
(Francesco Petrarca)
Sabéis por dónde voy, ¿no? Os voy a contar una anécdota. Cuando erais pequeños echaban en la tele un culebrón yanqui llamado Dallas (1978-1991), en el que salía un señor muy malo malísimo llamado JR. JR era un magnate del petróleo, aunque con el tiempo descubrimos que lo que le gustaba era la botella de destilado más que los barriles de crudo. Llego a ser tan famoso que hasta Pepe Da Rosa le dedicó una inmortal canción (“Del Cabo de Gata hasta Finisterre, hay que ver la gente cómo está con Jotaerre”).
Pues bien, en esa serie, se daba la circunstancia de que el personaje de Bobby moría atropellado por un coche. Al final de la temporada siguiente, el pavo volvía a parecer vivito y coleando (se ve que volvieron a contratar al actor), nada menos que en la ducha. ¿Cómo solucionar esto? Pues “simplemente” diciendo que TODA la temporada anterior, durante la que Bobby no salía por estar más muerto que Carracuca, había sido un sueño de su mujer. Sabéis por dónde voy, ¿no?

Este truquito de guionista ha pasado a la historia como una de las mayores chapuzas de la historia no ya de la televisión, sino de la narración de historias, junto al momento en que alguien se le ocurrió que un mini-alien verde visitara a Los Picapiedra. En América, de hecho, esto de la “temporada soñada” ha quedado como síntoma proverbial de mala calidad televisiva, y se hizo tan famoso que a lo mejor lo habéis visto referenciado últimamente en Padre de Familia.
No hay embrollo del que no nos puedan sacar las tres mágicas palabras “todo fue un sueño”. Creo recordar que el truquete también hacía las delicias de pequeños y mayores en la peli Desafío Total (1990), con Sharon Stone y Sorsenaguer. Todo fue un sueño, amigos, qué maravilla. Ya sabéis que en este blog no suelo opinar de lo que no conozco de primera mano pero hoy una amiga y lectora me ha contado en qué consistió el tan cacareado “gran final sorpresa” de la serie Los Serrano y por poquito no me cago de la risa.
Todo fue un sueño del Resines, pues vale. No, de eso nada. No lo permitiré. Es cierto que dejé de ver Los Serrano hace varios años, pero las tres primeras temporadas me las zampé religiosamente (o mejor, anticlericalmente: dado el tenor de la serie) y siento que me debéis algo. A todos los espectadores, que os han seguido fielmente durante todo este tiempo. A todas esas criaturitas que fueron a las rebajas de El Corte Inglés porque así se lo decía Fiti, Guille o Teté. A todos los que debimos sufrir en la radio la música de Fran Perea y de Santa Justa Klan.

Empecé con Silvio y con Silvio acabo. El “rockero del elevatore” se hizo inmortal cantando una de Pomus y Shuman con letra bastarda dedicada al Betis. El tema original, “His Latest Flame (Marie’s the Name)” lo cantó en su día don Elvis Presley como nadie (con permiso de Del Shannon). Precisamente Elvis Presley, en su especial de 1968 para la NBC, se fue de Martin Luther King cantando esa monumental barbaridad que algunos llaman canción titulada “If I Can Dream”. Y ya, para rizar el rizo, termino citando a No Me Pises Que Llevo Chanclas: “Despiértame”. Señores guionistas de Los Serrano: nos deben un final digno para la serie, así que pónganse a escribirlo.

















