Vivencias polimórficas de un treintañero perplejo.

jueves, 10 de enero de 2008

"Cosas veredes, amigo Sancho"


Querido diario. La razón principal por la que te estoy escribiendo es para contarte acerca de los maravillosos y mágicos sucesos que me ocurrieron anoche –sucesos que han hecho que altere para siempre mi percepción de esta cosa loca y mantecosa que llamamos vida. Todo empezó el jueves a eso de las diez de la noche….
(Homenaje a Chris Peterson)


Lo admito: tenía escrito ya otro post. Sin embargo, hoy estaba cenando y viendo La 2 cuando por poco me atraganto con lo que salió por la pantalla de mi televisor. Nada menos que imágenes de Phil Spector, Burt Bacharach y Brian Wilson una detrás de otra, así, sin previo aviso. ¡Menuda Trinidad, eh? ¿Sería acaso un sueño o visión? ¿Me lo estaría inventando? No, amigos, estas imágenes fueron emitidas por la segunda cadena de RTVE, “sé que no lo soñé”, como diría el Sabina.

Vayamos por partes. La razón de que esto saliera por la tele es que se trataba de un programa de música, que ponen todos los jueves y que se llama No disparen al pianista. Yo ya lo había visto otras veces, exhibe una graciosa mezcla entre música comercialoide y de calidad, intenta navegar entre dos aguas, lo cual a mí me parece un acierto pero le auguro una pronta retirada de la parrilla. Por ejemplo, un día salieron Amaral, Pereza, Quique González, hablaron de Wilco y sacaron al Neng recomendando discos. Lo bueno del programa es que alterna las entrevistas y los reportajillos con unas actuaciones en directo muy interesantes, con duetos inesperados y versiones exclusivas.

Pues hoy han salido (entrevista + actuación) La Cabra Mecánica, Pignoise, Despistaos y un reportaje de Deborah Ombres comprando vinilos. En esto aparece Johan (esa especie de personaje de The IT Crowd que pululaba hace unos años por MTV España) entrevistando en Barcelona a un “misterioso productor y compositor”. Por algún motivo no desvelado, la entrevista se realizaba en la Sala Bagdad, con lo que de vez en cuando se cruzaba ante la cámara algún que otro muslo de jamona que mataba todo el rollo indie. El misterio: el entrevistado era nada menos que Guille Milkyway, figura del indie patrio, ex empleado de Nesquik y mastermind tras la campaña de “Amo a Laura”. Pero un respeto, oiga, que lo mejor que ha hecho el Milkyway es inventarse La Casa Azul, un grupo de pop entre el sonido chicle, el ye-yé, el technopop, los girl groups sesenteros y el conjunto Parchís.

¡Acabáramos! Y como Guille se ha sacado de la manga a este grupo (el grupo es él) pero ha contratado a unos actores de buen ver y estética modernita para salir en las portadas y los videoclips, pues no han tenido otra que compararlo con otros “genios en la sombra” de la industria discográfica: nada menos que los señores Phil, Burt y Brian. De ahí los mencionados clips que me hicieron toser, trufados con el video de “Amo a Laura”, otro de La Casa Azul (cuyo último álbum ha recomendado Deborah Ombres, por cierto) y el muslamen de las strippers del Bagdad. ¿Esperpento? ¿Surrealismo? ¿Españolada? Tan solo pensad esto: se paga con vuestros impuestos.

Pero me estoy guardando lo mejor del programa para el final. El colofón ha sido otra entrevista/actuación de nada menos que Kiko Veneno, Raimundo Amador, Peret y Muchachito (Bombo Infierno). Han acabado con una de Peret (“El muerto vivo”), pero antes nos habían deleitado con una versión de “Palabras para Julia”, el poema de J.A. Goytisolo, que simplemente me ha puesto los pelos de punta. Y yo pregunto: ¿hay futuro para un espacio de música pop en una televisión pública, sobre todo si programa estas barbaridades? De momento, yo el jueves que viene no me lo pierdo, no sea que lo cancelen.

miércoles, 9 de enero de 2008

De superhéroes, Teoría Crítica y La Costa Brava


Viñeta: En una enorme pantalla plana, la FNAC de mi ciudad emite en sesión continua Spiderman 3 (2007), última incursión cinematográfica del Hombre Araña, para promocionar el nuevo formato Blu-ray Disc. En esa misma tienda compro en DVD Batman Begins (2005), impelido por la enorme publicidad de The Dark Knight (2008), última incursión cinematográfica del Hombre Murciélago. Esta espero verla en el cine, pero como yo con Batman me quedé en la anterior saga, quería estar al día. Batman Begins me gusta, pero no me entusiasma. Durante los primeros 45 minutos no sé si estoy viendo una de Batman o Kill Bill Vol.2.

Parece que están de moda la pelis de superhéroes, ahora hay tantas que hasta da lugar a que salgan unas buenas y otras malas, unas tienen éxito y otras fracasan. A mí me fliparon X-Men (2000) y X2 (2003), sobre la Patrulla-X. También son entretenidas las dos que se han hecho sobre Los 4 Fantásticos.


Ensayo: Los superhéroes, esos nuevos Dioses del Olimpo con poderes increíbles pero vicios y virtudes muy humanos. Dado su poder de galvanizar a las masas y su nacimiento en el medio del cómic, siempre han sido objeto de estudio de la Semiótica y los Estudios Culturales. Un amigo me cuenta que Eric Hobsbawm escribió que hoy día el personaje de Batman puede tener una importancia equivalente a la que en su época tuvo el de Hamlet.

En la novela Finalmusik, aparece una profesora de semiótica que “mezcla bien tónica y gin y limón y hielo, como mezclaba a Santo Tomás de Aquino y a los neopositivistas lógicos para estudiar los disfraces de los superhéroes de tebeo (…)”. Legendario es ya el ensayo de Umberto Eco “Superman: El mito del superhéroe”, de Apocalípticos e integrados (1964). En él, Eco explica que Superman “[p]osee las características del mito intemporal, pero es aceptado únicamente porque su acción se desenvuelve en el mundo cotidiano y humano de lo temporal”. De aquí surge una paradoja que hace que, por ejemplo, Superman nunca se case con Lois Lane porque entonces estaría dando un paso irreversible y se saldría de la “intemporalidad”.


Canción: La fascinación por los superhéroes y sus aventuras alcanza de lleno al grupo indie español La Costa Brava, cuyos tres primeros discos (para Grabaciones en el Mar) se reeditan estos días juntos bajo el título genérico Futuros padres. El imaginario de este grupo aragonés bebe directamente de la cultura popular: el futbolista Ronaldo, la diva Beyoncé Knowles, El diario de Patricia, la actriz Natalia Verbeke, la niña secuestrada Natasha Kampusch…

En su primer disco tenían una canción titulada “Gwen Stacy”, sobre la traumática muerte del primer amor del Hombre Araña a manos del Duende Verde (me pregunto qué diría Eco sobre esta tragedia en el universo Marvel… esto sí que es un paso irreversible, aunque ya se sabe que luego los personajes resucitan). En el último incluyen un tema (“Amor bajo cero”) cuyo narrador es el Hombre de Hielo de la Patrulla-X, y otro en que cantan “llamando a Justicia Poética”. ¿Se tratará de un nuevo superhéroe con poderes retóricos y literarios?

martes, 8 de enero de 2008

Hay que leer a Faulkner... ¿no?


Hoy escribo desde la más absoluta ignorancia, lo que resulta muy liberador. Pero tenía ganas, ya que siempre estoy “he leído esto o aquello”, de hablar de lo que no he leído. Y lo que no he leído, en este caso es la obra del escritor norteamericano William Faulkner (1897-1962). Sé que es un indiscutible Grande del siglo XX, renovador del lenguaje y la forma, e imprescindible no solo en la literatura americana sino en la universal. En la anterior frase he estado a punto de poner el adjetivo “yanqui”, pero ¡nooooo!: he recordado a tiempo que Faulkner es el máximo exponente del Sur de los Estados Unidos (al menos del Sur mítico).

Lo que me pasa con Faulkner es que tiene fama de difícil, o de imposible, y como sus temas no me llaman mucho la atención, pues me da pereza acometerlo. Sé que en este mismo blog he defendido la literatura que requiere esfuerzo por parte del lector, pero como dijo Juan Manuel de Prada, “la vida es demasiado corta y hay demasiados libros para andar leyendo lo que no nos gusta”. Faulkner me intimida, lo admito, me da miedo. Miedo, por ejemplo, de comenzar uno de sus libros y tener que dejarlo porque no me entero de nada. O porque me aburre soberanamente. Hay que tener cuidadín con estos monstruos de la prosa, que te la pueden meter doblada en cualquier momento. A mí me ha pasado leyendo a Joyce y a Proust, que me han parecido insoportables. Kafka, por el contrario, me ha encantado, y es que nunca se sabe.

Ni siquiera durante la carrera me hicieron leer a Faulkner, y así me libré. Bueno, admito que un año había que leer un cuento suyo titulado “A Rose for Emily”, pero yo me escaqueé. Como entonces no sabía que ese era el título de una canción del disco Odessey & Oracle (1968) de The Zombies, ni siquiera tuve curiosidad por el relato. Yo solo vi FAULKNER en letras de fuego sobre la página y dije: “¡Uuuuuhhh!” Paradójicamente, un amigo muy lector me recomendó el otro día con entusiasmo los cuentos de Faulkner como la mejor manera de introducirse en el autor. Como ya conté aquí, ahora leo muchísimos cuentos, así que igual me animo.

Lo que parece poco probable es que me vaya a poner con alguno de sus novelones: El ruido y la furia (1929), Mientras agonizo (1930), Santuario (1931), Luz de agosto (1932) o ¡Absalom, Absalom! (1936). Y que conste que no lo estoy atacando para nada: este hombre es uno de los maestros del monólogo interior, inventor de una región ficticia (Condado de Yoknapatawpha) como hicieron luego García Márquez o Juan Benet, ganó dos Pulitzers y dos National Book Awards, le dieron el Premio Nobel en 1949… otra cosa es que a uno le apetezca leerlo.

Su magisterio es indudable, sé que influyó en los ya citados más en Cortázar, Vargas Llosa, Onetti, Alejo Carpentier, Isabel Allende, David Trueba o Félix Grande, por citar solo los de lengua española. Y más allá. Siempre recordaré una irónica escena de Amanece que no es poco (José Luis Cuerda, 1988), película que se desarrolla en un poblacho castellano muy surrealista. El pueblo es rural y agrícola, pero cuando llega a él un argentino que escribe “novelas famosas”, lo que no le perdonan en la vida es que haya plagiado Luz de agosto. “¿Es que no sabe que en este pueblo es verdadera devoción lo que hay por Faulkner?” – le increpa el cabo de la Guardia Civil, interpretado nada menos que por José Sazatornil.

Bromas aparte, está claro que el escritor de Mississippi no quedará como autor best-seller en plan Ken Follett, ni falta que le hace. Antes he mentido al decir que no conocía nada de la obra de Faulkner: ahí están sus guiones para las pelis El sueño eterno (1946) y Tener o no tener (1944), que sí he visto. Quizás sea el aspecto más mediático de su obra, porque los libros... El propio Faulkner, en una ya clásica entrevista que concedió en 1956 a The Paris Review, da la receta para acercarse a su literatura:

Entrevistador: “Algunas personas dicen que no entienden lo que escribe, incluso después de leerlo dos o tres veces. ¿Qué les sugeriría que hicieran?”

Wiliam Faulkner: “Que lo leyeran cuatro veces”.

lunes, 7 de enero de 2008

Viaje a Darjeeling


Este Año del Señor de 2008 lleva con nosotros apenas una semana. Pues bien, aun a riesgo de exagerar me atrevo a decir que ya he tenido mi momento cumbre del año en lo que a cine se refiere. Estoy hablando de la película Viaje a Darjeeling (The Darjeeling Limited), dirigida por el norteamericano Wes Anderson en 2007. Esta peli me ha producido una impresión tal que dudo mucho que ninguna otra pueda siquiera acercársele en los próximos doce meses.

Como no entiendo de cine, no voy a hacer una crítica ni a hablar de su técnica cinematográfica. Sí voy, en plan “Estética de la recepción”, a explicar qué efecto ha tenido en mí como espectador/lector esta película y por qué me ha gustado tanto. No hay que irse muy lejos, la misma Wikipedia nos recuerda que “un texto (ya sea un libro, una película, o cualquier otro trabajo creativo) no es simple y pasivamente aceptado por la audiencia, sino que el lector interpreta los significados del texto basado en su bagaje cultural individual y experiencias vividas”.

A mediodía, chateo con mi amigo indio, quien me dice una sencilla receta del sur de su país (se fríen patatas cortadas en dados, se zambucan en una lata de leche de coco, se añade curry en polvo, chile en polvo, sal y se deja que dé un chup-chup durante diez minutos). Por la noche, veo una película ambientada en la India. Este dato no es casual, ya que se trata de la historia de tres hermanos (Owen Wilson, Adrien Brody y Jason Schwartzman) muy diferentes pero condenados a soportarse a cuenta de un viaje de convivencia y espiritualidad que uno de ellos propone a raíz de su distanciamiento durante el último año. La India aparece así como el telón de fondo ideal para toda esa espiritualidad new age y buenrrollista mal entendida en la que se sumergen los hermanos (mal entendida por los occidentales, porque los indios siguen a lo suyo en sus templos y con sus ceremonias, tan normales allí como aquí una misa católica).

La premisa de la peli es, pues, un viaje en tren, y ya sabemos que toda peli/novela es en el fondo un viaje, pero es que esta lo es además en la forma. Si se me permite, es una rail movie. Luego está el asunto de las familias mal avenidas (por decirlo suavemente), que Anderson ya trató de manera inquietante en su peli Los Tenembaums: Una familia de genios (2001). Prefiero no desvelar más datos de la trama o las relaciones entre los personajes porque parte del atractivo de Viaje a Darjeeling se encuentra en ir descubriendo uno las cosas, en paralelo al viaje de conocimiento y autoexploración llevado a cabo por el trío protagonista.

Sensorialmente la película impacta: el colorido es estridente, la música tiene un gran protagonismo (esos Kinks, Rolling Stones, Joe Dassin o Peter Sarstedt), y también son importantes a su modo el tacto (hay escenas de dolor y de placer sensual), el olfato (el personaje de Adrien Brody hace referencia a cómo huele la India) y el gusto (los hermanos se pasan toda la peli bebiendo, comiendo, fumando o tomando “medicinas”).

En cuanto al tono, yo diría que Viaje a Darjeeling es fundamentalmente una comedia, pero gasta bastante mala leche. Hay humor negro a raudales, y un magistral uso del bathos, esa figura retórica consistente en un cambio repentino en la narración pasando de un tema serio o importante a uno ridículo u ordinario. O como dijo un amigo mío sobre Wes Anderson, “el tío juega con las emociones del espectador como le da la gana”. ¿Recordáis el final de El gran Lebowski (1998), cuando están en el funeral de Donny y Walter trata de hacerle un panegírico y al final todo degenera en farsa, con Walter y el Nota peleándose? Pues imaginaos una película entera a base de momentos así.

Habría muchísimo que decir sobre esta peli, de hecho no descarto volver a hablar de ella en algún momento, pero por hoy no me quiero enrollar más. Solo me queda recomendarla muy encarecidamente y esperar que os guste a vosotros.

domingo, 6 de enero de 2008

Fin de semana poético

Paso el fin de semana leyendo poesía, todo un lujazo en estos tiempos que corren. He aquí algunas reflexiones que tan beatífico estado me ha sugerido:


ESTROFA 1: Goytisolo. Por fin me hice con la antología de Ed. Cátedra del poeta catalán José Agustín Goytisolo, titulada sencillamente Poesía (2001), y que recoge lo mejor de su obra. A este libro le tengo mucho cariño porque me ayudó a sobreponerme a la nostalgia cuando vivía en Estados Unidos, lo saqué de la biblioteca de la universidad y lo leí. Años después regreso a él y me encuentro con muchos poemas muy familiares, sobre todo el que cantaron Rosa León y Paco Ibáñez (“Palabras para Julia”). Admito que a este escritor lo conocí a través de las versiones que Paco Ibáñez hacía de sus poemas en aquel disco Paco Ibáñez en el Olympia (1969). Desde entonces me enganché a él, y a otros autores del llamado “Grupo poético de los 50”, (la palabra “generación” ahora es pupita) como Ángel González, Gil de Biedma, Caballero Bonald y otros mayores pero también cultivadores de poesía social, como Blas de Otero o Gabriel Celaya.

Entre 1955 y 1996, este Goytisolo (recordemos que hay otros dos hermanos, también literatos) publicó veintiún libros de poemas, algunos revisitados y revisados con el paso de los años. Es una lástima que se quitara la vida en 1999, estoy seguro de que aún le quedaba mucho por decir. En una ocasión leí (lo siento, no sé dónde) que estos Goytisolos habían sido considerados “malos catalanes” por el catalanismo oficial y “malos españoles” por el nacionalismo español. Ese es el tipo de gente que me gusta, ya lo dijo Enrique Bunbury (“los nacionalismos qué miedo me dan”). Dejando aparte el tema de su filiación, es innegable que la ciudad de Barcelona y él se deben mucho mutuamente, ahí están su Novísima oda a Barcelona (1993) (escrita en español y en catalán) y varios poemas más para atestiguarlo.

Preciosos los poemas de amor procedentes del libro La noche le es propicia (1992), pero quizás el J.A. Goytisolo más recordado sea el de la conciencia social, de El retorno (1955) y años posteriores. Está claro que por aquel entonces hacía falta en España literatura así, comprometida, aunque yo soy más de “el Arte por el Arte” y “la torre de marfil”. Como antes uní a este poeta una anécdota autobiográfica, quiero terminar recordándole citando precisamente su poema “Americanos”, y decir sobre Goytisolo que “por sus canciones/ me inundó la alegría/ de otros mares”.


ESTROFA 2: Grande. ¡Qué ganas tenía de echarle mano a un libro de Félix Grande! Es un poeta extremeño muy premiado, autor de poesía, novela, ensayo, cuentos… además es flamencólogo y a lo que se ve, un poco guitarrista. Nunca había leído nada de este autor, lo conocí en 2004 cuando le concedieron el Premio Nacional de las Letras. Aprovechando su exposición a los medios, El País de las tentaciones le propuso valorar a los letristas del panorama hip-hop español. Me cayó bien inmediatamente, puesto que hablaba de unos y otros, y decía que muy bien, pero que los únicos que tenían calidad poética eran Tote King y Violadores del Verso (tampoco había que ser Sherlock Holmes, pero bueno).

Por fin me hago con otro libro de Cátedra, una edición conjunta en 1998 de los libros de Félix Grande Blanco Spirituals (1967) y Las rubáiyátas de Horacio Martín (1978) a cargo del también escritor y crítico Manuel Rico. Esto me lleva a una digresión a propósito de los críticos literarios españoles, que a veces no están al día en las referencias de los autores que reseñan, como apunta Vicente Luis Mora en su ensayo La luz nueva (2007). No deja de ser una anécdota, pero en un poema de Félix Grande que nombra la canción “Oh Carol”, una nota al pie nos informa que el tema es de Paul Anka, en vez de Neil Sedaka. Un despiste lo tiene cualquiera, pero ¿qué hubiera pasado si en lugar de a esos dos el editor hubiera confundido a Góngora con Quevedo?

Volviendo a la poesía de Grande, solo he leído el primer libro, el de los “espirituales blancos”, y me parece un estupendo ejemplo de una generación intermedia entre la del 50 anteriormente citada y la posterior de los “Novísimos”. Al ser de 1967, el libro rezuma Guerra Fría, jazz, derechos civiles y cultura pop por los cuatro costados. Muy presentes están la ONU, el presidente Johnson, Vietnam, Kruschev, pero también los Beatles, John Coltrane y Sylvie Vartan. Hay conciencia política y social, hay experiementación formal y nuevos temas (de ahí que sea un sándwich entre las dos generaciones poéticas que dije antes).

Sin duda nos encontramos ante un autor postmoderno, su obra exhibe la técnica del collage, el uso lúdico del lenguaje, el desafío al concepto de “Historia” o la crisis de identidad. La introducción de Manuel Rico está bastante bien, pone en su contexto el libro, y me interesa cómo capta que son “las apoyaturas de índole cultural o artística las que [dan] una entidad poliédrica” a “la voz lírico narrativa” y las que dotan “de densidad, de complejidad intelectual al texto”. Y es que aquí hay música (los ya nombrados más Charlie Parker, Manolo Caracol, Beethoven, Mendelssohn, Juanito Valderrama, Fats Waller…), hay literatura (William Faulkner, Gutierre de Cetina, Esquilo, César Vallejo, Julio Cortázar, Dostoyevski, James Baldwin, Jorge Manrique, Virgilio…), cine (Ava Gardner, Antonioni, Jerry Lewis…), política (como ya se ha dicho), publicidad (“Oda fría a una cajetilla de L&M”)… ¡y todo esto se escribió en España hace más de 40 años, amigos! ¿Por qué no se estudia a este hombre en los colegios, coño!

sábado, 5 de enero de 2008

Noche de Reyes


¡Ya vienen los Reyes Magos, familia! Por eso la noche del 5 de enero se conoce como la Noche de Reyes, la “duodécima noche” (después de Nochebuena), como diría tito Shakespeare. Pero no es de los Magos de Oriente de quien os quiero hablar hoy, sino de otros reyes.

Con estupor e indignación, leo en el número de enero de Rolling Stone el siguiente titular: “Especial 80’s: Bono vs Michael Jackson, ¿quién es el rey?” Y luego, en las páginas de moda, un reportajillo sobre un tal Prince, “tributo a un icono”. Creo que voy a tener que ponerme a denunciar a voz en grito, en plan Pumares o El Perro Lunar. ¿Cómo que Bono o Michael Jackson reyes de los ochenta? Vamos a ver si nos enteramos: como reza el adagio, los ochenta fueron de Prince. Bono muy bien con sus temas benéficos, sus llamadas en directo al Papa y a Helmut Kohl, y su preocupación porque se estén derritiendo los polos de “Lemoooon”. Michael Jackson ya tiene el cielo ganado con haber hecho Thriller y haber posado para una estatua gigante de porcelana de Jeff Koons en la que se le ve abrazando a su mono Bubbles. Pero Prince, señores de Rolling Stone, aparte de vestirse a la moda, fue el mejor músico pop de los años 80.

Ya por 1994, Jacko empezó a otorgarse el espurio título de “Rey del Pop”, y anduvo casado con la hija de otro rey, este sí que de verdad, llamado Elvis Presley. No es gratuito que se conozca a Elvis como “el Rey” por antonomasia. No solo del rock, sino de los Cadillacs, los trajes de oro, los desmayos de las chicas, los sándwiches de plátano frito, las entrevistas con Nixon y sobre todo, el Rey de cantar bien. Sé que no es necesario explicar aquí lo que hacía Elvis Presley, pero es que me apetece. Aparte de constituir la fuerza artística y comercial más importante a la hora de fusionar la música de los blancos y la de los negros, creando el rock and roll, Elvis destacó interpretando pop, doo-wop, rockabilly, country, gospel, rhythm & blues, showtunes, villancicos y baladas tipo crooner. Y decir “destacó” es ser muy modestos, sus cifras de ventas, números uno en listas y audiencias de conciertos (tanto en vivo como televisados) simplemente no tienen parangón en la historia.

Su reinado en vida se extendió durante más de dos décadas, enterró a los Beatles (artísticamente, se entiende), sobrevivió a una infumable carrera cinematográfica de exploitation, y sus excentricidades han entrado en la leyenda. Desde entonces, nadie le ha hecho sombra en este terreno, aunque hay que reconocer que su durante un tiempo yerno Michael Jackson (el hombre que en 2004 declaraba “me gustaría ser una mujer blanca”) se le ha ido acercando: rancho Neverland, zoo privado, amistad con Elizabeth Taylor y Macauley Culkin, cambios de look, sacar a su bebé por un balcón… Prince tampoco ha estado mal en el capítulo extravagancias, como ya se dijo aquí. La diferencia con ambos radica en que mientras hacía sus rarecitas, Elvis continuaba teniendo discos de éxito, o por lo menos colgando en sus actuaciones el cartel de “No hay billetes”, mientras que Michael Jackson y Prince ya solo salen en la prensa por motivos extramusicales.

Con la historia del 25 aniversario de Thriller nos amenazan con una reedición del disco con nuevas mezclas y colaboraciones de Kanye West y gente de Black Eyed Peas. El 50 aniversario del sello Motown también anuncia una reunión de los Jacksons 5, de la que no he querido enterarme. Y Prince, parece que no le va mal regalando su disco con los periódicos y dando exclusivos conciertos con las entradas a elevadísimo precio. Ya tenemos colocados a Baltasar y a Gaspar para el 2008. ¿Y Melchor/Elvis? El Rey no es que vuelva este año, es que directamente nunca se ha marchado.

viernes, 4 de enero de 2008

Mëh encantan Nosoträsh

Como en una pinícula de Tarantino, me digo a mí mismo: “¿Por qué seré tan jodidamente esnob?” Esto lo pienso mientras escucho el álbum Mi vida en un fin de semana de Nosoträsh (2002), un LP de vinilo blanco que compré en Internet por 2 euros, en mi flamante plato giradiscos. Entonces caigo en la cuenta de que la última entrega de Nosoträsh (el soberbio Cierra la puerta al salir) data del 2005, y de que vamos para tres años sin material nuevo de estas chicas asturianas.

Recuerdo que hace poco leí en un foro una discusión acerca de si Nosoträsh seguían o se habían separado. La conclusión era que el grupo seguía existiendo, nominalmente, pero que sus componentes hacían cada una su vida y tenían sus trabajos, y que solo se juntaban para tocar en directo o grabar. Aparte, sabido es que la bajista Mar (ex Undershakers) es el 50% del dúo Pauline en la playa, y que Malela ahora se está abriendo camino con el grupo Grande-Marlaska (antiguos Garzón) y su “pop de izquierdas”. Cuando en el hiperpublicitado y redifundido primer episodio de la serie Gominolas sonaron dos canciones de Nosoträsh, llegué a pensar que estábamos ante un nuevo advenimiento del conjunto femenino, pero el tiempo pasa y ni en su web oficial ni en la de su casa de discos (Elefant Records) se anuncian novedades para el 2008.

Sus fans reclamamos material nuevo, pero entre tanto nunca es tarde para ir revisitando su corta pero jugosa discografía. Aquel single inaugural, “Voy aterrizar” (sic), con el que ganaron el concurso de maquetas del ROCKDELUX hace casi doce años. Su desgraciadamente descatalogado álbum de debut (Nadie hablará de… Nosoträsh, 1997), del cual hasta Natalia la cantante me confesó que ni ella tenía copia cuando le pedí que me lo firmara el año pasado en un concierto. Esto fue un intento de lanzarlas por parte de la multinacional discográfica RCA, que nunca creyó en ellas ni las promocionó, a pesar de contar con un material excelente. No sé en qué andarían pensando.

Luego, tras un hiato vino el citado Mi vida en un fin de semana, el delicioso Popemas (2003) y el ya alabado Cierra la puerta al salir. Por el camino quedaron varios EPs y algunas rarezas, como las versiones de los temas de la Movida ¨Extraños juegos¨ (Los Zombies) o aquella gamberrada de Almodóvar & MacNamara titulada ¨Quiero ser mamá¨. En estos trece años de carrera Nosoträsh han cambiado mucho de formación, de la inicial quedan Natalia, Bea, Cova y Malela (quien se fue y volvió). Últimamente tocaban con Mar Álvarez al bajo y Xabiel Vegas (de Manta Ray) a la batería.

Todo esto puede resultar un pequeño lío, y en realidad da igual. Lo importante de Nosoträsh no son los datos sino la música, las canciones, que sin ser feministas (gracias a Dios) han aportado al indie español el punto de vista de las mujeres. Su visión se plasma en las letras, llenas de humor y de agudeza, casi siempre engañosamente simples. Pueden ser dulces, tiernas, rencorosas, sexys, melancólicas o frívolas, según toque. Y su música es preciosa, pop melódico con algún que otro guiño al ye-yé y a las raíces norteamericanas.

Desde aquí invito a los que no las conozcáis a que busquéis sus discos, son de lo mejorcito del pop español. Y, en fin, no voy a volver a lo de “es una injusticia que no suenen por la radio, etc, etc…”, que ya es un clásico de Estatuas Verdes. Me voy a limitar a seguir escuchando el vinilo y a disfrutar.

 
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