Vivencias polimórficas de un treintañero perplejo.

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domingo, 4 de enero de 2009

Me quito la careta: Lo mejor del 2008


Antes de nada, ¡Feliz Año a todos! Mirad, tenía pensado hacer una serie de posts en plan “lo mejor del año”, pero lo cierto es que se me ha echado el tiempo encima. Podría decir que es una perezona eso de las listas, que ya las hay por doquier, que a quién le interesan… la verdad es que a mí, mucho, y nunca desdeño la oportunidad de saber qué es lo que más les ha gustado a otros de un pasado año. Me refiero a productos culturales de masas, claro, en plan discos, películas o libros. Siempre es interesante conocer cosas. Y… sí, ¿por qué un año? “Lo mejor del año”. Suena tan arbitrario como cualquier otro periodo pero precisamente por eso resulta válido. A algo hay que agarrarse, ¿no?

Comiéndolo y bebiéndolo, hemos entrado en un año nuevo (me ha dado vergüenza escribir “sin comerlo ni beberlo”, sabéis) y creo que me voy a limitar a contar en un solo post mis cositas favoritas del 2008. En cierto modo, este año es distinto del pasado porque Estatuas Verdes empezó a finales de noviembre del 2007 y aquel año no escribí mucho pero este 2008 ya he ido desgranando mis preferencias, o sea que no creo que resulta muy sorprendente saber lo que más me ha gustado del año. ¿O sí?


Lo más importante para mí es –cómo no- el mejor disco del año. Y este honor le corresponde sin lugar a dudas a Vampire Weekend (2008), del grupo neoyorquino Vampire Weekend. Y en mi opinión, con diferencia, además. Tuve la suerte de enterarme de la existencia de este grupo y disco a través del buen Susu, del blog El Perro Lunar. La verdad es que en su día el grupo Vampire Weekend me cogió con el pie cambiado, como me han cogido Mumpsy o Explosions in the Sky (otros dos grupos indies que me han recomendado esta semana y que a lo mejor el año que viene están entre mis favoritos). Sea como fuere, Vampire Weekend se lleva la corona de laurel (verde).

Ha habido otros discazos este 2008, como los de Lightspeed Champion, The Last Shadow Puppets, Attic Lights o los hipermediáticos Fleet Foxes (al que yo he llegado tarde), la cosa ha estado muy reñida. No hagáis caso de los rumores que circulan por ahí diciendo que, no contento con tener el Vampire Weekend bajado gratis, procedí a comprármelo original en CD y en vinilo. El buen Susu daba a este disco la nota de un 8, yo no soy de dar notas numéricas, pero seguro que le daría más. En lo que sí coincido plenamente es en su percepción de que es “un disco que te puede sacar de apuros en una fiesta con amigos, poniendo a todos a menear el trasero”.


En cuanto a pelis, mi película del 2008 tiene que ser Viaje a Darjeeling (2007), decir lo contrario sería ir en contra de todo en lo que creo. Como cine, dejo que los críticos se explayen sobre otras obras maestras, pero como efecto provocado en mí… me impactó tanto que fui a verla tres veces en su día. Luego no la he querido ver otra vez por no cagarla, ni siquiera me la he pillado en DVD. Pero ahí queda. Otras dos que me han hecho emocionarme, reír y pensar a lo grande este año han sido Expiación (2007) y Tropic Thunder (2008), de las cuales no añado nada porque ya las alabé aquí en su momento.


¿Y de libros? Ja, ja, esto es más difícil porque apenas he leído libros editados en 2008, salvo la honrosa excepción del Saber perder de David Trueba, que ya recomendé. Así que aquí hago trampa, y yo mismo me invento la arbitraria regla de que con la literatura da igual el año (más bien es relevante la década o siglo), puesto que es un arte “menos de masas” que la música pop o el cine (esta noche vendrá un marxista a darme un tirón de orejas: seguro). Y lo mejor que he leído este año, lo más fresco y sorprendente pese a tener ya más de 20 años ha sido el cómic Watchmen (1986-87), del que también se habló aquí extensamente. No puedo dejar de mencionar que este 2008 ha sido literariamente hablando mi “Año Boris Vian, como el 2007 lo fue Roberto Bolaño. A ver por qué friki-autor de culto me da en el 2009.

Bueno, sigue Estatuas Verdes con fuerza en este año que acaba de empezar. Y que sepáis que si esta semana pasada no he escrito no ha sido por dejadez o vagancia, sino por estar todavía recuperándome del shock que me causó el ver el nuevo calendario “a lo cowboy de Ana Rosa y sus muchachos. Estáis avisados…

viernes, 17 de octubre de 2008

Coen & Coener


El título de este post quiere decir “Dos Coen muy Coen”, por recordar aquella peliculorria con Jim Carrey y Jeff Daniels, que al lado de la última de los Coen resultaba una obra maestra del séptimo arte (y graciosísima, oiga). Otro título que he barajado es “Arrancarse los ojos después de ver”. La última de los hermanos Coen se llama Quemar después de leer (2008), y digamos ya que su mejor (y única) virtud es hacer buena No es país para viejos (2007).

Quemar después de leer nos la han vendido como una reivindicación de la estulticia humana, como un canto a la estupidez. Recuerdo haber leído que la inteligencia estaba sobrevalorada y que había que reivindicar la tontería. Genial golpe maestro de los Coen: si yo tuviese un truño de película y pretendiese que el máximo número de peña fuese a verla pagando dinero, también diría esas cosas (“¡Los tontos sois unos reyes!”). Los tontos somos nosotros, que hemos picado en ir a verla, en mi caso por ser fan de estos cineastas que han hecho tantas pelis molonas y graciosas como Sangre fácil (1984), Arizona Baby (1987), Fargo (1996), El gran salto (1994), O Brother! (2000)... Y también hicieron algo llamado El gran Lebowski (1998), con eso está dicho todo.


Otro reclamo era el reparto. A pesar de la siempre estomagante Frances McDormand o como se escriba, en esta peli salen Brad Pitt –uno de mis actores favoritos-, George Clooney y John Malkovich –dos de los actores favoritos de todo el mundo. Como no, lo mejor de la película es la actuación de Brad Pitt, que hace de tontico pero “no tonto del todo” (como bien se nos recomienda en Tropic Thunder: “never go full retard”). ¿Zangolotino? Sí. ¿Acelerado? Sí. ¿Corto de léxico? Sí, pero también chantajista cuando es menester.

La trama ni paso a resumirla: baste decir que son tres historias entrelazadas con pinzas. De hecho creo que lo que me ha resultado más irritante de la película es el hecho de que la supuesta “casualidad” que pone en marcha el supuesto “gran enredo” ni siquiera está bien hilada o justificada, sino que se trata de una arbitraria y chapucera ocurrencia en plan “Coen ex machina”. Así no juego. En El gran Lebowski, un malentendido plausible desencadenaba una trama descacharrante, el Nota solo quería una alfombra para dar ambiente a su habitación. Pero en Quemar después de leer se recurre a la más burda casualidad. Dice el novelista inglés Julian Barnes que si él fuera el “dictador de la ficción” prohibiría las coincidencias como facilón recurso narrativo. Visto lo visto, empiezo a estar de acuerdo.


Y otra cosa. Prefiero ver una comediota delirante en la que un Boeing 747 aterriza dentro de una terminal de aeropuerto por un fallo en las señales del personal de tierra, u otra en que un chucho salva a su amo in extremis porque sabe hablar con los osos que van a atacarle. Al menos en estos casos no se me hace creer que se trata de comedia costumbrista o real, sino de un disparate. Lo que no soporto es que los Coen se rían de nosotros (son los únicos que se ríen) haciendo una peli mongoloide pero pensando en el fondo que es humor sutil e inteligente (¿cuántos chistes sin gracia se pueden escribir a cuenta del queso de cabra?).

Mi sensación al salir de ver esta peli es la misma que tengo al acabar muchas reuniones del trabajo: la cabeza caliente y los pies fríos. Y esta vez me niego a considerar que no me haya enterado de nada: me he enterado demasiado bien. A este ritmo, los hermanos Farrelly con un cojín de peos podrían haber montado una obra maestra digna de Lubitsch. No es que no me haya gustado Quemar después de leer, es que me ha cabreado. De hecho, os la voy a reventar. Al final, todo es un sueño del Resines (y una pesadilla para nosotros).

sábado, 27 de septiembre de 2008

Tropic Thunder: Incorrección política


Señores, vengo de ver Tropic Thunder (2008), la esperadísima (por mí) nueva película de Ben Stiller. Veredicto: es la auténtica risión. No recuerdo haberme reído más viendo una película, no sé, tal vez desde Viaje a Darjeeling (2007), y tal vez aquello fuera más de sonrisilla y carcajeo mediano. Con Tropic Thunder… baste citar a un amigo que ha salido del cine diciendo “Me duele el pecho de tanto reírme”.

Y no es para menos. Mucho se ha hablado en Estatuas Verdes de las comedias, y la verdad es que Ben Stiller capta el espíritu de esta época, como ya demostrara con Zoolander (2001), otro desgüeve de principio a fin. Como actor, la carrera de Ben Stiller es tal que sería tedioso ahora glosarla. Como director se está cubriendo de gloria cómica. Pero he aquí el primer caveat o advertencia: si usted es persona biempensante o fácilmente ofendible tal vez no le hará gracia Tropic Thunder. Antes bien, le parecerá grosera, zafia, irresponsable, dañina.

La peli es de humor que podríamos calificar de “sal gorda” pero también hay que decir que resulta de todo menos descerebrada. Y es que se trata de una parodia del cine bélico, también una sátira del star system hollywoodiense, pero va más allá. Tal y como yo lo veo su mayor mérito consiste en denunciar la mentalidad de una sociedad demasiado “políticamente correcta” burlándose de todo. Y recurre al humor más ofensivo, pero siempre con la pretensión de hacer pasar al espectador un buen rato (en otras palabras: no es mal gusto por el mal gusto).


Temas tabú de la sociedad actual -sobre todo la yanqui- son aquí puestos en solfa: la etnicidad, la orientación sexual, las drogas, el falocentrismo, el heroísmo/patriotismo de las guerras, el culto amoral al dinero… Hay chistes de negros, de chinorris, de maricones, de retrasados mentales, de culos… pero te da la sensación de que detrás de todo eso están personas inteligentísimas que simplemente han decidido reírse y pasarlo bien. ¿Hay algo de malo en ello? Ahora se dice “Siempre que no hagan daño a nadie…”. Me temo que Tropic Thunder va a ofender a más de uno, pero entonces yo aplicaría otro dicho: “Quien se pica ajos come”.

La historia de la peli es simple: durante el desastroso rodaje de una película sobre Vietnam, un variopinto grupo de actores son abandonados a su suerte en la jungla y deben enfrentarse a una guerrilla de verdad. Hay la típica estrella de cine de acción –ahora en declive- (Ben Stiller), el rapero negro metido a actor, el cómico gordo que lucha por hacer un papel serio (Jack Black), el jovencito de estrella ascendente… y lo mejor de la peli. El papel de Robert Downey, Jr.: Kirk Lazarus, multipremiado actor australiano que encarna al Sargento Osiris, un soldado negro.

Desgraciadamente no he podido ver Tropic Thunder en inglés, con lo que me he perdido el juego de acentos con el australiano haciendo de negro, metiéndose en el papel, y toda la pléyade de barbaridades y palabrotas que se dicen, sobre todo a cargo de Jack Black y de Tom Cruise. ¿Ha dicho Tom Cruise? Sí, señora, aparece un Tom Cruise engordado cuyo papel no desvelo pero es muy cómico y en USA le traído muchísimo éxito de crítica y público. Jack Black, favorito de Estatuas Verdes, no brilla todo lo que podría. Digamos que su personaje empieza a destacar tarde, pero hay que tener en cuenta que esta película es un poco coral.


Downey, Jr. ha incurrido en el gran tabú de, siendo blanco, pintarse de negro para hacer de negro (lo que en inglés se llama blackface) algo que se considera el súmmum de la injuria al bello pueblo afroamericano. En realidad él hace de un blanco que se somete a este proceso para hacer la peli, en plan De Niro engordando y adelgazando para Toro Salvaje (1980). Con la corrección política nunca se puede acertar, siempre va a salir alguien (colectivo o minoría) tocando las narices acusándote precisamente de haberle tocado las narices: ¿pues no ha habido negros en USA que han denunciado que Huckleberry Finn (1885) de Mark Twain sea lectura obligatoria en los colegios, cuando fue uno de los libros que más criticó la esclavitud?

Si lo más políticamente incorrecto de la peli es el supuesto racismo, lo más gamberro es el retrato de un retrasado mental que hace el personaje de Ben Stiller (el actor Tugg Speedman), al interpretar a “Jack el simple”. Soy de la opinión de que si no somos capaces de reírnos de todo, la cosa va mal. Lo fácil aquí era hacer parodias de pelis de Vietnam conocidas, y están todas: Acorralado (1982), Rambo (1985), Apocalypse Now (1979), Platoon (1986), la banda sonora con los Temptations, la Creedence, los Rolling Stones, Buffalo Springfield, Steppenwolf…, diálogos grandilocuentes… Lo que mola es que en Tropic Thunder al disparate se le suma otro disparate todavía mayor, de manera que la peli se hace inmune a una supuesta censura. Los autores son conscientes de que están perpetrando una barbaridad. Y, amigos, qué queréis que os diga: ya iba haciendo falta.

domingo, 30 de marzo de 2008

Jack Black


Últimamente veo un par de pelis de Jack Black y no ceso de admirarme del talento que despliega este hombre. A mí me parece muy gracioso, pero sé que pertenece a un tipo de cómico un tanto dado a la histrionada y a la gracia poco sutil. Soy consciente de que para algunas personas esto puede resultar cargante, estilo Jim Carrey. Bien, pues que esas personas lo critiquen en sus respectivos blogs, porque aquí lo vamos a alabar.

Conocimos a Jack Black en esa fantástica peli Alta fidelidad (2000), haciendo de Barry: intransigente friki de la música tras el mostrador de una tienda de discos. Mucho se ha nombrado esta peli en Estatuas (y más aún la novela en que está basada), solo puedo seguir recomendando ambas, especialmente a las chicas que quieran saber cómo funciona la mente de un varón enamorado.

Miembro del Frat Pack (esa generación de actores de comedia americanos que se está comiendo la taquilla desde hace quince años) al igual que Ben Stiller,Will Ferrell, Vince Vaughn, Owen y Luke Wilson y Steve Carell, es preciso admitir que tal vez Black no se haya caracterizado por acercarse al humor inteligente del modo en que lo han hecho otros de sus congéneres. Sin embargo, su estilo de comedia gamberro y bastante centrado en su físico no puede ser calificado de estúpido ni sinsentido. Detrás de las payasadas de Jack Black subyace siempre una corriente de ironía. Traducción: creo que todo su humor funciona a dos niveles, uno obvio más grueso y caricaturesco y otro más refinado y profundo.

La música es y ha sido un componente clave en la carrera de este hombre, que antes que actor o humorista se considera músico. Black canta y toca la guitarra, lo que ha mostrado en varias pelis (Alta fidelidad, Escuela de rock -2003-, Super Nacho -2006-, Vacaciones -2006-) y sobre todo en Tenacious D: Dando la nota (2006), acerca del dúo musical que integra y con el que lleva editados dos álbumes. También ha actuado en un videoclip de Beck y en tres de los Foo Fighters, y ha colaborado cantando en discos de Dave Grohl y Queens of the Stone Age.

Las pelis que he visto estos días han sido Escuela de rock, absoluto disparate que sin embargo encierra lecciones educativas (me ha dicho un pajarito que la proyectan en algunos institutos) y Vacaciones, producto poco hecho a medio camino entre la comedia romántica y el melodrama, pero que la presencia de Black eleva varios enteros. Me gusta esa vehemencia que el actor le pone a todos sus papeles, me recuerda un poco a mí mismo cuando habla de lo que le apasiona. Da igual que esté explicando a una clase de niños quiénes fueron Led Zeppelin o que le esté tarareando a Kate Winslet en un videoclub la banda sonora de Carros de Fuego.

Ojito al trío actoral: Jack Black, Robert Downey, Jr. (con la carica pintada) y Ben Stiller


Este año se nos avecinan dos pelis de Jack Black que ya están terminadas y que prometen ser sendos bombazos. Me estoy refiriendo a Be Kind Rewind (2008), del paranoiérrimo Michel Gondry (el de ¡Olvídate de mí! -2004- y La ciencia del sueño -2006-) y a Tropic Thunder (2008), último largometraje de Ben Stiller. Esta última (un grupo de actores que ruedan una peli sobre Vietnam acaban en la selva metidos en una guerra de verdad) se está configurando en mi imaginario personal como una firme candidata a lo más grande del año, al ser una especie de cruce entre la parodia de Zoolander y la épica de Apocalypse Now.

Seguiremos atentos a la carrera cinematográfica de Jack Black, a su música, a sus apariciones en Los Simpsons, seguiremos viéndolo crecer y seguiremos recordando a aquel gamberrucio que tanto nos hizo reír en Amor ciego (2001) o Tres idiotas y una bruja (2001). ¡Oscar honorífico ya!
 
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