Vivencias polimórficas de un treintañero perplejo.

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jueves, 30 de abril de 2009

Estrellas grandes


Cual especie de Bill Murray rural sabéis que vivo, en cierto modo, atrapado en el tiempo: leer el periódico del día anterior es lo único que me queda. Leo en El País ya no sé si de ayer o anteayer que en el día de ayer o anteayer tocaron en Málaga el mayor grupo musical que ha parido madre, namely Big Star. Casi me da un jama al leer en “El diario independiente de la mañana” los palabros power pop, Badfinger, Alex Chilton, Chris Bell y Raspberries, todos en el mismo párrafo. Y no, amigos, no son los nuevos sabores de helado de Ben & Jerry’s, se trata de mi estilo de música favorito y alguno de sus mayores exponentes.

El mejor grupo del globo ya quedamos en que son los Beatles, pero como debe haber música después de la música y pop después del pop, a la caída de los de Liverpool se alzaron estas bandas que pensaban que los estaban imitando y que en realidad no sonaban en absoluto como ellos, crearon un subgénero nuevo que solo años después fue dado en llamarse power pop. Por eso los grupos actuales de power pop en realidad no suenan como los Beatles, sino como Badfinger, Raspberries y estos señores a los que hoy rendimos tributo: Big Star.

Sabido es que en Estatuas Verdes tiene su casa la hipérbole, pero en esta ocasión las exageraciones no las proporciono yo sino que corren de la cuenta de los críticos de rock. Se ha dicho muchas veces que Big Star han sido el grupo más influyente después de la Velvet Underground, ida de olla por demás, pero lo que sí es cierto es que su impacto y su influencia en la música “alternativa” es simplemente incalculable. Son pieza clave del pop, pero también del grunge, del punk melódico y me atrevería decir que del country alternativo. Para que os hagáis una idea, a esta gente los han versionado Teenage Fanclub, The Posies, Garbage, Wilco, Matthew Sweet o Afghan Whigs. ¿Quiénes son Big Star y qué hicieron?


Simplificando, eran cuatro: Alex Chilton, Chris Bell, Jody Stephens y Andy Hummel. Simplificando aún más, el talentoso Chris Bell se fue tras hacer solo un disco (para grabar otro en solitario y fallecer en 1978), Andy Hummel tambien se fue, y en la actualidad quedan Chilton (ex niño prodigio sesentero con Box Tops), Stephens y el (mejor) 50% de los Posies: Ken Stringfellow y Jon Auer, que tocan con Big Star desde 1993. La discografía de Big Star es exigua y fragmentaria, sacaron en 2005 In Space, que me da miedo escuchar, pero aquí nos quedaremos con sus tres discos canónicos.

#1 Record (1972) es la mezcla perfecta de rabia juvenil, diversión, romanticismo ñoño y energía. Cuando no había Playstations, se ve que la juventud se dedicaba a esas cosas. “Soplo de aire fresco” tal vez sea la frase más repetida en las críticas de este prodigioso álbum. Lo cachondo del tema es que, una vez se fue Bell (en su disco en solitario póstumo también metieron mano otros miembros de Big Star, no os creáis), Chilton y el resto se sacaron de la manga en 1974 Radio City, el que probablemente sea –superquitada de careta- el mejor disco de power pop de todos los tiempos, y uno de los mejores de la historia del rock.


¿Tuvieron éxito, Porerror? Ninguno, señora, como pasa siempre. ¿Poperos à la Beatle en el Memphis de los early seventies? No creo. Pues entonces estos joyones serán inencontrables, ¿no? Auténticas rarezas. Pues mire usted por donde que no: los dos discos #1 Record y Radio City se encuentran fácilmente en CD en formato “2 x1” a menos de nueve euros. ¿Y cómo es que no me ha dado nunca por comprármelos y hacer a este grupo todavía más grande? Pues eso mismo digo yo, señora, a partir de leer este post ya no tiene excusa.

Los planes para un tercer album de Big Star se fueron al garete, pero el material grabado de manera trabajosa y a pellizcos se encuentra fácilmente bajo el título Third o Sister Lovers, que al parecer hubiera sido como se iba a llamar el disco. Estas grabaciones, amén de contener curiosidades como versiones de los Kinks, la Velvet o Nat King Cole, no son meros recortes. La música del “tercer disco que no fue” constituye un testamento acojonantemente vital del proceso creativo de un grupo en descomposición pero que todavía guarda un talento que le rebosa por los cuatro costados (algo así como el Let It Be -1970- de Beatles o el Yankee Hotel Foxtrot -2002- de Wilco).


Me mola que dos de sus alumnos más aventajados, Auer y Stringfellow, hayan retomado la antorcha del grupo y que Big Star sigan bien que mal en la brecha, con mucha dignidad, dando conciertos y grabando cosillas. Tocaron en Málaga el otro día, dicen. Algo había oído anunciado, pero no me había querido ni enterar. Me contaron que para el festival Territorios de Sevilla del año pasado, uno de los programadores consultó a un erudito musical local sobre qué grupo de “dinosaurios” molaría más traer, si a Big Star o a los New York Dolls. Al final se optó por New York Dolls, nunca se lo perdonaré: era como escoger entre champán francés o Casera blanca.

Pero claro, tal vez los New York Dolls resultasen más comerciales. Al fin y al cabo, ¿a Big Star quién los conoce?

miércoles, 11 de marzo de 2009

Empieza por power y rima con pop


Estoy harto de malos rollos y de milongas. La tristeza me acompaña y me acompañará, es mi copiloto, pero eso es otra cosa. Se puede estar triste y de buen humor, yo no lo sabía pero es así. Y yo no quiero malhumorarme. Es por eso que antes que otro sesudo o indignado post hoy quisiera hablaros de mi música favorita. Los que seáis de los que desconectan cuando hablo de música, bear with me please. Hay esperanza de salvación para todos. Hoy se va a hablar aquí de power pop, hombre ya!!!

Los del foro Power Pop Action, auténtica biblia con predicamento internacional, dicen algo muy bonito, a saber, que dentro del power pop “el abanico estilístico es amplio, podréis escuchar canciones que abarcan desde el Garage Beat hasta el Pop Indie o desde el Power Pop al Alt Country; todas ellas presentan como denominador común ese buen gusto por la melodía del que tanto presumimos [...], lejos de ese integrismo del que se nos acusa a veces”. Porque el power pop es un subgénero, aunque esté mal que yo lo diga, lo cual no quiere decir para nada que se trate de un gueto. Otra definición del estilo que leí la semana pasada y que me ha encantado: el power pop es puro rock and roll con coritos. Amén.


Ayer por la tarde por fin le quité el papelito al último de los diez CDs que me compré la semana anterior en mi fructífera visita a Escridiscos. He de decir que los diez discos han dado en la diana plenamente, yo solo elegí dos, el resto fueron recomendaciones del dependiente, que como buen camello sabe lo que los yonquis de la melodía necesitamos. Lo que más me ha flipado han sido Lolas, cuyo disco Silver Dollar Sunday (2001) -“esto es una obra maestra, llévatelo que está descatalogado”- fue Disco de la semana en Estatuas Verdes. Es raro encontrar una obra en la que todos los temas te satisfagan, pero este esfuerzo de Lolas no tiene ni una canción mala, oiga. Beatles, Beatles, Beatles y Who parecen ser los cuatro ingredientes principales de un disco que, pese a todo, no suena a mero revival.

El segundo álbum que más me ha llamado la atención es el Goodnight to Everyone (2008) de Jellybricks. Este es más fácil de conseguir, no os dejéis asustar por la horrendosa portada: el contenido es canela pura. Su aproximación al power pop es más contemporánea, menos retro, aquí la fase power prima con las guitarras distorsionadas, pero siempre dentro de la ortodoxia melódica. De verdad que recomiendo este disco porque no os lo van a promocionar en ningún lado y es una auténtica joya, otra obra maestra. Otro bombazo me lo encuentro en el disco de The Cute Lepers Can't Stand Modern Music (2008). Este grupo se ve que no aguanta la música moderna, y dentro del CD te dan las gracias por comprar un disco cool antes que uno de moda. Ignoro en qué pervertido planeta están considerados “cool” los Cute Lepers, pero seguro que es uno condenadamente divertido. Esta familia practica un power pop más setentero, cercano al punk '77 y al garaje, que no deja de ser interesante entre tanto pasteleo.


Si os queréis dejar llevar por una milonga más retro otra vez, oscilando entre el garaje sixties y el sonido jangly, ahí están los discos de The Maharajas y The Resonars, respectivamente. Sobre este último (Nonetheless Blue, 2007) me dijo el gurú de Escridiscos: “una canción suena a los Hollies y la siguiente a los Byrds... pero a los Byrds buenos, no a los country. Creo que con esto ya está dicho todo. El grupo sueco The Maharajas también están firmemente anclados en la tradición, esta más garajera, más rock and roll. In Pure Spite, también del 2007, es un trallazo que así lo demuestra.

Otros dos discazos que me han encantado son los homónimos de Rooney (2003) (a lo mejor conocéis su tema “I'm a Terrible Person” del anuncio de la colonia CH de Carolina Herrera) y de The Rewinds (2006). Estos exhiben una paleta sónica menos estricta, menos ortodoxa, y harán las delicias de los fans del pop-rock indie. Supongo que se les llama power pop por su afición a las melodías y los estribillos pegadizos, pero sus canciones no desentonarían en la banda sonora de cualquier comedia indie americana sobre chicos con problemas. Hay un disco que merece una atención especial, el The Power of Sound (2004) de Jonny Polonsky. Pienso que Jonny Polonsky -apadrinado en su día por Frank Black y deudor estilístico de Nirvana- es el eslabón perdido entre el power pop y el “rock alternativo” de los noventa y más allá. Atentos a este disco porque es otra joya (¿Jonny Polonsky tenía más de un disco? Pues sí, señora).


Y no me quiero marchar sin nombrar a dos clásicos de verdad, de los que imitan todos estos grupos de la nueva hornada. En mi afán de completar la discografía de Cheap Trick me llevé All Shook Up (1980). ¿Qué decir de estos catedráticos del pop (y del power)? Este disco es considerado una mierda por All Music Guide, como todos los anteriormente citados, no esperéis ver en sus críticas más de tres estrellas (el power pop no está bien visto, es un subgénero). El otro clásico que me llevé, por inspiración del vendedor, fue Big Smash (1980), el tercero y fracasadísimo disco del medio punky-medio poppy británico Wreckless Eric. La edición que pillé es gloria bendita, ya que vienen dos CDs: el primero con el álbum original y el segundo con una cosa que salió en USA recopilando todos sus singles y las mejores album tracks de sus dos primeros esfuerzos. Otra porquería de disco, vamos, no lo compréis ni borrachos. Como ninguno de los que os he recomendado antes: nada, son todos caca.

martes, 3 de marzo de 2009

Bacon y pop

Mi jefe me debía un día libre, de manera que este pasado fin de semana he aprovechado el “puente” para ir a Madrid a intentar distraerme un poco. A la hora de hablar de las múltiples experiencias vividas, he creído ver en todo el finde un par de themes o ejes temáticos improbables en su maridaje pero altamente satisfactorios, a saber: el pop y el bacon (o el Bacon).


Bacon. Uno de mis objetivos al emprender este viaje a Madrid era ver la exposición retrospectiva del pintor inglés Francis Bacon que se desarrolla en el Prado. Un tío mío llama a este pintor “Paco Panceta”, y no le falta algo de razón. Vaya por delante que la exposición es fantástica, muy bien montada, completa y creo que convenientemente explicada. Al verla, entre otras sensaciones, me asaltó una revelación: el arte de Bacon no me gusta tanto como yo pensaba. Conocía una docena de obras, que me encantan, pero vista en su conjunto y a través de las décadas, la producción de Bacon no me ha impresionado tanto.

Hay cosas que Bacon clava, mostrar el horror, pero veo que esa faceta solo (con clavarla) no lo convierte en el artista universal y epítome del siglo XX que yo pensaba que era. Sabido es que la representación de los cuerpos humanos y animales que el pintor hacía muestra la carne (“meat” no “flesh”) de manera horrorosa y charcutera, tanto que sus crucifixiones parecen reses abiertas en canal. El propio Bacon lo dejó dicho: “Efectivamente, todos somos carne comestible. Todos somos canales en potencia”. Carne comestible, Bacon.... Bacon, Bacon, Bacon:.... bacon.


Pop. Otro de mis objetivos era comprar discos, como siempre. Normalmente suelo hacer un tour por ciertas tiendas de disco favoritas, e incluso esta vez llevaba un par de recomendaciones de tiendas nuevas que estaba deseando conocer. Sin embargo, en esta ocasión solo me ha dado lugar a hacer una parada, no ha hecho falta más, en mi tienda favorita de España: Escridiscos. Un par de palabras clave en el oído del dueño y ya tenía en mis manos más CDs de power pop “garantizados” de los que podía pagar. Me los llevé todos, claro.

Otra viñeta pop en Madrid: ir andando por la calle Huertas el viernes noche y recibir los cantos de sirena de los que reparten flyers: “Tómate un chupito gratis... dos copas por 9 euros.... bar de indie rock y britpop.... tómate...” ¡CÓMORL!? ¿He oído lo que he oído? Acepto el flyer y leo el nombre del local, Mi madre era una groupie: Indie, Britpop, Oldies. Casi me mareo, porque en Miciudad esos bares no existen. Si quiero escuchar estos estilos de música me los tengo que poner yo en mi casa. Una vez dentro del garito, el frenesí: Rolling Stones, Kinks, Who, Strokes, Franz Ferdinad, Bloc Party, Killers, Keane, Chemical Brothers, Fatboy Slim, Ramones, The Hives... hasta que el cuerpo aguante.


Bacon (reprise). He dejado para el final la conexión más obvia entre el bacon y el pop, la que encarnaba Elvis Presley. Nadie como él interpretó (ciertos tipos de) pop, nadie como él jaló panceta, a razón de un kilo diario. El buen Presley fue también un gran amante de las hamburguesas, y era comerme una de estas como Dios manda otro de mis objetivos madrileños. La hamburguesa,
tan cara a este blog y a otros, tiene una de sus casas en La Pequeña Bety, local que auna carne y pop. Espoleado por la buena crítica de Fran G. allí me encaminé para ver con sorpresa que los mediodías está cerrado. Pues casi mejor, porque recalé entonces en el cercano Home Burger Bar, amigos, no sé qué pueda decir de este sitio: arte en forma de carne picada, me emocionó como no lograra hacerlo Francis Bacon.

La hamburguesa que me trinqué era perfecta: no digo que sea la mejor ni la peor porque no la comparo con nada. Simplemente esta era como tenía que ser: buen pan, lechuga, tomate, cebolla y pepinillos frescos, sublime carnaca y acompañada de riquísimas patatas fritas y coleslaw. Yo pedí la mía con queso y bacon, of course, y aunque en la carta asomaban rarezas muy atractivas, me decanté por una hamburguesa clásica, en homenaje a los puristas del género. Se me olvidaba, una hamburguesa hay que tomarla con refresco, eso está claro (qué mejor que coca-cola), y ya sabéis que en inglés refresco se dice pop, de manera que aquí se cierra el círculo del pop, el bacon y mi fin de semana.

jueves, 13 de noviembre de 2008

El test de Cooper


Tranquilos que no voy a hablar de aquí del test de resistencia física consistente en correr cuanto se pueda como un cobarde durante doce minutos. De ese odioso test de origen militar que martirizó nuestras infanto-juveniles clases de Educación Física. Para mí el Test de Cooper es la prueba fehaciente de que por fin Cooper, ese grupo musical, dejan de ser “el secreto mejor guardado del pop español”.

Optimista vengo, ya lo sé, ¿sabéis quién son Cooper? Posiblemente no, y no digo que deberíais, pero sí os diré una cosa: su último lanzamiento, el EP Lemon Pop (2008), ha sido número uno en ventas de la lista de singles de este país. No está mal, ¿no? Gente como la buena vida también fueron número uno de singles en su día y nadie se enteró, pero eso es así porque en España los discos de moda los dictan las radiofórmulas, y van completamente independientes de quién venda más o menos. ¿Os imagináis eso en USA o Gran Bretaña? Pues así es aquí.


Por si esto fuera poco, su anterior trabajo (el EP Guárdame un secreto, 2007) llegó al número 2 en esa misma lista. Eso significa que alguien sí que debe comprar los discos de Cooper, ¿no? (aparte de servidor, claro). Algunos modernos. Antes de los citados, Cooper habían sacado otro soberbio EP: Días de cine (2006), y así nos van haciendo entrega de su producción con cuenta gotas. En 2004 salió una colección –Retrovisor- que venía a juntar canciones de los tres previos singles de la banda, aparecidos entre 2003 y 2004. ¿Pero es que esta gente no sacan discos normales? ¿Álbumes?

Cooper debutaron en el año 2000 con el estupendísimo Fonorama, y luego Retrovisor puede considerarse un disco a posteriori, pero hace un par de años escuché a su líder y factótum, Alejandro Díez, decir en una entrevista de Radio 3 que él ya estaba harto del dictado de la industria discográfica y que pasaba de la presión de tener que “dar a luz” un disquito entero cada dos o tres años. Así, el buen hombre argumentaba que lo que pensaba hacer era editar singles o EPs cuando le viniese en gana (sospecho que no vive de esto) y que ya si eso luego la casa de discos (Elefant Records) reuniese las canciones “de éxito” en formato grande. Y esto, amigos, en los tiempos que corren, es tener un par de huevos.


Lo de singles convertidos en discos no es el invento de la pólvora, era lo estándar en el mundo del rock hasta que llegaron los Beatles. Los singles que Cooper facturan son verdaderos EPs de cuatro canciones, casi siempre viene una versión (de Gigolo Aunts, The Muffs, Myracle Brah…) adaptada o no al castellano. Este Alex Díez no viene de la nada, era el cantante del grupo revival mod ochentero Los Flechazos, que igual os suena más. Hoy día los auténticos mods lo repudian (uno me llegó a decir el año pasado “¿Cooper, mod? Su rollo no tiene nada que ver con el nuestro”).


Los Flechazos eran retro retro, es decir, imitaban la música de los años 60, pop, surf, beat, rock de garaje… Cooper hacen power pop, es decir, pop de guitarras deudor del de aquella época, pero no fotocopiado.

En este último EP, además de los cuatro temas de rigor, Cooper nos ofrecen una sorpresa (y por eso creo yo que se ha vendido tanto). Se trata de una quinta “pista oculta” de una hora de duración que contiene un concierto en la sala madrileña Gruta 77. El menú: la crema del pop, versiones de los grupos citados dos párrafos más arriba más Badfinger, Raspberries, The Hollies, Buzzcocks, The Smithereens, Evan Dando, Nacha Pop o los propios Flechazos. Todo por menos de 5 euros.

jueves, 16 de octubre de 2008

Attic Lights: Barbaridades pop


Es lo que tiene el Londrismo, el Londrismo y las canciones. Allí en las tiendas siguen vendiendo una especie de galletas de plástico negro con un agujero en medio, con la particularidad de que si las pone uno en una especie de plato y les hace noséqué vudú con una aguja sale sonando una música. ¡Porerror, jamás vi una definición tan oblicua de los discos de vinilo (ni un peor plagio de Les Luthiers)! Bingo, señora, añada usted un uso tan rocambolesco de la figura retórica llamada “extrañamiento”, ya tiene de lo que estoy hablando. Discos, es más, singles.

Por nada y menos puede usted pillarse un single de Oasis, o de Arctic Monkeys o de lo que le apetezca que esté de moda. Ahora bien, vaya usted a por uno del año pasado, a ver si lo encuentra. Los singles (sobre todo de vinilo) tienen en Inglaterra menos vida en tienda que la proverbial pompa de Mistol. En estas estaba yo el domingo pasado en un HMV viendo la sección de novedades cuando mi novia, que es mucho de tiendas de discos y me arrastra a ellas, me vino con un single de 7 pulgadas en la mano. Attic Lights era el nombre del grupo, “Wendy” el título de la canción. Buenísima pinta (ya solo por la portada). Lo buscamos en formato CD y vemos que aparecen cinco caras B: dos inéditas y tres remixes de “Wendy”: un auténtico EP. Los remixes eran a cargo de The Fratellis, The Vaselines y Camera Obscura, casi nadie.

¿Hay que llevárselo? Solo se puede saber escuchándolo. Voy al plato, me pongo los cascazos, empieza aquello y…¡madre! Me hago pipí encima. Mi novia (que estaba en otro plato con otro ejemplar del single) me grita “¡Es power pop!” como diciendo “A ti te va a gustar”. Nerviosísimo, levanto la aguja y no dejo que terminen ni los 3 minutos de la canción. Ya tengo el CD single en el coleto. A día de hoy, me arrepiento de no haberme llevado también el 7 pulgadas, total, por menos de tres euros.

Al día siguiente leo en el metro (tren) en el Metro (periódico) que el disco entero de Attic Lights se editaba aquel mismo 13 de octubre. Desinquieto, leo la crítica y me espanto de indignación al leer lo siguiente (más o menos): “Attic Lights son una puta mierda, suenan igual que Big Star, Teenage Fanclub y los Beach Boys”. “Hay algo que no es como me están contando” –pienso, parafraseando a ese literato nada politizado que es Juan José Millás. En mi libro, si algo suena “como Big Star, Teenage Fanclub y los Beach Boys” es automáticamente obra maestra, aunque sea un eructo. Por otro lado, pienso que si la prensa inglesa ha dicho que el disco es mediocre debe ser una maravilla, lo cual me reconforta bastante.


Voy a los almacenes Harrod’s pero nada me llama la atención, ni siquiera los carteles gigantes de Eva Mendes anunciando bragas. Yo por dentro estoy “Attic Lights, Attic Lights, Attic Lights…” Y como en realidad en Londres no me he comprado casi ningún disco (ya sabéis que no soy persona de eso) enseguida pergeño un diabólico plan: tienda HMV del aeropuerto… y libre de impuestos. Y, bueno, por acortar la historia, milagrosamente en la tiendica quedaban dos copias, una la pillé yo y la otra mi novia. Estamos salvados.

Y ahora me digo yo: ¿de dónde sale esta barbaridad melódica y guitarrera llamada Attic Lights? Ahora debutan con su álbum Friday Night Lights (2008), pero miroteando por ahí descubro que llevan desde 2006 sacando singles y EPs. También leo que en Attic Lights ha metido mano el batería Francis MacDonald, el Hal Blaine indie (ex BMX Bandits, ex Teenage Fanclub, ha tocado con Belle & Sebastian, Camera Obscura, The Pastels, Alex Chilton, Michael Shelley…). Pongo su curriculum para que veáis de dónde viene el tema. Muchas cosas se explican, pero el grupo no es él, son cinco chavales con muchísimo talento.


Vayamos pues con Friday Night Lights. ¿Disco del año? ¿Error de Dios al permitir que los meros mortales poseyeran una música tan bonita? Solo puedo decir que no me he puesto tan nervioso escuchando un disco desde 1996, cuando puse por primera vez el Grand Prix de Teenage Fanclub y con cada canción iba literalmente sufriendo, no fuese a ser mala y a joderme un “disco perfecto”. No voy ni a decir qué canciones son mejores o si el grupo suena a tal o cual cosa. Solo diré que es “power pop serio” (por usar la categoría del buen Fran G. Matute). Meted en YouTube “Attic Lights Wendy” y sufrid conmigo. Y comprároslo, o bajároslo, o haced lo que os dé la gana.

viernes, 11 de abril de 2008

¡Ah, el dulce Mateo!


Este post está dedicado a todos los que me decís que aunque no os interese el tema del día, leéis mi entrada igual. Vosotros sois Estatuas.


“¿Cómo conociste a Matthew Sweet?” –me pregunta el otro día una amiga que jamás ha oído hablar de él. Voy a contestarle y de pronto me quedo en blanco. La cosa se pierde en la noche de los tiempos, no sé de cuándo me viene la afición por este cantante. Otra pregunta más fácil: “¿A qué suena?” “¿Conoces a Teenage Fanclub?” “Mh-mh”. “¿A The Posies?” “Mh-mh”. A lo mejor no era tan fácil.

Hace muchos años que me gusta el pop-rock bonito, el de guitarras y armonías vocales. ¿Lo llamamos power pop? ¿Pop alternativo? También lo llaman “pop contemporáneo” o “pop adulto”. Para mí son canciones, que luego mis colegas músicos me riñen por ser tan enciclopedista con las etiquetas de los estilos. Supongo que por Teenage Fanclub (creedlo: hubo un tiempo en que fueron famosos) conocí a The Posies, y por estos me llegaron nombres como Big Star o Matthew Sweet.

Realmente no tuve nada suyo hasta que en Inglaterra un compañero americano de residencia me regaló un recopilatorio. Él cantaba y tocaba, pero le iba más el reggae y el rap. Compró el Time Capsule: The Best of Matthew Sweet 90/00 (2000) y lo flipó, claro: “Iba a tirarlo a la basura, ¿tú lo quieres?, quédatelo”. Y entonces lo flipé yo, pero en el buen sentido. Creedlo: hubo un tiempo en el que Matthew Sweet también fue famoso, salía en la MTV y sus álbumes eran Disco de Oro en USA. Recuerdo que en la novela de Bret Easton Ellis Glamorama (1998) los personajes bailaban en una disco de moda al son de su tema “Sick of Myself”.

La canción por la que probablemente Sweet pase a la historia sea “Girlfriend”, de su disco homónimo de 1991. Dice All Music Guide que todos las grabaciones de power pop de mediados de los noventa en adelante tienen una deuda no reconocida con ese álbum. A mí “Girlfriend” en concreto me impactó tanto que he llegado a escribir un cuento inspirado en la canción. Tampoco se puede olvidar su disco 100% Fun (1995), pero hoy quisiera romper una lanza por la parte de su obra menos conocida y menos valorada.

Empiezo por sus dos discos de los ochenta, Inside (1986) y Earth (1989). Estos suenan muy diferentes a el rock alternativo que se haría en los noventa, son más cercanos al llamado jangle pop (o sea, pop de guitarra deudor del sonido sesentero de Beatles o Byrds, sin tanta distorsión). La producción, como muchas de aquellos años, da un pelín de miedo, pero superado este escollo se encuentra uno con un par de disquitos repletos de buenas composiciones. Para que os hagáis una idea, suenan un poco como sonaban R.E.M. por aquellos años (antes del Out of Time, 1991).

Otro disco que la crítica no ha santificado es el Blue Sky On Mars (1997) -el título está sacado de Desafío total, ¿no?-. Se supone que tras su trilogía alternativa-power de Girlfriend, Altered Beast (1993) y 100% Fun Sweet bajó el listón, al entregar un álbum más reposado, en el que no sé exactamente dónde está el problema. Para mí es un disco divertidísimo, en el que predominan los rocks moderados y los medios tiempos (el territorio más propicio para Matthew Sweet: sus baladas sin embargo aburren a las ovejas). Líricamente Sweet no pasará a la historia, sus letras tiran del repertorio clásico del rock: me voy a Los Ángeles, mi chica es malvada, ya te olvidé, etc, pero pienso que en este álbum las melodías mantienen un nivel increíblemente bueno, y el trabajo de guitarras no es desdeñable.


Por último quería hablar de su último trabajo (¡qué cartesiano soy, cojones!). Under the Covers, Vol.1 (2006) –el título es un juego de palabras: covers en inglés significa “sábanas” y “versiones”- es un esfuerzo conjunto realizado con Susanna Hoffs, la cantante de Bangles. ¿Os acordáis de Bangles? Otras históricas del jangle pop, que sin embargo pasarán a la historia por versionar a Prince, cantar “Eternal Flame” y bailar en un videoclip imitando a los egipcios. Este disco no es que aporte mucho ya que se trata de una colección de versiones de “clásicos” de los años sesenta, eso sí pasados por el tamiz del power pop. El “Vol.1” nos hace soñar con ulteriores entregas, de momento la nómina incluía preciosísimas versiones de los Beatles, Beach Boys, Bob Dylan, Neil Young, The Velvet Underground, Love, The Zombies o The Who.

La semana pasada se montó en mi coche un amigo, músico profesional, y en la radio estaba puesto un disco de Matthew Sweet. “Oye, qué bien suena esto, ¿qué es?” Le conté y me dijo: “¿Esto pop? ¡Pero si tiene guitarras rockeras, los cambios de acordes propios del blues y el cantante suena como el de R.E.M.!” Sí, amigo. Y eso que no escuchaste las que suenan a folk-rock, y alguna que otra con un tufillo country. Todo con un denominador común: música bonita, música dulce. Dulce Matthew Sweet.

jueves, 20 de diciembre de 2007

Chicos malos sensibles


En días de color más o menos grisáceo, en los que hace frío y amenaza lluvia recurro a algunos artistas que me ponen de especial buen humor. Últimamente he conseguido (eufemismo por “comprado”) un par de CDs de unos músicos de este género. Se trata de dos CDs que andaba buscando desde hacía meses, uno de Dwight Twilley Band (DTB) y otro de Phil Seymour. Son reediciones recientes, en el caso de la DTB de los álbumes Sincerely (1976) y Twilley Don’t Mind (1977) y en el de Seymour de su debut homónimo de 1980.

Se da la circunstancia de que Phil Seymour también era miembro de la DTB, y de hecho cuando él y Dwight Twilley (los de la foto) lanzaron sus carreras en solitario ambos participaron en las grabaciones del otro. Yo ya tenía el Twilley (1979) y el Scuba Divers (1982) supuestamente de Dwight Twilley en solitario, pero me llevé la sorpresa de que en esos también participa Seymour. Y en el de Seymour en solitario, además de Dwight Twilley aparece Bill Pitcock IV, guitarrista de la DTB. ¡Qué lío, no? El que lo haya entendido que levante la Fender.

Escucho con atención los discos: una vez más me vuelvo a emocionar con las canciones que ya conocía y que me hicieron buscar estos álbumes: “I’m On Fire”, “Precious to Me”, clásicos imprescindibles del power pop. Con el power pop (ese subgénero melódico y guitarrero del rock de finales de los setenta/principios de los ochenta) pasa una cosa curiosísima. Como te guste se convierte en un veneno, siempre quieres más y si te metes dentro lo suficiente pierdes la perspectiva, de modo que gente de segunda o tercera fila (o directamente desconocidos) te parecen grandes figuras de talla incuestionable. Pero en el caso que nos ocupa no exagero, Twilley y Seymour son impresionantes.

Y sin embargo, estos discos no obtuvieron en su día la repercusión esperada por los propios artistas y su sello discográfico. Vamos, que fueron un fracaso. Se adujeron problemas de fechas, de oportunidad de los lanzamientos, de cambios en los gustos del público… “Merecía haber sido un éxito” o “inexplicable que fracasara” deben ser las frases más repetidas en las críticas de los discos de power pop clásico de grupos como Big Star, Badfinger, The Raspberries, Cheap Trick o la saga Twilley/Seymour.

Una amiga vio la foto de estos dos tipos de arriba y los catalogó de “chicos malos sensibles” (whatever that means). “¿Cómo te pueden gustar?”, pregunté yo, pues hasta ahora nunca los había visto como otra cosa que músicos, claro. Y pensando, pensando, he llegado a la conclusión de que mi amiga, en su ingenuidad dio una excelente definición del power pop: malos + sensibles, lo que traducido resulta “rock and roll + Beatles”. Y eso, precisamente, es lo que nos brindan grupos y cantantes como los que recuerdo aquí hoy, canciones preciosísimas, mezcla de pop sesentero británico y rockabilly

Yo con vuestro permiso, diría que son bastante moñas. ¿Os atrevéis a escucharlos?
 
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