Vivencias polimórficas de un treintañero perplejo.

martes, 8 de abril de 2008

Operación Felix (y IV)


Como marcan las reglas de la Épica, “solo al final de la jornada se sabrá el nombre verdadero del héroe”. Nosotros ya nos íbamos acercando a la etapa final de nuestro rodaje del documental sobre la toma de Gibraltar por el Eje. Salimos de la Línea camino de la sierra que hay enfrente, por un sendero de cabras y unos carreterines que desembocaron en un repecho bastante alto cuajado de búnkeres abandonados. Sobre el cemento de uno de los búnkeres podía leerse la inscripción “Fulanito de tal. Tal del tal de 1941”. Un escalofrío recorrió mi cuerpo: ¡Madre mía! No tuvo que mamar mili el que escribió aquello…

La vista desde arriba era impresionante. Desde nuestra posición se dominaba toda la Bahía de Algeciras, y todo el Estrecho. La Línea de la Concepción, Gibraltar, Algeciras, Los Barrios, y al fondo entre la bruma, África. Lo primero que se me pasó por la cabeza fue “vaya, por fin ha llegado el momento del que viene vestido de soldado de montaña”. Hubo rodaje de escenas y fotografías aprovechando el impresionante escenario natural y el búnker. Hubo más bromitas con los “españoles” mientras los alemanes saltaban, corrían y pegaban sus tiritos. Los que no intervenían ni a pellizcos eran los tres generales nazis y los dos jerarcas de la Falange.

“Esos van a salir en la escena final, que la vamos a ir a grabar a un cuartel. Por cierto, he consultado y tú no puedes salir de preboste del Partido Nazi con esa barba y ese bigote” –me dijo Javi, el jefe-coordinador de los reenactors. Yo creí haberle dejado claro que no iba a vestirme de todas maneras, pero por si acaso solté un aliviado, “Vaya por Dios”, que hizo que uno de los “generales” saliera en mi defensa. “Pues Keitel [Wilhelm, Mariscal de Campo y jefe del Estado Mayor de las Fuerzas Armadas alemanas] llevaba bigote”. Gracias, camarada, pero no me pienso poner de nazi. Me reitero.

Algunas tomas más, la recreación del asalto al búnker y un buen rato más tarde, la parte de la sierra también estaba concluida. Nos hicimos fotos de grupo como recuerdo (también J y yo pese a vestir de paisano), y el director ya estaba llamando para que fuésemos al cuartel donde se terminaría la filmación. Lo avanzado de la hora (habíamos echado una peonada de 8 de la mañana a 5 de la tarde) y el hecho de que para las últimas escenas no hacía ya falta tropa motivaron que J, E y yo decidiésemos marcharnos. Hubo despedidas (“La próxima vez os animáis y venís de uniforme, ¿eh?”) y promesas de una nueva convocatoria de reenactors.

“El fin de semana del 17 y 18 de mayo la vamos a liar buena en San Pedro de Alcántara (Málaga). Va a haber una partida tremenda, con recreaciones de Segunda Guerra, Vietnam, medievales y lucha de gladiadores romanos”. Esto nos lo decía Ale, uno de los reenactors más activos y simpáticos. Resultó que E le había comprado varias cosas por Internet (insignias) a Ale, pero los dos habían coincidido aquel sábado sin haber quedado previamente. “En el coche tengo más insignias, galones, distintivos de bocamanga, botones, condecoraciones… Luego si eso os las enseño por si queréis comprar algo”.

Le pregunté a Ale cuántos uniformes tenía. “Tengo este de montaña alemán, otro de las SS, dos de paracaidista alemán, uno de la 101 [División Aerotransportada, paracadistas americanos], uno de soldado americano en Vietnam y tres actuales de marine norteamericano, cada uno con un camuflaje distinto. Todos con sus cascos, equipo y armas correspondientes, ¿eh?”. “Esto es una droga, ¿no, Ale?” –le pregunté. “Es un hobby –se encogió de hombros-. “A mí me ha costado una relación sentimental de más de cinco años, esto no hay tía que lo aguante”. Mientras tanto E iba haciendo cábalas mentales sobre cómo haría para contarle a su mujer que pensaba comprarse otro uniforme alemán: el de invierno.

“Pues menos mal que no ha venido mi amigo Menganito” –dijo J-. “Ese tiene en el sótano de su casa diecisiete maniquíes uniformados al completo, varias ametralladoras pesadas, una pieza de artillería y un jeep. Pensad en esto la próxima vez que vayáis a llamar a alguien que conozcáis “friki”. Mucho frikismo vi yo ese día junto a Gibraltar, ¿y qué? Podéis pensar que se trata de una chiquillada o simplemente de una estupidez, pero a ciertas personas el tema les fascina y les resulta divertido. Son simplemente coleccionistas y gente con gusto por la historia bélica. En ningún momento de mi pintoresca jornada vi ni escuché ningún comentario de apología del fascismo o filonazi, ni nada que hiciese sospechar de turbias intenciones a los reenactors. Más peligrosos me parecen los ultras del fútbol, y lo digo sin pestañear. Estos no son skinheads, ni nostálgicos ni fachas. ¿Frikis? Del quince largo, pero no hacen daño a nadie.

lunes, 7 de abril de 2008

Operación Felix (III)


La Ucronía o Historia contrafactual es esa rama del saber que trata sobre lo que pudo haber sido y no fue (como muchas canciones de amor). Por ejemplo: ¿qué hubiese pasado si Hitler hubiese invadido Gibraltar a principios de 1941, como tenía proyectado? ¿Y si yo el sábado pasado en lugar de una gorra de César Millán me hubiera puesto un casco alemán?

El rodaje del documental que os estoy contando fue muy divertido al principio, todo eran sorpresas, la acción resultaba espectacular… pero pronto se convirtió en algo un pelín monótono. Entre toma y toma J y yo nos inflamos de hacer fotos a los figurantes (entre ellos E, completamente emocionado). Por fin se terminó la parte del búnker y nos dirigimos hacia la siguiente localización: la playa.

La playa de La Línea era un gran escenario, con el Peñón al fondo. Por el camino servidor de ustedes ayudó cargando un Mauser y una metralleta MP 40, pero los hubo más frikis (como J, que en un paso de cebra recreó la foto de la portada del Abbey Road con cuatro militares nazis en lugar de los Beatles y el Peñón de Gibraltar de fondo en lugar del famoso Volkswagen blanco). Ignoro qué problemas de producción había pero el caso es que estuvimos casi una hora de parón antes de empezar a rodar en la playa.

Los reenactors aprovecharon el tiempo haciendo la instrucción (con órdenes del teniente en alemán, por descontado). Luego uno de los gibraltareños me confesó que, aunque ducho en la milicia, la instrucción a la alemana le costó bastante. “Yo estoy acostumbrado a nuestra manera, la británica. Me he pasado seis años defendiendo a mi patria –no os ofendáis-: Gibraltar, y ahora pienso que hice el tonto. Las threats [amenazas] nuestras son el terrorismo, las proxy bombs [coches bomba suicidas], tú sabes… Y ahora la Reina nos quiere mandar a Irak y a Afganistán porque lo dice el Bush… ¡que vaya ella con el ministro!”

También tuve ocasión de conversar con los reenactors españoles, que no participaban en las escenas de la playa. Resultaron ser unos cachondos mentales, su actitud fue en todo momento la guasa y la broma. “Los alemanes ya se sabe: son más serios. Nosotros nos tomamos la guerra a la española”. Cuando salió el tema del cine bélico les pregunté cuál era en su opinión la mejor película de guerra. La vaquilla [L.G. Berlanga, 1985] –respondieron sin dudarlo-. “Es nuestra Biblia”.


Al final resultó que la playa nos deparó algunas de las mejores fotos y escenas de acción de todo el día (“Tú y tú salís corriendo así, tú te caes muerto en el punto tal, tú vas disparando…”). Mi colega J comentó que, después de todo, estos reenactors no eran tan duros como otros del 2nd Battle Group que él había visto en Inglaterra. “Estos no hacen más que quejarse, ay, que me ha entrado arena en el Mauser”. De momento había llegado la pausa para el almuerzo, consistente en un bocata de chopped.

Le preguntamos a E, sudoroso, emborrizado en arena y harto de cargar con la ametralladora pesada MG 34. “¡Me lo estoy pasando de puta madre!” El entusiasmo se leía en sus ojos. “Esto es mejor que vestirse de Star Wars. La gente es más amable, no te hacen sentir mal si no llevas el uniforme perfecto y además, con la armadura de Stormtrooper imperial (que pesa 12 kilos) no tienes tanta libertad de movimiento”.

“Yo fui de los que estuvimos en Madrid, en la Plaza Mayor, cuando el gilipoyas del cómico suicida [Gustavo Biosca, del programa de Santiago Segura] nos increpó con un megáfono. Faltó esto para que lo pateáramos, menos mal que La Sexta se disculpó luego”. Yo vi aquella desafortunada intervención de Biosca y doy fe de que el tipo se coló diez pueblos. Como fan de Star Wars me sentí muy ofendido. Pero el sábado pasado la guerra era otra. “Venga, vámonos, que hay que rodar las escenas de la sierra”.

Operación Felix (II)


Las ocho de la mañana era la “Hora H” del encuentro para todos los reenactors dispuestos a participar en la grabación de un documental sobre un ucrónico asalto nazi al peñón de Gibraltar. El lugar de la cita, el aparcamiento de un McDonald’s (fijo que el Führer y el Caudillo hubieran tenido algo que decir acerca de esto).

A nuestra llegada encontramos a una docena de personas (todos varones) terminando de ponerse los uniformes, y pertrechándose para el combate. Apresuramos a nuestro colega E a cambiarse, y nos presentamos. Nos saluda el que maneja el cotarro: Javier, un hombre culto, que habla idiomas, padre de familia y que viste el uniforme de teniente de la Wehrmacht. Pertenece al 2nd Battlegroup (asociación internacional de recreación bélica alemana de muchísimo prestigio) y su coche parece una tienda de militaria, tal es la cantidad de pertrechos, cascos, correajes, gorras, cantimploras, etc, que contiene.

Nada más vernos nos saluda: “¡Ah, muy bien, muy bien! ¿No traéis vuestro uniforme? Pues nos os preocupéis que os los prestamos”. Me mira a los ojos y me suelta: “Tú quedarías muy bien de jerarca del partido Nazi en las escenas del Cuartel General”, y me coloca una gorra de oficial alemán. “Perfecto, das el pego”. Amablemente le explico (mi amigo J directamente ha ido a esconderse detrás de un seto, por la vergüenza) que no es nuestra intención “vestirnos”, sino que venimos acompañando a E, a curiosear y a hacer fotos. Mientras tanto E ya se ha cambiado y agarra su fusil Mauser Kar 98 (réplica de airsoft). Estamos listos.

Me llama la atención que no solo hay alemanes. Además de seis o siete soldados y un oficial de la división Grossdeutschland, tenemos a un general, a un soldado de las SS (división Leibstandarte-Adolf Hitler) y a uno de los Gebirgsjäger (tropas de montaña). Pero también han venido los chicos del grupo Frente de Madrid 1936-1939, dos soldados, un comandante y un alférez. Claro, una buena recreación de este episodio no podía prescindir de militares españoles.

Todo el pelotón se dirige a la primera de las localizaciones: un búnker en desuso junto a la playa de La Línea. Rodeado de varias piezas de artillería, desde el enclave se aprecia perfectamente la forma del Peñón. Imaginadnos a las ocho de la mañana por las calles de La Línea. Cuando llegamos al búnker allí se encontraban el director y el productor del documental, las cámaras y algunos figurantes más: dos generales alemanes y un par de falangistas ataviados con camisa azul, yugo y flechas en rojo, pistola Astra, etc, que la verdad a mí me dieron peor rollo que las insignias nazis (a lo mejor porque para los españoles tienen connotaciones más cercanas).

Dentro del búnker nos esperaban dos sorpresas: una ametralladora alemana MG 34 original, con su trípode y todo (me dicen que eso vale unos 2.400 euros) y la Policía Nacional espeluznada de lo que se había montado allí. Los policías comprobaron que todas las armas estaban inutilizadas o eran de juguete (había también dos mosquetones de palo sacados, al parecer, de un almacén de guardarropía de Madrid). Y ¡manos a la obra! En este caso, y tras una breve instrucción militar, comenzó el rodaje. Se determinó que el SS y el cazador de montaña quedaran fuera (no pegaban con el resto) de momento. Ya se les llamaría para hacer bulto en otras escenas.


Entonces descubrí una terrible verdad: un rodaje es aburridísimo. De cuando en cuando algo de acción, luego a repetir, y entre toma y toma mucho tiempo libre absurdo. Trabé conversación con el que iba de las SS: hasta yo me di cuenta de que su hebilla estaba mal pues era de postguerra y pertenecía a la República Democrática Alemana. El chico era gibraltareño, y me contó que él y otro amigo de Gibraltar –también presente- se habían picado con este hobby, y habían decidido vestirse de alemanes “porque molan mucho más que los Aliados”. En esto llegó una familia de Londres, fascinada, que no paraba de echar fotos, y nos preguntaron que qué era aquello. El londinense se quedó estupefacto al comprobar que aquel soldado de las SS era británico como él (uno de Stepney, otro de Gibraltar). El Gibraltarian se encogía de hombros. “Lo mismo me decía mi abuelo: ¡pero si los alemanes perdieron la maldita guerra! Mi parienta también dice que estamos locos”.

De repente se oyó un grito en alemán y del búnker surgió corriendo una sección de la Grossdeutschland que subió por un terraplén pegando tiros. “¡Ha valido! Pero vamos a hacer otra por si acaso”.

sábado, 5 de abril de 2008

Operación Felix (I)


La llamada del amigo que me invitó a la convocatoria debió haberme alertado. “Illo, y si te traes una camisa verde puedes aparecer de figurante como Guardia Civil”.
“¿Tú te vas a disfrazar?” –le pregunté
“Se dice vestirse y no, yo no lo voy a hacer pero mi colega piensa estrenar su uniforme de la Wehrmacht”.

Digamos como aclaración que hace justo una semana, mi gran amigo el friki J (experto en 2ª Guerra Mundial, coleccionista de militaria y aficionado a otros universos como Star Wars o G.I. Joe) me brindó la posibilidad de unirme a él y a su colega E en el rodaje de un documental. La filmación tendría lugar en La Línea de la Concepción (Cádiz), hoy sábado, y se trataba de ilustrar con escenas de recreación histórica un supuesto plan de asalto al Peñón de Gibraltar por parte del ejército alemán en 1940. Acudir a la sombra de la Roca vistiendo uniformes militares de la Alemania Nazi y portando réplicas de sus armas, dejarse grabar… en fin lo normal.

Como sabemos, la citada invasión no tuvo lugar, pero esto nunca ha detenido a los realizadores de documentales históricos (Cuánto Canal Historia he mamado, Díos mío, man!). Uno de los participantes me comentó que a la hija del General Jodl le hacía gracia Félix el Gato, y que de ahí se sacó el nombre en clave de la invasión de Gibraltar: Operación Felix. No hace falta recordar aquí la importancia estratégica del Estrecho, sobre todo en guerra. Supongo que una vez establecido que España no participaría en la 2ª Guerra Mundial, Hitler abandonó la idea de conquistar el Peñón y con ello se fue al garete el sueño de Franco de recuperarlo.

Uno de los mayores hobbies relacionados con la historia/guerra es el de reenactment o recreación. Batallas enteras con miles de participantes se recrean todos los veranos por ejemplo en Inglaterra (Hastings, Bosworth Fields…), y no os digo nada del reciente aniversario de Waterloo en Bélgica. Mucha gente se preocupa por vestir uniformes antiguos, los más populares son los de la 2ª Guerra Mundial, necesitan conseguir no solo la ropa sino todos los complementos, pertrechos, insignias, galones, armas, etc… bien originales o réplicas perfectas. De entrada os digo que barato no es, y a este desembolso hay que unirle el esfuerzo de documentación que supone investigar en libros, revistas, fotos, noticiarios… para cerciorarse de que tal insignia se llevaba así o asá o para conocer el color exacto de un camuflaje, que no era igual en junio de 1941 que en febrero de 1943, of course!

Nadie dijo que el mundo del cine (ni el de la milicia) fuese fácil. A las cinco de la mañana me levanté y me preparé para marchar de camino a Gibraltar con J y E. El viaje de ida en coche resultó muy agradable: charla amena sobre Guerra Mundial, Star Wars, frikismo en general… de fondo sonaba la banda sonora de La Guerra de las Galaxias y después una selección de canciones británicas de 1939-1945. Los tres amigos íbamos muy motivados. Mi colega J y yo con el propósito de ver algo interesante y hacer unas cuantas fotos. Nuestro amigo E además, con el de estrenar su uniforme de soldado alemán, recién adquirido. Antes de llegar, E nos anuncia que puede haber algún problemilla de rigor histórico: “El uniforme que le he comprado por eBay a un señor oriental muy simpático [él utilizó otros calificativos] es el de verano, utilizado por la Wehrmacht durante la invasión de Francia en 1940. Me temo que todos los demás vayan a llevar el uniforme de invierno, más grueso y confeccionado en lana. Además, la tonalidad de verde no es exactamente igual”.

Pronto se vería que los problemas de uniformidad no suponen ningún obstáculo a la hora de abrazar el hobby de la recreación histórica. Pero esto aún no lo sabíamos cuando llegamos a La Línea y nos pusimos a desayunar. Delante nuestra, un café y una entera con surrapita colorá. Detrás (por la ventana) se veía la imponente masa del Peñón de Gibraltar. Alrededor, media docena de personas desayunando con el uniforme de la division de élite Grossdeutschland. La guerra había comenzado.

jueves, 3 de abril de 2008

Una reina árabe



Para muchos occidentales, el velo es un símbolo de las sociedades patriarcales islámicas, en las que se da por hecho que las mujeres son oprimidas, subordinadas y hechas invisibles. Por otra parte, en las sociedades islámicas (…), el velo (hijab) ha venido a simbolizar una identidad cultural y religiosa, y las mujeres han optado cada vez más por cubrirse voluntariamente. El resultado es que el velo se lleva hoy más que nunca anteriormente.
(Robert J.C. Young: Breve introducción al postcolonialismo, 2003)


Imagínense una playita en un día de fiesta. Familias enteras acuden a la orilla del mar para darse un garbeo, tomar un poco el sol y comer juntos. Los niños cargan con pesadas bolsas repletas de botellas de refresco de dos litros. Los señores se afanan ante las barbacoas en una exhibición de esgrima brochetera. Las mujeres, siempre con bebés alrededor, destapan tupperwares llenos de ensalada, tortillas… a lo lejos los pequeños juegan al fútbol o en los toboganes del paseo marítimo.

Todo es normal, los tíos presumen de torso o de barriga, hasta que observamos una sutil diferencia: las mujeres van vestidas por entero, cubiertas de negro de la cabeza hasta los pies con pañuelos, vestidos, abrigos… Hace 35 grados y estamos en Jordania.

Luego miramos con más detalle y vemos también a muchas adolescentes con el pelo suelto, en vaqueros, con camisetitas ajustadas, sandalias, profusamente maquilladas… están jugueteando con sus móviles o coqueteando con sus amigos varones, gafas de sol, pelito engominado y politos de colores. No voy a entrar aquí a debatir la conveniencia o no de que las mujeres vayas tapadas en el Islam, ni siquiera voy a comentar el hecho, tan solo me limito a describir una realidad. No es que no tenga formada una opinión al respecto, simplemente es que este no es el momento ni el lugar.

Ayer saltó la noticia de que Rania, la Reina de Jordania, había impulsado un canal en YouTube con la intención de desmontar los tópicos sobre el Islam. Sabemos que Rania es una mujer muy moderna (a la occidental), culta –estudió en El Cairo y París-, preparada –ha trabajado para Citibank y Apple Computer-, que sabe idiomas, que lo mismo te habla en el Foro Económico Mundial que en el programa de Oprah. Su iniciativa responde a una voluntad de mejorar la percepción que desde fuera se tiene de la cultura musulmana (tan asociada a la religión) y en especial de mejorar la condición de la mujer en estos países. La mujer en el Islam está, objetivamente, en inferioridad de condiciones con respecto de los hombres.

El ABC tacha la idea de Rania de “delicada, un tanto ingenua y casi peligrosa”. El problema viene porque el canal que la reina ha abierto se ha convertido en un foro de denuncia de las desigualdades y los abusos del Islam, ahondando así en la visión negativa del mundo musulmán en lugar de contribuir a desmontarla. Según Rania, si la gente occidental tiene una idea de los países árabes sacada exclusivamente de Jack Bauer y la serie 24, entonces se van a sorprender cuando conozcan la realidad (que es muy diferente, claro). Ella opina que YouTube es una gran herramienta de conectividad en este mundo globalizado, pero no está claro que no le vaya a salir el tiro por la culata. De momento en cuatro días su vídeo de presentación lleva más de 472.000 visitas y 1.161 comentarios.

Cito de algunos al azar: “¿Y cuándo va el mundo árabe acercarse a Occidente?”, “Gracias por salir a hablar, Reina Rania. Hay mucho que debatir”, “¿Por qué los árabes mezclan política y religión? Eso es muy peligroso”, “La gente de Oriente Medio todavía viven en la Edad Media, sus mujeres tienen menos derechos que los hombres. Todos tienen camellos y viven en tiendas de campaña”… y de ahí para arriba.





"Mujer musulmana en Brooklyn" de Chester Higgins, Jr.



A la Reina Rania de Jordania la han criticado mucho, acusándola de prooccidental y de coqueta y casquivana (es un icono indiscutible del estilo, ha tomado el testigo de Lady Di o Carolina de Mónaco). Lo cierto es que se trata de una mujer fuerte que rompe moldes, que no tiene miedo de arreglarse y de utilizar su posición de prestigio e influencia para influir en las causas que ella cree justas. Hay que tener mucho cuidadín con ir a los países árabes y pretender cambiarlos de la noche a la mañana simplemente porque no nos gustan, o porque queremos que se parezcan más a nosotros.

Todo lo que sean derechos humanos (e igualdad hombre-mujer, por descontado) tiene en mí a un gran defensor. Pero de ahí a pensar que nosotros tenemos el único camino… nos podemos colar seriamente. Por eso pienso que mola que surjan iniciativas desde dentro, como la de Rania, que desde aquí aplaudo.

miércoles, 2 de abril de 2008

Papito vs. As Ferreiro


Veo en ese programa–concurso reciclado que lleva por título Alta Tensión (Cuatro) –¡Constantino Romero, vuelve!- la siguiente afirmación: Papito fue el disco más vendido en España durante 2007”.

Comento con un profesor de Literatura el pésimo nivel lírico del pop y la canción de autor en España actualmente. Él me dice “hay metáforas que funcionan para una canción y otras que no, que solo son válidas para un poema. El problema de los Pedro Guerra, Ismael Serrano, Alejandro Sanz, Tontxu o Jorge Drexler es que las confunden, y utilizan en sus canciones cosas muy rimbombantes”. Sé que a este hombre le gustan los Serrat, Sabina, Calamaro y Ariel Rot (estos últimos en pequeñas dosis): bueno, las comparaciones eran odiosas, dijimos, ¿no?

Logro arrancarle un aprobado también para las letras de Manolo García (“con su aire de antiguo, ese nunca te va a nombrar un ordenador en una canción” –no podría estar más de acuerdo) y, sorprendentemente, para “el tipo de Los Piratas”. Bingo. Iván Ferreiro es un artista respetado a ambos lados de la raya indie, y es curioso cómo mantiene su halo de prestigio alternativo pese a haber Los Piratas gozado del favor de las radiofórmulas, llevar años firmado en una multinacional (Warner-WEA) y no privarse de todos los afeites que la industria discográfica brinda al artista moderno (discos en directo, recopilatorios, doble pack CD + DVD, o libro-disco).

Iván Ferreiro ha sabido hacer la transición de “líder de grupo famoso” a “cantante en solitario” con bastante donaire, si no en el éxito comercial si en la calidad y en la exigencia artística. Cuenta la leyenda que en cierta ocasión (¿2003?), en su Galicia natal estaba anunciado un concierto suyo, pero el presentador avisó de que Iván no iba a poder asistir, y en su lugar aparecería un dúo femenino interpretando un repertorio de versiones de pop clásico español. Este dúo, de nombre As Ferreiro (“Las Ferreiro”, para los que no dominéis el gallego) resultó no ser otra cosa que el propio Iván y su sosegado hermano menor Amaro, ambos travestidos como amas de casa (“Tamara e Ivonne”).

Vaya la anécdota como ilustración de la voluntad “transgresora” que Iván Ferreiro mantiene cuasi sepultada por todas las trampas de la industria mainstream. Su último disco Mentiroso mentiroso (2008) se presenta en una edición de lujo que incluye un libro-cómic. Su primero en solitario (Canciones para el tiempo y la distancia, 2005) consistía en diez temas, acompañado cada uno de su respectivo videoclip.

Otro que se subió al carro de diez canciones + diez vídeos en 2005 fue Miguel Bosé con su Velvetina. Se da la circunstancia de que recientemente Iván Ferreiro ha criticado a Bosé diciendo “pueden vendernos que Papito es un músico de toda la vida pero ha sido un producto televisivo toda su puta vida (…) Me gustaría ver a Papito con una grabadora él solo y una guitarra”. Duras palabras, amigo Iván, sobre todo dedicadas a alguien que se difrazaba de Indiana Jones en el videoclip de “Amante bandido”. Y “Don Diablo”, ¿dónde me la dejas? Duras palabras, sobre todo proviniendo de alguien que está en la misma compañía discográfica que el insultado (os lo deletreo: Iván Ferreiro es igual de indie que Miguel Bosé).


Tal vez la diferencia estribe en que mientras Ferreiro se encuentra embarcado en una incesante búsqueda artística (con desiguales pero meritorios resultados) y regala por Internet cada nuevo disco suyo antes de que se ponga a la venta, “Papito” se limita a regurgitar sus canciones de toda la vida, a remezclarlas y a clamar celosamente en favor de la SGAE, Ramoncín, & co., eso sí, todo en nombre de los “artistas” y “creadores”.

Mientras Papito sigue entre los cinco discos más vendidos en España (y Papitour, su corolario, en el Top 40 –siempre innovando, ¿verdad, Miguel?), la semana pasada apareció el Mentiroso mentiroso de Iván Ferreiro, al que estaremos muy atentos. Y ojito con Amaro, el hermanito guitarrista, (autor -por ejemplo- de “Turnedo”, el mayor éxito de Iván en “solitario”). Este chico también ha sacado recientemente disco, La ciudad de las agujas (2007), donde tocan su hermano Iván, Amaral, Deluxe y Pereza. Interesante, interesante. Volveremos a hablar aquí de “Las Ferreiro”.

martes, 1 de abril de 2008

Munilla: hora cero

Amigos, ¡ha explotado en mi cabeza! Los que me conocen lo saben: el pasado 24 de marzo The Coca-Cola Company me hizo un regalo. Se trata del nuevo anuncio del nuevo producto Fanta Zero, esa versión de la Fanta Naranja con –supuestamente- el mismo sabor que la original y 0 calorías. Parece que España es el cuarto país donde este producto se lanza, y a mí ya me faltó tiempo para comprarlo el sábado pasado. ¡Qué influenciable soy por la publicidad! Me encanta.

Hará más de un año que estuve en un cumple en casa de una amiga y lectora, donde probé por primera vez el refresco de fresa Hacendado y la Coca Cola Zero. Lo primero no me cautivó pero lo segundo es lo único que bebo ahora, yo que hacía años que me había quitado de las bebidas con burbujas. Por cierto que esta amiga no vino a mi cumple, so pretexto de “me tengo que leer Tristram Shandy [1759-69, de Laurence Sterne] (Lo siento, pero lo tenía que contar).

Ahora no es la Fanta Zero en sí lo que me fascina sino su maravilloso anuncio. Me parece lo mejor que he visto en una pantalla desde Casablanca, en serio, es brutal. El anuncio, titulado “Munilla, el tío que siempre sacaba ceros” es un prodigio de narrativa en 20 segundos, increíble guión, planificación y con una comicidad desusada en la publicidad española. Más bien nos recuerda a esos otros anuncios argentinos que hemos visto –tan premiados- de Sprite o AXE. Por lo visto The Coca-Cola Company ha encargado una campaña de tres anuncios a la agencia McCann Erickson, y rotundamente afirmo que esta vez han dado en el clavo. El primero que vimos fue el de “Bigotillo y Espinillo”, después vino el de Munilla y aún nos tienen reservado un tercero, todos bajo el paraguas del eslogan “Una Fanta, una idea”.

Lo que me ha ocurrido con este anuncio ha sido un proceso progresivo de crecimiento y explosión, todo empezó con alegrarme cada vez que lo veía en la tele, luego a verlo compulsivamente en YouTube, después a recitar en voz alta pasajes de memoria y por último, hoy, a comprobar cómo mis compañeros también lo disfrutaban (y poner un fotograma como salvapantallas en el trabajo). Para mí lo más gracioso (si no lo habéis visto vedlo: si lo cuento no tiene gracia) es el uso de la palabra “cero”.

“¡Munilla! ¡Ceeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeerooooooooooooooooooooo!” Me parto. Y se ve el cero cada vez más grande, y en rojo, y al pobrecico Munilla huyendo por el pasillo a cámara rápida, superachantado. Leo en el blog TV Spot “la repetición de las palabras "Munilla" y "Cero" me recuerda mucho a lo que hacen los amigos de La Hora Chanante y Muchachada Nui. Totalmente de acuerdo, tras años de escuchar repeticiones a voz en grito de palabras como “Dior” o “Gañán”, ahora nos aparece un spot publicitario que más se parece a un testimonio Chanante que a aquel anuncio de 1960 donde Carmen Sevilla nos guiñaba un ojo para que bebiésemos Coca Cola.

Cuando me marchaba a USA hace cinco años, le pregunté al amigo Radio Alma si podía darme algún consejo porque él ya había estado viviendo allí, y me contestó: “Lo más importante que debes saber sobre Estados Unidos es que allí no hay Fanta y que rellenarte el vaso de refresco es gratis en todos los restaurantes”. Ambas cosas resultaron ser ciertas, y es verdad que tienen todos los refills que quieran pero… ¡pobres yanquis! Allí no tienen ni tendrán al bueno de Munilla… y ahora que lo pienso, aquí casi que ya tampoco. No sé si sabéis que vuestro gobierno ha abolido el “0” como calificación posible, ahora lo mínimo que se le puede poner a un alumno es un “1”, no sea que se traume. Con lo bonito que quedaba un aula repleta y un profe con un micro recitando “¡Ceeeeeroooo!”
 
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