Vivencias polimórficas de un treintañero perplejo.

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lunes, 17 de agosto de 2009

Lecturas veraniegas (I): Tanta gente sola


Mi madre me enseña el último libro que se ha leído: un “mamotreto” de más de 400 páginas que me semiinteresa pero claro, con esa extensión… Mis primas insisten en que me lea esos librazos tan esforzados de la trilogía negra escandinava. No hay ironía aquí: seguro que son excelentes, pero como ya he dicho en otras ocasiones, sólo con verlos me entran sudores. Ya sabéis que en Estatuas Verdes sólo se lee a los G.R.A.N.D.E.S., pero siempre en pequeñas dosis: concretamente de bolsillo y con menos de 300 páginas.

El verano es conocido por ser época de muchas lecturas, será el relajo que se supone que nos entra por el cuerpo. Me gusta comentar aquí casi todos los libros que leo, pero algunos se me pasan. En mis vacaciones he leído bastante, diría que compulsivamente, entre Camino, conciertos y catamarán he sacado bastante tiempo para comerme quince libros. Como es imposible hacer una crítica de todos pero quisiera que quede constancia, iré trayendo aquí los que me han parecido más interesantes, por uno u otro motivo.


Hoy quiero hablar de uno al que vuelvo a medida que pasan los días, se titula Tanta gente sola (2009), y el autor es Juan Bonilla. Desde que lo leí (me lo zampé en unas siete u ocho horas) no he dejado de acordarme de él, y eso por fuerza tiene que significar algo. Por eso mismo, porque contra toda lógica o racionalidad este librito parece que se me ha metido adentro, me niego a hablar de él en plan crítico literario o técnico profesional. Mucho y bueno podría decirse de Tanta gente sola en estos planos literarios, pero hoy me voy a ir de impresionista, de lector de a pie, que es lo que soy.

El libro es una colección de relatos, nueve cuentos independientes que sin embargo tienen entre sí una sutilísima ilación. Esta trabazón entre muchos de los cuentos, que se hace patente sobre todo en el último (“El lector de Perec”) resulta una absoluta delicia, ya que supone una complicidad creciente con el lector. Me explico: a lo mejor en un cuento dado se nombra algo (un cromo de fútbol, un relato de Borges…) y resulta que el siguiente cuento trata, precisamente, sobre ese algo, aún sin tener nada más que ver con el anterior relato.


Hay también personajes recurrentes, que el lector sonríe al reconocer porque construyen significado pero que realmente daría igual si se llamaran de otra manera, en realidad. Uno sobresale de entre todos, el poeta Jacinto (auto-inserción del propio Bonilla?), que aparece en creo recordar que cuatro de los relatos. En el que abre el libro “Un gran día para tus biógrafos”, el poeta es el protagonista y el narrador (en una hilarante historia en que lo invitan a recitar sus versos a una despedida de soltera). También lo es en “Fregoli” (que ya se nombró aquí).

Una muestra de que este poeta es contemplado con una distancia irónica es el título de sus poemarios: Verso perverso, Prosa porosa y Balada baladí. Jacinto también aparece en “En la azotea”, un cuento de suicidas pero con un twist, que me ha recordado a aquella obra maestra que Nick Hornby escribió sobre el mismo tema: En picado (2005). Otros cuentos muy memorables para mí han sido “Alma cargada por el diablo”, dedicado a los celos retrospectivos en una pareja (este me ha recordado a Antes de conocernos, de Julian Barnes, 1982).


“El cromo de Boronat” y “Algo más que simplemente existir” nos retrotraen al mundo de un colegio de E.G.B. en los ochenta, mi mundo, amigos, y quizá por eso me han resultado especialmente caros. “Todos contra Urbano” tiene por trasfondo el programa Cifras y Letras (no me digáis que no mola!): he aquí tres cuentos que tratan sobre la superación personal, yo diría que de muy diferente manera y desde muy diferentes puntos de vista morales.

El inevitable rincón cultureta (si obviamos el hecho de que un poeta sea personaje de varios de los cuentos) de Tanta gente sola lo hallamos en “Metaliteratura”, sobre un chaval obsesionado en llevar a la realidad el cuento de Borges “El otro” y “El lector de Perec” (acerca de uno que colecciona ejemplares del libro Me acuerdo, de Georges Perec, 1978) el relato más postmoderno del libro, en que todos los demás encuentran –en cierto modo- su significado último.


Al acabar de leer Tanta gente sola le invade a uno la agradable sensación de haberse cargado un libro bueno, pero sobre todo “que merece la pena”, y fijaos que estoy hablando de un escritor vivo, español y joven. Espero no equivocarme, me lo leí hará unas dos semanas y desde entonces me acompaña, intuyo que no me dejará. A vosotros os lo recomiendo, ojalá pudiera regalaros un ejemplar a cada uno de los que me leéis!

miércoles, 12 de agosto de 2009

Bautitis aguda


-“El síndrome de Frégoli es un trastorno delirante que (…) [s]e caracteriza por que los pacientes se sienten perseguidos por una persona a la que creen ver en todas partes…”
(Wikipedia)




No sé si recordáis una película de Spike Jonze que se llamaba Cómo ser John Malkovich (1998). En una secuencia onírica, uno de los protas hacía que iba a la calle y veía el rostro del actor Malkovich en todas las personas que se encontraba. Se metía en un restorán, y todo el mundo era John Malkovich, y así sucesivamente. En el reciente libro de relatos de Juan Bonilla titulado Tanta gente sola (2009) hay uno excelente llamado “Fregoli”, sobre un andoba que sufre el síndrome de ídem, que tenéis descrito en el epígrafe, y cree reconocer a su ex novia en todas las mujeres que se cruzan en su camino.

Amigos, con pesadumbre acudo hoy a contaros que de un tiempo a esta parte yo también creo estar siendo víctima de este síndrome y de estos trastornos. ¿El personaje de mis delirios? Se trata del “cantante” venezolano Carlos Baute. Ayudadme, queridos lectores, ¿es cosa mía o es que este hombre lleva unos meses que está aquí en España y hasta en la sopa? Con Baute me acuesto, con Baute me levanto, la Virgen María y el Espíritu Santo.


Baute rayándonos los oídos hasta la hemorragia con su pegadizo tema con Marta Sánchez : “Colgado en tus manos” (cuya letra me abstendré de analizar, pero que es merecedora de un comentario de texto)… Baute presentando un programa de citas en Cuatro por las tardes… Baute lanza un nuevo videoclip en el que imita a José Feliciano, Raphael, El Puma, Miguel Bosé y Bunbury (no es broma, parece que la lista me la he inventado yo, ¿verdad?)… Baute como imagen de las rebajas de verano de El Corte Inglés… aquí hay algo que definitivamente no anda bien, amigos!

Sí, ya lo sé, que otros años la imagen de El Corte eran Gisele Bundchen, Charlize Theron, Stallone o George Clooney y que este año el Baute, como que no es lo mismo. Pero no me refiero a eso. ¿Es Baute humano o se trata de una raza de clones à la soldados de la República en Star Wars? ¿Es acaso Carlos Baute el primer representante de una superraza alienígena que pretende conquistar las Tierra a base de derretir todos los cerebros mediante canciones latinas de pegadiza melodía? Carlos Baute: ¿uno o trino?


Por si fuera poco, esta tarde me hallo dormitando una medio siesta con Sé lo que hicisteis... y me despierto alarmado al oír la sabrosona voz del Baute. Ahora resulta que al pavo le han sacado un hijo secreto, que se ha plantado en España para reclamarle la paternidad: el amor filial a cambio de los cuartos, ya se sabe. No os lo vais a creer, pero OS JURO que mientras estoy escribiendo este mismo párrafo (1:44 a.m. del miércoles 12 de agosto de 2009) aparece en la pantalla de mi tele el Baute en persona anunciando un politono de “Colgado en tus manos”……………

¿Sobrevivirá la Humanidad (y en particular mi débil sesera) a este tan brutal Bautismo? ¿Sucumbiremos todos a la Bautitis aguda? Yo mientras tanto voy a enviar “MANOS” al 7343, a ver si alguien me envía poemas de su puño y letra, o canciones de Juan Luis Guerra, o me hago fotos cenando en Marbella, o en Venezuela, o en Troya, o en el salón de mi casa, que es donde vive él, ¿quién? Tú, Carlos… ¿quién va a ser? Pero pasa, pasa, porque nada se compara a ti… ah, que ya está dentro… ¿qué dices? Claro que sí! Yo te elijo a ti, Carlos, ya te he elegido, y hace mucho tiempo que tú me has elegido a mí, acércate más… pero, ¿qué vas a hacerme con esa sierra de calar y esa cuchara? …..Carlos….. Carlos! CARLOS????????????

martes, 10 de febrero de 2009

Poesía para los que leen prosa


Poesía para los que leen prosa (Visor, 2004) es una antología que el escritor Miguel Munárriz preparó para abrirle el apetito a los que no frecuentan la lectura de poemas: poesía para los que no leen poesía (parece ser que esto último ya era el título de una obra de Hans Magnum Erzenberger). Es un libro cuyo título puede llamar la atención de cualquiera en una librería: a mí me ocurrió hace 4 años y se lo regalé a mi madre.

Mi madre sí lee poesía, ella me aficionó a mí casi sin saberlo. Pero el libro me pareció simpático como regalo. Estaba en su casa y este fin de semana se lo he robado y me lo he leído. Y lo traigo hoy a colación por un contraste de extremos: los que leen mucha poesía y los que la aborrecen o al menos la ignoran. El otro día me invitaron a cenar tan ricamente unos amigos muy poetas, buena gente (no tiene nada que ver lo uno con lo otro, pero estos son las dos cosas). Además de chistes, barbaridades, discusiones, canciones, gin-tonics, anécdotas, etc… esta pandilla es muy de recitar, y no me defraudaron: Gil de Biedma, Ángel González… también se sentaron a la mesa.

¿Pedantes? No, copón: gente con alma. Muy poéticos, digo, y también tengo el otro extremo contrario, amigos que no trabajan la poesía. Más de uno ha dejado ya comentarios en este sentido en Estatuas Verdes, donde todas las opiniones son bienvenidas (salvo las loas a Melendi). Hace unas semanas otra lectora me contaba que, sí, que el post de las naranjas muy bonito, pero que, claro, ella… los poemas… La razón más extendida para este rechazo es “no entiendo la poesía”, y esto puede ser verdad, pero me temo que en muchos casos esta “falta de entendimiento” viene motivada por un complejo/tara que es culpa del modo en que se enseña poesía en la escuela española. Munárriz también deja caer algo de esto en su introducción.


“Leamos el poema”agonal carro, era del año la estación florida, en tanto que de rosa y azucena, polvo serán mas polvo enamorado… total, que poesía eres tú pero “tú” no te enteras ni jota. Y es verdad. ¿Por qué ibas a penetrar unas formas y un lenguaje artificialmente diseñados hace siglos por gente cuyos valores (heroísmo, religión, honor, decoro…), además, te son remotos? Menos mal que al rescate siempre viene –o siempre venía- el profe de turno que te “explicaba” el poema y “lo que quería decir en realidad el autor”. ¿Qué cojones “en realidad”! En realidad el autor quiso decir lo que dijo, por eso se curró unos versos que son recordados con el paso del tiempo.

El error de concepto (un concepto decimonónico obsoleto) consiste en pensar que las obras literarias encierran significados ocultos y que solo unos pocos iniciados pueden desentrañarlos. Mentira. Cierto es que la poesía y la literatura, como todos los ámbitos, tiene sus nociones, sus reglas (aunque sea para saltárselas), su vocabulario técnico y sus lugares comunes. Igual que la papiroflexia o la hípica. Pero basta con conocerlos un poquito, e incluso sin conocerlos, las poesía se puede disfrutar a muchos niveles.


Vuelvo al principio, al libro de Poesía para los que leen prosa (porque si de entrada no leías nada la cosa puede ser un tanto ardua), la antología se centra en poemas fáciles de comprender, no enrevesados ni especialmente simbólicos. El 99% son poemas del siglo XX y abundan los de tema anecdótico, de fácil lenguaje, coloquial… En la nómina de autores encontramos a los sospechosos habituales de ambos lados del Atlántico (Benedetti, Ángel González, Gil de Biedma, Borges, Neruda, Bécquer, Machado) y a otros malditos o más precisamente menos obvios (David González, Jon Juaristi, Juan Bonilla, Manuel Rivas). También hay una sección de recomendaciones muy bonita, en la que famosotes de las letras dejan dicho su poema favorito: leemos así lo que le mola a Imanol Arias, Iñaki Gabilondo, Lorena Berdún, José Saramago o Leonor Watling. Y no recomiendan mierdas, ninguno.

Yo os recomiendo este libro a todos vosotros, lectores de Estatuas Verdes, avezados lectores de poesía o neófitos en la materia. Y te lo voy a regalar, a ti, Ana: para que por fin “entiendas” la poesía y puedas así aficionar a lo que venga.
 
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