Vivencias polimórficas de un treintañero perplejo.

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lunes, 8 de septiembre de 2008

Countdown to Cosica


“Mañana a esta hora, ¿dónde estaré? En una nave espacial en algún sitio, navegando por un mar vacío”.
-The Kinks


Hay una canción de Iron Maiden que se titula “Dos minutos para la media noche”, y trata de la cuenta atrás para el durante un tiempo tan temido holocausto nuclear. Cuando vas a Salamanca, en la Catedral Vieja hay una capilla donde dicen que pasaban la noche los estudiantes justo antes de un examen importante, y que de ahí proviene la expresión “estar en capilla”. Si no es verdad, está bien traído, como dice (más o menos) el proverbio italiano.

Yo esta noche me encuentro en un estado de ánimo mezcla de la canción de Iron Maiden y la Capilla de Santa Bárbara de Salamanca. ¿Motivo? Porque mañana empieza mi trabajo en Cosica (provincia de Nunca Jamás). Mañana es mi primer día en el nuevo trabajo y también pasaré a ocupar la casa que he alquilado. Tampoco es para tanto, ¿no? Pues coja usted y empiece un blog si quiere contar sus penas, señora, que aquí estoy yo con las mías.

Para mi nueva casa voy a tener un mogollón de compañeros de piso. De momento, mañana me acompañarán Paul Auster, Enrique Vila-Matas y todo el reparto de la serie británica Black Books (2000-2004). También se vendrán a vivir conmigo Ken Stringfellow, los Kooks, los Fratellis -el grupo musical, no los malos de la película Los Goonies (1985)-, Daniel Garuz y la Novia de Kill Bill Vol. 2 (2004). Pronto han confirmado su asistencia Tim O’Brien, Philip Roth, Jonathan Swift, P.G. Wodehouse y David Foster Wallace, entre otros.

Por espacio no va a ser, ya que mi casa es grande, y estáis todos invitados, por supuesto. Algún que otro excompañero de trabajo (¡Dios, cómo jode decirlo!) ya me ha hecho la bromica de que voy a andar allí, por mi mansión, en plan gorro de dormir y candelabro, ahuyentando a los pequeñines de la localidad como si fuese el Gigante Egoísta o aquel pavo del episodio “La última función” de Verano Azul (1981). De Internet ya hablaremos otro día.


Entiendo que hasta Cosica llega la red de redes, pero de momento hasta mi casa no, aunque lo pienso subsanar dentro de poquísimo tiempo. Con esto aviso de que es posible que la periodicidad cuasidiaria de Estatuas Verdes se vea comprometida un poco durante este mes de septiembre, pero seguiré al pie del cañón, no os quepa duda. Espero que vosotros hagáis vuestra parte y continuéis también dando caña, como voy a continuar yo. Por favor, fans de Dylan, de Garzón, de Leonor Watling, del fútbol, no me dejéis abandonado. Y a todos en general, espero seguiros leyendo por aquí.

Cuando tenga Internet en casa fijo que escribiré todos los días, entre otras cosas porque preveo que esta va a ser una de mis actividades más importantes de la jornada. Y ya me dejo ya de monsergas, que el post de hoy no está quedando muy divertido, ¿no? Garzón, Garzón, Garzón, Duquesa de Alba… (espero haberlo arreglado un poco). Acabo como empecé, cantando un tema de los Kinks, esta vez “Better Things”: “Acepta tu vida y lo que te trae, espero que mañana encuentres cosas mejores”.

domingo, 18 de noviembre de 2007

La guerra de los libros


No quería perder la ocasión de mezclar aquí dos de mis mayores intereses: los libros y la guerra (esto último como fenómeno social, político, humano...). Por eso titulo esta entrada La guerra de los libros. Y no voy a hablar de que los libros se hayan puesto en guerra, ni que la gente ande por la calle lanzándose libros para agredirse (molaría, ¿eh?), sino de la guerra que aparece en los libros, esa representación imaginaria de algo muy real.

La guerra es trágica, y por tanto ha dado como tema grandes páginas de la literatura universal. Tampoco descubro la pólvora si recuerdo que muchos grandes escritores fueron soldados y viceversa. Poca poesía más emocionante (la calidad ya es otra historia) que la compuesta por muchos jóvenes británicos combatientes de la Primera Guerra Mundial.

En las horas de ocio que me brinda mi lesión recalo en un libro que compré en Londres hace año y medio y que aún no había leído: If I Die In a Combat Zone de Tim O'Brien. El título del libro procede de un verso de una de esas cancioncillas de instrucción tan del ejército estadounidense que Kubrick inmortalizara en La chaqueta metálica, en concreto una que dice "Si muero en una zona de combate/ metedme en una caja y enviadme a casa". La temática del libro es clara: narrar de primera mano la experiencia de un soldado de infantería norteamericano en la Guerra de Vietnam. O'Brien estuvo allí, entre 1969-70, y nos cuenta lo que vio, lo que vivió, lo que sintió, además de justificarse -entre líneas- por su participación en la barbarie de la guerra.

El libro está presentado como una serie de relatos fuertemente enlazados, a caballo entre lo autobiográfico y lo anecdótico. No es una novela, strictu sensu, pero tampoco un reportaje. Tal vez el término "novela de no ficción" (relacionado primero con Truman Capote, Hunter S. Thompson y otros) sea el más adecuado, tanto formal como contextualmente. Durante todo el libro O'Brien destila lo mejor de la mejor literatura de guerra: deshumanización, absurdo, violencia, crueldad, terror y piedad... amén de dar al lector una gran cantidad de información sobre la vida cotidiana, el modus operandi y la jerga de los soldados americanos en Vietnam.
Pero no hace falta ser un emocionado de Vietnam o de las guerras para disfrutar con el libro, solo sentir curiosidad por el mundo y el ser humano.

If I Die In a Combat Zone está muy bien escrito, es una lástima que no se encuentre en español, pero hay otras obras de Tim O'Brien que sí están disponibles, y también tratan sobre Vietnam (Persiguiendo a Cacciato, Las cosas que llevaban los hombres que lucharon...). El O'Brien personaje, que se confunde con el autor, se confiesa devoto de otro escritor de guerra, Ernest Hemingway, pero no comparte con este su visión del heroísmo. Para O'Brien, que sigue a Platón, un héroe es aquel que lo aguanta todo desde el buen juicio, no vale ser un temerario y desde luego no tiene nada que ver con demostrar nada ni con la masculinidad.

Hemingway, sea en la naturaleza, el boxeo, el toreo o la guerra cantó al héroe machote y echao p'alante, e hizo de un mutilado genital (un medio-hombre) el desgraciado protagonista de su mejor obra, Fiesta. En Combat Zone, Tim O'Brien habla de numerosas mutilaciones, y celebra su propia supervivencia a la vez que admite claramente que dista mucho de ser un héroe. Su perspectiva es la del soldado raso, la del muchacho medio norteamericano que hace lo que debe hacer porque no se atreve a desertar y acaba, por cobardía, combatiendo en primera línea de fuego. Paradojas de una guerra compleja, como el autor, como nosotros los lectores: como el ser humano.
 
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