La vista desde arriba era impresionante. Desde nuestra posición se dominaba toda la Bahía de Algeciras, y todo el Estrecho. La Línea de la Concepción, Gibraltar, Algeciras, Los Barrios, y al fondo entre la bruma, África. Lo primero que se me pasó por la cabeza fue “vaya, por fin ha llegado el momento del que viene vestido de soldado de montaña”. Hubo rodaje de escenas y fotografías aprovechando el impresionante escenario natural y el búnker. Hubo más bromitas con los “españoles” mientras los alemanes saltaban, corrían y pegaban sus tiritos. Los que no intervenían ni a pellizcos eran los tres generales nazis y los dos jerarcas de la Falange.
“Esos van a salir en la escena final, que la vamos a ir a grabar a un cuartel. Por cierto, he consultado y tú no puedes salir de preboste del Partido Nazi con esa barba y ese bigote” –me dijo Javi, el jefe-coordinador de los reenactors. Yo creí haberle dejado claro que no iba a vestirme de todas maneras, pero por si acaso solté un aliviado, “Vaya por Dios”, que hizo que uno de los “generales” saliera en mi defensa. “Pues Keitel [Wilhelm, Mariscal de Campo y jefe del Estado Mayor de las Fuerzas Armadas alemanas] llevaba bigote”. Gracias, camarada, pero no me pienso poner de nazi. Me reitero.
Algunas tomas más, la recreación del asalto al búnker y un buen rato más tarde, la parte de la sierra también estaba concluida. Nos hicimos fotos de grupo como recuerdo (también J y yo pese a vestir de paisano), y el director ya estaba llamando para que fuésemos al cuartel donde se terminaría la filmación. Lo avanzado de la hora (habíamos echado una peonada de 8 de la mañana a 5 de la tarde) y el hecho de que para las últimas escenas no hacía ya falta tropa motivaron que J, E y yo decidiésemos marcharnos. Hubo despedidas (“La próxima vez os animáis y venís de uniforme, ¿eh?”) y promesas de una nueva convocatoria de reenactors.
“El fin de semana del 17 y 18 de mayo la vamos a liar buena en San Pedro de Alcántara (Málaga). Va a haber una partida tremenda, con recreaciones de Segunda Guerra, Vietnam, medievales y lucha de gladiadores romanos”. Esto nos lo decía Ale, uno de los reenactors más activos y simpáticos. Resultó que E le había comprado varias cosas por Internet (insignias) a Ale, pero los dos habían coincidido aquel sábado sin haber quedado previamente. “En el coche tengo más insignias, galones, distintivos de bocamanga, botones, condecoraciones… Luego si eso os las enseño por si queréis comprar algo”.
Le pregunté a Ale cuántos uniformes tenía. “Tengo este de montaña alemán, otro de las SS, dos de paracaidista alemán, uno de la 101 [División Aerotransportada, paracadistas americanos], uno de soldado americano en Vietnam y tres actuales de marine norteamericano, cada uno con un camuflaje distinto. Todos con sus cascos, equipo y armas correspondientes, ¿eh?”. “Esto es una droga, ¿no, Ale?” –le pregunté. “Es un hobby” –se encogió de hombros-. “A mí me ha costado una relación sentimental de más de cinco años, esto no hay tía que lo aguante”. Mientras tanto E iba haciendo cábalas mentales sobre cómo haría para contarle a su mujer que pensaba comprarse otro uniforme alemán: el de invierno.
“Pues menos mal que no ha venido mi amigo Menganito” –dijo J-. “Ese tiene en el sótano de su casa diecisiete maniquíes uniformados al completo, varias ametralladoras pesadas, una pieza de artillería y un jeep”. Pensad en esto la próxima vez que vayáis a llamar a alguien que conozcáis “friki”. Mucho frikismo vi yo ese día junto a Gibraltar, ¿y qué? Podéis pensar que se trata de una chiquillada o simplemente de una estupidez, pero a ciertas personas el tema les fascina y les resulta divertido. Son simplemente coleccionistas y gente con gusto por la historia bélica. En ningún momento de mi pintoresca jornada vi ni escuché ningún comentario de apología del fascismo o filonazi, ni nada que hiciese sospechar de turbias intenciones a los reenactors. Más peligrosos me parecen los ultras del fútbol, y lo digo sin pestañear. Estos no son skinheads, ni nostálgicos ni fachas. ¿Frikis? Del quince largo, pero no hacen daño a nadie.