Vivencias polimórficas de un treintañero perplejo.

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martes, 21 de octubre de 2008

¿Crees en la magia?


Conozco el frenesí con dos canciones: así de fácil soy de contentar. Hoy iba a escribir sobre otra cosa, pero es imposible. Estoy tan tranquilo en mi Cosica en mi casita viendo la tele cuando me sobresaltan dos canciones. La primera se llama “Pleasant Valley Sunday”, es del matrimonio formado por Gerry Goffin y Carole King y la hicieron popular The Monkees. La escucho en la serie Padre de familia, en un montaje donde se parodiaba la serie de TV de los propios Monkees, los pre-fab four (“los cuatro prefabricados”, si los Beatles eran los “fab four” –cuatro fabuloides).

¿Por qué me llega tan hondo esta canción, si es una tontada? Para empezar, el riff está plagiado de “I Want to Tell You” de los Beatles. Ayer me decía una amiga “Cuando escuchas jazz a saco durante mucho tiempo, después la música pop te parece una simpleza que te machaquea el cerebro, pam, pam, pam…”. Exacto. Pues la otra canción me llega mucho más. Se trata de “Do You Believe In Magic”, esta escrita por John B. Sebastian para su grupo The Lovin’ Spoonful, su grupazo. “La cucharada de amor”, “de cariño”, por lo menos.


Ayer también recomendaba a esta amiga una docena de discos de pop-rock aparecidos durante el año 2008: todos los tiraría a la basura a cambio de poder escuchar una vez más el riff introductorio de “Do You Believe In Magic”, con esa infantil pero poderosa autoharpa a cargo de Sebastian. Este tema lo escucho en la serie Caso abierto, un caso ambientado en los años sesenta, Vietnam, gente en bolas, fumaban porros, ya sabéis. Y las canciones. Suenan otras luego: de The Zombies, de Mamas & the Papas, de The Doors, de Bob Dylan, de Tommy James and the Shondells, de Aretha Franklin, pero el daño ya está hecho. La que cuenta es la de Lovin’ Spoonful.

Y esto me pasa bastante a menudo, una canción, cogida por los pelos, cazada en el aire como una brizna de hierba… si la pongo yo no vale. Todas las tengo en CD cuarenta veces, en cintas, en vinilo, algunas por triplicado. Pero eso no vale. Tiene que ser que me las brinde la radio de la Vida, el shuffle de lo que conocemos diariamente. Y tiene que ser pop.

Antes os he dicho una mentira. Dije que todos los discos que me gustan de este año 2008 los cambiaba sin pestañear por una cosa de 1965, no es verdad del todo, todos no. Uno se salva del donoso escrutinio, pero es con trampa. Su autor es Brian Wilson, ¿hay que decir más? El otro día lo iba escuchando en el coche, y a medida que pasaban las canciones iba apretando los dientes de coraje. ¿Por qué me haces esto, Brian? ¿Por qué sigues haciendo música de tal calibre cuarenta años después? ¿Tenías guardado en la manga That Lucky Old Sun (2008) desde 1968? ¿Por qué no te has rendido?


That Lucky Old Sun es un disco concepto como pueda serlo SMiLE (1967/2004), más de lo que lo fue Pet Sounds (1966). Nos habla de Los Angeles y del sur de California, ahora (inmigrantes mejicanos, autopistas…) y antes (“en 1961 fuiste mi chica surfera”, “yo solía cantar con mis hermanos”). Nos habla de las playas, del sol y del Hollywood dorado, y tiene unas naranjas en la portada: ¿es posible mayor provocación?

Voy escuchando tus canciones, una a una, como cuentas de un rosario, musitándolas. Eres un puto orfebre, Brian, un terrorista de la melodía. Te odio. ¿Por qué no haces de una vez un disco ramplón para que nos relajemos? ¿No habíamos quedado en que el pop era una simpleza, a pesar de Björk y gente como ella? ¿Que si creo en la magia…?
 
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