
La palabra “moderno” es muy graciosa, se supone que significa “lo último”, “lo actual”, pero claro, al carecer de un referente fijo, su contenido cambia con el cambio del tiempo. Está claro que “moderno” se opone a antiguo o clásico, pero ya en la Antigüedad romana se hablaba de obras de arte y estilos “modernos”. Lo mismo pasó luego, en la Edad Media varias veces, y en las sucesivas etapas de la Historia. Quizás el uso más desvergonzado que se haya hecho de la palabra “moderno” sea el de la famosa tribu urbana de los mods (del inglés “modernist”). Esta subcultura sesentera británica -que luego ha tenido revivals en otros tiempos y en otros lugares- de siempre me ha fascinado. Admito que durante un par de años de la adolescencia les profesaba incluso una cierta admiración... afortunadamente, se me pasó pronto.
Recordadme que otro día os cuente mis últimos encuentros con mods de “pata negra”, de esos que solo escuchan soul semidesconocido y que para escuchar un tema de Gene Clark se tapan las narices. “Ortodoxia” sería una palabra que se me viene a la mente de momento, y no deja de ser ridículo, o al menos paradójico. Me explico. De acuerdo en que la imagen de los mods ha quedado ahora perfectamente codificada: música pop-beat, soul, jamaicana... trajes a medida, motocicletas italianas, uso de símbolos nacionales británicos... pero lo que hoy se puede tener la tentación de percibir como un coherente bloque sin fisuras no deja de ser una amalgama de estilos y tendencias absurdas que cristalizaron al azar hace 45 años.

O si no, que venga un mod y me explique qué tiene que ver montar en una Lambretta decorada con un parche de las fuerzas aéreas británicas, escuchando rocksteady Y grupos de chicas vestido con un traje a rayas sobre el que se pone una parka caqui. Si los mods nos han dejado algo, está claro que es su estética ecléctica (de hecho, yo es el único legado que les reconozco). Por lo demás, por muy paladines del buen gusto, elegancia y saber estar que quieran hacernos creer que son, no debemos olvidar que se trataba en su origen de pandillas de niñatos gamberroides -digámoslo: precursores de punks y skinheads-, de extracción social media-baja o clase obrera directamente.

Uno de los productos culturales más fuertemente asociados al fenómeno mod es sin duda la peli de 1979 Quadrophenia. Muy famosa por su banda sonora de los Who y por sus escenas de peleas, la verdad es que hoy día sigue dando grima pasearse por la playa de guijarros de Brighton y recordar la escena de Sting dando ostias como panes a los rockeros. Para muchos de nosotros, Quadrophenia es y será el producto mod definitivo. Estoy seguro de que los auténticos mods se reirán y pensarán que es solo algo derivativo, un producto de teensploitation rodado una década después. También estoy seguro de que luego en sus casas llorarán viéndola en secreto con las luces apagadas.
Yo había visto Quadrophenia hace 15 años (por mi época de interés mod), coincidiendo con el descubrimiento de los grupos mods que ahora resulta que no son mods de verdad: The Who, The Small Faces, The Kinks. Me gustó ver la peli, pero me pareció un poco tomadura de pelo, un videoclip extendido que era tan solo un mero vehículo de lucimiento para los temas de The Who y el acento cockney de Phil Daniels. Hace unos días la he vulto a ver, y mi valoración ha cambiado dramáticamente. He visto en Quadrophenia una honesta crítica social-generacional, con todas las ingenuidades propias del género, pero sorprendentemente hábil en retratar lo que quiere. Lo que antes me pareció una trama absurda montada al azar ahora se me antoja una historia con planteamiento, nudo y desenlace, episódica si se quiere, pero coherente.
Los personajes me parecían meros brochazos, y es verdad que algunos de ellos tienen menos profundidad que un plato de postre pero al menos están ahí por algo, cumplen con eficacia sus funciones narratológicas de conseguidor, villano, ayudante, princesa, héroe... etc. Y qué queréis que os diga, el cine musical y/o adolescente me suele parecer un insulto a la inteligencia del personal (lo cual no es óbice para su disfrute) pero en Quadrophenia pienso que los jóvenes y sus problemas están tratados con una ternura, un respeto y una adecuada distancia irónica que son muy dignas de encomio.

Más allá del hecho de que uno se palotice más o menos con las referencias subculturales que hay en la peli (el poster de Pete Townsend, la sintonía del Ready Steady Go! a cargo de Manfred Mann, el duelo por poderes Ray Davies vs. Gene Vincent, Sting bailando el “Louie Louie” como un poseso...) recomiendo a todo el mundo ver Quadrophenia porque me parece que toca temas universales y eternos, y no... no estoy de coña. La peli se circunscribe a una época y lugares muy concretos: pandillas mods inglesas en 1964, y sin embargo logra trascender la mera anécdota para retratar la rabia adolescente, la frustración, el desencanto (del trabajo, del amor, de la amistad...), la evasión en forma de drogas, las urgencias sexuales, la búsqueda de la identidad... esto pasaba en Sumeria hace 5000 años y seguirá pasando siempre si el mundo no explota antes.

Los sesenteros que no la hayan visto encontrarán el plus de la música, la original de los Who y la “de época” que se escuchaba en la tele, bares, discos y guateques en 1964. Los demás podemos encontrar a una especie de arquetipo en el protagonista atormentado, el joven Jimmy Cooper (pero el grupo Cooper, aunque su nombre saliera de aquí, no merecen ser mods, ¿eh?). Todos podemos aprender algo de un personaje que se equivoca, que se lleva varias decepciones, que sufre una evolución y que acaba por redimirse. Y además sale Sting disfrazado de Botones Sacarino. ¿Alguien da más?