Vivencias polimórficas de un treintañero perplejo.

domingo, 9 de marzo de 2008

La gran fiesta de la democracia


No sé si será porque estoy viendo en Antena 3 la peli Vampiros (2000) de John Carpenter o qué, pero lo cierto es que otra vez vuelvo a desoír el consejo de Franco y a meterme en política. Voy a hablar de la elecciones.

Las jornadas electorales desde siempre me han fascinado. Cuando era chiquitito me hacía ilusión ir con toda la familia al colegio electoral, y luego esperé con ansia que me llegara la primera vez. Como cuando cumplí los 18 había habido unas elecciones tres semanas antes, pues me tuve que joder un tiempo más antes de perder la virginidad electoral y no pude experimentar esos magníficos “orgasmos democráticos” de los que arrobado habla Zerolo. Con el tiempo me he hecho más cínico, pero nunca he dejado de ir a votar, salvo quizás en algún absurdo referéndum que no aportaba nada.

Pero si hay algo que me mola de las elecciones es el circo que las rodea. Ya sabéis, amigos, que yo soy a las noticias bizarras lo que el personaje de James Woods a los vampiros: un cazador. Para comenzar, me encanta el lenguaje periodístico: lo considero el pesebre del cliché, el gran vivero de la frase vacua. Tal vez solo en materia de fútbol alcancen los periodistas más altas cotas de ridiculez y pomposidad en la expresión.

Repasemos algunos tópicos: “hoy 9 de marzo, treinta y cinco millones de españoles estábamos convocados a una nueva cita con las urnas para elegir democráticamente a nuestros representantes”. O este otro: “hoy se celebra en España la gran fiesta de la democracia”. ¿Qué fiesta, señores? Eso es como cuando de chicos íbamos a misa y nos decían que era una fiesta… pues la gente se aburría a tope. También resulta increíble la siguiente frase: “la normalidad ha sido la tónica dominante durante toda la jornada”. Por un día, en lugar de Schweppes o Nordic Mist, la tónica es Normalidad. Todas estas frases, por manidas arrancarán sonrisas, pero os aseguro que mis periodistas no me defraudan, y que hoy las he escuchado en TVE 1, Antena 3, Telecinco, Cuatro…

Pero para tópicos y fantasmadas electorales, ninguno le llega a la suela del zetapé, digo del zapato al clásico “todos han ganado”. “La primera ganadora ha sido la propia democracia”, pero luego vienen los demás. Hoy ha ganado el PSOE, por descontado porque van a gobernar el país y son los más votados, pero es que también ha ganado el PP, porque es el partido que más ha subido en votos, en escaños y en porcentaje de votos. Los nacionalistas porque serán clave a la hora de pactar. Rosa Díez ha ganado por pasar del cero que tenía al infinito (un escaño). Nafarroa Bai ha ganado por tener el nombre más molón, y en fin, así todos. El único que con un par ha salido y ha admitido perder ha sido el de IU, Gaspar Llamazares. Pobrecito, creo que no le habrá votado ni el Sabina.

Capítulo aparte merecen las incidencias. En una jornada marcada por la tónica de la normalidad (salvo en Euskadi, donde la jornada -claro está- ha estado salpicada de incidentes), si no hay noticias pues se inventan. Comienza el desfile: los líderes votando y todos diciendo lo mimmo (“es la gran fiesta de la democracia”), monjas votando, “Pepita, que con sus 103 años acude a votar”, el jubilado que se presenta papeleta en mano una hora antes de que abran, uno con un dorsal de la maratón de Bilbao, otro que se iba a escalar y llegó a pie de urna con el arnés y todos los arreos… este año parece que la tendencia la han marcado los perros. Deben ser reminiscencias del doberman de Álvarez Cascos, pero hemos visto a muchos votando con su chucho en la mano, incluido uno que acto seguido se marchaba a la caza del conejo (mire Vd. qué interesante).


Para mí el paroxismo (el orgasmo: Zerolo dixit) ha sido el momento Chejov que nos ha ofrecido el telediario de Antena 3 Televisión: Corrió la voz de que por el colegio electoral se había visto pasear a un nuevo personaje: la dama del perrito. Era una señora muy pija que acababa de votar perrete en brazos, y al preguntarle cómo había sido ir a votar con su perro, la mujer ha dicho: “Es mi hijo de cuatro patas, porque es español como yo”. Si César Millán levantara la cabeza…

sábado, 8 de marzo de 2008

Hablemos de Starbucks


Hablemos del Starbucks. La cadena estadounidense Starbucks de cafeterías se está convirtiendo en una franquicia tan imponente como pudo serlo McDonald’s o en España Telepizza. Siempre me refiero a mis impresiones, ya que no manejo datos. En mi ciudad los hay a pares, hemos pasado en cuatro años de no haber ninguno a tener creo que son seis, es de coña, hay una calle donde directamente tenemos dos. Recientemente he visitado varias ciudades de Portugal y lo que más me ha chocado ha sido la ausencia de estos locales. Ignoro si la cadena no tiene implantación en el país vecino (donde el café –bebida y establecimiento- es una auténtica religión, por algo tuvieron a Brasil de colonia) pero en cualquier caso si es que no los hay, los portugueses no saben la que se les viene encima.

En Estados Unidos los hay por todas partes, y también en Inglaterra, donde hay veces que te da la risa y vas por la calle contando cafeterías Starbucks. Y están siempre llenos, oiga. ¿Qué ofrecen? En mi ciudad siempre están llenos de gente y se ve que han tenido éxito para expandirse tanto. Hubo quien ejerció de Casandra y antes de que abriera el primero profetizó que la fórmula jamás tendría éxito, que aquí estábamos acostumbrados al cafelito y la media tostá, que nuestra cultura era otra… probablemente fuera el mismo abuelo que esta tarde estaba a mi lado en una mesa de un Starbucks comentando con toda familiaridad ¡Qué rico está este muffin! ¿Tiene arándanos?

¿Qué ofrecen? Café desvirtuado y a muy alto precio, pero entonces no tiene sentido tanto éxito. Como franquicia, la compañía ejerce una poderosa influencia en el cliente, machacándole su imagen corporativa y tratando de hacerla atractiva. Esto se consigue a base de un personal de exquisita educación y simpatía, versado en idiomas (para ese público guiri) y solícito en los detalles. Esto en sí mismo ya es un mirlo blanco en la hostelería de mi ciudad (sospecho que en toda España), donde los camareros mientras más profesionales más déspotas, bordes, estúpidos, vagos y prepotentes son. También se esmeran en crear un espacio agradable, un oasis de paz y tranquilidad en el ajetreo diario. Te ponen tu musiquita, casi siempre jazz o recopilaciones de altísima calidad (Frank Sinatra, canciones italianas, Bob Dylan, los Beach Boys, Ray Charles…), disponen de cómodos butacones donde te puedes quedar cuanto te apetezca.

Me da que ahí radica la clave del éxito (al menos en mi caso). Verdad que el café no es de primera (más bien son bebidas divertidas más o menos basadas en el café: frapuccino, moccaccino, caramel macchiato…, zumos e infusiones exóticas), pero los tamaños son imponentes. Al estar tan poco cargadas y ser más como batidos con nata, siropes, etc… las bebidas del Starbucks vienen en tamaños más propios de refrescos de hamburguesería que de tazas de café. Esto hace también que los precios sean elevadísimos (hoy me han preguntado ¿A dónde vas?, y yo he dicho Al Starbucks, y he tenido que escuchar ¿Tú sabes que allí el café cuesta 3 euros?), de 2,70 no baja el cafelito más simple, y si nos ponemos en una de esas fantasías de medio litro con hielo picado, nata, chocolate y sirope la broma se pone ya en cerca de cinco euros.

La comida está muy rica, y es verdad que está estereotipada, pero todo lo familiar que resulta para los anglosajones lo resulta exótico para nosotros. Hay muffins (magdalenas, gracias), cookies (¿lo dejamos en galletas?), cheesecake, carrot cake, cinnamon rolls, brownies… todo riquísimo y también carísimo. Vamos, que un homenaje de merienda en un Starbucks de ocho euros no baja, y a fin de cuentas te estás tomando un café con leche y una magdalena. Eso sí, bastante grandes, y ¡qué bien presentados, señora! Te puedes ir luego a tu mesita y ponerte a leer o a escribir que es lo que yo hago, y pasarte toda la tarde allí con tu consumición. Y si vas con amigos y hay tertulias, ya es el acabóse.


El Starbucks es entonces el lugar ideal para conversar cómodo (hay quien se espatarra o se quita los zapatos), con música agradable que además ellos te venden, y ese es para mí como dije antes el secreto de su éxito. En USA tenía amigas que hicieron de su cotilleo reposado en el Starbucks un ritual los domingos, y alguna vez tuve el privilegio de ser invitado. Para los guiris de mi ciudad (estudiantes yanquis y Erasmus o turistas) supone un genial refugio pecatorum que además les recuerda a su país de origen sin la cutrería del McDonald’s. Yo me he pasado en uno hoy más de tres horas, y al marcharme me he encontrado con una amiga norteamericana que también llevaba allí un buen rato leyendo sola. A mi lado había todo el tiempo animadas tertulias de adolescentes y universitarios más o menos pijos (el bolsillo pesa, amigos) y una reunión de jubiletas que admirados por aquello comentaban la similitud de pasarse toda la tarde en un Starbucks y las viejas tertulias de café estilo La colmena (1946). Solo que antes te la pasabas con un vaso de agua y un soneto y ahora es con un frapuccino caramel venti y un portátil conectado wifimente a Internet.

Conocimos la marca Starbucks en la saga de Austin Powers, en cuyas pelis la guarida del Dr. Maligno se encontraba en la sede central de la empresa de cafeterías, sita en Seattle, Washington, USA. Puede que se perciba a ciertas franquicias como heraldos de un supuesto Imperio del Mal globalizador (South Park también los ha criticado), hay gente que rechaza estas cadenas tan homogéneas por principio. Y, ojo, no es mi intención hacerles publicidad, yo solo digo que está claro que para tomarte un café bebido que te despierte no sirven, ahora… para relajarte un buen rato enfrascado en una buena novela sorbiendo algo dulce y calentito… (¡qué gay me ha quedado esta última frase, no?).

viernes, 7 de marzo de 2008

La cabaña del Turmo


20 de abril del noventa, hola chata, ¿cómo estás? Hablemos de letras de canciones y hablemos bien. Esto lo digo porque hay veces que no se escuchan tan bien.

¿Os acordáis de tan famosa canción de Celtas Cortos? Pues sin ir más lejos esta tarde en el trabajo he tenido un debate con mis compis sobre qué decía la letra, llegado el momento crucial de ¿Recuerdas aquella noche en la cabaña de…? Una dijo “Turbo”, otro “tubos”, yo dije “Turmo”… A lo mejor decía “en la cabaña me tumbo”. Lo cierto es que me he documentado para escribir esta entrada y en diez de las diez webs consultadas aparece “la cabaña del Turmo” como la opción ganadora. Quién el Turmo sea o deje de ser, o si no se trata siquiera de una persona, eso ya lo dejamos para los misterios de las letras de canciones (luego os resuelvo uno).

Pulula por las noches de Antena 3 un animado programa llamado Al pie de la letra que está haciendo las delicias de todos aquellos que añoraban el Karaoke de Telecinco con su especie de presentador/cantante con melenita guapera. Al pie de la letra es la adaptación del formato The Singing Bee y si no se trata solamente de un burdo karaoke es porque el programa intenta darle un giro inesperado a la cosa esta de cantar: de repente la música se para y, cual juego de las sillas musicales, los concursantes han de andar vivos para cantar lo que seguía, sin letreros que los guíen. Hay veces que sí les dan las palabras de la letra pero desordenadas, y, en fin, no me hagáis mucho caso porque la mecánica del juego se me escapa un poco a estas horas de la noche.

Tampoco llegué nunca a entender Furor, otro engendro de cante, caras guapas y gracejadas, y bien que disfrutaba viéndolo. Pero Al pie de la letra es algo más, es un espacio que Antena 3 ha puesto para colarse en nuestras casas a la hora de la cena y lavarnos el cerebro. El programa se emite diariamente (Irene la de Filosofía bien apuntó en un comentario que el día del debate incluso hubo un “especial” con celebrities), y en su nómina cuenta con unos cuantos concursantes reciclados de las postreras ediciones de Operación Triunfo. ¡Pa lo que han quedao!

Ayer o anteayer el programa contó con el morbete añadido de ser temático: todas las canciones del concurso tenían la particularidad de pertenecer a la tan sobada “Edad de oro del pop español”, por otro nombre la “Movida”. Desfilaron ante nuestros oídos, en lugar de la acostumbrada mezcolanza de éxitos estivales, coplas-dramón y baladas de otoño, en lugar de eso, digo, desfilaron las más granadas canciones españolas de los ochenta en el recuerdo. No faltaron por supuesto “La chica de ayer” de Nacha Pop (¿seguirán ingresando royalties por ella? Se van a hacer un palacio de oro si cobran cada vez que suena…), “A quién le importa” de Alaska y Dinarama (¿le importa a alguien, de verdad?) o esa de Tino Casal que dice “Stop mi hada, estrella invitada”. Por cierto, que como estrellas invitadas en esta ocasión el programa contaba con los cantantes Roser, David Civera, Natalia OT, La Terremoto de Alcorcón (te odio, Ana, NO se parece a Amy Winehouse –lo malo es que sí), Paz Padilla (?) y el alto del Dúo Sacapuntas (???).

Hablo de estas canciones con un poco de desdén porque se repiten mucho, pero en el fondo me encantan. Para que veáis, hace diez días estuve en casa de una amiga tomando café y jugando en la Play Station 2 al Singstar (edición especial “La edad de oro del pop español”). Traducción: más de dos horas desgañitándome con un micrófono frente a los vídeos de Gabinete Caligari, Danza Invisible, Modestia Aparte, Los Rebeldes, Duncan Dhu, La Frontera, La Guardia, Los Nikis... Ni Joaquín Luqui, oiga. Lo peor no fue eso, lo peor es que mis dos contrincantes cantaban las canciones y se las sabían todas mejor que yo. Es que a mí, en cuanto me sacan de Elvis…


Al principio os hablé de las misteriosas letras del pop español. ¿Alguien entendió “Eloise”? Me refiero a la versión de Tino Casal, no a la de Barry Ryan. ¿Alguien fue alguna vez capaz de comprender la letra de “Eungenio Salvador Dalí” de Mecano? Para mí, una de las más frustrantes en cuanto a desafío lírico siempre ha sido “Lobo hombre en París” de La Unión, tema que por cierto, inexplicablemente no viene en el repertorio del Singstar. Cuántas veces –Dios mío- no me habré descojonado yo cantando eso de “sorprendido espiando/ el lobo escapa aullando/ y es mordido por el mago del Siam”. Haced la prueba, mientras más alcohol en sangre más gracia hace.

Pues bueno, resulta que el otro día me da por comprar un libro de Boris Vian al azar, uno de relatos titulado El lobo-hombre (1952) y me encuentro con que la primera historia (la que da título al libro) trata sobre un lobo (“su nombre Denis”) que espía a las parejas mientras hacen guarreridas y “es mordido por el mago del Siam”, que por cierto no es la actual Tailandia sino una versión del juego de los bolos (o eso explica el anarquista y jazzístico Vian). Me quedé de piedra. ¡De pronto todo tenía sentido! La letra de la canción, la historia, ¡todo! Con la luna llena el lobo se convierte en hombre al ser mordido por un hombre y se va a París, donde conoce a una chica que “mientras está cenando, junto a él se ha sentado”, etc, etc. Todo está en el cuento de Boris Vian. Ahora va a resultar que La Unión eran unos eruditos de tres pares de cojones, citando en su exitazo de 1984 a un vanguardista autor francés, en vez de unos paranoicos que escribieron lo primero que se les vino a la mente.

Y pensar esto me hizo preguntarme, con desasosiego: ¿mira que si la absurda letra de “Sabor de amor” está sacada en realidad de un poema de Rubén Darío?

miércoles, 5 de marzo de 2008

Saber perder


Hace cuatro años un primo mío me contaba que se iba a presentar a las oposiciones de profesor de Latín, sin haberse preparado el temario. Me caiga el autor que me caiga me da igual, me explicó, sobre todos diré lo mismo: demuestra un hondo conocimiento del alma humana. Ignoro si le cayó Séneca o Plauto, pero el tío y sus cojones aprobaron con plaza. La frasecita me ha traumado desde entonces, y he encontrado un autor que, sin ser mi favorito (hice trampa), demuestra un hondo conocimiento del alma humana.

Citando a Astrud, “tú lo llamarás literatura, pero yo lo llamo mentalismo”. Me resulta increíble que David Trueba tenga una intuición tan fina a la hora de escrutar y (re)presentar los sentimientos. En su día expresé mis dudas acerca de si este escritor sería tan eficaz desnudando emocionalmente a las mujeres como lo es con los hombres, y un lector anónimo me contestó que no. Continúo sin saberlo porque, a pesar de las diarias exhortaciones que se me hacen desde los medios de comunicación, todavía no me he cambiado de sexo. No sé si en su última novela Saber perder (2008) el Trueba shico logra una radiografía convincente de las féminas pero la novedad es que por primera vez lo intenta.

Saber perder es la nueva obra de David Trueba, uno de los personajes "Oro" de Estatuas Verdes. Es una novela de 520 páginas, que me he leído a velocidad récord por ser vos quien sois. A otro autor le hubiese dicho tururú, pero me intrigaba averiguar si Trueba era capaz de sostener en una obra de largo aliento (como cursimente se llama a los novelones) las muchas virtudes que ya dejó ver en sus dos primeros libros. Mi veredicto es claro: no estamos ante una obra maestra, ni siquiera ante una novela digna de pasar a la historia de la literatura, y sin embargo, recomiendo a todo el mundo su lectura pues pienso que en ella se encuentran muchísimas cosas de valor: acaso un espejo donde mirarnos nosotros mismos.

Las dos anteriores entregas de David Trueba rondaban las doscientas páginas, y quizás la longitud de esta última sea un lastre a la hora de acometerla. Por otro lado, es innegable que Trueba posee la maestría a la hora de narrar, el don de contar historias y hacerlas interesantes. Domina con precisión los mecanismos del suspense, de la presentación de la trama, de la caracterización de los personajes. Su lenguaje es coloquial sin resultar callejero y su estilo fresquito, pero eso hace también que como escritor no alcance más que la nota de notable (por oposición a sobresaliente).

No hay aquí grandes hallazgos del lenguaje, Trueba no es Eloy Tizón ni Roberto Bolaño, ni falta que le hace. Él hila con oficio una dignísima novela que es la historia entrelazada de cuatro personajes cuyo denominador común es el experimentar una pérdida. El “perder” del título revela la polisemia de la novela: perder un partido de fútbol, perder a un ser querido, perder la cabeza, perder dinero, la dignidad, la propia vida. Y aún así no diría yo que estos cuatro protagonistas sean prototípicos perdedores, son más bien gente normal que en un momento dado pierde. Siga jugando.

Me da la impresión de que el background cinematográfico del autor como guionista y director pesa mucho sobre su producción literaria. Me aventuro a decir que no me extrañaría que Saber perder hubiese nacido en la mente del escritor como un guión para una película que se le fue de las manos. La historia y su planificación son muy de cine, el modo de presentar a los personajes también. Las secuencias se suceden a la maniera de Expiación, de modo espiral; hay pequeños saltos adelante y atrás en el tiempo con la misma escena presentada desde distintos puntos de vista. La historia del delantero argentino Ariel, la adolescente Sylvia, su padre Lorenzo y el anciano Leandro representan una interesante tranche de vie de la España post 11-M. Si en este país hubiese televisión de calidad y mercado para consumirla (como en Gran Bretaña, Francia o USA), pienso que Saber perder hubiera dado para una cojonuda miniserie de cuatro capítulos.

Como me ha chivado la lectora Ana en un comentario, Trueba dice en las entrevistas que el argumento de esta novela sería insoportable de no ser por su carga de humor. De acuerdo con él en que el humor es vital en el arte y en la vida, pero David, hijo mío, no me parece a mí que esta sea tu novela más humorística. Las otras dos eran un desgüeve perpetuo, esta la has llenado de desgracias y te has pretendido ir de filósofo. Y te ha salido bien, no perfecto pero sí muy bien. Saber perder es tu mejor novela, pero te ha quedado un pelín cruda por dentro. A ver si con la próxima te sales, porque está claro que vas a más como escritor.

¡Y que este hombre no esté en un consejo de sabios o algo!

martes, 4 de marzo de 2008

Los dos caras de la política

Por petición popular, Estatuas Verdes entra a realizar un riguroso análisis del debate de ayer lunes.


Cara (dura) A: El señor José Luis Rodríguez Zapatero, candidato del PSOE, se limitó a reproducir su discurso vacuo y triunfalista al que nos tiene acostumbrados en estos últimos cuatro años de desastrosa legislatura. Las líneas maestras de su argumentación, siempre a lomos del falaz caballo del buenrrollismo, consistieron en una reiteración de los supuestos logros sociales consolidados durante su mandato (Ley de Igualdad, Ley de Dependencia) y sus supuestas conquistas políticas en pro de la paz perpetua (léase Alianza de Civilizaciones, retirada de las tropas de Irak y negociación con la banda terrorista ETA).

Carente de ideas o propuestas novedosas en economía (su receta mágica contra la crisis imperante –desaceleración, como él la llama- consistió en crear un observatorio de los precios, que ya existe) se limitó a reproducir su simplista visión de la inmigración y a prodigar promesas de difícil cumplimiento en lo presupuestario, como la creación de nuevas plazas de guardería, subvenciones de toda laya y jaez, viviendas para jóvenes o una igualdad salarial entre sexos que curiosamente no ha parecido preocuparle en cuatro años en la presidencia del gobierno.

Incapaz de rebatir con argumentos los ataques del señor Rajoy, Zapatero no paró de reprochar al candidato popular las supuestas mentiras del 11-M, la sempiterna Guerra de Irak y otros asuntos de la era Aznar. Por su parte, el candidato por el PP Mariano Rajoy defendió con denuedo su visión de España, presentando las propuestas de futuro que su partido aporta a la campaña. Rajoy recordó a Zapatero cómo el PSOE ha dilapidado la boyante herencia económica de la legislatura Aznar, el alza de precios, el descontrol de la inmigración ilegal y el desmantelamiento de la educación pública. Rajoy se mantuvo firme y denunció el uso indigno que de las víctimas del terrorismo ha hecho el actual gobierno y cómo Zapatero y su ejecutivo mintieron en relación a su negociación política con la ETA. La incapacidad de ZP para responder convincentemente acerca de este y todos los temas convirtió a Rajoy en el claro ganador del debate.


Cara (dura) B: Una vez más, el candidato del PP Mariano Rajoy demostró que representa a la más radical y rancia extrema derecha en que su partido habita desde que abandonara su pretendida posición de centro. El “cara a cara” nos devolvió al Rajoy más bronco, más violento, incapaz por completo de realizar propuestas constructivas. Basó en el reproche continuo y la interrupción su estrategia de desgaste, frente a un Zapatero que ofreció su proyecto de gobierno para los próximos cuatro años. Rajoy subrayó la alergia del PP al diálogo y el entendimiento cuando reprochó con mentiras al candidato socialista su supuesta negociación con ETA, tergiversando los hechos a su estricta conveniencia.

Otro mantra que presidió las intervenciones del candidato de la derecha fue el relativo a la inmigración, a la que de modo simplista culpó de los males de este país en lo económico y lo social, esgrimiendo su famoso “contrato para inmigrantes” (deudor de la ultraderecha populista) y obviando las cinco regularizaciones extraordinarias que tuvieron lugar bajo el mandato de Aznar. También guardó silencio, cuando no mintió frontalmente, respecto al apoyo de su partido a la ilegal Guerra en Irak y a las mentiras del entonces gobierno sobre el 11-M (siempre espoleadas por una teoría conspirativa financiada por los obispos y cierta prensa).

A la dureza y los reproches de Rajoy, el candidato Zapatero contrapuso sus propuestas de gobierno para el futuro, recogidas en un novedoso “libro blanco” que ZP puso a disposición de la moderadora y de su oponente, quien en todo momento se mofó de la iniciativa. Además de medidas que palien la actual fase de desaceleración económica (enmarcada en un contexto mundial), Zapatero expuso sus promesas en materia social: mejora de la conciliación familia-trabajo, igualdad real entre géneros, diálogo entre inmigrantes, patronal y sindicatos o acceso de los jóvenes a la vivienda. El actual presidente, que en ningún momento se crispó ni perdió los papeles frente a un vocinglero y demagogo Mariano Rajoy, fue el claro vencedor de este debate por una pura cuestión de integridad y voluntad de cohesión de la ciudadanía.

(Táchese lo que no proceda)

lunes, 3 de marzo de 2008

Me voy de moderno


Ya lo advertí en la primera entrada de este blog: no soy ni in ni moderno. Sin embargo, sí me permito decir que soy indie, más indie que tú, lector. Mientras veo a medias ese festival del humor que llaman Debate Electoral (¿hablamos de patatas, de bonobuses, de ruedas de bici…?), un querido amigo y lector me envía un mensaje en el que dice acerca de los candidatos que “están gigantes”. No puedo evitar sonreír y pensar en la canción de Deluxe titulada precisamente “Gigante”. España y yo, señora, somos así de indies. En lugar de galletas María yo desayuno mojando en leche vinilos de siete pulgadas.

Como en esto del indismo está la cosa muy mala y quien no corre vuela, hoy recurro al Diccionario del esnob del rock (2005), en el que David Kamp y Steven Daly nos advierten de que el tal esnob (modelo musical) “no resiste la idea de que tú sabes más que él sobre un determinado aspecto de la música”. A mí me ha pasado hoy, al leer con toda humildad el post que El perro lunar ha dedicado al interesantísimo grupo indie neoyorquino Vampire Weekend, que desconocía. Mañana ya iré diciendo que tengo de politono en el móvil su canción “Mansard Roof” desde hace meses...

Por eso me permito llamar la atención hoy sobre dos de mis artistas alternativos favoritos en lo que llevamos de 2008. El año ha empezado fortísimo, con nuevos discos de Radiohead y Supergrass, y otros en el horizonte de The Kooks, Young Knives o The Last Shadow Puppets (gente de Arctic Monkeys y The Rascals). Y eso solo en Gran Bretaña. Hace poco han salido a la venta dos discazos también británicos; el 21 de enero de 2008 se editó Falling Off the Lavender Bridge de Lightspeed Champion, y el 8 de febrero conocimos Hold On Now, Youngster… de Los Campesinos!


Lightspeed Champion es el nombre artístico de Dev Hynes, ex de aquel grupo indie-gamberro que eran Test Icicles. No sé si es él solo, supongo que se presenta con banda. De momento, la semana pasada actuó en la entrega de los premios de la revista NME con un señor disfrazado de Chewbacca a la guitarra, según me comenta mi contacto en Londres. Allí cantó la que a mi juicio es la canción del año (¿aceptamos por lo menos “estribillo del año”?), la preciosa y vitalista “Galaxy of the Lost”. ¿Es esto folk? ¿Anti-folk? ¿Pop de cámara? No sé, me dice un amigo tras ver el videoclip, pero es curioso.

Dejando aparte su estrafalario aspecto (gafunis de pardillo, guedejas mal peinadas, ropa penosa) y su bizarra puesta en escena (ahí está YouTube), este Lightspeed Champion es un auténtico fenómeno del pop indie. Canciones bonitas, señores, bonitas. Violines, instrumentos de viento, guitarras acústicas, armonías vocales… y todo envuelto en unas letras inteligentes y una estructura de canciones no previsible. Le escuchamos cantar “Esto se está yendo todo a la mierda” tan dulcemente que parece que nos está pidiendo rollo.


Si hablamos de sorpresa y de música divertida es ineludible la mención al septeto galés Los Campesinos! En un mundo post-Belle & Sebastian hay que tener cuidadín con los grupos lánguidos cimentados a base del contraste de vocecillas masculina y femenina (todavía estoy en tratamiento tras escuchar esta tarde en Radio 3 a los grupos finalistas del concurso de maquetas del festival ContemPOPránea 2008). Los Campesinos! no son para abrirse las venas, son divertidos.

Su tema ganador es el single “Death to Los Campesinos!”, un cuidado ejercicio de pimpinelismo popero en torno a un episodio de choriceo en una tienda (entre otras cositas). Sus títulos largos y pseudointeligentes (p.ej.: “Así se escribe ‘Ja, ja, ja, hemos destruido los sueños y esperanzas de una generación de falsos románticos’ ” –esto es, traducido, el título de una canción) nos recuerdan a otros ilustres indies galeses como Super Furry Animals o Gorky’s Zygotic Mynci. También sus gritos, cambios de ritmo y concepto festivo de la música, entendida como broma. Y es que la música debe ser divertida, es una broma. Salvo que me toquéis las bolas indies, ¿eh? Entonces me pongo muy serio.

domingo, 2 de marzo de 2008

Todo lo que usted siempre quiso saber sobre Toyota y nunca se atrevió a preguntar


Varsovia, julio de 2003. En un albergue juvenil post-soviético, un grupo de mochileros trata de hacer la digestión de una improbable olla de pasta en sus molestas literas. Pero hay alguien en el grupo que todavía no está preparado para dormir. En el silencio de la noche, su voz lanza la pregunta. ¿Sabéis cuál es el animal más mortífero del mundo?

Dudas, rezongos, respuestas que se traducen por “queremos dormir”: el tigre… el león… la cobra… ¡No!, ataja el mochilero mejor informado. Se trata del pulpito anillado. Risas generales. Lo pone en un libro de récords que me leí en la infancia. Es el pulpito anillado, por su temible veneno paralizante. En el libro también ponía otras cosas interesantes, como que el coche más vendido de la historia es el Toyota Corolla.

Aquí las carcajadas del personal se escucharon ya hasta en el Mar Báltico. ¡Claro que sí, hombre! El coche más vendido de todos los tiempos en todo el mundo no es un modelo de Ford, ni de Renault, ni el omnipresente Volkswagen… va a ser un japonés, y además el Corolla. Alguien zanjó aquí la charla con un ¡Os vais a callar de una puta vez? desde su litera, y ahí quedó la cosa. ¿Lo más basto del asunto? Que mi amigo el aficionado a los récords tenía razón.

¿Cómo es posible que eso se así? Cuando fui a Estados Unidos al mes siguiente de estar en Polonia me di cuenta: en USA hay más Toyotas que árboles. In-cre-í-ble. El mote que tienen es “coches de arroz”, término despectivo que designa a los vehículos asiáticos, aunque por ejemplo la casa Toyota tiene cinco plantas de producción en territorio estadounidense. Al parecer, les perdonaron pronto el hecho de que la Toyota fuera la suministradora oficial de camiones del ejército imperial japonés durante los años 30 y 40.

Para colmo, la marca ha mantenido el nombre de su modelo más popular, el Corolla, durante más de cuarenta años. Cada vez que lanzaban al mercado un nuevo Toyota le llamaban “Corolla”, aunque no tuviera nada que ver con el anterior, y eso ha posibilitado que las ventas totales del modelo se extiendan durante cinco décadas. Supongo que esto está relacionado con el kaizen, o espíritu de superación que es el lema de la empresa. Evolucionar siempre para mejor.

Con más de treinta millones de cochecitos vendidos desde que salió en 1966 (eso es uno cada 40 segundos), el Corolla pasó a la historia a finales del año pasado, cuando su producción terminó. El modelo de 2008, con ser muy parecido al último Corolla, fue bautizado como Auris. Yo fui uno de los que compró un Toyota Corolla a finales del 2007, a sabiendas de que pronto habría un modelo nuevo más completo (y también más caro). Confieso que yo, con que tenga radio CD… por eso me dejé asesorar por expertos, y varias personas me recomendaron que sin duda comprara un japonés.

Ahora me encuentro con que muchos amigos y conocidos también conducen Toyotas (Yaris, Corolla, Auris, Avensis), y el otro día una compi de trabajo me dijo que, tras mucho pensarlo (y oírme gritárselo), había decidido comprarse un Auris. A mi novia llevo meses haciéndole guerra psicológica para que se pille el nuevo Yaris. Y, no, la empresa no me paga por hacerle propaganda, es solo que estoy muy contento con mi coche y lo quiero pregonar.

Dos años después de despertarme en aquel albergue, mi amigo el del Corolla y el pulpito anillado me presentó en Bruselas a un chaval medio español-medio irlandés que al parecer había trabajado como publicista para la empresa japonesa de automoción que nos ocupa. Yo soy el que escribió el eslogan “Today. Tomorrow. Toyota.”, me contó orgulloso. Pues espero que te pagaran bien, chulo, porque no pasa día en la tele, prensa o radio desde hace años en que no aparezca tu frasecita lo menos cincuenta veces. Y ahora que lo pienso, la publicidad funciona: a mí me convencieron. Kaizen!
 
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