Vivencias polimórficas de un treintañero perplejo.

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jueves, 23 de julio de 2009

Un poco de clasismo musical una vez al año no viene mal


El otro día en Portomarín (Lugo), ahítos de ampollas y borrachos de kilómetros, el buen Charlie me preguntó: “¿Por qué en España todos los hippies van acompañados de un perrito?” Me partí de la risa, le contesté que sí, que no sabía por qué ya que yo no soy hippie (Dios me libre, mas en una ocasión en USA me confundieron con uno: recordadme que os lo cuente), pero que era cierto. Le conté que en España teníamos incluso una palabra para denominar a esta gente: “perroflautas” (para una ilustración del término, ver esto), lo que al inglés le dio bastante risa también.

Las carballeiras y las cagadas de vaca por fuerza inspiran en el peregrino nostalgias de su patria chica. Es el caso del buen Kike, que obnubilado por la belleza del paisaje gallego no cesaba durante el Camino de dedicar exageradas alabanzas a Miciudad. Que si Miciudad está cojonuda, que si la están dejando de dulce, que si las nuevas obras son cada vez mejores…. El nota se lo llega a creer, y por eso mismo, por comprobar si tenía o no razón, anoche mismo fui con él a una especie de pseudofestival urbano que se celebraba en el casco histórico de Miciudad de manera gratuita.


Al llegar, decepción por partida doble, o triple: del imaginativo cartel de artistas alternativos de lo alternativo, el único del que yo había oído hablar y que quería ver ya había actuado. Del resto, mejor no hablar: fui testigo de las atroces actuaciones de dos bandas de rock de pseudogaraje, una tirando más hacia el punk-surf y la otra escorada al cowpunk. Las dos espantosas. Lo gracioso del tema era que siendo españolas se obstinaban en “cantar” en inglés, o en lo que sus beatas mentes consideraban que era la lengua inglesa.

Mi amigo Kike, novicio en estos menesteres del moderneo y los conciertos, me preguntó: “Si son de aquí, ¿por qué hacen como que cantan en inglés?” Cruel pregunta, buen Kike, que yo mismo hubiera firmado. No supe qué responderle. Por lo demás, el marco incomparable: una recoleta plazuela de Miciudad flanqueada por dos iglesias de gran mérito artístico. La concurrencia era desigual. Lo mismo se dieron cita allí modernos sección retro que poperos gafapastas que hippies en el sentido más amplio. Las camisetas de Ernesto Guevara se mezclaban con las rastas, las diademas, los flequillos mod, las chanclas de cuero, los canes pulgosos, las chapas irónicas… en una macedonia entre lo indie, lo alternativo y lo directamente mamarrachero.


Normalmente sabéis que, aunque asertivo en mis opiniones, me precio de ser tolerante y bastante ancho de tragaderas, sobre todo en lo musical. Ya sabéis, chopped con mortadela, etc. Pop de masas, sin complejos, etc, etc. Pero ocurre que una vez al año, amigos, una sola vez al año me vuelvo un intolerante de mierda y un exigentón. Como decían aquellas sevillanas: “Todos los días del año yo soy feliz con mi gente, pero cuando llega mayo se va cambiando el ambiente”.

Cuando llega el fin de julio a mí también se me va cambiando el ambiente: se acerca el festival ContemPOPránea. Voy para pasármelo bien, para empaparme del ambiente festivalero bebiendo tinto, bañándome en la pisci, para leer debajo de un pino, para burlarme de las pintas de la gente, pero al menos me aseguro de que estaré libre de perroflautismo y de público indocumentado. Me aseguro de que todos los grupos que voy a ver en directo son canela y se han criado escuchando y copiando a otros artistas canela a los que yo también admiro. Para poder lucir mis chapas, mis Adidas y mis gafas de pasta sin tenerme que esconder.

Para eso, amigos, hoy me voy al ContemPOPránea 2009. Nos vemos el lunes.

miércoles, 22 de julio de 2009

"Por el camino yo me entretengo"


-“Decidir aguantar en el camino…”
(Nuria Fergó)





Cuenta la leyenda que un buen día que estaba aburrido, Santiago Apóstol decidió diseminar por el Camino que lleva su nombre una jauría de pastores alemanes asesinos para alegrar a los peregrinos con sus bonitos colmillos. Y a mí me salieron al paso todos.

Pero no solo perricos encuentra uno en el Camiño, el animal más frecuente es la vaca, seguido muy de cerca de la gallina. Gallinas por las calles, ¿a quién no le hacen gracia? ¿Y las vacas? No así sus enormes cagadas del tamaño de sombreros de picador y consistencia problemática. Y así y todo lo mejor del Camino es la gente que te encuentras, personajes en un grado de densidad tal que mi colega Kike y yo llegamos a la conclusión de que para ponerte a caminar ya hay –de entrada- que tener un toque dado. Sería tedioso a la par que imposible referir aquí a todos los que me he cruzado, pero no puedo cerrar esta serie de posts sin acordarme de tres en especial.


El primero, por orden cronológico ha de ser por fuerza el Colombiano. Nunca supimos su nombre: su país de origen bastaba. Él explicaba que andaba parado (inaugurando así una estirpe muy numerosa, la de los peregrinos en paro, que les sale más a cuenta hacer el Camino que quedarse en su casa) y aunque oriundo de Colombia, no hubiese abrazado el Camiño con más espíritu si hubiera nacido en Santo Domingo de la Calzada, tanto que soñaba con hacerse hospitalero. Su entusiasmo y su buen humor eran encomiables, así como su facilidad para dispensar perlas de sabiduría, cual máquina de grageas.

De entre todos sus eslóganes, me quedo con dos: “El Camino no es una carrera, el primero ya llegó hace muchos siglos y el último aún no ha salido” y “Yo solo conozco del Camino hasta la próxima curva donde alcanzan mis ojos”. ¿Cómo olvidar sus arengas a sentir el Camino de corazón y aquellas figuritas de alambre que graciosamente confeccionaba y regalaba a todo el mundo (salvo a mis amigos y a mí, por cierto)? El Colombiano prometía continuar caminando al llegar a Santiago: en su momento nos pareció una frikada, hasta que nos topamos con…

Facundo, el Catedrático. “Yo es que ya he hecho el Camino quince veces”. ¿Perdone? Solo tuvimos la suerte de su compañía una noche, pero aquel encuentro bastó para iluminarnos: el buen hombre había hecho el Camino, todos los Caminos, hasta una quincena de veces. “También he ido a Roma, cuatro meses de ida y cuatro de vuelta. Ahora me queda el de Jerusalén”. De Facundo obtuvimos la auténtica definición de lo que era ser peregrino.


“El peregrino siempre es a pie y desde luego va y vuelve, si no, no es peregrino”. A juzgar por el elevado número de personas que nos topamos haciendo el Camino en sentido contrario me atrevo a decir que las enseñanzas de este buen hombre de barba blanca y atuendo estrafalario son más ciertas que el Evangelio. Media hora larga duró mi conversación con él, y aprendí más que leyendo cuatro guías sobre la ruta xacobea. Dios le guarde, ya que todavía no habrá llegado a su punto de partida, el Monasterio de Montserrat, a donde regresaba tras haber estado en Finisterre. “No, no, no: el Camino no termina en Santiago, hay que ir a Finisterre, si no, no es nada”.

Mi charla con Facundo viose interrumpida por el Peregrino Rockero, quien llegó pregonando MDMA y otras “drogas modernas”. Siempre con sus gafas Ray-Ban (¿quién no las lleva?) y sus camisetas de Burning o similar, el Rockero hablaba con citas de canciones de Los Rodríguez, Loquillo o Calamaro: suerte que yo sabía su idioma y le contestaba con otras perlas que él festejaba mucho. Con una cerveza (o doce) encima confesaba que él hacía el Camino por puro hedonismo: “Yo no tengo espíritu –bueno, espíritu rockero sí”.


Justo cuando parecía que su conversación se limitaba a la chufla (“Somos peregrinos rockeros. Español. Eléctrico. 24 horas.”), el nota se descolgó con unas recomendaciones literarias del copón: “Unamuno, best writer in Spain. Obstinación: Herman Hesse. Italo Calvino: mis santos cojones”, para acto seguido señalar a la copa de un árbol, en clara alusión a la obra de Calvino El barón rampante (1957), en la que sabéis que el protagonista vive subido a los árboles. Pocas veces se vieron muestras de tanta lucidez y capacidad de síntesis en una persona, rockera o no, sobria o no.

Al final entré en Santiago cojeando como un personaje de Shakespeare, pero con más huevos que una docena de fraile. Toda la gente que he conocido, siquiera brevemente, durante este Camiño me ha enriquecido: ¿cómo olvidar al buen David, aquel peregrino que iba “con lo puesto”, o al trío de jóvenes fiesteros del Bierzo, o a las dos chicas que estudiaban Psicopedagogía en Salamanca, o a las profes de instituto de Cataluña?


Y justo cuando pensaba que lo bueno se había terminado, me encuentro con que en Santiago dan comienzo las fiestas “del Apóstol” y que como premio por haber ido a verle andando el Santo me tiene reservado un pregón de Rober Bodegas (en galego: doblemente gracioso) y un concierto gratuito de Nuria Fergó. Gracias sean dadas al Hacedor por permitir que la bizarra realidad vaya siempre un paso por delante de Estatuas Verdes, aunque sea con ampollas.

lunes, 20 de julio de 2009

El Camino de San Jacko

(Palas do Rei, 12/7 – Miciudad, 20/7)


-“Por buen camino hacia los langostinos”
(Graffiti parodiando un eslogan electoral del PSOE, 1986)




Mi compañero duerme, yo tomo un Aquarius, pensativo. Es lo que se llama intaveshan (introversión, ya me perdonaréis: estoy leyendo al poeta rasta Linton Kwesi Johnson). He aquí un hombre negro orgulloso de serlo, LKJ, que no reniega de su raza. ¡Qué diferente a… , verdad? Son las siete de la tarde en algún pueblo de la provincia de Lugo. Es julio, hace frío, hay nubes negras…

En el post que escribí ayer ya dije (con la coña) lo del Camiño en homenaje a Michael Jackson. Hoy me quiero sumergir en la supuesta mística del Camino, en su misterio. Acabo de escuchar a alguien que al hablar de otros caminantes decía… “y estos son de una secta: ¡van cantando cosas de la Religión y de la Virgen María, te imaginas?” Lo decía en plan crítica: peregrinos caminando a Santiago por motivos religiosos, ¡te imaginas?


Y esto me lleva en cierto modo hasta el tema central del post de hoy: las motivaciones del Camino, los caminos. Ayer también escuché decir a un “catedrático” del tema (haberlos haylos: prometo post sobre los personajes) que “cada cual ha de encontrar su propio Camino”. ¿Perogrullada? Puede, pero el paisano no dejaba de tener más razón que un apóstol. A continuación citaré la introducción a la antología poética que me estoy leyendo porque me convienen las palabras. Cambiemos “la poesía de LKJ” por “el Camino de Santiago” y tenemos algo que cobra bastante sentido.

El prologuista habla de “amplia atracción”, del tipo que resulta “inclusiva, popular, con una amplia base […], habla una verdad que supera las barreras culturales y de raza de un modo que gentes de orígenes muy diversos encuentran irresistible”. Lo mismo podría decirse sobre el Camino de Santiago: hay jóvenes, adultos, ancianos, pijos, parados, profesionales liberales, niñatos, señoras casadas, parejitas, pandillones, familias enteras, gente solitaria… Y vienen de España (yo he coincidido con peña de La Coruña, León, Cáceres, Zamora, Navarra, Barcelona, San Sebastián, Madrid, Cádiz, Jaén, Asturias, Málaga, Guadalajara, Zaragoza, Sevilla, Murcia, Alicante, Albacete…).


Y vienen de fuera de España: de Alemania, Italia, Reino Unido, USA, Australia, Francia, Polonia, Corea, Japón, Brasil, Colombia, países africanos no identificados… Hay gente que reza, algunos caminan para encontrarse a sí mismos, hay otros que caminan con una bota de vino (y la usan!), hay quien camina por una promesa, para dar gracias, para ver paisajes y hacer fotos, hay quien se autodenomina “peregrino rockero”, los hay deportistas, los hay místicos, los hay pasotas. Diría que el común denominador de todos es “pasarlo bien”, el problema es que cada cual vestirá ese muñeco de manera diferente, claro.

A toro pasado (hace dos párrafos que escribo desde Miciudad, son las nueve de la noche, es julio, hace calor, hay nubes negras…) os cuento que incluso, una vez se llega a Santiago y va uno a pedir la llamada Compostela (papela que atestigua que se han recorrido al menos 100 km a pie ó 200 en bici del Camiño), te la pueden dar de dos modalidades. Si por motivos religiosos –al menos en parte- te la dan en latín, de parte del obispo; si eres en cambio un ateo de mierda, te dan una “laica” o “pagana” (cómo mola!!!). Al Camino se llega por muchos caminos.


Ayer, contándole a un colega la experiencia, me sentía como un mongolo: madrugar en vacaciones para sufrir una tortura, caminar veintitantos kilómetros con un mochilón al hombro. Y así un día y otro y otro y otro… Pero hace una semana, cuando empecé este post, me sentía como un héroe. Estaría haciendo una gilipollez, pero la estaba haciendo por mis santos cojones, y la estaba consiguiendo, y esa sensación de autosuperación, amigos, no tiene precio. Cada uno sabe por qué se embarca en una aventura así, y os aseguro que el loco de Porerror no ha sido una excepción.

domingo, 19 de julio de 2009

Chemistry is good for you

(Escrito en Portomarín, Lugo, el 11 de julio)


-“Las drogas es la auténtica salud”
(Ramón, el yonki vanidoso)





Chemistry is good for you. It is, actually. ¿Sabéis? Tenía pensado escribir este post desde hace unos días, pero supongo que lo hago hoy porque –aparte de haber encontrado el sosiego- hoy es el último día de Camino para uno de mis compañeros, el ínclito Charlie. Inglés de nacimiento y químico de carrera, el título del post viene al pelo, comme vous voyez.

¿Sabéis? En realidad tenía pensado haber escrito este post en inglés, tal como estaba ideado, dejaros con la intriga (a algunos) y mañana publicarlo traducido. Estatuas Verdes con la experimentación, como siempre. Pero me he dado cuenta de que hasta mi frikismo tiene un límite. De todos modos, la cosa no hubiera sido tan ida de olla, porque estos días del Camiño estoy de un bilingüismo que lo flipo (o de un trilingüismo, rather).


¿Motivo? Pues porque voy con Kike, señor políglota, pero más importantemente con este Charlie que os digo, que no sabe una palabra de español. Así que inglés a todas horas, lo que francamente me está divirtiendo muchísimo, y me está haciendo ver cosas de España con los ojos de un guiri, como si fuera un vil Richard Ford o la jodida Tesis de Nancy (lo de trilingüe ya podéis suponer que es por el gallego).

Y la química a todo esto venía, Porerror, porque… Todo a su tiempo, señora, todo a su tiempo, que si algo estoy sacando en claro en este Camiño es que la vida no es una maldita carrera. Obviando el hecho de que provengo de una estirpe química y farmacéutica y de que yo mismo tonteé con la carrera de Química en mi primera juventud, os quería contar que me reafirmo sobre todo lo que dije en su día en el post del ibuprofeno, y mucho más.


Esta vez, mi ruta xacobea no me ha llevado por Samos (donde conocí al ibuprofeno, ¿os acordáis?) pero me está llevando por otros derroteros igualmente castigadores. Ampollas, rozaduras, malestares, tirones, pinzamientos y toda clase de dolores musculares y de ligamentos son mis fantasmagóricos compañeros de viaje. ¿Y cómo lidiar con ellos si no es a base de la maravillosa química?

Os aseguro que a lo largo del día me echo encima tantas cremas que parezco una mujer: Fito Cold (con árnica, ruscus, hamamelis y castaño de Indias) para enfriar las piernas, Betadine (povidona iodada) para el temario de las ampollas, bendito Calmatel (de piketoprofeno) para bajar ese pedasso de hinchazones en los tobillos, Natusan (a base de ácido bórico) con vistas a las rozaduras inguinales… y creo que me dejo alguna.


Bueno, no he contado el aftersun que me hace falta en las quemaduras solares, y el tema de la química no se reduce al cremismo, sino que abarca también el pastilleo: que si ibuprofeno (¡cómo no!), con su correspondiente Omeoprazol a guisa de protector estomacal… estoy tan encomendado a estas sustancias que le he escrito un poema al piketoprofeno, y no es coña.

Y últimamente me está interesando cada vez más y más el mágico poder analgésico de la cerveza, no os digo nada. El primer día, el buen Charlie que hoy nos deja (y a quien dedico este post), comentó con buen criterio que este Camiño de Santiago podíamos hacerlo como tributo a Michael Jackson: una bizarrada que ni yo me hubiera atrevido a decir en voz alta, pero que ya se me había ocurrido. Con tanta medicina para el dolor de por medio, no podría estar más de acuerdo. Yo, de momento, ya me he andado algunos tramos en plan moonwalking, avanzando de espaldas. Y sabéis que lo he hecho.

lunes, 6 de julio de 2009

Camino


Queridos amigos: qué socorrido resulta Antoñito Machado para citarlo en estos momentos! “Caminante no hay camino/ se hace camino al andar, etc, etc…” Todo patrañas, claro. Pero sé que durante los próximos diez días me estaré acordando compulsivamente de los versos del sevillano, entre risas, imprecaciones y algún que otro dolor muscular que estoy ansioso por descubrir. ¿Motivo? Mañana mismo me pongo en marcha para hacer el Camiño de Santiago (paso de lenguas regionales, pero para otro idioma que tiene la ñ, hay que aprovecharlo). Mejor dicho, mañana cruzo España y pasado ya estaré caminando propiamente.

Saldré desde Ponferrada, en realidad hace diez años justos ya lo hice con dos amigos, pero esta vez no será igual, ni me gustaría que lo fuera. Aquello fue irrepetible, y esto es otra cosa. Viene conmigo el buen Kike, amigo y lector, a ver qué aventuras corremos. Si el éxito del viaje es inversamente proporcional a la preparación, este Camiño va a ser la hostia, porque lo cierto es que vamos un poco a la buena de Dios (nunca mejor dicho!), todo improvisado. Por citar al gran John Rambo, “vivir día a día”, que es mi nueva cátedra.


Verdad es que en las dos últimas semanas no he escrito tantos posts como me hubiese gustado, siempre os puedo decir como justificación que me he dedicado a vivir en lugar de escribir (te debo una, buen Migue, por tu genial y falaz excusa) pero sería otra patraña como la de que no hay camino sino que se hace camino al andar. Lo único cierto es que durante las próximas dos semanas o así no habrá posts, pero a la vuelta os quiero al pie del cañón y fieles a Estatuas Verdes. En julio vienen curvas, con el festival ContemPOPránea 2009 y demás, y seguro que hay nuevos personajes a los que injuriar y nuevas noticias o anuncios de la tele contra los que despotricar.

A cambio, este agosto prometo escribir más a menudo de lo que lo hice el verano pasado, aunque sea para contaros lo maravillosa que es la playa, lo bien que sienta un trikini o lo que haga falta. Y es que, el verano se nos ha echado encima, amigos, casi sin darnos cuenta ya hemos tenido en Antena 3 a la sufrida Eva Braña bajo el cartelito de los 41º a la sombra. Mientras estoy fuera, os propongo aprovechar vuestro valioso tiempo yendo a ver Pagafantas, escuchando a Fito Páez, leyendo a Borges o a cualquiera de los dos hermanos Ruiz, y esas cosas que yo siempre recomiendo.


La idea del Camino es algo que me viene rondando la cabeza desde hace tiempo, y al final he decidido escribir un post improvisado, de esos que se escriben del tirona en 20 minutos y sin correcciones posteriores. Para que os hagáis una idea del sacrificio (más mental que físico) que a mí me va a suponer esto os comento que he decidido no llevarme el iPod. El Camino es una noción muy poderosa, ya sabéis, el viaje, la novela, la vida, el principio y el fin, la evolución del personaje, el crecimiento interior. Pero son tantos los que han escrito sobre caminos: Miguel Delibes, Jack Kerouac, San Josemaría Escrivá de Balaguer…

Y claro está, ya que he hablado de “camino”, no puedo sino terminar citando a… vuestra ídola Amparo de Amparanoia: “Seguiré caminando…” Un abrazo, que no paséis calor y nos vemos a la vuelta! :)

jueves, 6 de noviembre de 2008

Oda al ibuprofeno


“La vida es sufrimiento”
-Platón



Nos conocimos con veintiún añitos: ¡qué edad más bonita para el amor! Fue en Galicia, aquel verano nublado y lluvioso de 1999. En el Camino de Santiago, por cerca del Monasterio de Samos, yo tenía una tendinitis en la rodilla derecha debida a un vicio al pisar mal. Un buen samaritano, otro peregrino, vio mi cara de sufrimiento por dolor y tuvo a bien presentarnos. Me contó tus virtudes y advirtió de tus vicios: “Y no te olvides de tomar un protector estomacal”.


Al año siguiente, viviendo en Inglaterra, vi cómo me eras infiel con otro compañero Erasmus. Este chaval usaba de tus servicios por sistema, cuando tenía resaca. Espidifén era tu nombre por aquellos días, venías en forma de sobre. Nuestro siguiente encuentro fue un dolor de muelas. El bendito dentista (nunca me dio miedo: quita los dolores) me puso en contacto de nuevo contigo. El flechazo fue instantáneo y caí entre tus brazos –parafraseando la canción de Mecano.

Con el tiempo nuestra relación fue madurando, yo me hice mayor y tú también creciste: 200, 300, 600 mg.

Ya cada vez que algún dolor de muelas me visita, un par de veces al año, voy al cajón de las medicinitas a buscarte. Pastilla blanca: como viejos amigos. Cuántas visitas de urgencia al dentista estando en un grito fueron solucionadas con un simple: “Tómate ibuprofeno”. Siempre quitando inflamaciones, ora de marca ora genérico, siempre bueno.


Más tarde vino el muy temido esguince: aquí la inflamación en grado sumo. Edemas, hematomas, los dolores. Oh, ibuprofeno, ¡imposible pagarte tus favores! Agradecido de por vida quedo, tú salvaste.

Hace una escasa semana me asaltaba de nuevo terrible dolor de muelas, tan grande que me despertó. La noche no fue agradable, pero pude dormir reconfortado tras ingerir buena dosis de mi pequeño y blanco amigo. Ayer, cuando al dentista el caso relataba, ya conocía de antemano su respuesta. “Tómate ibuprofeno” –me espetaba, zanjando la polémica.


Anteayer sobrevino monumental caída, gracias al cielo solo se saldó con un susto. Dolorido, magullado, jodido, me apresuré a engullir la cena para no tener el estómago vacío, por poderme tomar ibuprofeno. Y gracias a eso pude de noche pegar ojo. La mañana siguiente raudo me tomé otro para aguantar la jornada. Más tarde, en la consulta del médico, bajito, pero que muy bajito (por citar a don Skakespeare y a Woody Allen), llegaban el diagnóstico y la prescripción. “Tómate ibuprofeno” –me dijo la doctora-. “El hermano mayor, el llamado 600, puedes quedar con él hasta tres veces al día”. A la farmacia fui, a requerirte: ¡ven a mi boca, amor…!

 
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