Vivencias polimórficas de un treintañero perplejo.

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martes, 19 de mayo de 2009

Quadrophenia: Orgía mod


La palabra “moderno” es muy graciosa, se supone que significa “lo último”, “lo actual”, pero claro, al carecer de un referente fijo, su contenido cambia con el cambio del tiempo. Está claro que “moderno” se opone a antiguo o clásico, pero ya en la Antigüedad romana se hablaba de obras de arte y estilos “modernos”. Lo mismo pasó luego, en la Edad Media varias veces, y en las sucesivas etapas de la Historia. Quizás el uso más desvergonzado que se haya hecho de la palabra “moderno” sea el de la famosa tribu urbana de los mods (del inglés “modernist”). Esta subcultura sesentera británica -que luego ha tenido revivals en otros tiempos y en otros lugares- de siempre me ha fascinado. Admito que durante un par de años de la adolescencia les profesaba incluso una cierta admiración... afortunadamente, se me pasó pronto.

Recordadme que otro día os cuente mis últimos encuentros con mods de “pata negra”, de esos que solo escuchan soul semidesconocido y que para escuchar un tema de Gene Clark se tapan las narices. “Ortodoxia” sería una palabra que se me viene a la mente de momento, y no deja de ser ridículo, o al menos paradójico. Me explico. De acuerdo en que la imagen de los mods ha quedado ahora perfectamente codificada: música pop-beat, soul, jamaicana... trajes a medida, motocicletas italianas, uso de símbolos nacionales británicos... pero lo que hoy se puede tener la tentación de percibir como un coherente bloque sin fisuras no deja de ser una amalgama de estilos y tendencias absurdas que cristalizaron al azar hace 45 años.


O si no, que venga un mod y me explique qué tiene que ver montar en una Lambretta decorada con un parche de las fuerzas aéreas británicas, escuchando rocksteady Y grupos de chicas vestido con un traje a rayas sobre el que se pone una parka caqui. Si los mods nos han dejado algo, está claro que es su estética ecléctica (de hecho, yo es el único legado que les reconozco). Por lo demás, por muy paladines del buen gusto, elegancia y saber estar que quieran hacernos creer que son, no debemos olvidar que se trataba en su origen de pandillas de niñatos gamberroides -digámoslo: precursores de punks y skinheads-, de extracción social media-baja o clase obrera directamente.


Uno de los productos culturales más fuertemente asociados al fenómeno mod es sin duda la peli de 1979 Quadrophenia. Muy famosa por su banda sonora de los Who y por sus escenas de peleas, la verdad es que hoy día sigue dando grima pasearse por la playa de guijarros de Brighton y recordar la escena de Sting dando ostias como panes a los rockeros. Para muchos de nosotros, Quadrophenia es y será el producto mod definitivo. Estoy seguro de que los auténticos mods se reirán y pensarán que es solo algo derivativo, un producto de teensploitation rodado una década después. También estoy seguro de que luego en sus casas llorarán viéndola en secreto con las luces apagadas.

Yo había visto Quadrophenia hace 15 años (por mi época de interés mod), coincidiendo con el descubrimiento de los grupos mods que ahora resulta que no son mods de verdad: The Who, The Small Faces, The Kinks. Me gustó ver la peli, pero me pareció un poco tomadura de pelo, un videoclip extendido que era tan solo un mero vehículo de lucimiento para los temas de The Who y el acento cockney de Phil Daniels. Hace unos días la he vulto a ver, y mi valoración ha cambiado dramáticamente. He visto en Quadrophenia una honesta crítica social-generacional, con todas las ingenuidades propias del género, pero sorprendentemente hábil en retratar lo que quiere. Lo que antes me pareció una trama absurda montada al azar ahora se me antoja una historia con planteamiento, nudo y desenlace, episódica si se quiere, pero coherente.

Los personajes me parecían meros brochazos, y es verdad que algunos de ellos tienen menos profundidad que un plato de postre pero al menos están ahí por algo, cumplen con eficacia sus funciones narratológicas de conseguidor, villano, ayudante, princesa, héroe... etc. Y qué queréis que os diga, el cine musical y/o adolescente me suele parecer un insulto a la inteligencia del personal (lo cual no es óbice para su disfrute) pero en Quadrophenia pienso que los jóvenes y sus problemas están tratados con una ternura, un respeto y una adecuada distancia irónica que son muy dignas de encomio.


Más allá del hecho de que uno se palotice más o menos con las referencias subculturales que hay en la peli (el poster de Pete Townsend, la sintonía del Ready Steady Go! a cargo de Manfred Mann, el duelo por poderes Ray Davies vs. Gene Vincent, Sting bailando el “Louie Louie” como un poseso...) recomiendo a todo el mundo ver Quadrophenia porque me parece que toca temas universales y eternos, y no... no estoy de coña. La peli se circunscribe a una época y lugares muy concretos: pandillas mods inglesas en 1964, y sin embargo logra trascender la mera anécdota para retratar la rabia adolescente, la frustración, el desencanto (del trabajo, del amor, de la amistad...), la evasión en forma de drogas, las urgencias sexuales, la búsqueda de la identidad... esto pasaba en Sumeria hace 5000 años y seguirá pasando siempre si el mundo no explota antes.


Los sesenteros que no la hayan visto encontrarán el plus de la música, la original de los Who y la “de época” que se escuchaba en la tele, bares, discos y guateques en 1964. Los demás podemos encontrar a una especie de arquetipo en el protagonista atormentado, el joven Jimmy Cooper (pero el grupo Cooper, aunque su nombre saliera de aquí, no merecen ser mods, ¿eh?). Todos podemos aprender algo de un personaje que se equivoca, que se lleva varias decepciones, que sufre una evolución y que acaba por redimirse. Y además sale Sting disfrazado de Botones Sacarino. ¿Alguien da más?

lunes, 8 de septiembre de 2008

Countdown to Cosica


“Mañana a esta hora, ¿dónde estaré? En una nave espacial en algún sitio, navegando por un mar vacío”.
-The Kinks


Hay una canción de Iron Maiden que se titula “Dos minutos para la media noche”, y trata de la cuenta atrás para el durante un tiempo tan temido holocausto nuclear. Cuando vas a Salamanca, en la Catedral Vieja hay una capilla donde dicen que pasaban la noche los estudiantes justo antes de un examen importante, y que de ahí proviene la expresión “estar en capilla”. Si no es verdad, está bien traído, como dice (más o menos) el proverbio italiano.

Yo esta noche me encuentro en un estado de ánimo mezcla de la canción de Iron Maiden y la Capilla de Santa Bárbara de Salamanca. ¿Motivo? Porque mañana empieza mi trabajo en Cosica (provincia de Nunca Jamás). Mañana es mi primer día en el nuevo trabajo y también pasaré a ocupar la casa que he alquilado. Tampoco es para tanto, ¿no? Pues coja usted y empiece un blog si quiere contar sus penas, señora, que aquí estoy yo con las mías.

Para mi nueva casa voy a tener un mogollón de compañeros de piso. De momento, mañana me acompañarán Paul Auster, Enrique Vila-Matas y todo el reparto de la serie británica Black Books (2000-2004). También se vendrán a vivir conmigo Ken Stringfellow, los Kooks, los Fratellis -el grupo musical, no los malos de la película Los Goonies (1985)-, Daniel Garuz y la Novia de Kill Bill Vol. 2 (2004). Pronto han confirmado su asistencia Tim O’Brien, Philip Roth, Jonathan Swift, P.G. Wodehouse y David Foster Wallace, entre otros.

Por espacio no va a ser, ya que mi casa es grande, y estáis todos invitados, por supuesto. Algún que otro excompañero de trabajo (¡Dios, cómo jode decirlo!) ya me ha hecho la bromica de que voy a andar allí, por mi mansión, en plan gorro de dormir y candelabro, ahuyentando a los pequeñines de la localidad como si fuese el Gigante Egoísta o aquel pavo del episodio “La última función” de Verano Azul (1981). De Internet ya hablaremos otro día.


Entiendo que hasta Cosica llega la red de redes, pero de momento hasta mi casa no, aunque lo pienso subsanar dentro de poquísimo tiempo. Con esto aviso de que es posible que la periodicidad cuasidiaria de Estatuas Verdes se vea comprometida un poco durante este mes de septiembre, pero seguiré al pie del cañón, no os quepa duda. Espero que vosotros hagáis vuestra parte y continuéis también dando caña, como voy a continuar yo. Por favor, fans de Dylan, de Garzón, de Leonor Watling, del fútbol, no me dejéis abandonado. Y a todos en general, espero seguiros leyendo por aquí.

Cuando tenga Internet en casa fijo que escribiré todos los días, entre otras cosas porque preveo que esta va a ser una de mis actividades más importantes de la jornada. Y ya me dejo ya de monsergas, que el post de hoy no está quedando muy divertido, ¿no? Garzón, Garzón, Garzón, Duquesa de Alba… (espero haberlo arreglado un poco). Acabo como empecé, cantando un tema de los Kinks, esta vez “Better Things”: “Acepta tu vida y lo que te trae, espero que mañana encuentres cosas mejores”.

jueves, 8 de mayo de 2008

Historia de una mujer que tenía cola (Lo-lo-lo-lo-lo-la)


Hablando de casualidades, en plan Amantes del Círculo Polar (1998), ayer hablamos aquí del “La, la, la” y hoy toca hablar del “Lo, lo, lo”. Otra casualidad es que ayer en un comentario Fran G Matute trajera a colación el vínculo “La, la, la” – The Kinks (y digo yo una cosa: si se iban a querellar por “Death of a Clown”, entonces ya de “Wonderboy” ni hablamos, ¿no?). Pero no es esa la casualidad que me ha impulsado a escribir el post de hoy, sino otra.

Hace unos días leo en un libro/DVD sobre los Kinks que cada año el señorito Ray Davies (autor del 95% de las canciones del grupo) se embolsa tranquilamente unos 9 millones de euros nada más en concepto del uso que se hace de su música en anuncios publicitarios. Conociendo la legendaria afición de Ray Davies al vil metal (el colega es de la Hermandad del Puño, de toda la vida), entiendo que el buen hombre estará muy contento. Y aún así sigue haciendo discos buenos (a sus dos últimos en solitario me remito). La verdad es que estas cifras de ingresos por publicidad llegan a ser mareantes, diría que casi se acercan a lo que debe de cobrar al año Pau Donés (Un, Dos, Tres, responda otra vez: ¿cuántos anuncios han usado temas de Jarabe de Palo en los últimos diez años?).

En estas estoy (en lo del libro) cuando me veo en la tele el nuevo anuncio de Coca-Cola, en el que un zangolotino se desgañita cantando un pegadizo estribillo “Lo, lo, lo, lo, Lo-la”… y enseguida pienso “ya está cobrando Ray Davies”. El anuncio te anima a grabar “tu propia versión” de “Lola” y colgarla en una página web. Al día siguiente me fijo en que un avance de la serie Los hombres de Paco también usa de fondo la misma canción que fuera éxito de los Kinks en 1970. No veía tantas canciones de esta gente en la tele desde que Telecinco usó hace diez años el “Celluloid Heroes” para promocionar su Cine 5 Estrellas


Y entonces me digo ¿rimar “Lola” con “Coca-Cola”? Sin duda nos encontramos ante una cumbre lírica. Analicemos la letra del tema: “La conocí en un club del viejo Soho, donde se bebe champán y sabe igual que la Cherry Cola… Lo, lo, lo, lo, Lo-la”. Lo gracioso del asunto es que originariamente la letra decía “Coca-Cola” y no “Cherry Cola” (y así quedó recogido en la versión del single), pero siempre se ha dicho que Ray tuvo que regrabar esa parte de la letra para evitar problemas por el uso de aquel nombre comercial. ¿The Coca-Cola Company poniendo obstáculos a que le hagan propaganda gratis? Yo nunca me lo tragué, máxime cuando un año antes los Beatles cantaban eso de “he shoot Coca-Cola” en la canción “Come Together” sin ningún tipo de problema.

Sea como fuere, lo cierto es que el destino ha querido que don Raymundo se embolsille una pasta ahora a costa de la gaseosa bebida, y la peña como loca con un estribillo que es verdad que la primera vez que lo oye uno se cree que ha inventado la pólvora. Volviendo a la letra de la canción, es necesario explicar que “el viejo Soho” es conocido por ser el barrio gayer de Londres, y que la tal Lola es en realidad una de esas “mujeres” que le pirran a Ronaldo. ¿No sería esa la razón de que The Coca-Cola Company no quisiese ver su nombre asociado a la canción, el hecho de que contara la historia de un travesti?

Me acuerdo de los Kinks y de una biografía suya que compré en una librería precisamente en el Soho londinense. A su alrededor había muchos clubes de esos pupita, como los que nombra la canción. Me acuerdo también de un estéril debate: ¿fue Ray Davies el mejor escritor de canciones de los años sesenta? Tengamos en cuenta que sus competidores o iban en tándem (Lennon-McCartney, Jagger-Richards, Bacharach-David) o no escribían letras (Brian Wilson). No sé si sería el mejor, pero desde luego que sí el más visionario. Volvamos a la letra de “Lola”: “Las chicas serán chicos y los chicos serán chicas, el mundo está mezclado, revuelto y agitado”. No sé que pensáis, pero de momento ya hay un tío (que antes era mujer) embarazado.
 
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