Vivencias polimórficas de un treintañero perplejo.

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lunes, 3 de noviembre de 2008

Empieza por "F" y rima con frío...


“¿De qué se valdrán los tontos para entrar en conversación en aquellos países donde no llueve nunca y la temperatura es constante?”
-Dino Segre, llamado Pitigrilli



Justo cuando iba a escribir un post hablando bien sobre Cosica el viernes pasado, el destino me frenó la mano y esa entrada del blog quedará para siempre junto a las inéditas. El post del viernes nunca se escribió, os dejo el principio que iba a tener, para que veáis el tono:


Cosica existe. ¿Hablando bien de Cosica, Porerror? ¿Cómo así? No lo sé señora, serán todavía los efectos del Tanqueray.


Cosicas de la vida (y de la Cosica): el viernes no hubo post, hubo resaca. Pero hoy lunes sí que lo habrá, de modo que abríguense y sigan leyendo.

Justo cuando empieza uno a acostumbrarse al exilio entre semana, llega el finde y te rompe el ritmo. ¿Quejas? Ninguna. Solo es una constatación. Entonces llega el domingo sobremesa, por la tarde, tarde-noche, entonces llegan las nueve de la noche del domingo y ya la broma no se puede sostener más. Toca volver a emigrar, con diferencia el momento más amargo de la semana. Toca volver a la oscuridad, a las luces largas, a los coches de frente percibidos tan solo como conos de luz amarilla sobre fondo negro. Salvo que uno no es un personaje del cuento de Italo Calvino (“La aventura de un automovilista”), ni uno va en coche de A a B para citarse con Y.

Citando a Calvino, [c]omo si no bastara, se echa a llover”. Y es que Cosica nos tiene acostumbrado a un juego muy cruel, cada semana encuentra nuevas maneras de atormentarnos, cada semana nos presenta nuevas y refinadas formas de estrés que desconocíamos. Ausencia de alumbrado público, arbitrarias multas de aparcamiento, jaurías de perros callejeros, ruidos nocturnos, la “gracia” del butano, dolores de muelas, lluvias pepetuas, victorias de Lewis Hamilton… y esta semana todo lo anterior, más el Frío.


Su Majestad el Frío campa por aquí como no campara el hijoputa de El Cid por las tierras valencianas. Gracias a Dios, yo al Frío lo había conocido de lejitos, hasta ahora. Lo saludé hace unos años en el estado de Nueva York, a veinte grados bajo cero, con los mocos congelados. Le daba los buenos días cada mañana en el condado de South Yorkshire, apenas durante la longitud de un pasillo. He pasado noches furtivas con él en ciertas casas de Extremadura y Carolina del Norte. Todos los fines de año me lo encuentro al amanecer, él ataviado con su traje de gala, yo también. La última vez que el Frío y yo nos habíamos visto fue en el mes de abril pasado, a las puertas de la (cerrada) estación de Atocha a las cinco de la mañana.

El Frío se volvió a colar sin invitación aquí la semana pasada, en mi casa, en mi cama, dentro de mis huesos, en mi cerebro. Confundiéndose con el dolor de muelas. Su heraldo fueron las tostadas frías que me zampo cada mañana antes de ir a trabajar, o ese agradable paseo a la intemperie por el patio para encender el dichosito calentador de butano. ¿Habéis visto ese anuncio de Gas Natural en el que el pavo se despierta y estaba dentro de la cama con un forro polar y gorro de lana puestos? Pues entonces me habéis visto a mí a las 7 de la mañana todos los días.


Salvo que en Cosica no hay Gas Natural, ni la casa en la que vivo es mía para contratarlo. En Cosica hay edredones de IKEA, mantas de Ezcaray, calentadores Taurus, chalecos de lana de Springfield, chaquetones de El Corte Inglés. Y un hombre joven, cada mañana, tarde y noche contra el frío blanco, al que no le queda siquiera el consuelo de hablar del tiempo porque eso aquí no es noticia.

martes, 15 de enero de 2008

España se va de castings


Estoy en una tienda de Springfield probándome unos pantalones a cuadros (para ser moderno). Me acompaña un amigo músico, que anda abriéndose camino (el sábado tocó en Almería, este jueves lo hará en Jerez). Desde el probador escucho la voz de un antiguo compañero de colegio, actualmente técnico en Cuatro, que le espeta a mi amigo “¿Tienes talento?” Reprimo la risa, hubiera dado dinero por verle la cara al interpelado. “¡Ja, ja, ja!” –continúa el otro- “¿Tienes talento, tío, es el título del nuevo programa de Cuatro. Estamos haciendo los castings estos días en el hotel tal. Tú cantabas, ¿no? ¿Por qué no te pasas por allí?”

Como quiera que mi colega declina la oferta amablemente, el otro insiste, “Pues no te preocupes, que en un momento dado, si no entras en este te llamamos para Factor X, y si no para [no entiendo el nombre], que es en plan historias más humanas. El casting es el mismo”. Esto sucedió el pasado 30 de noviembre. El sábado 12 de enero hubo en el FNAC de mi ciudad otro casting, para Nuevas estrellas de la canción. Miro a mi alrededor, pongo la tele y veo castings, pruebas y audiciones por doquier. ¿Qué está pasando?

La idea del post me la ha dado el programa Sé lo que hicisteis, que inspirado a su vez por un periódico que traía como titular “España se va de castings”, ha sacado en su zapping un muestrario de lo peorcito/mejorcito de los últimos castings de la tele española. Y la cosecha es pavorosa: han puesto escenas del mencionado ¿Tienes talento?, Tú sí que vales (La Sexta), El rey de la comedia (TVE1), Somos la eÑe (Antena 3), Se llama copla (Canal Sur), Hijos de Babel (TVE1), Factor X (Cuatro). No ha mucho que nos deleitábamos con los de Supermodelo 2007 o Fama: ¡A bailar!, y… ya se está echando de menos un Operación Triunfo, ¿no creen? ¿Por qué edición irán ya? ¿Por la cuadragésima?

Por si esto fuero poco, YouTube nos ha permitido repetir hasta la saciedad los momentos más embarazosos de estos procesos selectivos, ¿cómo olvidar a la inconmensurable Silvia Padilla y su anti-hit “Ponte el cinturón”, auténtica suite lírico-musical al despropósito pop? (Creo que todavía la tengo en el móvil como tono de llamada). Por no hablar de momentos de televisiones extranjeras que sin YouTube nos hubieran estado irremediablemente vedadas, ese amodo de Shakira frotadiza del Factor X colombiano, o esa ancianita inglesa que le echó cojones nada menos que a Simon Cowell (el Risto anglosajón y cerebro detrás de Il Divo) porque se había reído del asesinato de una canción a manos de su nuera.

Hasta hace bien poco, los castings eran una cosa no vista, formaban parte de la trastienda y los entresijos del mundo del espectáculo, como los bocadillos del público o la firma de contratos. Algunos de los mejores momentos de la serie El séquito son los absurdos castings a los que acude Johnny Drama, por ejemplo. Pero alguien ha descubierto en ellos un enorme filón televisivo y no le culpo: los buenos (malos) castings resultan apabullantemente catárticos. A los artistas con talento ya los veremos lucirse en el programa en cuestión, pero ¿cómo privar a las masas de tan jugoso entretenimiento? Con lo democrático que resulta, además, que cualquiera tenga derecho a hacer el ridículo en nuestras pantallas…

Igual que Borges soñó con reunir un libro compuesto exclusivamente por los prólogos de otros libros, yo propongo que los señores de las televisiones se quiten de una vez la careta y confeccionen un programa hecho solo a base de los mejores (peores) descartes de otros espacios. Y si hay lágrimas, mucho mejor. Por cierto, los pantalones que me compré en Springfield, por los que me soplaron más de 30€, no pasaron el casting: se rompieron antes cumplir un mes. “Muchas gracias. Ya le llamaremos”.
 
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