Vivencias polimórficas de un treintañero perplejo.

jueves, 8 de mayo de 2008

Historia de una mujer que tenía cola (Lo-lo-lo-lo-lo-la)


Hablando de casualidades, en plan Amantes del Círculo Polar (1998), ayer hablamos aquí del “La, la, la” y hoy toca hablar del “Lo, lo, lo”. Otra casualidad es que ayer en un comentario Fran G Matute trajera a colación el vínculo “La, la, la” – The Kinks (y digo yo una cosa: si se iban a querellar por “Death of a Clown”, entonces ya de “Wonderboy” ni hablamos, ¿no?). Pero no es esa la casualidad que me ha impulsado a escribir el post de hoy, sino otra.

Hace unos días leo en un libro/DVD sobre los Kinks que cada año el señorito Ray Davies (autor del 95% de las canciones del grupo) se embolsa tranquilamente unos 9 millones de euros nada más en concepto del uso que se hace de su música en anuncios publicitarios. Conociendo la legendaria afición de Ray Davies al vil metal (el colega es de la Hermandad del Puño, de toda la vida), entiendo que el buen hombre estará muy contento. Y aún así sigue haciendo discos buenos (a sus dos últimos en solitario me remito). La verdad es que estas cifras de ingresos por publicidad llegan a ser mareantes, diría que casi se acercan a lo que debe de cobrar al año Pau Donés (Un, Dos, Tres, responda otra vez: ¿cuántos anuncios han usado temas de Jarabe de Palo en los últimos diez años?).

En estas estoy (en lo del libro) cuando me veo en la tele el nuevo anuncio de Coca-Cola, en el que un zangolotino se desgañita cantando un pegadizo estribillo “Lo, lo, lo, lo, Lo-la”… y enseguida pienso “ya está cobrando Ray Davies”. El anuncio te anima a grabar “tu propia versión” de “Lola” y colgarla en una página web. Al día siguiente me fijo en que un avance de la serie Los hombres de Paco también usa de fondo la misma canción que fuera éxito de los Kinks en 1970. No veía tantas canciones de esta gente en la tele desde que Telecinco usó hace diez años el “Celluloid Heroes” para promocionar su Cine 5 Estrellas


Y entonces me digo ¿rimar “Lola” con “Coca-Cola”? Sin duda nos encontramos ante una cumbre lírica. Analicemos la letra del tema: “La conocí en un club del viejo Soho, donde se bebe champán y sabe igual que la Cherry Cola… Lo, lo, lo, lo, Lo-la”. Lo gracioso del asunto es que originariamente la letra decía “Coca-Cola” y no “Cherry Cola” (y así quedó recogido en la versión del single), pero siempre se ha dicho que Ray tuvo que regrabar esa parte de la letra para evitar problemas por el uso de aquel nombre comercial. ¿The Coca-Cola Company poniendo obstáculos a que le hagan propaganda gratis? Yo nunca me lo tragué, máxime cuando un año antes los Beatles cantaban eso de “he shoot Coca-Cola” en la canción “Come Together” sin ningún tipo de problema.

Sea como fuere, lo cierto es que el destino ha querido que don Raymundo se embolsille una pasta ahora a costa de la gaseosa bebida, y la peña como loca con un estribillo que es verdad que la primera vez que lo oye uno se cree que ha inventado la pólvora. Volviendo a la letra de la canción, es necesario explicar que “el viejo Soho” es conocido por ser el barrio gayer de Londres, y que la tal Lola es en realidad una de esas “mujeres” que le pirran a Ronaldo. ¿No sería esa la razón de que The Coca-Cola Company no quisiese ver su nombre asociado a la canción, el hecho de que contara la historia de un travesti?

Me acuerdo de los Kinks y de una biografía suya que compré en una librería precisamente en el Soho londinense. A su alrededor había muchos clubes de esos pupita, como los que nombra la canción. Me acuerdo también de un estéril debate: ¿fue Ray Davies el mejor escritor de canciones de los años sesenta? Tengamos en cuenta que sus competidores o iban en tándem (Lennon-McCartney, Jagger-Richards, Bacharach-David) o no escribían letras (Brian Wilson). No sé si sería el mejor, pero desde luego que sí el más visionario. Volvamos a la letra de “Lola”: “Las chicas serán chicos y los chicos serán chicas, el mundo está mezclado, revuelto y agitado”. No sé que pensáis, pero de momento ya hay un tío (que antes era mujer) embarazado.

miércoles, 7 de mayo de 2008

Llanto por la la la suerte de María Félix de los Ángeles Santamaría Espinosa


Mi novia vuelve de Grecia y como sabe dónde me duele me trae de regalo una edición griega del Llanto por la muerte de Ignacio Sánchez Mejías (1935) de FG Lorca. Yo no sé griego (chistes no, por favor), pero disfruto mucho con estas cosillas. Para leer el texto tengo que volver a mi versión española, claro está.

Y entonces me topo con una noticia acerca de un supuesto caso de untamiento o mordida en el triunfo eurovisivo de Massiel. Y me acuerdo de Uribarri, del Dúo Dinámico, de Serrat, de Cliff Richard, de Massiel, de Lorca y de Ignacio Sánchez Mejías (el torero-aviador-poeta-futbolista). Me viene a la mente aquel verso de Lorca a propósito de “La sangre derramada”, “¡Que no quiero verla!” Yo lo aplico a la noticia del “La la la”. ¡Que no quiero verla! No. Dile a Uribarri que venga que no quiero ver la pasta que por Massiel fue pagada.

Señores, seamos serios. Desde que el Tomate sacó a un nota que fue atropellado por Franco (era un dictador, colegas, qué esperabais que hiciera, ¿cosas buenas?) pienso que a la gente se le va la pinza con el dato inquisitivo. Váyanse ustedes a investigar a los príncipes herederos de la Corona Británica, que esos sí que son unos sinvergüenzas, con sus francachelas y sus paseos privados en helicópteros militares a costa del erario público. Pero a Massiel… no me la toquen. Lorca no basta para loarla, tengo que conjurar a Juan Ramón. No la toques ya más, que así es la moza.

Y es que hay cosas que es mejor no menearlas y correr un piadoso velo de prudencia sobre ellas. ¿Que el triunfo de Massiel en Eurovisión en 1968 fue un asunto sobrecogedor (o sea: que alguien cogió un sobre)? Qué más da, con lo bonito que quedó. Y lo mona que iba ella con esa especie de vestido o funda de lámpara en que la embutieron. A ver si os creíais que los Oscars de Garci, Trueba y Almodóvar salieron gratis. Si hubo una mordida no me lo contéis, que no quiero verla.

Lo próximo será desenmascarar la identidad secreta de Los Reyes Magos o del Ratoncito Pérez. Los sueños, déjenlos estar. Bastante teníamos ya con el turbio asunto que rodeó el veto a Serrat y su empecinamiento en cantar “La la la” en catalán. Por cierto, Milli Vanilli no cantaban de verdad, por si no lo sabíais. Papá Noël en realidad es… ¿sigo? Mi padre no es piloto y no es quien va en ese avión que se ve por el cielo. Operación Triunfo es un montaje, el concurso de Miss España está amañado, en Gran Hermano se salían a fumar y en Supervivientes la peña se inflaba de hamburguesas que les daban los cámaras.

Ah, por cierto, y… ¿sabéis esos rectángulos blancos gigantes donde se proyectan historias? Sí, hombre, que os sentáis en un butacón, se apagan las luces y sale en esa sábana gigante a lo mejor Optimus Prime o Charlton Heston hablando con Dios. Pues que sepáis que es mentira, esos personajes no existen (bueno, Dios sí) y todo es una conjura a base de gente que cobra por escribir un guión, aprendérselo de memoria y actuar. Más o menos como el Festival de Eurovisión, vaya.

martes, 6 de mayo de 2008

"Mendieta ha marcado un gol realmente increíble"


Soy consciente de que puede que haya gente para la que lo mejor que hayan visto esta semana por la tele no sea la reposición de Embrujadas que está emitiendo Cuatro. Algún pervertido habrá que incluso se haya interesado con la historia esa de que el Real Madrid ha ganado la Liga. Yo, que suelo tener menos información sobre fútbol que el Sánchez Dragó con la cabeza dentro de una bolsa de plástico, me enteré el domingo pasado de un dato fascinante que cambió mi vida (en el Telediario de Antena 3, ¿dónde si no?). A saber: “solo si el Madrid no gana no se cantará el alirón esta noche en Cibeles”. Yo creía que lo de “cantar el alirón” era el olor de axila, pero resulta que consiste en que un niñato cuasitreintaañero se suba a la Cibeles y le coma el boquino. (¿De verdad hemos leído la noticia de que Mamen Sanz tendría que estar celosa de una estatua, o estábamos bajo los efectos de alguna droga?)

Por la noche el domingo, mis tímpanos reventaron cuando el Madrid le marcó el segundo gol al Osasuna, y colegí que el triunfo estaba consumado. “¿Ahora es cuando salta Beckham al césped con sus retoños llevando unas camisetitas que ponen Daddy?”, pregunté ingenuo pensando que todos los títulos de Liga se celebraban de igual manera. “No, no, no, no” –me corrigieron mis acompañantes, infinitamente más duchos que yo en el Deporte Rey. “Para que el Madrid gane la Liga es necesario que BLA BLA BLA BLA BLA BLA miércoles próximo BLA BLA BLA BLA BLA BLA tres jornadas”. “Ah” –dije obediente, pero cuando llegué a casa me vi en la tele la estampa de los disturbios habituales, las ambulancias, las pedradas y deduje que, o había llegado el Fin del Mundo o había terminado esa pesadilla que algunos llaman Campeonato de Liga.

Quité la tele porque pasó un rato y vi que no aparecían ninguno de mis frikis favoritos que yo asocio al fútbol (creo que correctamente): Luis Aragonés, Fabio Capello y el Arrebato. Son futbolistas los tres, ¿no? Por algún motivo no salían celebrando el triunfo del Madrid, pero me quedó un consuelo. Ahora que ha acabado la Liga, el resto de los mortales podremos descansar tranquilos hasta… digamos… septiembre. ¡Un mojón para mí! Ya está aquí la pre-pre-temporada, los cortes de mangas de Schuster, el sobaco de Eto’o (¡oh!), los trofeos de verano (Bernabeu, Gamper, Teresa Herrera, Carranza…)… El que está muy callado últimamente es Lopera, ¿no? Ya se va echando en falta alguno de sus petardos.

Para colmo descubro con horror que este verano, por si fuera poco con las Olimpiadas chinorris, nos queda aguantar una Eurocopa o Copa de Europa o como quiera que las mentes diabólicas que la inventaron la llamen. Para los que no entendáis de fútbol, una Eurocopa consiste en que algunos de mis amigos (gente sensata, con dos carreras y en un caso, doctorado) se reúnen y empiezan a insultar al televisor y a darle patadas furiosas a los muebles.


Marx decía que la Religión era el opio del pueblo… ¡ya quisiera la Religión concitar la décima parte de las voluntades y adormecer a la peña como lo hace el fútbol, amigos! En mi casa había un libro titulado Fútbol y Franquismo (1987) que destapaba las conexiones político-ideológicas del llamado Deporte Rey con el Régimen anterior. Ni que decir tiene que se usaba para entretener a las masas, lo mismo que en la Italia de Mussolini y la Alemania de Hitler (que por cierto era una mierda en fútbol y siempre perdía contra Austria). En las democracias ocurre lo mismo. Los ingleses ganaron un Mundial en 1966 y todavía cada vez que hay un torneo internacional y hacen sus propias encuestas se ponen ellos como favoritos.

Algún malpensado habrá que, leyendo esto, se lleve la impresión de que a mí no me gusta el fútbol. ¡Por Dios! ¡Pero si es lo más inteligente desde el tres en raya! Que sepáis que yo tengo en mi poder autógrafos de Gus Hiddink (obtenido en Ámsterdam) y de Reinhardjt (o como se llame). También tengo un autógrafo de Miguel Ríos y otro de Teresa Rabal, pero eso daría para otro post. Cómo no me iba a gustar el fútbol si cada día nos quita media hora de ver a los políticos en el telediario. Cómo no me iba a gustar si es poesía, magia, arte sublime… ahí está esa Abuela del Betis, ese hombre (también del Betis, por cierto) que llevaba las cenizas de su padre al campo en un tetra-brik. Esas hinchadas tan lindas y razonables (nunca violentas). Aquel Manolo el del Bombo, por Dios, aquel José Ángel de la Casa desgañitándose con aquel goooooooooooooooool de Señor!

Personalmente, me parece que la mejor noticia que el fútbol nos ha deparado en estos tiempos es la pillada de Ronaldo hasta el culo de droga con dos travelos. ¡Qué lejanos quedan aquellos tiempos galácticos en que el glamour era la marca de la casa! ¿Os acordáis del cumpleaños de Ronaldo, del que Vania Millán salió llorando? ¿Os acordáis de la Ronaldinha anunciando flanes? Hasta La Costa Brava hicieron un tema llamado “El cumpleaños de Ronaldo” (de aproximadamente la misma calidad lírica de “El artista madridista” de Los Planetas). Bueno, amigos, al menos me queda el consuelo de poder citar sin meter la pata al mitológico Abuelo de la fabada: “Y el Madrid, ¿qué? Otra vez campeón de Liga, ¿no?”

lunes, 5 de mayo de 2008

Iron Man


Como veo que el buen Fran G Matute no trata el tema en su Almanaque de otoño, siento que ha llegado el momento de que se aborde de una vez en la blogosfera la nueva película de Iron Man. No ha mucho que hablé aquí de superhéroes y cine, me remito a lo que dije entonces sobre el universo Marvel: todo es relevante aquí, puesto que Iron Man también es una creación de Stan Lee (igual que La Patrulla X, Spider-Man, el Increíble Hulk, Los 4 Fantásticos o Daredevil).

Acudí a la peli con muchísima ilusión, me bastó saber que era la historia de Iron Man, y ver en el trailer dos detalles fundamentales: 1) Que en la banda sonora salía la canción “Iron Man” de Black Sabbath y 2) Que el traje de Iron Man era rojo y amarillo (esto no último no es una tontería: hay que ver el vertiginoso proceso de aggiornamento textil al que constantemente se somete a los superhéroes, véase Superman, Batman o los X-Men). Me bastó saber eso, como digo, y no me metí en más averiguaciones. Tanto es así que a la puerta del cine hablaba por teléfono con un amigo y lector:

“Voy a ver Iron Man”. “Pues Robert Downey, Jr. debe estar para sacar a pasear a los nietos”. “No lo pongo en duda pero, ¿qué tiene eso que ver con esta conversación?”. Yo ni siquiera sabía cuál era el elenco. Una vez sabido, la presencia de Gwyneth Paltrow y de Jeff Bridges ya me aseguraba un festival para los ojos pero claro, las pelis de superhéroes tampoco es que se caractericen por sus memorables interpretaciones. Salvo esta. Frases fantoches aparte (los diálogos, ya se sabe: ¡qué mala es la transposición de la viñeta al celuloide!), me pareció que había en Iron Man una presentación y una interacción entre personajes poco frecuente en este tipo de cine.

Pero claro, el que roba el espectáculo (como dicen en inglés) es el señorito Robert Downey, Jr. Dejando a un lado el asunto de los nietecillos, me atrevo a decir que la actuación de este hombre en Iron Man es la mejor desde… el videoclip “I Want Love” de Elton John. Otro plus del asunto es el hecho bien sabido de que Robert Downey, Jr. sea un redomado politoxicómano, cuya vida no se me antoja ejemplo de virtudes. De ahí que verle interpretar al disoluto Tony Stark (mujeriego, jugador, irresponsable, borrachuzo y más) tenga un puntito de morbo insoslayable. Sería como ver a Ernesto de Hannover en un remake de Días sin huella, para que me entendáis.

El pavo luce también una musculatura importante (eso sin la armadura de acero) y el decoro de Estatuas Verdes me impide comentar aquí la musculatura que luce Gwyneth Paltrow en el papel de la abnegada secretaria Virginia “Pepper” Potts. Otro factor que contribuye a que la peli me gustara es el papel de villano que hace Mr. Jeff Bridges. ¡Madre mía, qué miedo! Verlo ahí calvorota con su barba blanca… y además es un traidor y un hipócrita, lo que lo hace más guay porque no es un malo maloso de los que se ven venir.

La trama es lo de menos. Es la historia de Iron Man, os remito al cómic, pero puesta al día con el trasfondo de la actual paranoia por la inseguridad mundial y la “Guerra contra el Terror” (eficaz correlato de aquella Guerra Fría que hizo necesarios a tantos superhéroes). De hecho, una importante sección de la peli se desarrolla en el Afganistán post 11-S de la ministra Chacón, de tal modo que durante el primer tercio me temí lo peor: una turraza infumable y encima ideológica. Pero nada de eso, amigos, esto es acción pura y dura. Mamporros, explosiones, canciones de rock duro, y con sus toques de humor, no creáis. Sí, ya lo sé: he definido lo que viene a ser un cómic de superhéroes. En palabras (sacadas de contexto) de uno de los personajes, “una obra maestra de la muerte”.

domingo, 4 de mayo de 2008

Los detectives fantoches

Estos detectives sí que eran bonicos... y también iban al cole.



Viendo Euronews me topo con una noticia acerca de la educación en diferentes países de Europa. En Francia, por ejemplo, preocupa la reforma de la Educación Primaria que el gobierno quiere implantar. Para horror de pedagogos, psicopedagogos y parapsicólogos, el gobierno pretende nada menos que los niños aprendan a leer y a escribir y las reglas de aritmética (en lugar de a ser creativos y a pasarlo chupi). En Alemania hay malestar por la subida de las tasas en las universidades, y así. Le llega el turno a España y ¿qué nos encontramos? “Temporada alta para los detectives privados. En estas fechas sube la contratación de detectives por parte de padres para seguir a otros padres y niños en un intento de acabar con un fraude”.

Al parecer, la gente quiere meter como loca a sus hijos en colegios concertados (no me explico por qué) y mienten sobre su domicilio, gestan falsos divorcios, se inventan enfermedades, etc, con tal de coger puntos y entrar en esos coles, lo que deja fuera a muchos alumnos “genuinos” a los que les correspondería tener plaza por la zona en que viven. ¿Detectives? ¿Se nos ha ido la cabeza? Entonces pienso en los más famosos casos de Hercule Poirot, Miss Marple, Sherlock Holmes o Philip Marlowe y es cuando se me va la cabeza a mí. Miss Marple llamando a los porterillos electrónicos… Sherlock Holmes analizando la ceniza del puro de un padre para llegar a la conclusión de que esa marca no la vende ningún estanco del barrio... Marlowe o Sam Spade ligándose a una portera para sonsacarle información (“¿Y dices que los García no viven aquí en realidad, muñeca?”).

¿Sigo? El sabueso de los Baskerville multado por hacer caquita en las aceras de mi barrio. Colombo yendo a dar por culo a los padres de un niño celíaco (“Solo una preguntita más… ¿ese papel de Bollycao que había en la entrada no será por casualidad suyo, verdad?”). La señorita Jessica Fletcher lo iba a flipar escribiendo un best-seller sobre un colegio de curas, y Pepe Carvallo iba a tener una úlcera de tantos atracones como se iba a tener que dar hasta que el papá de Pepito Pérez le confesara que en realidad su divorcio era solo una tapadera para que su hijo pudiera asistir a un colegio con clases de natación.

Ya veo al ciego Jorge Luis Borges hacérsele la boca agua: una antigua leyenda china o sajona nos habla del nombre de un colegio, y cómo este solo podrá pronunciarse si la persona con la que has soñado ha soñado a su vez contigo (y mientras tanto, catorce madres le pasan por delante de sus narices y se matriculan fraudulentamente en Primaria). La literatura y el cine detectivescos estaban plagados de casos de faldas y de malos rollos laborales, pero esto inaugura un nuevo filón en el sector. El extraño caso de la adaptación curricular. Sherlock Holmes progresa adecuadamente. Fu-manchú y el misterio de la familia monoparental. El impreso de matrícula maltés

A lo mejor es porque vengo de leerme La piedra lunar (1868) de Wilkie Colllins, que pasa por ser la primera novela policíaca de la historia. A lo mejor es porque me dio el sol viendo la serie Física o química pero me da la impresión de que todo esto es una locura. Los verdaderos problemas de la educación se soslayan mientras perdemos el tiempo con chorradas como esta. Posiblemente la solución pase por encontrar una carta escrita años ha por un viejo coronel retirado que estuvo en la India, mató a una persona, robó un diamante y está tratando de extorsionar a la actual ministra de Educación.
¡Desde El secreto de la pirámide (1985) no veía tanta relación entre detectives y colegios!

viernes, 2 de mayo de 2008

¿Tu criatura?


Había una vez (en 1975) un disco de Supertramp que se titulaba ¿Desaceleración económica? ¿Qué desaceleración económica? Eso es lo que alguien podría pensar estos días si recorre el centro comercial de cualquier ciudad española, fijo que cualquiera. La mía, seguro, lo constaté ayer por la tarde. Vistos el ritmo y la alegría con que la gente compra, consume y gasta, nadie diría que hubiese una crisis. La persona que iba conmigo ayer me comentaba, sorprendida, “La gente no se cree que haya crisis económica”. ¿Cómo lo van a hacer, si no se lo cree ni el gobierno!

Imbuido estaba en este frenesí comercial cuando, entre peña con bolsas de Zara, Mango y H&M, vi a una persona que me resultó familiar. Enseguida reconocí a un antiguo compañero de colegio, no un íntimo pero sí alguien con quien había compartido bastantes momentos. Da la casualidad de que, tras años sin vernos, hará unos días ya me lo encontré por la calle, pero él iba en coche y yo andando y no tuvimos ocasión de ponernos al día, solo de saludarnos con la cabeza (ya se sabe: el encuentro casual…). Esta vez lo vi y se paró conmigo, y curiosamente a sus pies enredaba un niño de poco más de un añito, vestido de bebé pijo.

Mi colega no es que fuera cani o bakala, su estilo tira más bien a clásico español (campo, toros, caballos, sabéis) pero ver a ese niñito ahí, tan primoroso, no sé... fue una estampa turbadora. Mi primera reacción fue pensar “alguien ha perdido a su hijo bebé, ¡qué malos padres!”, cuando veo que, tras saludarme, mi amigo coge al niño en brazos y lo zorrococlea.

Es entonces cuando yo me quedo sin habla y le digo, por dar fe de una obviedad: “¿Es tu, es tu… ¿criatura?” Sugerencia ridícula y monstruosa para mí, pero pensemos: estoy hablando con un señor de 30 años. Sí. ¿Cómo se llama? Tal y cual… Me afano por seguir el rastro de su dedo anular a ver si le veo una cosita, veo la banda dorada y pregunto: ¿Tú te casaste, no? Sí, hace cosa de año y pico. He estado viviendo un par de años en Uruguay y ya nos hemos venido, tú sabes, por culpa de este… dice mientras señala al rico retoño.

Un sudor frío me recorre la espalada. La madre está ahí dentro, haciendo unas comprillas (haciendo como que no hay crisis, pienso yo), y señala una joyería o una tienda de zapatos. Estupendo. Le doy la enhorabuena por partida doble (boda e hijo: han cantado Bingo, amigos), él me pregunta ¿Y tú qué tal? ¿Qué es de tu vida? Le hago somero resumen de mi currículum y me despido jovial, no sin antes reiterarle mi enhorabuena al papá.

Mientras me alejo, me vienen flashbacks de mis últimas salidas en pandilla con este chaval, de mi colegio, de antes. De antes. ¿Por qué me resulta tan extraño que un tipo de mi edad, con una carrera profesional (exactamente igual que yo) esté casado y con hijos? Tengo varios amigos que ya se han casado, otros viven en pareja hace años y tan contentos, pero he aquí el dato clave, amigos: ninguno tiene descendencia. En los tiempos que corren, es lo normal, pero lo otro (a nuestra generación nos parieron con veintitantos)… ¿por qué me resulta tan chocante?

A lo mejor la respuesta la encontramos en la camiseta de Naranjito que llevo puesta ahora mismo, pero sinceramente, no me da miedo ni me preocupa. Como decían los Byrds “para cada cosa hay un momento”.

jueves, 1 de mayo de 2008

Tres postales de mayo


Postal 1. Querido Jack Lee:

Tú no me conoces, pero yo te odio. ¿La razón? Porque hace 31 ó 32 años escribiste una cancioncilla titulada “Hanging On the Telephone”, cuya melodía es más adhesiva que un buchito de Superglue. Yo ya la conocía, y me gustaba, pero el viernes pasado tuve la desgracia de ir al concierto de un grupo que tocó una versión, y desde entonces la puta melodía no deja de rondarme por la cabeza. Sé que la tocaste con tu grupo The Nerves y que luego se la “diste” a Blondie, que la convirtió en un éxito. He escuchado la versión de Blondie unos cinco mil millones de veces esta semana, en casa, en el coche, incluso he estado a punto de canturrearla en voz alta en el trabajo en momentos inconvenientes (estaba con unos clientes, tu comprends…).

Ayer no pude más y asalté a un amigo en su casa para que me prestara la versión de The Nerves, ¿no la tienes en CD? pues me dejas el vinilo, me da igual. Tú y tus compis de grupo (Paul Collins, Peter Case) sabéis lo adictivo que es el pop y la desgracia que supone ser un yonqui de la música. Estas cosas no se le hacen a un fan.

Cuídate.


Postal 2. Querido Pablo:

¿Por dónde andas? En el Parnaso ya sé que no, pero no me hagas creer que estás arrimando el hombro en un barco de pesca o extrayendo cobre en una mina con tus hermanos los obreros. ¿Sabes? Empecé un blog titulado como un poema tuyo y va estupendamente, últimamente se ve que soplan vientos favorables para la poesía. ¿Qué por qué estoy tan cursi? Porque hoy he estado charlando con una señora que me ha hablado de sus lecturas, y de cómo conoció en persona a Adonis (el poeta sirio, ya sabes) y a Seamus Heaney (sí, el Premio Nobel de Literatura, como tú), el que tradujo Beowulf al inglés actual. Sí, la gente sigue creyendo que Beowulf es una peli con Angelina Jolie en vez de un poema épico, por eso hacen falta tus estatuas de bronce, Pablo.

Un abrazo, y no te pases de comunista.


Postal 3. Querido Dios:

Con toda humildad me dirijo a ti. Si Bono (el de U2) y Arrabal han hablado contigo, ¿por qué yo no? (Vale, no hace falta que respondas). Hoy he estado en una Primera Comunión, y cada vez que asisto a un sacramento me da por reflexionar. ¿La gente lo hace por ti, por que sí o para que les den regalos? La única que lo ha entendido ha sido mi sobrina de 5 años, que ha preguntado: ¿Por qué tenemos todos que hacer la Primera Comunión? Hay más filosofía en esa pregunta que en mi libraco de COU.

A lo mejor es porque respeto mucho los sacramentos católicos, pero no puedo con esa gente que los recibe (o manda a sus hijos a recibirlos) y se la pasan cascando. Vaya con los curas, etc, etc, etc… ¿A usted la obliga alguien, señora? Ah, creía. (Afortunadamente no era el caso en la comunión a la que he ido hoy).

Por último quería contarte que para estar a la altura me he vestido con chaqueta y corbata, ya sabes, de patrono. Y me he cruzado por la calle con una manifa obrera del 1 de mayo. Eso sí que mola, ¿eh? ¿Quién es el radical aquí: ellos con sus banderitas republicanas o yo con mi corbata de seda camino de una iglesia?

Adiós, Dios.
 
click here to download hit counter code
free hit counter