Vivencias polimórficas de un treintañero perplejo.

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martes, 21 de abril de 2009

"Respetando a las mujeres con Philip Roth"


Hola, amigos. Buenas noches y bienvenidos a una entrega más de “Respetando a las mujeres con…”. Tras contar en nuestro plató con invitados como Rocco Siffredi, John Holmes, Silvio Berlusconi, Judd Apatow o Terry Southern, hoy le toca el turno al ínclito escritor norteamericano Philip Roth. Hablemos de penes. Hablemos de libros. Hablemos de libros y de penes, un aplauso para Philip Roth!

-P: Después de leer su famosísima novela El mal de Portnoy (1969), estudiada en cientos de universidades, me ha quedado una duda: ¿a qué raza o religión pertenece?

-R: Me ofende sobremanera que utilice las palabras “religión” y “Philip Roth” en una misma frase, don Porerror. De sobra sabe que Dios no existe, todas las religiones son una patraña y además Jesucristo vestía (y se peinaba) como un hortera. En cuanto a raza, soy judío, aunque a lo mejor en el libro no lo digo lo suficiente.

-P: ¿Piensa que su personaje protagonista (Alex Portnoy), con su continua referencia a su miembro viril y al autoerotismo puede en algún momento correr el riesgo de alienar a sus lectoras femeninas?

-R: Al contrario, tengo más que comprobado que al bello sexo, al que dicho sea de paso yo respeto como el que más, no hay cosa que más le guste que un buen rabo. Corría el año 1967 y me dije “¿Sobre qué puedo escribir que llame la atención, ahora que Vietnam, la pederastia, los viajes en el tiempo y San Francisco ya están cogidos?” Entonces me acordé de “mi hermanito pequeño” y pensé que lo más sensato era conjugar judaísmo y sexo. Mire si no a Woody Allen…. y él es famoso, ¿no?


-P: Qué duda cabe. Volviendo al tema del judaísmo, ¿de verdad cree seriamente (como hace su personaje) que los judíos de la segunda mitad del siglo XX en USA son una minoría oprimida comparable a los, digamos, negros e hispanos?

-R: ¡Cómo se nota que a usted le dejaban comer cerdo de pequeño! Y que no ha tenido que aguantar las sucias miradas de los nazis y sus crueles burlas y violencias…

-P: Bueno, usted y su personaje tampoco, habiendo crecido en la Nueva Jersey de los años 40-50…

-R: Ba, ba, ba! Comete usted el mismo error que todos los gentiles: pensar que pertenece a un “pueblo elegido”.

-P: ¿No es precisamente en eso en lo que se basa todo el judaísmo?

-R: Ah, mais ça c’est très different! Es que nosotros lo somos.

-P: Comprendo. Hablemos de su polla (hablando de todo un poco), tras leer El mal de Portnoy confieso que me han entrado ganas de hacerme maricón…. ¿tanto le gusta el manubrio?

-R: ¿A usted no? (risas)

-P: No veía tantos rabos desde que el nota de Supersalidos (2007) me enseñó su cuaderno. ¿Sabe?, su libro me ha recordado a un personaje de Patricio Fernández al que operan de fimosis y se vuelve un obseso de su propio pene.

-R: ¿Insinúa usted que la circuncisión, rito sagrado de la bella tradición judía –a la que por cierto odio, detesto, execro y abomino- es solo una broma?

-P: En modo alguno… y dígame, ¿es cierto que fue su madre quien le regaló su primer diccionario de sinónimos?

-R: Eso es rigurosamente cierto, todavía lo conservo. De hecho, de ahí aprendí los aproximadamente 78 nombres diferentes que utilizo en mi novela para referirme al miembro viril, incluyendo los términos judíos en yiddish.


-P: ¿Se reconoce en la frase “el Raskolnikov de las pajas”? (utilizada por el protagonista, Alex Portnoy).

-R: No me gusta caer en la falacia biografista [pensar que porque un escritor diga algo en un libro es verdad en su vida real], pero admito que El mal de Portnoy contiene ciertas dosis autobiográficas, sí.

-P: ¿Por ejemplo en escenas como cuando el protagonista mete el churro en un filete de hígado de ternera, en una manzana, en unas cortinas, en un calcetín o en otro filete de hígado de ternera?

-R: Cada cual es libre de pensar lo que quiera.

-P: Respecto al tema mujeres, ¿piensa que el personaje de la Mona podría resultar un poquitín ofensivo cuatro décadas más tarde?

-R: No entiendo su pregunta, ¿por qué?

-P: Teniendo en cuenta que es una mujer con la que Portnoy mantiene una relación, a la que conoció proponiéndole sexo en plena calle pero a la que humilla por haberse prostituido años atrás, para acto seguido obligarla a mantener varios menage à trois. Por no hablar de que su mote “La Mona” le viene por su afición a comer plátanos…

-R: Eso es incierto, el mote le viene de una camiseta que ella tenía, en la que se veía la cara de un mono.

-P: ¿Quiere que cuente la escena entera en la que la Mona se gana el mote?

-R: Sería desvelar todo el encanto de la novela. Me remito al hecho de que a las mujeres de hoy en día, mis libros falologocéntricos les encantan.


-P: Me consta que es así: todas las personas que me han recomendado libros suyos son mujeres. Una última pregunta, señor Roth. El personaje de Portnoy, pajillero obseso sexual con problemas de complejo de Edipo que sin embargo es un gran filántropo, parece querer vengarse de su supuesta marginación (en cuanto que judío) zumbándose a lo que para él representa la América limpia: jovencitas de Nueva Inglaterra, bellezas sureñas, pijas protestantes… ¿hay algo simbólico o metafórico en esto?

-R: No descubre usted la pólvora con ese análisis, ni descubre nada: recuerde que es el propio Portnoy quien llega a esa conclusión al final del libro.

-P: Bueno, señor Roth, con esto nos despedimos, no sin antes comentar que, pese a sus múltiples payasadas, El mal de Portnoy es una buena novela, que se lee con una facilidad pasmosa. Si me permite el chiste (y el homenaje a Cela), “literatura para leer con una sola mano”.

-R: Siempre envidié al bueno de Camilo José por aquello de la palangana, yo intenté lograr algo parecido con los filetes de hígado, pero no cuajó. Muchas gracias a ustedes por invitarme a su programa… Esto.... ¿sabe si hay un cuarto de baño cerca? ¿No tendrá por ahí un kleenex por casualidad...?

martes, 23 de septiembre de 2008

Preñadismo, o: Deconstruyendo a Apatow


Hoy vengo a hablaros de una comedia que he visto en DVD, comedia = risa = Ja, Jo, JAJOTA. Por si no lo sabíais. Siento empezar así, pero ya me entenderéis. Y lo malo es que la película me ha gustado.

Espoleado por un comentario del buen Fran G. Matute, me doy cuenta de que no había visto ninguna película de Judd Apatow, este supuesto nuevo renovador de la comediota juveniloide. El máximo logro de este hombre y de las producciones que se están haciendo bajo su ala es el de hacer reír (gracias) y concitar el aplauso unánime de la crítica seria –o al menos cool-, en el sentido de que sus pelis están siendo consideradas objetos indies como pudieron serlo en su día las de Steven Soderbergh.

Este hombre es una especie de factótum cinematográfico, siendo a la vez director, productor y guionista. ¿De qué pelis estoy hablando? Por ejemplo Virgen a los 40 (2005) o Lío embarazoso (2007), en las que hizo las tres cosas, y luego ha escrito Zohan: Licencia para peinar (2008) y producido El reportero (2004), Pasado de vueltas (2006) o Supersalidos (2007). Otro de sus talentos más fascinantes es el de encontrar gracioso a Will Ferrell, hazaña que tiene verdadero mérito.

Supersalidos –que no he visto- llegó a España aclamada como la nueva vuelta de tuerca a la comedia descerebrada, el equivalente 2000 a lo que en los 80 fue Porky’s (1982) y en los 90 American Pie (1999). A falta de verla y comprobar tan interesante aseveración, es de constatar que la recepción crítica ha sido impresionante (IMDB le da 7,9 sobre 10; Rotten Tomatoes un 87%). Al éxito de Supersalidos le precedió en USA el año pasado otro bombazo, Lío embarazoso (Knocked Up), y el otro día mire usted por donde pillé esta última baratita en el FNAC de Miciudad (a ver si os ibais a creer que los fines de semana también me quedo en Cosica).

Puse la peli el domingo y, la verdad, no sabía bien que esperar. ¿Sería una comedia alocada y tronchante en plan hermanos Farrelly cuando eran graciosos? ¿Sería algo más sofisticado en plan Kevin Smith cuando era gracioso? La historia es simple: un pavo impresentable (vago, porreta, desempleado) deja preñada a una pava que en condiciones normales no le daría ni la hora (potente, lista, profesional de éxito). El cómo y por qué ocurre el embarazo no lo cuento para no aguar la fiesta (aunque no hace falta ser Sherlock Holmes), baste decir que la peli te la va colando doblada de un modo que hace que todo parezca sorprendentemente natural.


La premisa, con no ser el invento de la pólvora, tiene cierta gracia, sobre todo en lo que a reivindicar que los losers pueden ligar con tías buenas se refiere (¡ah, la magia del cine!). El resto de la peli resulta diría que ligeramente gracioso, vale, muy gracioso, si no se nos hubiese vendido esta cinta como “la gran cosa”. ¿Comedia delirante? A lo mejor porque el protagonista y sus compis de casa se la pasan fumando en un bong. Los diálogos están muy bien, pero lo que se nos presentaba como una comedia rompedora no deja de ser la historia de amor más convencional del mundo. Lo del embarazo, en fin, nada que no hayamos visto en Juno (2007) o Nueve meses (1995).

De hecho, Juno sí que tenía un puntito de riesgo, y por muy ñoña que fuese al final, no dejaba de ser semivaliente. Pero Lío embarazoso… lo siento, no me la trago. Me ha gustado, una comedia más, pero nada del otro jueves, la verdad. No quiero destripar la trama, pero baste decir que todo lo guay que pueda tener es más propio de un episodio de la serie Cómo conocí a vuestra madre (2005-?) que de un American Pie. Más John Hughes que John Landis, por decirlo de otra manera. Esto, en sí, no es malo, pero lo que más me fascina es que un producto supuestamente rompedor acabe siendo un exponente más de la mentalidad conservadora.


Decían los apóstoles de la Deconstrucción (Derrida, Paul de Man) que todas las ideas llevan dentro –sin quererlo- su contrario, de manera implícita. De hecho, “deconstruir” no significa hacer una tortilla de gazpacho sino aplicar un método mediante el cual se desenmascaran estas contradicciones, de modo que las dicotomías (hombre/mujer, bueno/malo, natural/cultural, etc) se revelan falsas. Con Lío embarazoso podemos encontrar un buen ejemplo de esto: una historia que se anuncia anticonvencional (embarazos extramatrimoniales, drogas, hedonismo, sexo sin amor) acaba siendo un típico canto a lo de siempre (matrimonios felices, familias, paternidad responsable, vida sana).
 
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