables adaptaciones internacionales que ha tenido (ayer mismo en Sé lo que hicisteis les hicieron un divertido repaso). La más sonada fue la norteamericana, titulada Ugly Betty (2006) y para la que al parecer puso el dinero Salma Hayek. Ahora que acaba la Bea de Telecinco (o al menos ya se le ve la punta) la Betty yanqui nos la trae Cuatro, y nos la están vendiendo como si fuese la gran cosa (inciso cruel: la gran cosa sí que va a ser ver a esa pobre mujer que hace de Betty pareciendo guapa al final de la serie: yo no me lo creo).

¿Por qué le doy tanta importancia a la belleza de las actrices/personajes? Porque eso es precisamente lo que hacen estas series, Betty la fea y su internacional progenie. No vayamos a engañarnos, lo que estas series preconizan no es un nuevo tipo de mujer o un desprecio por el aspecto físico, ni la abolición de lo que las feministas denominan “la tiranía de la belleza”. Tout au contraire! Al final la moraleja es siempre la misma: “sí, sí, muy lista y muy capacitada la chica, pero para que su premio sea completo debe acabar volviéndose guapa, si no, no tendrá éxito del todo”. Si no, no vale. Esto no es El príncipe de Zamunda (1988) donde a una persona se la quiere por lo que es. Aquí el galán de turno no se casa con la chica hasta que no aparece como guapa.


Y sí, he dicho bien, el premio es para la chica, no para el galán. O sea que al final resulta que si no eres guapa no mola. En mi opinión, la serie española tiene dos méritos. El primero, haber rescatado a Fedra Lorente, aquella sempiterna “Bombi” del Un, Dos, Tres (en su mejor papel desde Amanece que no es poco, 1988). El segundo, hacer que la supuesta guapa siga siendo bastante feilla. ¿Habrá aquí un astuto comentario postfeminista cargado de ironía? Larga es la tradición de la frase “Que se mueran los feos” (canción de Los Sirex, novela de Boris Vian), pero a lo mejor tocaba ahora pedir que se muriesen los guapos. En principio yo no estoy a favor de que se muera nadie, pero si no… difícilmente vamos a abolir la antigua falacia moral belleza=bondad.

jueves, 24 de abril de 2008

Sé las narices (que tocasteis)


-"¿Has leído El corazón de las tinieblas, chata?"

-"¡Jarl!"

Constato un fenómeno. Tendencia, llamadlo como queráis. Sabido es que hace aproximadamente un año las parrillas televisivas españolas tocaron techo de saturación en lo que a programas rosa se refiere. Ahí andaba el Tomate, liderando la franja de la siesta, y un sinnúmero de otros espacios a todas horas cuyos nombres no recuerdo pero vosotros sí. Entre todo esto resistía, ahora y siempre al invasor el programa de Boris (Channel nº4), autoerigido en fanzine del glamour de andar por casa.

Para dar caña no al famoseo, ni siquiera al mundo rosa sino a los periodistas del corazón, creó La Sexta el inteligente espacio de humor Sé lo que hicisteis la última semana, presentado por Patricia Conde y Ángel Martín, más Miqui Nadal y otros. En este espacio se burlaban con muchísima gracia de todo aquello que de risible hay (o de miserable) en el periodismo del colorín, sacaban vídeos y citas –a veces fuera de contexto pero nunca tergiversadas- que hacían parecer a sus protagonistas como auténticos imbéciles. Eso, con suerte, cuando no los hacían parecer directamente malos o mezquinos (caso sobre todo de Jorge Javier & co).

Se podrá decir que Sé lo que hicisteis... es un espacio parásito, que se nutre del trabajo de los demás. Sí señor, exactamente igual que todos los programas de zapping que en el mundo han sido (incluyendo Homo Zapping) y el 99% de los magazines, talk shows o como se les llame actuales (léase Boris, Ana Rosa, García-Campoy, etc). Sin embargo Sé lo que hicisteis... logró un gran éxito (extrapolado a la modesta repercusión de La Sexta) y se apuntó un tanto no solo regurgitando material ajeno sino realizando verdaderas creaciones de humor al más alto nivel. Tanto es así que les han llovido trillones de premios, y que el espacio, de semanal, pasó a diario (cambiando su nombre simplemente a Sé lo que hicisteis…) y luego de sesenta minutos se alargó a noventa, fichando a nuevos colaboradores.

Mi tesis es que, igual que en la Baja Edad Media el Verlag o mercader independiente se cargó el tradicional sistema de gremios, el programa Sé lo que hicisteis… es en gran medida responsable de la desaceleración por la que están atravesando últimamente este tipo de programas del corazón, y muy especialmente el Tomate. No tanto por robarles la audiencia (el Tomate se canceló como invicto líder, aunque con menos espectadores) sino por aportar una nueva mirada a este mundo, de modo tal que una vez expuestas las miserias y la ridiculez de los periodistas rosas, nadie en su sano juicio puede volver a tomárselos en serio.

El problema, a mi entender, de Aquí hay tomate es que lo que empezó siendo un programa ligero, con una mirada nueva, cargado de humor y mala leche (¿os suena?) se convirtió en una temida institución inquisitorial que lo mismo te sacaba a Franco pescando atunes que al monaguillo de la Comunión de Lola Flores. Hizo daño y se hizo odiar. Sé lo que hicisteis... lo supo denunciar, y le hizo perder prestigio (entre comillas). El problema es que cuando se va de cruzados por la dignidad o de vengadores es muy difícil que a uno no se le vaya la cabeza y no se convierta en un émulo de lo que precisamente buscaba denunciar. El humor de Sé lo que hicisteis… es muy inteligente pero se basa en burlarse de los demás, ponerles motes, y un poquito en insultar, y eso es muy divertido, sí, pero a la larga siempre pasa factura. O te sabes reír de ti mismo -cosa dificilísima- o la has cagado, amigo.

Conste que para mí Sé lo que hicisteis… sigue siendo un gran programa (menos desde que dura hora y media y desde que colocaron en él a Dani Mateo, muy gracioso en casi todo lo demás que ha hecho pero insípido aquí). Le debo grandes horas de consuelo cuando estuve con lo mío del esguince, pero últimamente estoy detectando que se están convirtiendo en unos chicos un poco malos, y los demás programas están reaccionando ante ellos de dos maneras: 1) haciéndoles la pelota para caerles en gracia, cosa que no consiguen (aquello de “mientras más te agachas…”) o 2) enfadándose con ellos, cosa que los del Sé lo que hicisteis... solo saben encajar desde la burla personal, exactamente igual que hacía el Tomate con los famosos que no atendían a sus reporteros.


Esta semana en varios actos de promoción, su reportera Pilar Rubio ha sido amonestada o directamente increpada por otros periodistas del cuore, lo que solo ha servido para que en plató se cachondearan de los susodichos. Esta semana El Programa de Ana Rosa ha repasado el ranking de petonas de la revista masculina FHM, y ha sacado que si a Angelina Jolie, que si a la Pataky, que si a Amaia Salamanca… pero ha omitido las menciones a Patricia Conde, que estaba entre las 10 más cañoneras y a Pilar Rubio, que estaba nada menos que ¡la primera! ¿Casualidad? Más bien venganza, pues como dijo Ángel Martín, “es muy llamativo que comentes un ranking y no digas quién ha quedado en el primer puesto”.

Pienso que Sé lo que hicisteis… debería tener cuidado porque se está repitiendo y lo que es peor, se está haciendo antipático. El mundo gira, ahí está Fama en Cuatro captando la atención de la juventud, ahí está el culebrón de La Primera Amar en tiempos revueltos, hasta los espacios del corazón se están trocando en magazines tipo el difunto Channel nº4, que supo retirarse a tiempo. Pero claro, no todos los programas tienen la suerte de que los presenten literatos de la talla de Boris Izaguirre.

 
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