Vivencias polimórficas de un treintañero perplejo.

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jueves, 16 de octubre de 2008

Attic Lights: Barbaridades pop


Es lo que tiene el Londrismo, el Londrismo y las canciones. Allí en las tiendas siguen vendiendo una especie de galletas de plástico negro con un agujero en medio, con la particularidad de que si las pone uno en una especie de plato y les hace noséqué vudú con una aguja sale sonando una música. ¡Porerror, jamás vi una definición tan oblicua de los discos de vinilo (ni un peor plagio de Les Luthiers)! Bingo, señora, añada usted un uso tan rocambolesco de la figura retórica llamada “extrañamiento”, ya tiene de lo que estoy hablando. Discos, es más, singles.

Por nada y menos puede usted pillarse un single de Oasis, o de Arctic Monkeys o de lo que le apetezca que esté de moda. Ahora bien, vaya usted a por uno del año pasado, a ver si lo encuentra. Los singles (sobre todo de vinilo) tienen en Inglaterra menos vida en tienda que la proverbial pompa de Mistol. En estas estaba yo el domingo pasado en un HMV viendo la sección de novedades cuando mi novia, que es mucho de tiendas de discos y me arrastra a ellas, me vino con un single de 7 pulgadas en la mano. Attic Lights era el nombre del grupo, “Wendy” el título de la canción. Buenísima pinta (ya solo por la portada). Lo buscamos en formato CD y vemos que aparecen cinco caras B: dos inéditas y tres remixes de “Wendy”: un auténtico EP. Los remixes eran a cargo de The Fratellis, The Vaselines y Camera Obscura, casi nadie.

¿Hay que llevárselo? Solo se puede saber escuchándolo. Voy al plato, me pongo los cascazos, empieza aquello y…¡madre! Me hago pipí encima. Mi novia (que estaba en otro plato con otro ejemplar del single) me grita “¡Es power pop!” como diciendo “A ti te va a gustar”. Nerviosísimo, levanto la aguja y no dejo que terminen ni los 3 minutos de la canción. Ya tengo el CD single en el coleto. A día de hoy, me arrepiento de no haberme llevado también el 7 pulgadas, total, por menos de tres euros.

Al día siguiente leo en el metro (tren) en el Metro (periódico) que el disco entero de Attic Lights se editaba aquel mismo 13 de octubre. Desinquieto, leo la crítica y me espanto de indignación al leer lo siguiente (más o menos): “Attic Lights son una puta mierda, suenan igual que Big Star, Teenage Fanclub y los Beach Boys”. “Hay algo que no es como me están contando” –pienso, parafraseando a ese literato nada politizado que es Juan José Millás. En mi libro, si algo suena “como Big Star, Teenage Fanclub y los Beach Boys” es automáticamente obra maestra, aunque sea un eructo. Por otro lado, pienso que si la prensa inglesa ha dicho que el disco es mediocre debe ser una maravilla, lo cual me reconforta bastante.


Voy a los almacenes Harrod’s pero nada me llama la atención, ni siquiera los carteles gigantes de Eva Mendes anunciando bragas. Yo por dentro estoy “Attic Lights, Attic Lights, Attic Lights…” Y como en realidad en Londres no me he comprado casi ningún disco (ya sabéis que no soy persona de eso) enseguida pergeño un diabólico plan: tienda HMV del aeropuerto… y libre de impuestos. Y, bueno, por acortar la historia, milagrosamente en la tiendica quedaban dos copias, una la pillé yo y la otra mi novia. Estamos salvados.

Y ahora me digo yo: ¿de dónde sale esta barbaridad melódica y guitarrera llamada Attic Lights? Ahora debutan con su álbum Friday Night Lights (2008), pero miroteando por ahí descubro que llevan desde 2006 sacando singles y EPs. También leo que en Attic Lights ha metido mano el batería Francis MacDonald, el Hal Blaine indie (ex BMX Bandits, ex Teenage Fanclub, ha tocado con Belle & Sebastian, Camera Obscura, The Pastels, Alex Chilton, Michael Shelley…). Pongo su curriculum para que veáis de dónde viene el tema. Muchas cosas se explican, pero el grupo no es él, son cinco chavales con muchísimo talento.


Vayamos pues con Friday Night Lights. ¿Disco del año? ¿Error de Dios al permitir que los meros mortales poseyeran una música tan bonita? Solo puedo decir que no me he puesto tan nervioso escuchando un disco desde 1996, cuando puse por primera vez el Grand Prix de Teenage Fanclub y con cada canción iba literalmente sufriendo, no fuese a ser mala y a joderme un “disco perfecto”. No voy ni a decir qué canciones son mejores o si el grupo suena a tal o cual cosa. Solo diré que es “power pop serio” (por usar la categoría del buen Fran G. Matute). Meted en YouTube “Attic Lights Wendy” y sufrid conmigo. Y comprároslo, o bajároslo, o haced lo que os dé la gana.

lunes, 10 de diciembre de 2007

Nostalgia de otros formatos (II)


Constato que vuelve el vinilo. De momento, a mi casa ha vuelto. Me refiero a esos discos de plástico, que se rompen más y suenan mejor que los CDs. Vuelven.

Va uno a FNAC o a Mediamarkt y ve a la venta muchos equipos de sonido con giradiscos. Cada vez en más tiendas hay estantes con LPs y discos sencillos. En mi ciudad hay un bar donde, además de salmorejo y tacos mejicanos excelentes, se pueden conseguir disquitos de segunda mano a buen precio. De Madrid o Barcelona, ya ni hablo.

Hace un año, en Londres, fui al Virgin Megastore de Picadilly Circus nº1 y pregunté si no tenían vinilos. “¡No, no!” El dependiente me miró con simpatía, pero como si yo estuviera chiflado. “Es una cosa minoritaria, no cabríamos aquí si tuviéramos que mantenerlos en stock”. Este verano he vuelto a ir a esa tienda y he comprobado cómo han puesto una buena sección de discos de plástico.

Es cierto que hay sitios que nunca han dejado de venderlos, y que el coleccionismo, las ferias especializadas y los DJs han hecho que se conserven durante años en que apenas se veían. En la actualidad, es innegable que el tradicional disco de vinilo experiementa un renacimiento: los discos antiguos conviven con las reediciones, clásicos junto a novedades. Lo mismo se puede comprar un single original de Sam Cooke o Luis Aguilé que el último LP de los Arctic Monkeys o de Björk.

Yo dejé de comprar vinilos aproximadamente hace diez años… tuve un temprano trauma al dejar un single al sol y derretirse el borde del disco. Varios amigos míos (no uno ni dos) nunca los abandonaron, los tienen y los escuchan frecuentemente en su casa, en fiestas o en plan tranquilo. Yo, como digo, había dejado de comprarlos, hasta la primavera pasada.

La historia es que en mi casa el equipo de sonido lleva estropeado desde que tengo uso de razón. Me quiero comprar un equipo nuevo y no me decido, pero ya he empezado a hacer acopio de vinilos. Así, durante este puente he pillado –entre otros- dos de los discos que aparecen en mi lista de favoritos, el Arthur de los Kinks y el Pet Sounds de los Beach Boys. A lo mejor alguno dirá “¿por qué pagar X por un disco en vinilo si lo puedo comprar en CD por la mitad?” Como en el anuncio del Banderas, los que tarden en contestar a esta pregunta ya han contestado.

Y mientras tanto, mi biblioteca de iTunes sigue engordando, ya voy por 46 gigas de música, 12.450 canciones que tardarían en sonar un mes entero si lo hicieran todas una detrás de otra.
 
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