Vivencias polimórficas de un treintañero perplejo.

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jueves, 24 de abril de 2008

Sé las narices (que tocasteis)


-"¿Has leído El corazón de las tinieblas, chata?"

-"¡Jarl!"

Constato un fenómeno. Tendencia, llamadlo como queráis. Sabido es que hace aproximadamente un año las parrillas televisivas españolas tocaron techo de saturación en lo que a programas rosa se refiere. Ahí andaba el Tomate, liderando la franja de la siesta, y un sinnúmero de otros espacios a todas horas cuyos nombres no recuerdo pero vosotros sí. Entre todo esto resistía, ahora y siempre al invasor el programa de Boris (Channel nº4), autoerigido en fanzine del glamour de andar por casa.

Para dar caña no al famoseo, ni siquiera al mundo rosa sino a los periodistas del corazón, creó La Sexta el inteligente espacio de humor Sé lo que hicisteis la última semana, presentado por Patricia Conde y Ángel Martín, más Miqui Nadal y otros. En este espacio se burlaban con muchísima gracia de todo aquello que de risible hay (o de miserable) en el periodismo del colorín, sacaban vídeos y citas –a veces fuera de contexto pero nunca tergiversadas- que hacían parecer a sus protagonistas como auténticos imbéciles. Eso, con suerte, cuando no los hacían parecer directamente malos o mezquinos (caso sobre todo de Jorge Javier & co).

Se podrá decir que Sé lo que hicisteis... es un espacio parásito, que se nutre del trabajo de los demás. Sí señor, exactamente igual que todos los programas de zapping que en el mundo han sido (incluyendo Homo Zapping) y el 99% de los magazines, talk shows o como se les llame actuales (léase Boris, Ana Rosa, García-Campoy, etc). Sin embargo Sé lo que hicisteis... logró un gran éxito (extrapolado a la modesta repercusión de La Sexta) y se apuntó un tanto no solo regurgitando material ajeno sino realizando verdaderas creaciones de humor al más alto nivel. Tanto es así que les han llovido trillones de premios, y que el espacio, de semanal, pasó a diario (cambiando su nombre simplemente a Sé lo que hicisteis…) y luego de sesenta minutos se alargó a noventa, fichando a nuevos colaboradores.

Mi tesis es que, igual que en la Baja Edad Media el Verlag o mercader independiente se cargó el tradicional sistema de gremios, el programa Sé lo que hicisteis… es en gran medida responsable de la desaceleración por la que están atravesando últimamente este tipo de programas del corazón, y muy especialmente el Tomate. No tanto por robarles la audiencia (el Tomate se canceló como invicto líder, aunque con menos espectadores) sino por aportar una nueva mirada a este mundo, de modo tal que una vez expuestas las miserias y la ridiculez de los periodistas rosas, nadie en su sano juicio puede volver a tomárselos en serio.

El problema, a mi entender, de Aquí hay tomate es que lo que empezó siendo un programa ligero, con una mirada nueva, cargado de humor y mala leche (¿os suena?) se convirtió en una temida institución inquisitorial que lo mismo te sacaba a Franco pescando atunes que al monaguillo de la Comunión de Lola Flores. Hizo daño y se hizo odiar. Sé lo que hicisteis... lo supo denunciar, y le hizo perder prestigio (entre comillas). El problema es que cuando se va de cruzados por la dignidad o de vengadores es muy difícil que a uno no se le vaya la cabeza y no se convierta en un émulo de lo que precisamente buscaba denunciar. El humor de Sé lo que hicisteis… es muy inteligente pero se basa en burlarse de los demás, ponerles motes, y un poquito en insultar, y eso es muy divertido, sí, pero a la larga siempre pasa factura. O te sabes reír de ti mismo -cosa dificilísima- o la has cagado, amigo.

Conste que para mí Sé lo que hicisteis… sigue siendo un gran programa (menos desde que dura hora y media y desde que colocaron en él a Dani Mateo, muy gracioso en casi todo lo demás que ha hecho pero insípido aquí). Le debo grandes horas de consuelo cuando estuve con lo mío del esguince, pero últimamente estoy detectando que se están convirtiendo en unos chicos un poco malos, y los demás programas están reaccionando ante ellos de dos maneras: 1) haciéndoles la pelota para caerles en gracia, cosa que no consiguen (aquello de “mientras más te agachas…”) o 2) enfadándose con ellos, cosa que los del Sé lo que hicisteis... solo saben encajar desde la burla personal, exactamente igual que hacía el Tomate con los famosos que no atendían a sus reporteros.


Esta semana en varios actos de promoción, su reportera Pilar Rubio ha sido amonestada o directamente increpada por otros periodistas del cuore, lo que solo ha servido para que en plató se cachondearan de los susodichos. Esta semana El Programa de Ana Rosa ha repasado el ranking de petonas de la revista masculina FHM, y ha sacado que si a Angelina Jolie, que si a la Pataky, que si a Amaia Salamanca… pero ha omitido las menciones a Patricia Conde, que estaba entre las 10 más cañoneras y a Pilar Rubio, que estaba nada menos que ¡la primera! ¿Casualidad? Más bien venganza, pues como dijo Ángel Martín, “es muy llamativo que comentes un ranking y no digas quién ha quedado en el primer puesto”.

Pienso que Sé lo que hicisteis… debería tener cuidado porque se está repitiendo y lo que es peor, se está haciendo antipático. El mundo gira, ahí está Fama en Cuatro captando la atención de la juventud, ahí está el culebrón de La Primera Amar en tiempos revueltos, hasta los espacios del corazón se están trocando en magazines tipo el difunto Channel nº4, que supo retirarse a tiempo. Pero claro, no todos los programas tienen la suerte de que los presenten literatos de la talla de Boris Izaguirre.

martes, 22 de enero de 2008

Humor inglés (I): The IT Crowd



(Dedicado a mi prima, que estará en algún lugar de Irlanda: te lo debía)

Confieso que el mundo de los ordenadores me fascina y me atemoriza a partes iguales. No entiendo de informática, no sé de Internet (más allá del “nivel usuario” en ambos casos) y es casi un milagro que sea capaz de escribir un blog. Sin embargo, tengo varios amigos informáticos, y en la vida he tratado con bastantes más (incluso con ingenieros). Durante mi primer año en la universidad solía irme a la Facultad de Infórmatica a pasar el rato al centro de cálculo (los comienzos del chateo, el IRC, el telnet, y eso, cuando las cosas se buscaban en Yahoo…). También me metía en algunas clases de Derecho, pero ese es otro tema (supongo que quería tener mis opciones abiertas).

La sociedad con informáticos no me aburre ni me intimida, de hecho estoy bastante acostumbrado. Creo que en el fondo les tengo envidia porque entienden cosas a las que mi mente jamás tendrá acceso, igual que los cirujanos y los empleados de banca. Por eso, cuando hace año y pico una prima mía me ordenó que buscara por Internet la serie de humor británica The IT Crowd (Los informáticos) y vi los primeros episodios, me di cuenta de que había nacido una nueva historia de amor entre esa serie y servidor de ustedes.

La idea: una joven y ambiciosa (aunque torpe) oficinista inglesa entra en una dinámica empresa y es destinada como jefa del Departamento de Informática. Este departamento es una excepción dentro de la compañía: todos los demás parecen lujosos y atractivos, llenos de gente interesante y simpática, pero este es un sótano cochambroso que habitan dos de los mayores frikis que ha parido la ficción televisiva. ¡Ah, y un pequeño detalle!: la nueva jefa no tiene ni las más pajolera idea de ordenadores, pero tiene que fingir que sí.

Simplemente el trío protagonista, la “jefa” Jen, el friki (modelo pasota) Roy, el friki (modelo autista) Moss y sus interacciones ya justificarían por sí solos una fantástica serie de humor. Pero es que además los secundarios son tronchantes: el siniestro Richmond, el jefe chaveta Denholm, su hijo Douglas… por no hablar de la temática informática (realmente solo es una anécdota, no os asustéis) y los chistes sobre el trabajo y las relaciones personales, tan incisivos que a su lado Camera Café parece el programa de Ana Rosa.


Acabo de terminar de ver la segunda temporada (hay dos, cada una con solo seis episodios, “lo bueno si breve…”), y además me he enterado de que Canal + ha empezado a emitir la serie en España. Si no podéis verla, buscadla en esas webs donde hay series colgadas en DivX, con subtítulos y todo. Y si no, en YouTube está todo, aunque cada episodio se encuentra troceado, claro. La segunda temporada es mejor que la primera, se nota que hay más dinero: mejores guiones, nuevos decorados, más exteriores… la serie ha tenido éxito (en Gran Bretaña la emite Channel 4) y ya está en pre-producción una tercera entrega.

La ambientación, el carácter de los personajes, los guiños culturales no podrían ser más británicos y sin embargo… este programa tiene algo que lo hace universal (ya se están produciendo versiones en Alemania y en USA). Tal vez sea el hecho de que hoy día todo el mundo utiliza ordenadores en el trabajo, que se estropean y deben ser “apagados y encendidos otra vez” a modo de reparación. A lo mejor es que al ver las desventuras de unos personajes tan frikis y tan mal adaptados a su entorno nosotros nos sentimos un poquitín superiores y eso nos reconforta (por ese punto de maldad con el que todos cargamos). Sea como fuere, os garantizo que si veis algo de The IT Crowd no lo olvidaréis con facilidad, y que la siguiente vez que encendáis vuestro ordenador ya nada volverá a ser igual.

martes, 1 de enero de 2008

Calendarios de peña en bolas


Feliz año nuevo a todos. Como bien nos informó ayer el telediario de Antena 3 (donde se solemniza lo obvio), hoy toca cambiar de calendario. Los hay de muchos tipos: de mesa, de pared, de propaganda que caben en la cartera… yo en mis años buenos los he tenido de los Beatles, de Spin Doctors, de Garbage, de Kylie Monogue, de Oasis… habrá quien los tenga hasta de Anne Geddes o de Winnie the Pooh. En mi casa hay uno del torero Manolete (en 2008 será mediático otra vez: he aquí mi primer vaticinio de año), otro de la Virgen María y hasta uno de un sindicato.

Pero hoy quiero hablaros de unos amiguitos muy especiales que de un tiempo a esta parte inundan las pantallas de televisión y las páginas de los periódicos: los calendarios de peña en bolas. ¿Realmente son necesarios? Allá por el 1997 salió una película muy triste que hizo bastante daño. Me refiero por supuesto a The Full Monty, sobre unos parados del metal de Sheffield que se veían abocados a hacer strip-tease para sacarse un dinerillo. Todo muy digno, y si me apuran hasta penoso, y sin embargo hubo quien vio en esta historia materia para una comedia. Entonces a algún genio debió encendérsele una bombillita en la cabeza. ¿Desnudarse para conseguir algo? ¡Eureka! Y de este modo, multitud de colectivos cuyo trabajo poco o nada tenía que ver con el despelote se lanzaron a la calle a quitarse la ropa y pedir, pedir, pedir. O simplemente a protestar. Y venga colectivos: científicos madrileños, remeros de O Grove, padres de familia divorciados, carteros de no sé dónde… Hasta España llegó un eco de este fenómeno en forma de la película Se buscan fulmontis (1999). ¿Adivinan la trama?

Algún otro genio debió de pensar “¿por qué limitar el bochorno a unos instantes, acaso no captados por ningún medio de grabación audiovisual cuando es posible perpetuar esos desnudos solidarios ad æternum?” A fin de cuentas, los de Full Monty se desnudaban en un bar cerrado, cobraban entrada y realizaban una única actuación. Sin embargo, lo que peta últimamente es hacerse fotos de desnudos (más o menos tapados) e incluirlas en las doce hojas de un calendario.

También de esto hubo peli (Las chicas del calendario, de 2003), y se ha convertido en una moda. Y vuelvo a mi pregunta, ¿realmente son necesarios? Hablo desde el respeto a los que prestan su cuerpo o su imagen para salir en estos calendarios, que son de dos tipos: a) para recaudar fondos para el propio colectivo que aparece en las fotos, b) para fines benéficos, en los que celebridades prestan su imagen. Me parecen muy bien las iniciativas solidarias, de hecho muchos deportistas, famosos, toreros, etc… ya salen en calendarios para asociaciones por ejemplo contra el cáncer o para ayudar a la gente con síndrome de Down. Pero no se desnudan. Y he aquí la clave: ¿por qué hemos de ver desnudos a los bomberos de Bilbao, los colaboradores del programa de Ana Rosa, un grupo de madres de alumnos de una aldea salmantina o las falleras de Valencia?

Alguien hará el chiste de que está muy bien que se desnuden los bomberazos o las azafatas de Ryanair, y yo no me opongo. De toda la vida han existido calendarios sugerentes tipo el de Pirelli, con tremendas jamelgas. Pero salen modelos y actrices de buen ver, y yo, que estoy a favor de la igualdad de oportunidades, desde aquí clamo: que hagan calendarios con Beckham, Brad Pitt o quienes más les gusten a las señoras, pero por favor, ¡no a Belén Esteban o un guardia civil de Alhama de Granada en bolas!

Lo tengo fácil –me dirán- no los compres. Pero es que me los sacan en el telediario y en los magazines, y me ponen las imágenes a la hora de comer. Y os aseguro que algunas de esas fotografías se te clavan en la retina y en el cerebro de un modo tal que después no hay ensayo de Roland Barthes o de Susan Sontag que te las pueda hacer olvidar. ¡Si Neil Sedaka (que cantaba aquello de “Calendar Girl”) levantara la cabeza!
 
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